La crisis del navarrismo: Esparza se rinde

El de 2023 bien puede denominarse como otro annus horribilis del navarrismo, no en vano, una sucesión de acontecimientos acreditan que este sector socio-político, antaño líder en la Comunidad Foral, se encuentra fragmentado y desmoralizado. 

¿Qué es el navarrismo?

Por navarrismo entendemos, conforme la definición académica más aceptada, «(…) la defensa de esta comunidad [la Foral de Navarra] en tanto que proyecto político diferenciado de otras limítrofes, firmemente engarzado en España y fundamentado en su foralidad histórica. Asimismo, quizá su rasgo más característico sería su rechazo a la unión vasco-navarra y su énfasis en la pluralidad socio-cultural de la provincia»[1].

Si bien en sus orígenes, en la segunda mitad del XIX, se identificaron con esta denominación liberales, republicanos-federales, tradicionalistas y los protonacionalistas, con el transcurso del tiempo y la configuración definitiva del nacionalismo vasco, el navarrismo se asoció, sustancialmente, al mantenimiento de la identidad navarro-españolista.

En la actualidad, este sentimiento de pertenencia e identidad es liderado por dos partidos políticos: Unión del Pueblo Navarro y el Partido Popular.

Navarrismo y centro-derecha, empero, no son espacios del todo equivalentes. Así, décadas atrás, el tradicionalismo carlista también contribuyó a su conformación, hasta la extinción de su última expresión de masas (Alianza Foral Navarra, 1977-1983), desde sus presupuestos doctrinarios antimodernos y contrarrevolucionarios. No obstante, el nuevo navarrismo de vocación democrática abrazaría el liberalismo político de manera incuestionable ya en los últimos años del Régimen de Francisco Franco.

José Javier Esparza

A día de hoy, UPN y PPN se mantienen en la oposición al Gobierno Foral, y en minoría parlamentaria, desde hace ya ocho años. Una situación que, según todo indica, se prolongará al menos durante cuatro años más.

El navarrismo en la oposición

La expresión más palmaria de la crisis política del navarrismo es, sin duda, su proyección electoral. Recordemos, ahora, cómo José Javier Esparza,  presidente del partido referencial del área, UPN, aseguró con total convicción, y reiteradamente, que ganaría las elecciones forales y municipales de 28 de mayo pasado; que para ello UPN captaría una bolsa de unos 30.000 electores socialistas; finalmente, que el PSN-PSOE estaría obligado a pactar con UPN velis nolis. Y todo ello a pesar de los desplantes sufridos, en todos los tonos posibles, desde los socialistas navarros.

Pero llegaron dichas elecciones y no tuvo lugar el “vuelco” anunciado.  Sí, UPN fue el partido más votado, pero ninguna otra promesa se vio confirmada. Ni nuevos votos, ni gobierno foral liderado o participado por UPN. Para un liderazgo que prometió todo, y desde el presupuesto de que en política se participa para ganar o devenir decisivo, aquellos resultados supusieron un choque de realidad muy doloroso.

Pocas semanas después, las elecciones generales del 23 de julio rompieron cualquier expectativa favorable a UPN con unos datos muy duros: más de un tercio de su fiel electorado votaba, sin trauma ni aparente remordimiento, al reimplantado PPN, quien le superaba en votos. UPN obtuvo, de tal manera, los peores resultados de su ya larga historia. Pero nada pasó: “mantenemos la misma representación nacional”, respondió Esparza. Un análisis que tardó no poco en ser contestado por el histórico Miguel Sanz a título personal, a la vez que sugería un giro hacia Geroa Bai.

Para contextualizar y explicar esta sucesión de resultados escasamente satisfactorios, Esparza realizaría unas frías declaraciones[2] un mes después. En resumen: ni Sanz ni Barcina habrían podido ganar. Pero, Esparza, ¿no tenía unas encuestas confidenciales que aseguraban todo lo contrario…? Unos estudios demoscópicos, por cierto, jamás cuestionados desde el partido; salvo por Miguel Sanz y a posteriori[3].

Mientras tanto, a lo largo de esos meses agónicos, nada cambiaba en la dinámica del partido; ni hacia dentro, ni hacia fuera. De hecho, serían depurados, en diversas maniobras, supuestos opositores a la de línea de Esparza en Egües y otras localidades[4].

