La década de los 40… ¿Una década perdida y fracasada?

Con la derogación en Noviembre de 1950 de la injusta condena que en Diciembre de 1946 dictara la ONU contra España, terminaba una etapa y comenzaba otra muy distinta. Hasta ese momento, y forzado por las circunstancias interiores debidas a la ruina producida por la guerra 1936-39, pero también a las exteriores derivadas de la II Guerra Mundial, España se había visto obligada a luchar por su derecho a existir como nación soberana e independiente, así como también el Caudillo y su Régimen como verdaderas y legítimas expresiones de lo que el pueblo español de entonces deseaba, por mucho que ahora se intente ocultar, pues está claro que sin su completo y unánime respaldo ni uno ni otro se hubieran sostenido y consolidado en circunstancias tan difíciles. Durante la década de los cuarenta, y a pesar de las enormes dificultades con que Franco, el Régimen y España se enfrentaron, el Caudillo no cesó de impulsar, junto a la reconstrucción material y moral de España, también la institucional, dando pasos decisivos para la constitución de un verdadero Estado de Derecho, ordenado, estable y sólido, huyendo tanto del totalitarismo inherente a cualquier clase de dictadura, como del liberalismo disolvente de los partidos y profesionales de la política.

La crítica acerva y sectaria que hoy contemplamos contra Franco y el Régimen intenta, entre otras muchas cosas, hacer creer que lo hecho durante la década de los cuarenta supuso una pérdida de tiempo y de oportunidades; en otras palabras, un fracaso. En cuanto a las oportunidades a la vista está que no hubo ninguna, pues la II Guerra Mundial con su aluvión de desastres y tragedias evitó que se produjeran incluso para los demás países europeos; los años de la postguerra fueron también de grandísimas dificultades para todos ellos, que sólo lograrían superar gracias los ingentes fondos norteamericanos del Plan Marshall del que España quedó apeada por el sectarismo religioso y la obediencia masónica de Truman.

En cuanto a que en España durante aquella década todo se hizo mal, pretendiendo justificar tal aserto incidiendo en la escasez y el estraperlo –consecuencias inevitables de la guerra propia y de la mundial, de todo lo cual sufrieron también los países europeos e incluso en mayor medida que España sin que a sus gobiernos de entonces se les acuse de lo mismo que a Franco–, podemos afirmar todo lo contrario. Para comprobarlo nada mejor que los siguientes datos, todos ellos bien determinantes de lo logrado por España durante los años cuarenta –es decir, por Francisco Franco, el Régimen y los españoles de entonces–, para rebatir completamente dichas calumnias que, como tales, carecen por completo de base documental, siendo sólo producto del odio y sectarismo ideológico y político que hoy nos anega:

* Durante la II República la expectativa media de vida era de 50 años. Al terminar la década de los cuarenta se había elevado a 62.

* La mortalidad infantil, que en 1935 era de 34,7 por mil niños nacidos, se había reducido a 12,5 en 1950. En la espectacular mejora de este importantísimo índice de desarrollo hay que hacer un reconocimiento especialísimo a la labor de la nunca bien ponderada y tantas veces calumniada Sección Femenina, dirigida siempre por Pilar Primo de Rivera, que con tanto esfuerzo y dedicación altruista realizó una ingente labor social, cultural, sanitaria, formativa y moral por todos los rincones de nuestra geografía.

* La estatura media de los jóvenes españoles –certificada por la de los que acudían al servicio militar– aumentó de 1,65 mts. en 1939 a 1,68 mts. en 1950, lo que sólo pudo ser posible por la mejora sustancial, aun a pesar de las carencias, de la calidad de la alimentación. Todo un alarde dadas las circunstancias.

* Mientras en 1934 había censados 52.000 maestros, la mayoría hombres, en 1950 eran 78.000 mil de los cuales, paradójicamente, la mayoría eran mujeres; dato que por sí sólo rompe ese estereotipo según el cual durante la etapa de gobierno del Generalísimo se discriminó especialmente a la mujer.

* El número de alumnos por maestro pasó de una media de 64,7 en 1934, lo que era una barbaridad que incidía muy negativamente en la eficacia de la enseñanza básica, a 41 en 1950 que, aunque aún era una tasa alta, implicaba una extraordinaria mejora en la calidad de la enseñanza.

* En la enseñanza secundaria los 124.000 alumnos de 1934 se habían convertido en 215.000 en 1950, es decir, que casi se habían duplicado, lo que significaría la erradicación prácticamente total del analfabetismo en los años siguientes; pero es que, además, de ellos, el número de mujeres que en 1934 era de 34.000 había pasado en 1950 a 75.000, es decir, más del doble. Nuevo dato que contradice esa discriminación contra la mujer que hoy contumazmente se pretende.

