La crisis por la que atraviesa Europa es sobre todo espiritual

Resumen de las aportaciones más importantes que el profesor Joseph Weiler, Premio Ratzinger de Teología 2022, manifestó durante su conferencia titulada «La crisis espiritual de Europa», el pasado 31 de Octubre del presente año en Madrid.

«La crisis que vive Europa no es sólo política, defensiva o económica. Es una crisis, sobre todo de valores». Weiler consideró que los valores que, a su juicio, sustentan el pensamiento europeo y que ha denominado «la trinidad europea» son «el valor de la democracia, la defensa de los Derechos Humanos y el Estado de Derecho». Para él estos tres principios son la base de los estados europeos, y son indispensables «No queremos vivir en una sociedad que no respeta esos valores», dijo Weiler, «pero tienen un problema, están vacíos, pueden ir en una dirección buena o en una dirección mala».

Weiler explicó esa vaciedad de los principios: la democracia es una tecnología de gobierno; está vacía, porque si hay una sociedad donde la mayor parte fueran personas malas, habría una democracia mala. «Al igual, los derechos fundamentales indispensables nos dan libertades, pero ¿qué hacemos con esa libertad? Según lo que hagamos se puede hacer bien o mal; por ejemplo, podemos hacer mucho mal protegidos por la libertad de expresión». Para Weiler, lo mismo ocurre con el Estado de Derecho si las leyes que emana son injustas.

Ante esta realidad, Weiler defendió su postulado: el ser humano busca «dar un significado de nuestra vida que va más allá de nuestro interés personal». Antes de la II Guerra Mundial «este deseo humano se cubría con tres elementos: familia, Iglesia y patria. Tras la contienda, estos elementos desaparecen; y se entiende, si se tiene en cuenta la connotación con, y abuso por parte de, los regímenes fascistas. Europa se vuelve secular, las iglesias se vacían, desaparece la noción de patriotismo y la familia se desintegra. Todo ello da lugar a un vacío». De aquí deviene esa crisis espiritual de Europa: «sus valores, ‘la santa trinidad europea’ son indispensables, pero no colman la búsqueda del significado de vida. Los valores del pasado: familia, iglesia y patria ya no existen. Se produce, pues un vacío espiritual».

Weiler  se preguntó si es posible una Europa no cristiana, ante lo que se respondió a sí mismo que según como se defina la Europa cristiana. Si miramos «el arte, la arquitectura, la música, y también la cultura política, es imposible negar el profundo impacto que la tradición cristiana, han tenido en la cultura actual de Europa». Pero la raíz cristiana no es la única que ha influido en la concepción de Europa: «en las raíces culturales de Europa hay también una influencia importante de Atenas. Europa culturalmente hablando es una síntesis entere Jerusalén y Atenas».

Weiler apuntó que junto a esto, era muy significativo que hace veinte años «en la gran discusión sobre el preámbulo de la Constitución Europea, ésta empezaba con una cita de Pericles (Atenas) y hablaba sobre la razón iluminista y se rechazó la idea de incluir una mención a las raíces cristianas». Aunque este rechazo no cambia la realidad, demuestra la actitud con la que la clase política europea aborda este tema de las raíces cristianas de Europa.

Otra posible definición de Europa cristiana sería si hubiera «al menos una masa crítica que sean cristianos practicantes. Si no tenemos esta mayoría es difícil hablar de Europa cristiana. Es una Europa con un pasado cristiano», pero destacó Weiler que «En la actualidad nos encontramos en una sociedad post Constantino. Ahora, la Iglesia (y los creyentes) deben buscar otra manera de influir en la sociedad”.

Joseph Weiler apuntó tres puntos clave en esta crisis espiritual de Europa: la idea de que la fe es algo relativo al ámbito privado, una falsa concepción de la neutralidad que es, en realidad, una opción por la laicidad, y la concepción del individuo como sujeto únicamente de derechos y no de deberes.

