La cultura que fomentamos

En las últimas fechas vengo observando, en una cadena de televisión, la emisión de unos anuncios publicitarios de cierta marca de productos cárnicos -muy buenos, por cierto- que no dejan de sorprenderme y que ponen de manifiesto la cultura de “trabajo y esfuerzo” que estamos fomentando, especialmente entre los más jóvenes.

Se trata de anuncios que, pese a pretender potenciar lo que podríamos denominar valores tradicionales, como lo es la familia, logran el efecto contrario al supeditar el deber y la obligación a los intereses particulares de sus protagonistas.

Sin duda, la familia es un valor tradicional, hoy puesto en entredicho, que necesariamente hay que recuperar al ser uno de los ejes sobre los que pivota nuestra civilización, sin embargo, no puede ser en detrimento de nuestro sagrado deber, sobre todo cuando se trata de banalidades que bien pueden posponerse ante la obligatoriedad que comporta el cumplimiento de nuestras obligaciones.

Cuántos, a lo largo de la historia han tenido que dejar en casa a sus familias para acudir, aun a riesgo de su vida, a defender a la Patria. Cuántos cada día tienen que asumir trabajos de riesgo con la duda de si, al concluir la jornada, podrán reunirse con los suyos. Sin embargo, nunca, por ello, hemos supeditado nuestra obligación, nuestro deber, dando de lado al cumplimiento de nuestros compromisos profesionales.

Los anuncios a los que me refiero que, sin duda, pretenden enviarnos un mensaje distinto al que realmente consiguen hacen referencia de dos situaciones concretas a las que tienen que enfrentarse sus protagonistas.

En uno de ellos, se narra, brevemente, la historia de un destacado ejecutivo que asiste a un teatro, repleto de público, a recibir un premio como reconocimiento a su trabajo en la empresa en la que presta servicios y le paga su salario. Pues bien, en un momento determinado, ocupando ya su asiento en la platea, recuerda que en su casa lo espera su familia -sin duda una novedad de la que se da cuenta en aquel momento- y por ello, decide abandonar su sillón, dejando en evidencia a la presentadora del acto de entrega del premio y correr a su domicilio a reunirse con su mujer, que lo recibe con lágrimas en los ojos, y a sus hijos a los que abraza como si no los hubiera visto en años.

Siempre le hubiese quedado la opción, mucho más elegante, de renunciar al premio y no acudir a su acto de entrega. Cualquier cosa menos coger las de “Villadiego” y largarse como si tal cosa.

Pero si este anuncio publicitario deja bien a las claras la actitud de su protagonista, el otro es todavía mucho peor.

La escena comienza en una reunión de trabajo donde uno de los ejecutivos efectúa una presentación de un proyecto. A la reunión asiste una joven que, desde el primer momento, muestra una cara de avinagrada y de encontrarse, manifiestamente, a disgusto y que toda su atención la centra en atender el móvil que tiene sobre la mesa en lugar de escuchar, aunque solo sea por educación, las explicaciones de su compañero.

Mediante un mensaje recibido en el teléfono móvil se entera de que su madre está de cumpleaños y a partir de ese momento su gran preocupación es acudir cuanto antes a reunirse con ella, dando de lado a sus deberes profesionales, como si el día no tuviese más horas para poder pasarlas al lado de la cumpleañera, con la que finalmente se reúne entre abrazos y sollozos.

Tal vez, el diseñador del publicitario crea que ha logrado la gran hazaña, sobre todo cuando el video se acompaña con la frase estrella de la campaña “elige lo que te emociona” o lo que es lo mismo, al resto, sean deberes o no, dales de lado.

Aunque claro, si un individuo con mucha más responsabilidad es capaz de dar la espalda a sus sagrados deberes, dejándolos colgados durante cuatro días, argumentando que lo “hace por amor”, todo es posible y todo tiene cabida.

Lo cierto es que estamos creando, a lo mejor sin saberlo, una cultura en la que se fomenta la irresponsabilidad, permitiendo supeditar el cumplimiento del deber, que es nuestra principal obligación, a otros intereses de tipo particular.

Sin duda se trata de dos anuncios muy poco constructivos y, desde luego, muy desacertados.

Blog del autor: http://cnpjefb.blogspot.com/


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