«La dinastía carlista en la pintura», Javier Urcelay

El Museo Carlista de Madrid, en colaboración con la editorial Galland Books, acaba de editar un importante libro de sugerente título y subtítulo: “La dinastía carlista en la pintura. Historia e imagen de la rama carlista de la Familia Real española; sus retratos y los artistas que los realizaron”.

Urcelay

Entrevistamos al fundador del museo y autor del libro, Javier Urcelay Alonso, en busca de los entresijos de un libro novedoso y que representa una interesante aportación tanto desde un punto de vista histórico -de historia del carlismo y de historia del arte español- como desde un planteamiento puramente iconográfico.

Javier Urcelay ha dedicado su vida profesional a la industria farmacéutica, pero ha sido capaz de compaginarlo con una prolífica faceta como ensayista comprometido con la doctrina social cristiana, investigador y especialista en la historia del carlismo, siendo uno de los máximos expertos en la figura del general Cabrera, del que escribió una importante biografía, y en el carlismo del Maestrazgo.

¿Por qué un libro sobre la dinastía carlista en pintura?

Aunque se han publicado diversos estudios sobre la influencia del carlismo en las artes plásticas, no existe ninguna revisión sistemática sobre la presencia del carlismo en el arte de los dos pasados siglos.

Mi intención inicial era elaborar una especie de catálogo general del carlismo en la pintura española, incluyendo no sólo los retratos de los miembros de la dinastía, sino también los retratos de personalidades del tradicionalismo, los cuadros relacionados con las guerras carlistas, los de escenas costumbristas etc. Tengo reunido para ello la ficha de más de doscientos cuadros, de distintos pintores y épocas, algunos muy conocidos y otros prácticamente inéditos por estar en manos privadas. Tal pretensión supone un esfuerzo agotador que he decidido empezar con esta primera parte dedicada a los retratos de los reyes y reinas de la dinastía carlista, quizás la parte más atractiva, por si me fallan las fuerzas para completar tan ambicioso proyecto.

¿Qué supone este trabajo y dónde se enmarca dentro de su labor como escritor?

El Carlismo tuvo una presencia extraordinaria en la vida política, social y cultural española durante todo el siglo XIX e incluso sobre parte del siglo XX. Sin embargo, su importancia ha sido deliberadamente silenciada y marginada, lo que hace necesario ponerla en valor para los españoles de nuestro tiempo. En mi opinión, es preciso rescatar nombres y hechos vinculados al tradicionalismo, que deberían tener un lugar importante en la cultura española.

Poca gente sabe que el carlismo tuvo más de 200 cabeceras de periódico y que La Esperanza fue el periódico de mayor difusión nacional en su tiempo, que Valle Inclán o Pereda fueron tradicionalistas, como también los pintores Luis de la Cruz, José Aparicio Inglada, Antonio Lecuona, Marian Vayreda o Ignacio Zuloaga, por citar sólo algunos nombres. Casi nadie sabe que hay en los altares una buena lista de santos y beatos que fueron tradicionalistas, que Emilia Pardo Bazán quedó fascinada por la figura de Don Carlos cuando le visitó en Venecia, o que fue una reina carlista la que enunció la doctrina política de la legitimidad de origen y la de ejercicio.

Hoy la izquierda ejerce un monopolio de la cultura que es preciso desenmascarar, rescatando todas aquellas páginas de nuestro pasado que el oficialismo pretende deliberadamente ignorar.

¿Considera que es una obra necesaria para, no solo los carlistas, sino todos los amantes de nuestra historia y nuestro arte?

Es frecuente que en distintos medios -libros y revistas, trabajos de investigación, internet etc. aparezcan fotografías de cuadros de los reyes y reinas carlistas, que se repiten y copian de un lugar a otro, pero sin que los autores de esas publicaciones conozcan nada sobre el cuadro en cuestión. El libro pretende dar a conocer la historia de los miembros de la dinastía y sus retratos, indagando también la biografía de los artistas que los realizaron y los avatares de cada una de esas pinturas. Dicho esto, el libro llena un vacío existente sobre la cuestión, y podría ser de interés no sólo a historiadores e interesados en el carlismo, sino también a amantes del arte, anticuarios, coleccionistas etc.

