La dama liendre

Facundo acude al buzón

En busca de la misiva

de su amor, una hembra altiva,

que le robó el corazón.

Es señora muy mayor,

que le frunce mucho el ceño,

y le pega hasta en sus sueños.

Pero él, en su presbicia,

sólo ve en ellos caricias

que alientan su triste empeño.

 

Mas esta vez es distinto:

ayer le pidió un favor

amparándose en su amor.

Le subyugó los instintos,

mezclando blanco con tinto.

¿Y qué le ordenó a su esclavo

que él hará de cabo a rabo?

Pues asistir de vocal

a una cita conyugal

cubierta por el Estado.

 

El tipo no entiende nada,

cuando escucha tal propuesta,

pero sinfónica orquesta

suena en labios de su amada.

Y esperando tal jornada

prometida por la «Indigna»,

acude a diario a consigna,

para que Correos Express

le cite el día veintitrés,

de julio, todo un enigma.

 

¡Oh, qué momento, qué goce,

cuando llega al fin el sobre,

Que tanto ha esperado el hombre!

Lee el remite: «JOTAECE»

-ocurre esto en martes trece-,

pero a nuestro enamorado

no le afecta ese mal hado.

«Junta Electoral Central»,

lee completo en el dorsal:

con su acrónimo ahí al lado.

 

Y es que su amante virtual,

-que él confunde con virtuosa-,

le confió que de esposa,

se apodaría Central,

y de nombre, Electoral.

Él, presumiendo que Junta

sinónimo es de Coyunta,

ya oye campanas de boda,

aunque esta historia toda,

gran desengaño barrunta.

 

Lee la carta en un segundo:

lleva membrete oficial.

Pero él la cree pasional

en su delirio profundo.

Y así acabará Facundo,

Un veintitantos de julio,

Malgastando ese peculio

que se pimpla en elecciones

un desgobierno en funciones,

de futuros contertulios.

 

Porque a este pobre diablo

le han designado vocal

de una mesa electoral:

Gran favor hará al vocablo…

y a la fiesta del establo,

que festejan liberales,

comunistas y otros tales,

todos los que son amantes,

de esa carroza tunante:

¡Democracia, mal de males!

 

Mas ni con esas se cosca,

de que ese amor por su dueña,

sólo daña y le despeña.

Que es malvada, como Tosca,

que es como el rey de las Moscas.

Que su dama es demo (cracia).

Que no tiene puta gracia.

Que a todos a los que priva

la muy inconsistente diva,

sólo les atrae desgracias.

 

Que no es una Dama Duende,

invisible y amorosa,

Que huele a azahar y a rosas:

Es una especie de liendre,

parasitaria y melindre,

caprichosa y farisaica,

postmoderna pero arcaica,

vil, lúbrica y puritana.

Saturada barragana,

de botox, voto y botica.

 

Facundo irá entusiasmado,

aunque ha perdido el trabajo,

su vida se ha ido al carajo,

la Historia es papel mojado,

y el crimen no tiene vado.

Perdió hasta las vacaciones

gracias a las elecciones.

Pues todas estas desgracias,

las causó aquella falacia,

que no es «dama: «tie cojones».


4 respuestas a «La dama liendre»

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