La «conversión» de Kichi

ESCUCHAR NOTICIA: Llegó como por arte de birlibirloque o, mejor decir, por la persistencia en nuestra sociedad de un dilatado lumpen al que se ha permitido salir de las cloacas. Consiguió lo que nunca imaginó ni en sus mejores momentos de chute: llegar a alcalde y, además, de una ciudad como Cádiz, que no es cualquier cosa. Y más aún, con un discurso zafio, hortera, anacrónico, vacío, estúpido, rancio y penoso. En sus primeros meses de delirio trippero municipal actuó como elefante en cacharrería dando rienda suelta a la estulticia e inmundicia que llevaba dentro. A sus rencores, ojerizas y fobias, complejos y represiones e, incluso, a sus taras. Nos enseñó sus vergüenzas. Nos restregó sus carencias y pobreza espiritual. No ocultó ya su profunda ignorancia. Por todo ello, fue causa de escándalo y mofa. Hasta que un día comenzó a pensar por primera vez en su vida. A darse cuenta de que realmente venía del lumpen. Que sus amigos y compañeros eran unos piojosos indeseables, zafios y mentecatos, pobres mamarrachos. Y, más aún, el sueldazo que le ingresaban cada mes en su cuenta, lo bien que saben las langostas y qué bien se viaja en coche oficial. Lo educados, tolerantes y pacientes que pueden ser los burgueses. La alta preparación que poseen. Que una ciudad, como una nación, tiene estructuras más que definidas, pensadas y probadas que sirven y funcionan; aún con defectos. Que los que van a Misa o salen en procesión no sólo tienen derecho, sino que no hacen mal a nadie. Que los toros son cultura, riqueza y sana diversión; que fueron creados para ser toreados y nada más. Que las FFAA tienen su razón de ser, que los militares no son asesinos, ni fanáticos, que la Armada lo es casi todo en Cádiz. Que hay allí unos astilleros de los que dependen miles de personas que construyen, sí, claro, y entre otras cosas, buques de guerra que… se venden a quien los quiere comprar y que por ello no somos malos, ni peores, ni mejores que otros, que el mundo es como es y no como pensaba Kichi que era o debería ser, porque a su vez el hombre es como es y no como  todos quisiéramos que fuera. Que la Policía y la Guardia Civil son necesarias y que el que okupa una propiedad privada es un ladrón, sinvergüenza, vago, delincuente y mierda. Kichi, perfectamente trajeado ¡quién lo diría! Y entonces se produjo el milagro, la conversión de Kichi de podemita asnal en… izquierdoso normal; aún dentro de lo anormal que supone a estas alturas ser marxista y peor aún ejercer de ello y querer que los otros lo seamos o nos tengamos que aguantar. Ese ha sido, no lo duden, el motivo por el cual Kichi ha vuelto a ganar, a revalidar su mandato y a poder seguir calentando sus posaderas podemitas reconvertidas durante cuatro años más de buen sueldo, protagonismo y esperemos que poco afane. Si la izquierda anti-española se diera cuenta de una vez de su error y estupidez, de que su historia ha sido siempre criminal y equivocada, y se convirtiera como ha hecho Kichi en una izquierda española y normal, cuánto ganaríamos todos, incluidos, o tal vez más, ellos mismos.   Pulse para escuchar el texto Llegó como por arte de birlibirloque o, mejor decir, por la persistencia en nuestra sociedad de un dilatado lumpen al que se ha permitido salir de las cloacas. Consiguió lo que nunca imaginó ni en sus mejores momentos de chute: llegar a alcalde y, además, de una ciudad como Cádiz, que no es cualquier cosa. Y más aún, con un discurso zafio, hortera, anacrónico, vacío, estúpido, rancio y penoso. En sus primeros meses de delirio trippero municipal actuó como elefante en cacharrería dando rienda suelta a la estulticia e inmundicia que llevaba dentro. A sus rencores, ojerizas y fobias, complejos y represiones e, incluso, a sus taras. Nos enseñó sus vergüenzas. Nos restregó sus carencias y pobreza espiritual. No ocultó ya su profunda ignorancia. Por todo ello, fue causa de escándalo y mofa. Hasta que un día comenzó a pensar por primera vez en su vida. A darse cuenta de que realmente venía del lumpen. Que sus amigos y compañeros eran unos piojosos indeseables, zafios y mentecatos, pobres mamarrachos. Y, más aún, el sueldazo que le ingresaban cada mes en su cuenta, lo bien que saben las langostas y qué bien se viaja en coche oficial. Lo educados, tolerantes y pacientes que pueden ser los burgueses. La alta preparación que poseen. Que una ciudad, como una nación, tiene estructuras más que definidas, pensadas y probadas que sirven y funcionan; aún con defectos. Que los que van a Misa o salen en procesión no sólo tienen derecho, sino que no hacen mal a nadie. Que los toros son cultura, riqueza y sana diversión; que fueron creados para ser toreados y nada más. Que las FFAA tienen su razón de ser, que los militares no son asesinos, ni fanáticos, que la Armada lo es casi todo en Cádiz. Que hay allí unos astilleros de los que dependen miles de personas que construyen, sí, claro, y entre otras cosas, buques de guerra que… se venden a quien los quiere comprar y que por ello no somos malos, ni peores, ni mejores que otros, que el mundo es como es y no como pensaba Kichi que era o debería ser, porque a su vez el hombre es como es y no como  todos quisiéramos que fuera. Que la Policía y la Guardia Civil son necesarias y que el que okupa una propiedad privada es un ladrón, sinvergüenza, vago, delincuente y mierda. Kichi, perfectamente trajeado ¡quién lo diría! Y entonces se produjo el milagro, la conversión de Kichi de podemita asnal en… izquierdoso normal; aún dentro de lo anormal que supone a estas alturas ser marxista y peor aún ejercer de ello y querer que los otros lo seamos o nos tengamos que aguantar. Ese ha sido, no lo duden, el motivo por el cual Kichi ha vuelto a ganar, a revalidar su mandato y a poder seguir calentando sus posaderas podemitas reconvertidas durante cuatro años más de buen sueldo, protagonismo y esperemos que poco afane. Si la izquierda anti-española se diera cuenta de una vez de su error y estupidez, de que su historia ha sido siempre criminal y equivocada, y se convirtiera como ha hecho Kichi en una izquierda española y normal, cuánto ganaríamos todos, incluidos, o tal vez más, ellos mismos.