Pero esa sensación generalizada de derrota y frustración ya no puede ocultarse, verbalizándola el propio Esparza en su discurso del pasado 26 de noviembre, en el Velódromo de Tafalla, con motivo del Día del partido: «Si alguien lo ha pasado mal con todo esto he sido yo, a nivel personal y como candidato»; un sentimiento bien descrito, pero carente de autocrítica alguna.

Esparza se aleja de la calle

Esta línea temporal de estancamiento del navarrismo político está siendo paralela con los diversos proyectos de Pedro Sánchez y la contestación política, social y callejera que han suscitado.

No obstante, UPN tampoco se ha manifestado con demasiada determinación. Esparza y el partido han sido muy claros y firmes, eso sí, en su rechazo de la amnistía y demás planes de Sánchez y sus aliados en algunas declaraciones. Sin embargo, no se han mostrado suficientemente decididos en liderar la contestación social y en la calle. Para un partido y un liderazgo seriamente cuestionados, se trataba de una ocasión importante en la que mostrar músculo y cerebro. Pero, al igual que en otras ocasiones[5], se limitó a sumarse a iniciativas más o menos afines, cargando en ellas su éxito o fracaso. Fue el caso de la organizada por Sociedad Civil Navarra en Pamplona (apoyada por las asociaciones Doble 12 y Pompaelo) del pasado 18 de noviembre, que agrupó según los cálculos más optimistas a unas 7.500 personas, y en Tudela el pasado 25 de noviembre, con unos 500 participantes.

Por su parte, el PPN convocó otra manifestación en Pamplona para el 12 de noviembre, con unas cifras y características sociológicas muy parecidas a la que le sucedió el día 18; si bien apenas se personaron en la misma media docena de concejales y otros cargos orgánicos de UPN[6]. Lo cierto es que el partido de Esparza, quien únicamente acudió a la de Pamplona del día 18, lleva años evitando dar la batalla en las calles, delegando en la Asociación Doble 12 los riesgos de imagen de tales envites.

Desde una crítica sin apenas matices al histórico partido regionalista, hay quienes piensan –casi exclusivamente en redes sociales y en el apartado de comentarios de los lectores de algunas noticias de los digitales navarros- que a UPN se «le está poniendo cara de Unidad Alavesa». Pero debemos desmentir tales semejanzas. Unidad Alavesa apenas existía fuera de Vitoria; UPN, al contrario, mantiene una buena presencia territorial, muy superior a la del PPN, y, por otra parte, no se vislumbra un liderazgo alternativo que pudiera provocar una desbandada análoga al desplome sufrido por los alavesistas.

Adanero y Sayas

El PPN, recordemos, reforzado por antiguos militantes y exdirigentes de UPN y Ciudadanos, superó en votos a UPN en las legislativas de julio. El finalmente decepcionante “efecto Feijoó”, con todo, atrapó a más 30.000 electores regionalistas “de toda la vida”. No obstante, este relativo éxito coyuntural no se ha reflejado ni en una posterior implantación territorial, ni en presencia social adicional. Bien puede afirmarse que Sayas -quien acaba de ser nombrado portavoz adjunto del partido en el Congreso, una responsabilidad que le alejará aún más de Navarra- y García Adanero serán muy populares en Madrid y en las redes sociales, pero no arrancan voto alguno que no proceda de los históricos caladeros del centro derecha navarrista.

En este análisis podemos prescindir de Ciudadanos: un partido prácticamente liquidado que jamás volverá a ser alternativa de nada. Ni refundaciones liberales, ni centro-izquierda jacobino, ni ninguna otra imaginativa ensoñación le insuflará vida.

Vox, por su parte, no es un partido navarrista, pues su concepción básica es la de una Navarra plenamente integrada en un proyecto de restablecimiento nacional y estatal. Así, Vox cuestiona los presupuestos del navarrismo, quien, conforme su análisis político, además de ser fuente de supuestos privilegios, no ha sido capaz de contrarrestar eficazmente al nacionalismo vasquista; facilitándole su implantación con su claudicante política ante el euskera, su incomparecencia social y cultural, y su entrega del Fuero como otra paradójica herramienta de “construcción nacional vasca”.