Sin duda un trabajo arduo de recopilación de las obras como de la información de los autores, estilo y contexto histórico. ¿se ha dejado en él parte de su vida, su tiempo, su alma? ¿Merece la pena el esfuerzo?

Uno de los lemas del requeté -organización militar del carlismo- fue “Ante Dios no serás héroe anónimo”. Sin pretender convertir mi trabajo en un acto de heroísmo, creo haber prestado con él un modesto servicio a la España en la que creo. Nunca sabemos la influencia que nuestros actos tendrán sobre otras personas, a veces por los vericuetos más insospechados. De momento, ahí queda el libro, y seguramente quedará dando tumbos por esos mundos de Dios y circulando aún de mano en mano años después de que su autor haya pasado a mejor vida. Se lo digo porque yo también soy bibliófilo, y este pensamiento me asalta cada vez que tengo entre las manos un libro publicado hace ochenta o cien años, por ejemplo.

¿Qué importancia tienen estos cuadros en la historia del carlismo?

La figura de los reyes y reinas carlistas -reyes de hecho en algunos casos y en otros sólo de deseo o de sentimiento- es mucho más importante de lo que parece para entender el carlismo. Su pervivencia como movimiento político a lo largo de más de 150 años -quizás sea el “partido político” más antiguo de Europa- solo se explica por esa especial alianza entre el pueblo tradicionalista y la dinastía que abanderó la Causa. En las demás naciones cristianas donde un fenómeno similar no se produjo, la Revolución barrió las raíces tradicionales de esos pueblos en pocos años. Es importante que las personas atraídas por la tradición española, se familiaricen con esos nombres y esos rostros, que solo la pintura reproducía antes de que la fotografía tuviera amplia difusión.

En el capítulo 1, a modo de introducción hace unas advertencias previas, ¿podría sintetizarlas a modo de clave para entender su obra?

Dos cuestiones me parecía importante dejar claras desde un principio: la primera, que era consciente del riesgo de dejarme fuera algún cuadro, o de que nuevas obras salieran a la luz después de editada la obra. La segunda que, en cuanto a titulación académica, no soy un especialista en historia del arte. En ambos casos decidí tirar por la calle de en medio, porque muchas veces lo mejor es enemigo de lo bueno. Hay muchas situaciones en la vida en que, si esperásemos a que todo fuera perfecto, al final no haríamos nada.

Seguidamente analiza la pintura española en los siglos XIX y XX, los temas, estilos y tendencias de la pintura de corte histórica y militar ¿Cuáles serían a grandes rasgos los principales temas, estilos y tendencias?

La pintura relacionada con el carlismo es, como es lógico, exponente de los gustos y tendencias artísticas de cada época, y en ese sentido puede apreciarse en ella la transición del neoclasicismo de los primeros retratos, al realismo romántico de la segunda mitad del XIX o a un cierto expresionismo de los de fecha posterior. Sin embargo, son pinturas siempre con un marcado carácter realista. Digamos que nunca llegaron a adentrarse en los terrenos de la pintura moderna y las llamadas vanguardias: cubismo, dadaismo etc, que desvirtúan la realidad a favor de un cierto conceptualismo. Esta exigencia básica de realismo de la pintura carlista procedía tanto de la necesidad de los que encargaban las obras de contemplar una imagen lo más fidedigna posible del retratado -téngase en cuenta que los reyes y reinas carlistas vivieron la mayor tiempo en el exilio, sin poder ser contemplados por sus partidarios-, como de razones doctrinales: si el carlismo reclamaba en política el orden natural y tradicional alejado de las construcciones racionalistas de las ideologías modernas, es lógico que también rechazara en el arte todo subjetivismo que lo alejara de la realidad.

Ya en el capítulo 3 confecciona una completa revisión sistemática de los retratos de la dinastía carlista, empezando por los retratos del Infante Carlos María Isidro de Borbón, Carlos V, hasta los retratos de los últimos herederos de la dinastía carlista, ¿se podría decir que es una manera pedagógica de repasar la historia del carlismo en sus máximos representantes?

Sin duda, la historia del carlismo se jalona en la historia de sus reyes, como también la historia de España la dividimos en el reinado de cada uno de sus monarcas, y así hablamos de la España de Felipe II o la de Juan Carlos I para referirnos a determinados periodos históricos.

