La Cruz de Nuestro Señor

NOTA.- Artículo corregido y ampliado en 2024

Crucifijos “Dolorosos” (“Gabelkreuz”), de Puente la Reina (Pamplona), Bochol (Renania-Westfalia) y Prado Nuevo (similar)

La Semana Santa debe ayudarnos a la contemplación de la Pasión de Nuestro Señor. En ese sentido es importante hacerlo no tanto desde un enfoque “histórico” sino en el espiritual, pero partiendo en lo posible en aquél, “introduciéndonos” en aquellos momentos y lugares, así como recordar devociones e indulgencias hoy casi desaparecidas en nuestro entorno.

En el plano histórico la primera consideración que hay que hacer es que, para la Autoridad Romana, para Pilato, fue una ejecución improvisada. Aunque el Sanedrín y los herodianos, fundamentalmente, habían determinado hace tiempo matar a Jesús, y a Lázaro, no habían tenido ocasión de prenderlo. Por otra parte, para que su muerte fuera “legal” tendría que ser a manos romanas, por lo que no quedaba en las atribuciones del Sanedrín determinar ni el momento, ni el lugar, ni la forma de hacerlo (las autoridades judías podían condenar a muerte, pero no ejecutar la sentencia). En ocasiones, como nos lo recuerdan el caso de la mujer sorprendida en adulterio o el martirio de S. Esteban, el pueblo y las autoridades judías se saltaban la ley romana y ejecutaban apedreamientos, pero aquello no era posible en la Pascua, momento en el que el Procurador venía de Cesaréa a Jerusalén para vigilar las grandes concentraciones, por lo que un apedreamiento hubiera sido una provocación directa a Roma.

Como al anochecer del jueves, al aparecer la primera estrella, había comenzado el viernes de la preparación de la Pascua judía y primer día en que la misma se podía celebrar, a los enemigos de Jesús les urgía urdir su muerte antes de tan solemne sábado. A Pilato le presentaron Jesús sobre las siete horas solares de la mañana del Viernes Santo (“era de madrugada”; Juan 18, 28; consideremos que aquel mundo se regía por la hora solar y que era primavera como ahora), tras haber sido entregado por Judas sobre las 10 de la noche anterior, y haber sido juzgado por las autoridades religiosas.

Pilato, tras un somero interrogatorio en el que constató que Jesús era el rey de los judíos, les dijo “no hallo culpa en éste hombre” (Lucas 23, 4), lo que motivó que Le acusaran de sublevar a la gente empezando por Galilea. Esto dio pie a Pilato para enviarlo a Herodes, queriendo quitarse la responsabilidad de aquella causa, y luego, al no encontrar aquel culpa alguna, y tras fracasar su intento de indultarlo (Juan, 18: la manipulada turba eligió a Barrabás), decretó una primera sentencia de azotes (“lo pondré, pues, en libertad, después de castigarlo”; Lucas 23, 22). Según Catalina Enmerick, eran las nueve de la mañana cuando acabó la flagelación.

Después de esta, «Pilato buscaba cómo dejarlo libre; pero los judíos se pusieron a gritar diciendo: “Si sueltas a Éste, no eres amigo del César: todo el que se pretende rey, se opone al César”» (Juan 19, 12). Ante el tormentoso tumulto instigado por los sumos sacerdotes, escribas y herodianos (“los satélites”; Juan 19, 6, siempre según la Biblia de Straubinger), contraviniendo el derecho romano al ser “cosa juzgada”, sentenciada y con sentencia ejecutada, y tras un último intento de indultarlo (según S. Lucas hizo tres, incluido el que se concedió a Barrabás), sentenció la pena de muerte precisamente en la cruz.