El triste discurso de Tafalla

En este abrumador contexto, Esparza tenía que manifestarse. Y lo hizo en la citada jornada de Tafalla, en la que afirmó que «No es la sociedad la que se tiene que adaptar a nosotros [UPN]. Somos nosotros los que tenemos que adaptarnos a la sociedad, a sus nuevas demandas, a sus nuevas necesidades, a sus nuevas preocupaciones. Eso sí, no por ello UPN puede perder sus señas de identidad. A mi juicio: UPN debe ser un partido foralista y constitucionalista. Un partido que defiende a Navarra como Comunidad foral y diferenciada y como parte esencial de España». En contraste a tal planteamiento, recordemos que el nacionalismo vasco, en ninguna de sus expresiones políticas, ni en ningún ciclo histórico anterior, jamás se adoptó a la sociedad; al contrario, siempre se empeñó, y en ello sigue, en transformarla radicalmente, al precio que fuere, y siempre con una mirada a largo plazo.

Esparza también expresó otras ideas que bien merecen destacarse. Es el caso del término “utilidad”, de modo que según su criterio, desde UPN tienen que hacerse «Útiles para hacer propuestas, para apretar cuando hay que hacerlo y apoyar cuando el Gobierno lo haga bien, porque a veces también lo hace bien. Ser útiles nos hará crecer. Difícilmente seguiremos liderando la sociedad navarra si no somos un partido útil para Navarra». Pero, ¿desde qué principios y valores? Esparza, ¿ha renunciado a un proyecto político a largo plazo? Entonces, ¿se resigna al único rol de muleta ocasional de unos socios arrogantes y perdonavidas?

Además, resumió el fracasado itinerario táctico seguido por el partido de la siguiente manera: «Lo hemos intentado con diferentes fórmulas, con Navarra Suma, con UPN en solitario, hemos ofrecido al PSN todo tipo de acuerdos de gobernabilidad, también a Geroa Bai, pero siempre se nos ha dicho que no». ¿Alguna autocrítica? No, nada de autocrítica, más cuando se pregunta y se responde: «¿Hemos hecho bien las cosas en términos generales? Diría que sí. ¿Se podrían haber hecho mejor? Seguro que sí. ¿Hubiera cambiado eso la suma de mayorías para que UPN estuviera presidiendo Navarra? No». Y puso el dedo en la llaga: «El pacto PSN-EH Bildu continúa y UPN no podrá llegar en solitario al Palacio de Navarra». En definitiva: no había “nada” que hacer…

Desde tales presupuestos, y por si había dudas acerca de las expectativas que concibe para UPN, afirmó que la posibilidad de «Lograrlo [regresar al Gobierno de Navarra] no va a depender de nosotros mismos, y si no asumimos esto llegarán las frustraciones». Ahí acertó: frustraciones, mucha y de hondo calado.

Por último, selló su desalentadora exposición con una críptica y casi esotérica frase susceptible de múltiple interpretaciones… o, de ninguna: «Vienen tiempos movedizos e inciertos, no sabemos qué pasará, pero UPN está preparado para afrontar cualquier escenario, y digo cualquiera, a la hora de apoyar o para ser útiles». ¿Y en caso de no “resultar útiles”?

¿Qué propone, entonces, Esparza cara el futuro? Aquí nos sumaremos al titular de un comentarista del Noticias de Navarra, Patxi Cascante, en su reportaje sobre el evento de Tafalla que subtituló «Esparza da por amortizados los intentos de agrupar a la derecha y propone que UPN se convierta en un partido “centrado y moderado” para acercarse a PSN y Geroa Bai: Geroa Bai»[7].

Por lo que respecta al otro partido navarrista, el PPN, el pasado 30 de octubre tuvo lugar en Madrid un encuentro titulado “Objetivo del nacionalismo: destruir España/el avance del separatismo en Navarra”, con la participación de Sergio Sayas y Carlos García Adanero. De la reseña del evento[8] se deduce que no tampoco se realizó autocrítica alguna, ni se presentó un plan de futuro. Reconocieron, eso sí, al igual que Esparza, que todo depende de la evolución del PSN-PSOE. También afirmaron que «la labor sostenida de adoctrinamiento y manipulación de la historia en el sistema educativo, la ocupación de los medios de comunicación o la imposición del vascuence, pudiera dar fruto». Entonces, ¿también están resignados ante una “inevitable” marea nacionalista?

