La desvergüenza como lugar teológico

Es necesario el estudio del concepto “desvergüenza” como concepto teológico y su lugar en la Iglesia, es decir, en la enseñanza teológica en universidades y seminarios, en el magisterio ordinario, en general, en toda la vida eclesial.

Sólo una vez desarrollado este concepto novedoso, fruto notable del Concilio Vaticano II, se podrá entender la Iglesia posconciliar y los ataques que está sufriendo la misma doctrina católica, hoy irreconocible, desde dentro de la misma Iglesia.

Lo que durante tiempo ha sido piedra de escándalo, y lo que sigue siendo hoy, declaraciones, documentos de todo tipo, provengan de la sede de Pedro, como de los obispos, de instituciones eclesiales, etc., se podrá entender en toda su extensión desde la nueva eclesiología de la desvergüenza y la cara dura.

No es fácil afrontar este nuevo concepto teológico, es decir, no es fácil darle un sentido teológico a la desvergüenza, pero la realidad nos lleva al planteamiento de esta nueva visión de la Iglesia, jamás imaginada.

La desvergüenza es un fruto del ilusionado “diálogo” con el mundo, de la deseable “apertura”, del nuevo rostro Iglesia de la misericordia, que ya no condena porque de la noche a la maña ha dejado de tener enemigos, ya sólo tiene hermanos. El nuevo caminar de la Iglesia posconciliar ha desembocado en tal cúmulo de desmadres, de desfachateces, de vulgaridades, de sandeces, de errores teológicos, de falsedades, y todo por no hablar de pura y simple herejía, que sólo analizando el concepto teológico de desvergüenza se podrá comprender, sin apasionamiento y sosegadamente, la realidad actual a la que ha llegado la Iglesia. Situación triste, vergonzosa y humillante.

La desvergüenza es sinuosa y hábil. Sus seguidores han sabido, y saben, acomodarse muy bien a la situación en la que viven y al entorno que les rodea. Se les identifica porque viven felizmente, nada les preocupa, porque no hay ningún motivo por el que inquietarse, todo marcha estupendamente. La Iglesia, para ellos, nunca ha gozado de un momento tan esplendoroso como el actual. Ya no hay marcha atrás, dicen. El Concilio es la “luz” que los sigue guiando, porque aún queda por hacer, por cambiar en las estructuras de la Iglesia. Están construyendo su nueva Iglesia, la que debe responder a los dictados que les marca los poderes del mundo.

Desde la desvergüenza teológica y eclesial se puede comprender, en toda su extensión, los retos de esta nueva Iglesia: más comprometida con medio ambiente, más ecológica y verde; más sostenible y reciclable; más atenta al grito de la madre tierra que sufre por los malos tratos de sus hijos; más horizontal, comunitaria, participativa, sin diferencias entre unos y otros, entre jerarquía, clero y fieles; una Iglesia sinodal, abierta, acogedora, fraternal donde todos los hombres tengan su lugar, porque todos somos hermanos; porque ya no hay distinción entre católicos y no católicos, sólo hay hermanos.

Pero también la Iglesia de la desvergüenza se manifiesta en esa Iglesia que, mientras oficialmente, por ejemplo, condena el aborto, sin embargo, permite que en Facultades de Teología se haga apología del aborto, de la contracepción, y se nieguen los dogmas de fe católicos.

El ataque a la fe desde universidades de la Iglesia, y otros centros de enseñanza, es constante desde el Concilio Vaticano II. Su labor, con el fin de minar la fe católica, ha sido y es imparable, y sin que ninguna autoridad jerárquica ponga freno.

Podríamos seguir sin parar. La idea está dicha. ¿Queremos encontrar una respuesta a la situación actual de la Iglesia? Entonces planteemos, analicemos y profundicemos en el lugar teológico que le corresponde a la desvergüenza.


Una respuesta a «La desvergüenza como lugar teológico»

  1. La Iglesia consiste ahora en islas e islotes en medio de un mar de perversidad, ateísmo y la apostasía. ¿Qué sentido tiene hablar de los teólogos, del clero o de Roma? A la vista de las heces y de toda una cloaca, más vale taparse la nariz e irse para otro lado.

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