Aunque sea apartándonos un poco del hilo conductor de este trabajo, el relato de la beata Ana Catalina Emmerick deja entrever que Pilato estaba bastante decidido a poner en libertad a Jesús, y que Nuestro Señor incluso pudo hacerle comprender que debía dejar de obstaculizar el plan de la Redención (“le dijo en qué consistía su reino y su imperio”). Como me dijeron en un magnífico comentario a una versión anterior de este trabajo: “esto puede parecer incomprensible, pero está pleno de sentido (y) el triste lavado de manos del procurador romano quizá tenga un significado más profundo del que se le ha venido atribuyendo tradicionalmente … a la Divina Providencia no hay detalle que se le escape, y, en el Símbolo de nuestra Fe no se incluye nada ni nadie que tenga relación con el Maligno. Diversas iglesias orientales consideran santo mártir a Poncio Pilato. También a la que fue su esposa en este mundo, Claudia Prócula. Solo así se comprende el, aparentemente extraño, proceder de quienes definieron los dogmas cristianos en el Credo niceno-constantinopolitano”.

Hay constancia que Jesucristo estaba colgado en la cruz hacia el mediodía, ya que “desde la hora sexta (12 H) hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona (15 H; Mateo 27, 45). La Beata Enmerick dijo que eran las doce menos cuarto cuando el Señor, ya en el Calvario (aquel pequeño altozano llamado «lugar de la calavera»), cayó por séptima y última vez, y que media hora después Jesús fue crucificado, “y en el mismo momento en que elevaban la Cruz, el templo resonaba con el ruido de las trompetas que celebraban la inmolación del cordero pascual … desde por la mañana hasta las diez hubo granizo por intervalos; más, a las doce, una niebla encarnada oscureció el Sol”.

Dado que desde el Pretorio al Gólgota había unos 600 metros, que consumieron también su tiempo en recorrerlos, sobre todo por el estado casi agonizante de Jesús, esa Cruz, como objeto material de suplicio, tuvo que ser improvisada en muy poco tiempo, en una media hora desde alrededor de las 11 de la mañana. Teniendo en cuenta esa premura de tiempo, se entiende mejor la peculiar forma que dieron los verdugos a la Cruz de Cristo, y el que Este la portara desarmada en tres partes, incluido el madero largo que debía hacer las veces del “stipes”, que, al revés que en el caso de los “dos ladrones”, lógicamente no estaba clavado en el Calvario. Podemos afirmar lo anterior y que Jesús no llevó el “patibulum” sobre sus hombros con las manos/brazos atadas a él, sino un haz de tres maderos (un largo a modo de stipes, pues no había ninguno clavado en el Gólgota, y dos cortos maderos para hacer las veces del patibulum) sobre, alternativamente, uno y otro hombro; y también que no llevó sobre sus hombros la cruz “latina” ya armada.

La forma de la Cruz

De las visiones de la beata Ana Catalina Emmerik se desprende que la cruz tenía forma de Y griega mayúscula (esta cruz la llevó Nuestro Señor Jesucristo desarmada sobre sus hombros, como representa el dibujo de La amarga Pasión de Cristo, editorial Voz de Papel, traducción de José María Sánchez de Toca, recientemente fallecido por coronavirus). Catalina Emmerik relata también otros sorprendentes detalles, entre los que se encuentran varios del Calvario y la Cruz. En las visiones que Nuestro Señor concedió a Luz Amparo Cuevas (Apariciones de Prado Nuevo, El Escorial, el 6-V-1984), la Santa Cruz también tiene una forma parecida a la “Y”; en su evocación, esta forma tenía la basa del altar de la desaparecida capilla.

La cruz bífida, ó bifidata, también se intuye en la división en las tres partes que envió Santa Elena después de su descubrimiento (‘invención’) el año 326 a Roma y Bizancio (más la de Jerusalén), puesto que, con esta forma, no habría tenido que aserrar ningún madero.

La forma física de Y mayúscula tiene muchísimo parecido con la Tau, la última letra del alfabeto hebreo y a la decimonovena del  griego, la cual tiene profundos significados cristianos.