* La enseñanza superior y la universitaria, muy reducida durante la II República y prácticamente accesible sólo a privilegiados, se había disparado para 1950, accediendo además a ella jóvenes de toda condición social.

* El índice del producto industrial bruto (PIB) que alcanzara su máximo histórico al final de la dictadura de Primo de Rivera en 1929 –y que cayera estrepitosamente durante la II República, hundiéndose hasta extremos increíbles durante los meses de gobierno del Frente Popular en 1936–, no sólo se recuperaba, sino que para 1950 quedaba ampliamente superado por haber alcanzado durante la década de los cuarenta 2,5 por ciento de media anual; todo un alarde.

* El consumo de energía, dato fundamental para conocer la salud de cualquier economía, había crecido con respecto al de 1939 en un 50 por ciento.

* Desde 1939 a 1949 se habían construido e inaugurado 59 embalses con el consiguiente aumento de producción de energía eléctrica, expansión de regadíos y extensión de la red de suministro de agua potable a ciudades y municipios cercanos a dichos embalses.

* El número de teléfonos que en 1939 era de 329.000, llegaba a 651.000 en 1950.

* El tráfico aéreo pasó de 1.220.000 kilómetros volados por compañías españolas a 8.000.000; lo que incluía el consiguiente salto cualitativo en el desarrollo de la aeronáutica nacional.

* El turismo, que en 1939 era de tan sólo 171.000 visitantes al año, llegaba en 1950 a 457.000.

Y todos estos logros espectaculares e incuestionables significaban también cambios radicales y revolucionarios en la sociedad española, además en tan sólo diez años, realizados en medio y a pesar de las peores circunstancias por las que nunca había pasado, ni ha vuelto a pasar, España, es decir, tras una dura y larga guerra de tres años, bajo la influencia de la II Guerra Mundial y sometida a un injusto aislamiento internacional, todo lo cual debe también recordarse y tenerse siempre muy en cuenta.

Para más incidir en la espectacularidad de los logros de aquella década “perdida y fracasada”, hay que reseñar que fue, no sólo lo contrario, sino mucho más, puesto que durante ella se pusieron las bases, los pilares, del que en breve, o sea, en la década de los 50 y más aún de los 60, se iba a conocer cono el “milagro español”, apelativo del que siempre renegó el Caudillo a pesar de su acendrada catolicidad, pues nunca lo consideró un “milagro”, sino la consecuencia lógica de los sacrificios y buen hacer de la década de los 40 de la que hoy se asegura que fue un tiempo perdido.

Para comprobarlo recordemos sólo el siguiente dato: esa media de crecimiento del PIB que había llegado a ser del 2,5 por ciento anual durante la década de los cuarenta, iba a ser del 5 durante la década de los cincuenta y de entre el 7 y el 8 durante la de los sesenta, mientras que, por el contrario, durante los diez primeros años de democracia, con España en condiciones inmejorables, cayó de nuevo al 2,5 por ciento, es decir, a niveles de los años cuarenta, para seguir cayendo y no sobrepasar el 1,5 en las décadas siguientes hasta entrar en recesión. Y si no fue peor se debió también al remanente del que incluso hoy en muchos aspectos disfrutamos, producto de los años de gobierno del Generalísimo, y muy especialmente de aquella década de los 40 que fue, en realidad, todo un éxito.

Pretender decir que los años cuarenta fueron años «negros», «perdidos», «de fracaso», etc., sólo puede hacerse o desde la más supina ignorancia o desde la más recalcitrante malicia.


Una respuesta a «La década de los 40… ¿Una década perdida y fracasada?»

  1. No sé si los españoles llegaremos algún día a la plena comprensión de la suma bendición que significó para España, antes y después del primero de abril de 1939, todo el tiempo que duró la buena y providencial administración de Francisco Franco en los asuntos nacionales.

    Si brillante fue su carrera como militar, más gloriosa alcanzó a serlo aún -si cabe- como Jefe de Estado y de Gobierno de la España posterior a la Cruzada de Liberación (o Guerra Civil, como se prefiera).

    Y vistos los acontecimientos que hemos vivido hasta el momento presente, con posterioridad a la muerte del Caudillo, se entiende que a los «demonios» de esta época cualquiera otra cosa que no sea su querido «infierno» puede parecerles pobre y aburrido.

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