Todo lo anterior sugiere que, eso tan de moda en ciertas derechas, pero también entre algunos izquierdistas de mirada jacobina e incluso nacional-comunistas, de plantear “batalla cultural” a largo plazo, como posible alternativa al actual estado de cosas, o no se lo plantean o no lo entienden. Al igual que Esparza y los suyos, gran parte del actual PPN –pensemos en Sayas y García Adanero- procede de la misma “tradición” partidaria navarrista de UPN. ¿¡Para qué conocer nada de Gramsci!?

Incomparecencia cultural del navarrismo

Además de la crisis partidaria, el navarrismo ha tenido que afrontar otros acontecimientos metapolíticos que reflejan su creciente impotencia social. Veremos tres de ellos.

Navarra ha seguido emborrachándose durante todo el año con los descubrimientos de Irulegui y todas sus apologías posibles. Auténticas peregrinaciones de creyentes panvasquistas al Planetario de Pamplona en reverencial genuflexión ante la madre/mano portador de tan afortunado sorioneku, mesas redondas presuntamente científicas y multidisciplinares, generosos y triunfalistas reportajes en medios de comunicación regionales, nacionales e internacionales, libros divulgativos a cargo de las numerosas editoriales nacionalistas autóctonas, previsibles expresiones artísticas, variado merchandising no siempre sin ánimo de lucro, excepcional apoyo institucional sin fisuras con la socialista Chivite al frente…

Ante tamaño volumen de contaminación nacionalista, la derecha navarrista se ha tapado los oídos y los ojos, salvo balbuceos de algunos activistas rápidamente acallados o ignorados; o por el contrario, se ha dejado llevar de modo acrítico por cierto orgullo identitario, aunque fuere facturado intelectualmente por el panvasquismo, conforme la doxa buenista del otrora decisivo Diario de Navarra.

Otro hecho que ha roto esquemas e imágenes fosilizadas, especialmente en el resto de España, fue la exhibición de testosterona en Sevilla[9] por parte de la hinchada abertzale semidesnuda de Osasuna en su recorrido al grito de ¡puta España! Si todavía quedaba alguien que desconociera que la Navarra actual está muy alejada sociológicamente de los viejos tópicos que la situaban en un nicho carlistón, católico y conservador, quedaría desolado en su choque con tan contundente eclosión contracultural y abertzale.

Tercer dato. Pamplona es la perla de la corona navarrista, tanto como Tudela. Con una alcaldesa de UPN, Cristina Ibarrola -quien está soportando todo tipo de ataques políticos y personales a la espera de su defenestración final por parte de las izquierdas vía moción de censura-, tuvo lugar un hecho que ha pasado casi desapercibido para los votantes de centro-derecha, generalmente ajenos a los fenómenos comunitarios nacionalistas. Nos referimos a la nueva terraza ubicada en la plaza del Castillo a beneficio de Laba Elkartea. Se trata de una entidad cuya razón de ser es la creatividad artística y literaria en euskera: otra expresión de la multifacética “construcción nacional vasca”. Tras su apertura y consolidación, dada su ubicación en planta baja de edificio con vistas a la plaza, sus impulsores reclamaron una terraza análoga a las de los numerosos establecimientos hosteleros de la zona. Desde la alcaldía se intentó impedir administrativamente la iniciativa, pero finalmente, desde el poder judicial, se ha legalizado. La pregunta que debemos hacernos es, ¿por qué ninguna entidad navarrista ha desarrollado una iniciativa análoga, al amparo del cultivo de la Jota o de lo que sea, proporcionando presencia y visibilidad social a su propio sector social?

Recordemos que la plural izquierda pamplonica, además de Laba Elkartea, sin ser exhaustivos, tiene a Katakrak, decenas de peñas sanfermineras, las librerías Elkar, el espléndido local de editorial Txalaparta de calle Mayor, el centro de documentación IPES, una docena de herriko tabernas, fundaciones varias como Euskokultur Mintegia, el centro social Zabaldi. Por su parte, ¿alguna entidad navarrista a pie de calle? No obstante, en UPN alardean de tener cuarenta sedes abiertas por toda Navarra… Pero, ¿qué actividades realizan abiertas a la ciudadanía? ¿Cuántas presentaciones de libros, cursos de historia de Navarra, jornadas de formación, u otras actividades orientadas a generar espacios de convivencia, comunidad y resistencia?