En este sentido, el profeta Ezequiel (9, 3-6) nos dejó que: … «Entonces la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del Querubim (el Templo, donde los querubines -Querubim es plural- rodeaban a Yaveh) sobre el cual residía, hacia el umbral de la Casa; y llamó al varón vestido de lino, el cual traía en su cintura el tintero de escriba. y le dijo Yahvé: “Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y pon por marca una Tau en la frente de los hombres que gimen y se lamentan a causa de todas las abominaciones que se cometen dentro de ella.” A los otros les dijo, oyéndolo yo: “Pasad tras él por la ciudad, y matad. No perdone vuestro ojo, ni tengáis piedad. Matad al anciano y al joven, a las doncellas, a los niños y a las mujeres, hasta el exterminio. Más no os acerquéis a ninguno que esté marcado con la Tau. Y comenzad por mi Santuario».

Straubinger aclara en una nota que “La letra tau, nuestra T, cuyo nombre significa marca o sello, servía entonces como tal, dada la sencillez de su forma, que era antiguamente la de la cruz, como lo es todavía en los alfabetos modernos”. La traducción “Tau”, y no “señal”, aparece en la Vulgata (… “et signa Thau”; traducción al latín de la Biblia hebrea y griega, realizada a finales del siglo IV dC.) y en Nácar Colunga (… “pon por señal una Tau sobre las frentes…”). La Tau «T» es la última letra del alfabeto hebreo y la decimonona del alfabeto griego, y según los traductores alejandrinos se corresponde a la que en el nuestro se denomina «“t” = te». En la Septuaginta (LXX, o “De los 70”), traducción al griego del Antiguo Testamento realizada en la antigüedad (s. III a.C.), el original hebreo de Ezequiel se traduce al griego por señal  (תָּו=Tav); pero en algunos textos griegos cristianos esa señal se transformó en Tau, lo cual se consagró en la Vulgata.

El símbolo del movimiento pacifista, también llamado cruz de Nerón, en la que se crucificó a San Pedro (y AQUÍ), es la Cruz de Nuestro Señor, pero invertida. Casualidad y solo casualidad, ¿sin duda?

San Francisco profesaba una profunda devoción al signo Tau. Con él firmaba cartas y marcaba paredes, y sanaba heridas y enfermedades. En el ánimo de Francisco pudieron influir el discurso con que Inocencio III abrió el Concilio IV de Letrán, la cruz en forma de tau que llevaban los monjes antonianos sobre el escapulario, la liturgia y el arte sagrado, etc. Para el Santo, la Tau, como la cruz cristiana, era signo de conversión y de penitencia, de elección y de protección por parte de Dios, de redención y de salvación en Cristo.

Quizás por eso era el símbolo con el que los israelitas marcaban los dinteles de sus puertas en la celebración de la Pascua y en memoria de la primera, cuando se libraron del yugo egipcio marcando así sus puertas para evitar la plaga del ángel exterminador.

 Además de Ezequiel, a la Tau parece referirse el Apocalipsis (7, 2-4): “Luego vi a otro ángel que subía del Oriente y tenía el sello de Dios vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro ángeles a quienes se había encomendado causar daño a la tierra y al mar: No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios. Y oí el número de los marcados con el sello: 144.000 sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel”.

La cruz de los dos “ladrones”

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto …

Diversas lecturas nos ponen magníficamente “en situación” para entender el profundo significado de La Cruz como instrumento de la redención, del “hacerse pecado” Nuestro Señor para redimirnos.

Relata el evangelio de San Juan (3, 13-17): “Dijo Jesús a Nicodemo: Nadie ha subido al cielo, sino El que bajó del cielo, el Hijo del Hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre (Inb/Ben Adán), para que todo el que cree en Él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”.

San Pablo escribió (II Corintios 5: 14 – 21): “A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en Él”.

También dijo Jesús (Jn 12, 31-33) refiriéndose a los últimos acontecimientos de su vida aquí en la Tierra:Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo va a ser arrojado fuera. Y Yo, cuando sea levantado en alto, atraeré a todos a Mí”.