Llegó como por arte de birlibirloque o, mejor decir, por la persistencia en nuestra sociedad de un dilatado lumpen al que se ha permitido salir de las cloacas. Consiguió lo que nunca imaginó ni en sus mejores momentos de chute: llegar a alcalde y, además, de una ciudad como Cádiz, que no es cualquier cosa. Y más aún, con un discurso zafio, hortera, anacrónico, vacío, estúpido, rancio y penoso.

En sus primeros meses de delirio trippero municipal actuó como elefante en cacharrería dando rienda suelta a la estulticia e inmundicia que llevaba dentro. A sus rencores, ojerizas y fobias, complejos y represiones e, incluso, a sus taras. Nos enseñó sus vergüenzas. Nos restregó sus carencias y pobreza espiritual. No ocultó ya su profunda ignorancia. Por todo ello, fue causa de escándalo y mofa.

Hasta que un día comenzó a pensar por primera vez en su vida. A darse cuenta de que realmente venía del lumpen. Que sus amigos y compañeros eran unos piojosos indeseables, zafios y mentecatos, pobres mamarrachos. Y, más aún, el sueldazo que le ingresaban cada mes en su cuenta, lo bien que saben las langostas y qué bien se viaja en coche oficial. Lo educados, tolerantes y pacientes que pueden ser los burgueses. La alta preparación que poseen. Que una ciudad, como una nación, tiene estructuras más que definidas, pensadas y probadas que sirven y funcionan; aún con defectos. Que los que van a Misa o salen en procesión no sólo tienen derecho, sino que no hacen mal a nadie. Que los toros son cultura, riqueza y sana diversión; que fueron creados para ser toreados y nada más. Que las FFAA tienen su razón de ser, que los militares no son asesinos, ni fanáticos, que la Armada lo es casi todo en Cádiz. Que hay allí unos astilleros de los que dependen miles de personas que construyen, sí, claro, y entre otras cosas, buques de guerra que… se venden a quien los quiere comprar y que por ello no somos malos, ni peores, ni mejores que otros, que el mundo es como es y no como pensaba Kichi que era o debería ser, porque a su vez el hombre es como es y no como  todos quisiéramos que fuera. Que la Policía y la Guardia Civil son necesarias y que el que okupa una propiedad privada es un ladrón, sinvergüenza, vago, delincuente y mierda.

Kichi, perfectamente trajeado ¡quién lo diría!

Y entonces se produjo el milagro, la conversión de Kichi de podemita asnal en… izquierdoso normal; aún dentro de lo anormal que supone a estas alturas ser marxista y peor aún ejercer de ello y querer que los otros lo seamos o nos tengamos que aguantar.

Ese ha sido, no lo duden, el motivo por el cual Kichi ha vuelto a ganar, a revalidar su mandato y a poder seguir calentando sus posaderas podemitas reconvertidas durante cuatro años más de buen sueldo, protagonismo y esperemos que poco afane.

Si la izquierda anti-española se diera cuenta de una vez de su error y estupidez, de que su historia ha sido siempre criminal y equivocada, y se convirtiera como ha hecho Kichi en una izquierda española y normal, cuánto ganaríamos todos, incluidos, o tal vez más, ellos mismos.


Deja una respuesta

Normas: los comentarios son responsabilidad única y exclusiva de quien los inserta. Esta web ni asume, ni alienta ninguno de ellos. Quien se sienta ofendido por alguno, deberá inexcusablemente dirigir su queja de inmediato (plazo máximo 7 días según Ley Orgánica 2/1984) a nuestro correo en "CONTACTO". De no hacerlo así se entenderá que no se siente ofendido, así como que renuncia a cualquier clase de reclamación a que pudiera tener derecho.

Los campos obligatorios están marcados con *


Pulse para escuchar el texto