La ejemplar vida del padre Eliodoro

Verdaderamente la vida del padre Eliodoro es ejemplar. Una vida sacerdotalmente encomiable, aunque no para todos, tiene muchos detractores, y los tiene por esa razón, por la ejemplaridad e integridad de su sacerdocio.

Cumplió ya sus bodas de plata sacerdotales, y, sin embargo, nunca fue destinado como párroco a ninguna parroquia. Sus destinos siempre fueron humildes y ocultos, allí donde ningún hermano sacerdote quería ir iba voluntariamente nuestro ejemplar sacerdote.

El padre Eliodoro llama poco la atención. Físicamente es “poca cosa”. Su conversación es muy educada, es incapaz de pronunciar una palabra más alta que otra, y muy difícilmente se le podrá ver con el ánimo alterado. Es un sacerdote de oración, de sacrificio y de penitencia. Todo muy oculto, sin espaviento. Nunca comenta nada en cuanto a su intimidad. Se puede decir, y, así es, que el padre Eliodoro es dócil y obediente; difícilmente se oirá un “no” de sus labios ante cualquier encargo que se le haga; ni se quejará de cualquier tarea que injustamente se le haya encomendado.

Pero el padre Eliodoro tiene sus convicciones inamovibles, y su fidelidad a ellas le ha acarreado amargos momentos y continuas incomprensiones que mucho la han hecho sufrir. Puede dar la impresión, a primera vista, de que se le puede convencer de cualquier cosa, o de que se le puede exigir lo que fuere, pues puede parecer que no opondrá inconveniente. Pero es una falsa impresión. Viste su humilde sotana, lo que irrita a unos. No da la sagrada comunión en la mano, lo que termina de fastidiar a los otros. Por una razón o por otra el padre Eliodoro no suele encajar allí donde está. Ya se puede comprender porque nunca ha sido destinado como Párroco.

El padre Eliodoro no se molesta por nada, mejor, por casi nada. Nada puede inquietarle más que le sugieran dar la sagrada comunión en la mano, y hacerlo le causaría una turbación de espíritu que le llevaría incluso a enfermar. No entienden su “tozudez”, y les molesta a sus demás compañeros. Pero para nuestro humilde Padre no es cuestión de tozudez o empecinamiento, es sólo cuestión de la presencia real de nuestro Señor en la sagrada eucaristía.

Está muy preparado intelectualmente. Tiene dos licenciaturas eclesiásticas y otros estudios complementarios. Es un gran conferenciante, y tiene fieles que le siguen y escuchan sus catequesis. Varios conventos de religiosas de clausura disfrutan de su presencia en retiros espirituales. Cuando no puede desplazarse físicamente los imparte por las redes sociales. No, no está inactivo el padre Eliodoro. Tiene una activa vida pastoral por internet.

A pesar de tantos años de sacerdocio y de ser sobradamente conocido, sigue con inconvenientes, de vez en cuando, que si la sotana, que si la comunión sólo en la boca. No está ajeno su Obispo a las “rarezas” del padre Eliodoro. Ni sus amenazas doblegaron al buen sacerdote. Parece que el Obispo lo ha dejado por imposible.

Ahí sigue nuestro Padre, feliz con su sotana y con la comunión en la boca. Está tranquilo mientras en esto le dejen en paz. No pide nada más. Quizá, sí pide algo más, pero sabe que es casi imposible: poder oficiar la misa tradicional. A veces la ha celebrado en privado. Su grandísima ilusión sería poderla celebrar diariamente, y sólo esta santa misa. Pero sabe, sobradamente, que para la realización de esta ilusión le queda aún un largo recorrido.  Aunque sólo Dios lo sabe.

Allí quedó el buen padre Eliodoro de capellán de unas religiosas de clausura, lo que le garantiza poder dar la sagrada comunión en la boca, pues supo instruirlas al respecto. Seguirá feliz con su vida simple, dedicado a la oración y a sus catequesis. No aspira más que a agradar al Señor en la sencillez de su sacerdocio y en su vida oculta y poco “brillante” para el mundo que le rodea.

Ave María Purísima.


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