Y, más adelante (Juan 8, 21-30): …y entonces dijo Jesús: “… si no creéis que Yo SOY, moriréis por vuestros pecadosCuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que Yo SOY, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque Yo hago siempre lo que le agrada”.  Ese “Yo Soy”, requiere una pequeña explicación, si se me permite: en el libro del Éxodo 3:14, Moisés, durante el episodio de la zarza que ardía sin consumirse en el monte Horeb, cuando le preguntó a Dios por su Nombre, obtuvo como respuesta: «Dijo Yahvé/Yahveh a Moisés: “ehyeh asher ehyeh”, “YO SOY EL QUE SOY. Así responderás a los hijos de Israel: Yo Soy me manda a vosotros”» (Nácar-Colunga); ó «“YO SOY EL QUE SOY”, y agregó: “así dirás a los hijos de Israel: “EL QUE ES -Yahvé- (Él-Es) me ha enviado a vosotros”» (Straubinger). Los judíos no se atrevían a pronunciar ese majestuoso Nombre, por lo que ponían las vocales (e, o, a) de “Edonay/Adonai” (Señor) bajo las consonantes de Yahvé (Y/J. H. V. H.), el “Tetragrámmaton”, para recordar al lector que, por respeto, debía decir Adonai en lugar de Yahvé, lo que dio lugar en el siglo XIV al nombre de Jehová.

Jesús estaba recordando el profético pasaje de la escritura que relata el castigo de las serpientes durante el Éxodo (Números 21, 4b-9): “En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo. El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes. Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla. Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado”.

Es decir, Nuestro Señor estaba diciendo cómo había de morir y el significado de aquella muerte.

Posiblemente, la forma de aquel “estandarte” fuera muy parecido a una Tau o una Y (similar a la horca de nuestros labradores), puesto que era eso: prefiguración del “árbol de la Cruz”.

En el mismo sentido escribió San Pablo a los Gálatas 3, 7-14: “Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose por nosotros un maldito, porque dice la Escritura: Maldito todo el que cuelga de un árbol”. Y en Deuteronomio 21, 22/23: “Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado”.

Miraban al estandarte y quedaban curados.

Uno de los cambios más drásticos que ha acarreado el posconcilio ha sido, en la práctica y en muchos casos, la pérdida del sentido de Sacrificio que, además del de recuerdo de la institución de la Eucaristía, conlleva la Misa. Y a ello se ha unido la postergación de muchas de las disposiciones papales anteriores y de la piedad popular. Es decir, de la tradición.

Dice el Concilio de Trento (Sesión XXIII, cap. 2): “En el divino Sacrificio que se consuma en la Misa, se contiene y sacrifica incruentamente (o sin derramamiento de sangre), aquel Sacrificio o aquel mismo Jesucristo que en el mismo Ara de la Cruz se ofreció a Sí mismo por modo cruento (o con derramamiento de sangre), una sola vez… Una sola y una misma Víctima y uno mismo es el que por medio de los sacerdotes la ofrece ahora; el mismo que se ofreció entonces a Sí mismo en la Cruz, siendo solamente diverso el modo de ofrecerla”

…… Ergo: en la elevación de la Sagrada Hostia contempla a Cristo levantado en la Cruz.

la cruz sigue siendo motivo de escándalo para los judíos y locura para los gentiles5Lo que hasta Él había sido un instrumento infame y deshonroso, se convertía en árbol de vida y escalera de gloria el precio de nuestro rescate»4. No se contentó con sufrir un poco: quiso agotar el cáliz sin reservarse nada, para que aprendiéramos la grandeza de su amor y la bajeza del pecado. Se actualiza la Redención salvadora de Cristo cada vez que en el altar se celebra la Santa Misa

El Papa San Pío X, y la Sagrada Congregación de la Penitencia, sin duda teniendo presente todo lo anterior, concedieron una indulgencia de 7 años a los que, mirando a la Hostia en la Elevación, en cualquier Misa y en todo lugar, dijeren como Santo Tomás la jaculatoria: “¡Señor mío y Dios mío!”.

El Ave verum, compuesto en el siglo XIII para acompañar la elevación de la Hostia en la Misa, y traducido y versificado por Lope de Vega, se presta para saludar la elevación de Cristo en la cruz.