1. Sobre considerar la fe como algo privado.

Para Weiler los europeos somos «veo muchos cristianos que han asumido la idea de la revolución francesa de que la religión es algo privado. Personas que bendicen la mesa pero que no lo hacen con sus colegas de trabajo por esta idea de que es algo privado». Weiler recordó las palabras del profeta Miqueas: «Hombre, se te ha hecho saber lo que es bueno, lo que el Señor quiere de ti: tan solo practicar el derecho, amar la bondad, y caminar humildemente con tu Dios» (Miqueas 6, 8) y llamó la atención a que «no dice camina en secreto, sino humildemente. No es lo mismo caminar humildemente que caminar a escondidas. En la sociedad postconstantiniana, me pregunto si es una buena política esconder la fe porque hay un deber de testimonio».

2. Sobre la falsa concepción de la neutralidad

Weiler señaló otra «consecuencia de la Revolución francesa» que ilustró poniendo como ejemplo el ámbito de la educación, asunto en el que:

«americanos y franceses están en la misma cama. Piensan que el estado tiene la obligación de ser neutral, es decir no puede mostrar una preferencia a una u otra religión. Y eso lleva a pensar que la escuela pública debe ser laica, secular, porque si es religiosa sería una violación de la neutralidad.

¿Que significa esto? Que familia laica, que quiere una educación laica para sus hijos puede enviar a sus hijos a la escuela pública, financiada por el estado pero una familia católica que quiere una educación católica debe pagar porque es privada. Es una falsa concepción de la neutralidad, porque opta por una opción: la laica.

Se puede demostrar con el ejemplo de Países Bajos y Gran Bretaña. Estas naciones han entendido que la ruptura social de ahora no se da entre protestantes y católicos, por ejemplo, sino entre religiosos y no religiosos. Los Estados financian escuelas laicas, escuelas católicas, escuelas protestantes, escuelas judías, escuelas musulmanas… porque financiar sólo escuelas seculares es mostrar una preferencia por la opción secular».

3. Sobre derechos sin deberes

Para Weiler «una consecuencia evidente de la secularización de Europa: la nueva fe son la conquista de derechos». Para él, si el derecho pone al hombre en el centro es bueno. El problema es que nadie habla de deberes y poco a poco, se «convierte a este individuo en un individuo autocentrado. Todo empieza y termina en mí mismo, lleno de derechos y sin responsabilidades». Así, explicó: “No juzgo a una persona según su religión. Conozco a personas religiosas que creen en Dios y que son, al mismo tiempo, horribles seres humanos. Conozco a ateos que son nobles. Pero como sociedad algo ha desaparecido cuando se ha perdido una poderosa voz religiosa (…) en la Europa no secularizada», ha explicado Weiler, «cada domingo había una voz, en todos lados, que hablaba de deberes y era una voz legítima e importante. Esta era la voz de la Iglesia. Ahora ningún político de Europa podría repetir el famoso discurso de Kennedy. Podremos ver las consecuencias espirituales de una sociedad que está llena de derechos pero no hay deberes, ni responsabilidad personal».

Datos biográficos del profesor Joseph Weiler:

Norteamericano de origen y creencias judías (Johannesburgo 1951). Estudió Gran Bretaña en las universidades de Sussex y Cambridge. En Estados Unidos ha ejercido como profesor en las universidades de Michigan, Harvard Law School y Nueva York. Experto en Derecho de la Unión Europea. Miembro de la American Academy of Arts and Sciences y doctor honoris causa por la Universidad de Navarra y por el CEU San Pablo.​

Fue muy sonada su representación del Estado italiano ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el Caso Lautsi vs Italia, en el que su defensa de la presencia de los crucifijos en lugares públicos revistió particular interés por la clarividencia de sus argumentos, la facilidad de sus analogías, y sobre todo, por el nivel de razonamientos presentados ante dicho Tribunal afirmando, por ejemplo y entre otras muchas cosas, que «el mensaje de tolerancia hacia los otros no debe traducirse en un mensaje de intolerancia hacia la propia identidad».

Fuente Omnes


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