Más bien, todo indica que UPN y PPN se han convertido, finalmente, en dos partidos más del Régimen del 78, cortoplacistas y endogámicos, alejados de sus raíces populares, cuyos cargos públicos y liderazgos están más preocupados por figurar en listas y ser reelegidos a dos o cuatro años vista, que en realizar una labor política de perspectiva estratégica frente a un enemigo implacable.

El ejemplo de la izquierda

Radicalmente posicionadas frente a un centro-derecha navarrista asociado a las palabras “poder” y “élites”, las izquierdas progresistas navarras se propusieron tres objetivos hace ya muchos años. Primero: sustituir la mentalidad navarrista, católica y conservadora de las antiguas élites y de buena parte del pueblo navarro por un intelectual orgánico colectivo progresista-nacionalista. Relevar, en segundo término, a la antaño creativa sociedad civil navarra de origen católico-social por una constelación de organismos populares en clave de transformación revolucionaria. En tercer lugar, una vez determinada la mentalidad común, y copados los espacios de socialización, asaltar las instituciones públicas. Y, en todo caso, impedir el retorno del navarrismo y las “viejas oligarquías” a esfera alguna de poder institucional. Lo extraño es que todavía hoy, muchos electores navarristas se sorprendan de que la conjunción socialista-abertzale esté eliminando a UPN de cualquier presidencia o función dirigente de las diversas instituciones públicas o semi-públicas de Navarra…

No, estas izquierdas no buscan un relevo “normal” entre partidos, propio de cualquier democracia del entorno: lo que pretenden es que el navarrismo españolista desaparezca por completo; o que lo que quede sea un muñeco dócil que no les genere problemas. Y el que no se adapte, que se vaya de Navarra.

En este contexto de crisis, ¿qué caracteriza todavía hoy al navarrismo? ¿Cuáles son los principales rasgos de la identidad navarrista?

De ello hablaremos, más brevemente, en nuestro próximo artículo.

Para La Tribuna del Paìs Vasco

[1] García-Sanz Marcotegui, Ángel; Mikelarena Peña, Fernando; Iriarte López, Iñaki. En Historia del navarrismo (1841-1936). Sus relaciones con el vasquismo, Ediciones de la Universidad Pública de Navarra, Pamplona, 2022, pág. 311.
[2] https://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/2023/08/20/javier-esparza-no-sere-candidato-gobierno-navarra-ese-ciclo-terminado-579545-300.html
[3] https://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/2023/08/28/miguel-sanz-upn-hay-malestar-estrategias-seguidas-hay-autocritica-580336-300.html
[4] Desde 2021, las localidades sacudidas por las crisis en UPN, con expedientes, expulsiones o listas independientes alcanzarían a Pamplona, Andosilla, Egües, Berrioplano, Villava, Berriozar, Cendea de Cizur,Fustiñana, Villafranca, Buñuel, Azagra: https://www.noticiasdenavarra.com/politica/2023/10/30/purga-criticos-egues-reabre-heridas-7445918.html
[5] Pensamos en las manifestaciones convocadas por Doble 12 en defensa de la bandera de Navarra el 3 de junio de 2017 y “por un futuro de todos en igualdad” el 2 de junio de 2018.
[6] El aparente éxito de la convocatoria también debe ponerse en contexto. Así, los diversos cálculos de asistentes oscilan en torno a los 7.500. Por su parte, la manifestación convocada por la autodenominada izquierda abertzale “disidente” o “proletaria”, que no contó con el respaldo de ninguna otra entidad o partido político, agrupó, el día anterior, a unas 6.000 personas. En otras ciudades españolas con un número de habitantes similares a Pamplona, los manifestantes convocados por el PP llegarían incluso a los 20.000.
[7] https://www.noticiasdenavarra.com/fotos/general/politica/2023/11/26/upn-celebra-dia-partido-tafalla-7567066.html
[8] https://fundacionvillacisneros.es/objetivo-del-nacionalismo-destruir-espana-el-avance-del-separatismo-en-navarra/
[9] Con motivo de la final de la Copa del Rey que jugaron ambos equipos en La Cartuja el 6 de mayo de 2023.

Una respuesta a «La crisis del navarrismo: Esparza se rinde»

  1. El mundo proetarra, trabaja, lucha, está en la calle, en los, institutos, en los bares, en las, fábricas, en librerías… en todas partes. Los Centrocuentistas – con traje y corbata o con boina – sólo esperan el bus para ir a Madrid.

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