Por supuesto, incluso en el actual Misal Romano dice: “…los fieles estarán de rodillas, a no ser por causa de salud, por la estrechez del lugar, por el gran número de asistentes o que otras causas razonables lo impidan, durante la consagración. Pero los que no se arrodillen para la consagración, que hagan inclinación profunda mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la consagración”.

Jesucristo reveló a Santa Gertrudis cuán agradable era a Dios esta práctica y cuán útil al hombre. “Todas las veces que se dirija la vista a la Hostia consagrada, se aumenta en méritos para el Cielo, y el goce de la vida eterna, dependerá del amor con que se haya contemplado en esta tierra el precioso Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo” (tomado de la vida de la santa).

Recuperemos la tradición de honrar el momento culmen de la Misa, lucrándonos de las correspondientes indulgencias, momento que representa el centro de la Historia: el de nuestra redención.


4 respuestas a «La Cruz de Nuestro Señor»

  1. Todos los cristianos tenemos que estar de rodillas al pie de la Cruz para adorarlo y acompañarlo en su Pasión, le debemos fidelidad eterna.
    Ahora en esta 2ª Pasión –la que está sufriendo la Iglesia- debemos mantenernos más firmes y unidos que nunca y, al igual que de aquella cuando Nos dijo que acojamos a Su Madre como Nuestra, mantenernos refugiados en el Inmaculado Corazón de la Virgen María.

  2. He leído con la máxima atención este documentado artículo.
    Me ha llevado mucho tiempo hacerlo. Pues cada párrafo me ha sugerido una meditación, una pregunta, una duda.
    No he podido menos que escuchar aquellas voces que exigían: ¡¡¡Crucifícalo!!! ¡¡¡Crucifícalo!!!
    Y tras el cobarde lavado de manos, aquel ¡¡¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!!!
    Siempre me ha resultado muy difícil el engarce del catolicismo con el «Antiguo Testamento»
    Creo que necesito unos ejercicios espirituales…
    O una larga conversación con el autor. Al que reconozco una admirable y sorprendente solvencia teológica.
    ¡Gracias José María!

  3. Hay una interpretación de ese tipo de cruz que es radicalmente opuesta. Es la cruz quebrada satanista( Buhigas ). En todo caso el Cristo( el Padre ), quiso alejarse de todo mensaje o enseñanza simbólico ocultista, pues ‘si no entendéis las cosas de este mundo, a que pretender que entendáis las del otro’, vino a decir( por no buscar la cita literal ). Antes al contrario, para llegar a los mas sencillos( a la simiente ), recurría a las parábolas; y reservaba su explicación compleja a los que pudieran entenderla( el que lea/pueda, que entienda ), los sembradores( sus discípulos ): ‘a vosotros se os ha concedido entender estas cosas…’. Así, cuando tras contar la parábola del sembrador a las turbas, cuenta su trasfondo a sus elegidos/sembradores.
    Por todo ello, una de las ‘pistas’ que me lleva a dudar de quienes pretenden encontrar en el Mensaje/la Palabra/el Verbo… significados/interpretaciones oculto/as, son el recurso a los símbolos( el satanismo, por el contrario, está repleto y en su ser ); inevitablemente reservados una ‘elite de turno’, justo lo que nos ha llevado a este triste presente.
    El mensaje del Padre es grandioso también por sencillo, a tal punto de resumirlo todo él en pocas palabras, que todo el mundo puede entender, empezando por los más ‘pequeños, humildes, desheredados…’.

    La diferencia con la filosofía de la adulteración de este sistema; gnosticismos como la masonería simbólica, está en que estas ocultan las pretendidas interpretaciones a los que no son ‘del grupo’, no a los que no pueden entenderlas; aunque se diga que no podrían hacerlo; es evidentemente hipócritamente falso. Como diría Pike, toda la pirámide gnóstica se basa en la mentira hipócrita, del de más arriba sobre el de más abajo, masones incluidos. No es ni más ni menos que una herramienta de poder y de dominación despótica.
    Así, no por casualidad, todo esta basura ha nacido y crecido contra el Reino del Cielo/eterno.

    En todo caso, agradecer al autor esta explicación, que desconocía.

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