La dimisión del cardenal Marx y Francisco I: ¿entre pillos anda el juego?

Cardenal Marx

El pasado 4 de Junio el cardenal Reinhard Marx, Arzobispo de Munich y Freising, y líder de la facción más modernista de la Iglesia –que no «progresista»–, sorprendió a tirios y troyanos presentando su dimisión a su íntimo amigo y en parte mentor el Papa Francisco I (AQUÍ el texto de la carta). Mayor sorpresa fue que, por expreso deseo del Papa, el texto íntegro de la carta se hizo inmediatamente público; algo extraordinario. A los pocos días, el Vaticano anunciaba que Francisco I rechazaba dicha dimisión. Hasta aquí los hechos.

A nuestro entender la carta de dimisión del cardenal Marx es especialmente críptica. ¿Lo es también de forma premeditada? El cardenal parece querer centrar la causa de su dimisión en los abusos sexuales de sacerdotes y religiosos que de un tiempo a esta parte se ha sabido que durante décadas han azotado a la Iglesia. ¿No lo sabía él que confiesa llevar cuatro décadas de clériman? El cardenal dice que, tras honda reflexión, se considera de alguna forma corresponsable; pues él sabrá por qué. Exusatio no petitas, acusatio manifiesta. Y que por ello, asumiendo tal hecho, dimite. Pero tras dicho presunto gesto de humildad –que nunca ha demostrado poseer, sino todo lo contrario– y coherencia, dispara ladinamente contra todo bicho viviente acusando a todos de ser también corresponsables, sugiriendo que deben hacer lo mismo. O sea, que poniéndose él como ejemplo, lo que deja ya del todo en entredicho su pretendida humildad, aboga de facto por la dimisión de toda la jerarquía eclesiástica cuando menos alemana, si no también mundial.

Conociendo como se conoce desde hace décadas a este histriónico obispo cuyo apellido tal vez lo diga todo de él. Conociendo sus públicas pretensiones sobre cómo y hacia dónde desearía que fuera la Iglesia. Conociendo las barbaridades que viene soltando desde hace décadas por su boquita de piñón, a las cuales por reiterativas nos tiene tan acostumbrados que ya ni las tomamos en cuenta. Conociendo su herética visión del Evangelio, entre otras y por destacar alguna su bendición de las parejas sodomíticas o la imposición del «impuestazo» —Kirchensteuer–, verdadero pecado de simonía, que pesa sobre las conciencias de los católicos alemanes consistente en que quien no lo pague a la Conferencia Episcopal germana queda excluido de los sacramentos de la Confesión, Comunión y Confirmación, así como de funeral católico –sí, sí, como lo leen, y de semejante barbaridad Marx no dice nada, ni menos sentirse corresponsable–, la carta y dimisión de Marx, así como las dos reacciones de Francisco I –hacerla pública y no aceptarla– nos lleva al convencimiento de que estamos ante una mascarada de ambos, ante un truco del almendruco, ante un contubernio de dos reconocidos pillos profesionales, ante una jugada de común acuerdo para intentar imponer in extremis –se agota el tiempo de Bergoglio– la reforma –a semejanza de la de Lutero– de la que ambos son manifiestos partidarios, la cual, a pesar de sus esfuerzos se haya en dique semiseco debido a su manifiesto desvarío evangélico, pero más aún a que, a pesar de lo mal que está la Iglesia, de la crisis profunda en que se haya sumida y de que una nada despreciable cantidad de clérigos, religiosos y fieles navegan con muy mal rumbo espiritual y moral, Nuestro Señor no deja de asistirnos y, aunque parezca dormido en plena tempestad, la barca de Pedro, aún con el penoso Bergoglio a su mando, se resiste a zozobrar, aguanta los ataques del maligno y de sus partidarios, clérigos incluidos, y sigue navegando y, tal vez, y como siempre ha ocurrido, cogiendo fuerzas de la flaqueza y haciendo de tripas corazón, germina ya en ella un nuevo renacer; porque sólo por la cruz, la fatiga y la persecución se alcanza la gloria.

El enemigo, que no es tonto, como no lo son Bergoglio ni Marx, ve que pasa el tiempo y que a pesar de su fortaleza y de la cantidad de almas ingenuas e ignorantes que les siguen y se les someten, otea el horizonte y ve que nada en realidad consiguen, salvo perder a unos cuantos incautos  –¿daños colaterales?–, pero no su propósito de siempre de hundir a la Iglesia, por lo que, nerviosos, intentan una jugada a la desesperada, una huida hacia adelante, conforme el tiempo se les agota y, más aún, conforme advierten su fracaso, porque el fracaso del que habla Marx en su carta es, en realidad, el suyo, el de Bergoglio y el de la apostasía latente que, por muy fuerte y profunda que sea… no prevalecerá y por muy espeso que sea el humo que inunda a la Iglesia, se disipará y dará lugar a un renacer mayor que otros anteriores y… eso sí, renacer hasta el próximo ataque del enemigo sea cual sea la forma que adquiera y quienes lo protagonicen que, eso también, ya no serán ni Marx ni Bergoglio pues habrán pasado, sin pena ni menos aún gloria, siendo el olvido su castigo terrenal.. del otro Dios sabrá.


2 respuestas a «La dimisión del cardenal Marx y Francisco I: ¿entre pillos anda el juego?»

  1. En su momento leí o tal vez escuché que ya veremos cómo tras algunos años de su fallecimiento, se acabará incoando el proceso de beatificación de Jorge Mario Bergoglio.

    Soy de los que creen que Bergoglio es nefasto. Más bien considero que es herético, imprudente, chapucero, manipulador… Entonces, será posible eso que leí o escuché en su momento?

    Esta Iglesia bajo Bergoglio es en verdad un circo, y un barco a la deriva sin timón ni timonel.

    1. Siento decirlo, pues tengo buenos amigos argentinos, serios y competentes profesionalmente, además de buenos católicos y personas, pero en términos generales, su segundo párrafo, con el que coincido totalmente, podría resumirse así: ES ARGENTINO.
      La mayoría de los argentinos hablan mucho, y no dicen nada, pero eso sí, son embaucadores, como un encantador de serpientes. Y ello les hace ser imprudentes, chapuceros, manipuladores, y en el caso de este sujeto, hasta heréticos.
      ¡Y que Dios me perdone si yerro, pues no era esa mi intención, ya que me limito a decir lo que realmente pienso, en conciencia!

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