El Carlismo en época del primer representante de la dinastía -el Infante Carlos María Isidro de Borbón, luego el Carlos V carlista- afrontaba distintas circunstancias políticas y sociales que el abanderado por Don Alfonso Carlos en plena II República. Esta forma de dividir la historia en capítulos coincidentes con cada uno de los “reinados”, facilita mucho su estudio.

¿Cuáles son los artistas de más relevancia y los cuadros que han tenido una mayor relevancia histórica?

Conocemos retratos de los miembros de la dinastía carlista pintados por ochenta artistas distintos, que van desde Goya o Vicente López hasta Augusto Ferrer-Dalmau. Es cierto que predominan, sin embargo, los pintores que hoy algunos llamarían de “segunda fila”, y que son calificados así no porque su calidad fuera inferior, sino porque no merodearon los círculos del poder, que ha sido muchas veces el requisito para que un artista pase a la posteridad. No creo que un Enrique Estevan o un Carlos Vázquez Úbeda tengan nada que envidiar a otros pintores de su tiempo, ni creo que haya ningún motivo para no considerar a un Paciano Ross entre los mejores retratistas al carboncillo del siglo XX.

La calidad de un artista o de una obra de arte son cuestiones sobre las que habría mucho que hablar, especialmente en una época como la nuestra en la que el marketing, por una parte, y los sectarismos ideológicos, por otra, son los que tienen la última palabra. Y eso ocurre en todas las artes, no sólo en la pintura. Piénsese en la literatura, por ejemplo: parece que no hubiera otros poetas en España que Lorca, Alberti o Miguel Hernández. ¿Fueron mejores poetas que San Juan de la Cruz o José María Pemán?

Los cuadros de Carlos María Isidro y su primera esposa, María Francisca de Braganza, fueron en su mayor parte retratos de Corte, encomendados a los pintores de cámara del rey, antes de que se produjera el problema sucesorio. Son por ello retratos firmados por los mejores artistas de su época, como Goya, Aparicio, De la Cruz etc. Más adelante, los artistas que osaban retratar a los reyes y reinas carlistas sabían que se exponían a ser postergados de los círculos oficiales. Aún así, hay excelentes retratos, como los de Carlos VII realizados por Soriano Fort, Enrique Estevan o Manuel Ojeda Siles.

Otros retratos han sido importantes por la popularidad que alcanzaron en su momento. Destacaría entre ellos el célebre retrato de Carlos VII con su perro León a sus pies, un formidable gran danés color canela, que estuvo en el Palacio de Loredán en Venecia, residencia de Don Carlos, y que hoy ha desaparecido. Del mismo se hicieron bastantes copias, y la imagen se popularizó hasta el extremo de encontrarse en forma de láminas en centenares de hogares carlistas de toda España.

Para finalizar el libro realiza una mirada al siglo XXI y un epílogo, ¿qué es lo que quiere trasmitir a modo de colofón?

A pesar del tiempo transcurrido, es curioso que el carlismo, y en particular sus reyes y reinas, sigue llamando la atención de nuevos artistas de nuestros días. Aquí resulta inevitable mencionar la colosal obra de Augusto Ferrer-Dalmau, que ha revitalizado el interés por la pintura histórica y militar, un género que agonizaba en los museos. A su zaga han salido otros artistas noveles que se sienten también atraído por una época -la de las guerras carlistas-, unos personajes y unos episodios históricos que son un filón inagotable de inspiración para nuevos caballeros andantes y románticos soñadores hastiados del materialismo circundante.

Por último, háblenos de su espectacular Museo del Carlismo, sito en El Escorial.

El Museo Carlista de Madrid (www.museocarlistademadrid.com) recoge y evoca un pedazo de nuestro pasado que no se encontrará en la memoria histórica selectiva de los actuales libros de texto y la cultura oficial. Pretende dar a conocer la resistencia de los españoles contra el nuevo orden introducido por la Revolución Francesa, sostenida por espacio de siglo y medio. Visitándolo podemos darnos cuenta que somos herederos de otros muchos que compartieron nuestra misma visión del mundo, por la que dieron vida y hacienda, y eslabones de una cadena que hay que continuar.


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