La estrella

Una estrella brilla en el firmamento.

Su luz no es para iluminar los ojos,

sino para alumbrar a los corazones

y guiarlos con su resplandor al cielo.

¿Cuántos ven la estrella y van tras ella?

Muchos se contentan con sus guiños,

otros en observar sus movimientos

filosofando perplejos a solas  consigo

o dialogando con astrónomos eruditos;

los más simples admirando sus destellos.

Pero…  no todos la siguen al momento

cuando aún está presente y se la ve;

al cabo no se mueven y  pierden su visión

desaprovechando la luz que los  guía.

Solo los Magos parten súbitos y al punto

sin importarles la dificultad del camino.

¡Con qué fidelidad obedecen la voz de

la divina gracia, figurada en esa estrella!

Persiguen su búsqueda con fe y confiados,

sin duda, en la vista radiante de la estrella,

y aunque ésta a veces se oculta o se retira,

no abandonan el camino elegido de Belén,

continuando perseverantes y constantes

con la esperanza de que la estrella vuelva

a dejarse ver cuando sea necesaria su luz.

¿Cuáles y cuantos fueron los sentimientos

de gozo,   admiración,  amor  y  alegría

cuando penetraron en la gruta de Belén

reconocieron al verdadero Hijo de Dios?

¡Con qué profundo respeto y devoción

se postrarían en presencia del Salvador!

Encuéntrase a Dios siempre que se le busca:

¡Y que consuelo es hallarle después de buscado!


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