La falta de instrumentos del Estado de derecho

Estamos viviendo una situación límite en la que se están haciendo añicos, uno a uno, los pocos resortes de los que dispone la legislación vigente para defender el Estado de derecho, una circunstancia que, sin duda, no se tuvo en cuenta cuando se redactó la Constitución de 1978 y que ahora se echa en falta.

Por un lado, la corrupción galopante lo inunda todo, eso que los sociatas llaman “fango” que es, precisamente, el que ellos han creado con sus corruptelas que, por cierto, vienen de muy viejo y por las que han sido muy pocos los que han pagado, pese a estar sobradamente probada su participación y enriquecimiento. No hay que ir muy lejos, nos llega con volver la vista atrás al caso de los eres andaluces y la reciente modificación del delito de malversación que beneficia, precisamente, a los chorizos.

Por otro, esa corrupta ley de amnistía, hecha a la medida para que el tal “Antonio” y todos sus lameculos se perpetúen en el poder, aunque para ello tengan que vender España a sus enemigos más viscerales, los que ansían su destrucción. De ella, nos habían dicho que serviría para mejorar la convivencia y sin embargo, ahí siguen los corruptos catalufos desobedeciendo, sistemáticamente, los mandatos de los más altos Tribunales, mandatos que se pasan alegremente por el arco del triunfo, como si tal cosa, sin que nadie los ponga en su sitio ya que, de hacerlo, peligraría ese pacto del deshonor al que han llegado.

El control, a base de pingües subvenciones a los medios de comunicación, vendidos descaradamente al poder, convertidos en el mejor amplificador de la voz de su amo. No hay más que oírlos hablar de la inexiste ultraderecha, con la que asustan a los ignorantes, y, sin embargo, obvian hablar de esa ultraizquierda, formada por golpistas convictos y confesos, filoterroristas, comunistas, separatistas, todo el lumpen, que son los que sostienen sin recato a los sociatas en el machito.

No hablemos de la fiscalía cuyo deber es defender, precisamente, la causa pública y no la del gobierno de turno al que está dando muestras de una sumisión sin parangón a los dictados de quien manda, hasta el punto de llegar a la revelación de secretos que deja en entredicho los sagrados derechos de los españoles y el deber de las Instituciones para con ellos.

¿Cómo es posible que se pretenda exonerar de un presunto hecho delictivo a alguien por razón de parentesco o afinidad política?, ¿cómo es posible que se pretenda dar carpetazo a una causa en función de la identidad del sujeto activo del delito?

De nuevo, el matonismo, tan propio de la izquierda y de la ultraizquierda, se está convirtiendo, a base de amenazas veladas, y algunas no tan veladas, en una forma de gobernar, haciendo acallar todas las voces críticas que puedan alzarse aquí y allá.

No tenemos más que ver esas amenazas de control absoluto del poder judicial con el fin de que los corruptos, vinculados a los sociatas, salgan indemnes o esa intervención chulesca de ese tipejo catalufo que hace honor a su apellido, exigiendo que se sancione a los disidentes. Vergonzoso tener que aguantar a tipos siniestros como este o a la tal “uropa”, una maleducada que ni tan siquiera sabe hablar y que cree que el Congreso es el mercado de abastos en el que se puede irrumpir a base de gritos y constantes salidas de tono.

Sin embargo, nada de esto parece importarle a nadie, más preocupados por las veleidades veraniegas que por la grave situación real que estamos viviendo y que, si no la frenamos, nos llevará directamente a una república bananera en la que la primera que caerá será, precisamente, la Corona.

No podemos olvidar quien está detrás de esas manifestaciones que pretenden realizarse contra el Rey, ni tampoco a los acuerdos alcanzados en Navarra y Palma de Mallorca que ponen en entredicho la Institución monárquica.

¿Dónde están los juramentos y promesas para defender la Constitución y la integridad de la Patria hechos por tantos? Nadie puede dar la espalda, por muy incómodo que le resulte, a sus obligaciones y deberes que son, precisamente, los que determinan su honor y dignidad; ¿dónde está esa oposición teórica que debería velar, empleando para ello todos los resortes a su alcance, por la defensa de la Constitución y del Estado de derecho?

Aquí ya no sirven sonrisillas ni carantoñas ya que hablamos del futuro de España y si es necesario plantear una crisis institucional que se plantee. Las reglas del juego son para todos iguales y cuando uno las conculca, el otro está legitimado para hacerlo también, sobre todo si lo que se defiende es la sagrada Unidad de la Patria y los derechos de todos los españoles de bien ya que, en ese caso, no sirve ya ponerse de perfil.

Es muy posible que una buena parte de los españoles no sea consciente, realmente, de la gravedad de la situación por la que estamos atravesando a un paso de caer en una dictadura al más rancio estilo bolchevique-bolivariano en la que, no solo se perpetuará el sátrapa en el poder, sino que también nos veremos privados de una parte de nuestros derechos y, después, no valdrá echarse las manos a la cabeza.

Aquí no sirve justificar aptitudes melifluas hablando de que la situación se debe a lo que votaron los españoles ya que tal aseveración no es real al no serlo su proporcionalidad lo que pone de manifiesto la desigualdad entre unos y otros. ¿Cómo es posible que, con 395.429 votos obtenidos por los catalufos de Puigdemont, hayan logrado siete actas de diputado, en tanto que el PP, con 8.160.837, tan solo 137? Sin duda, hay algo que no funciona, sobre todo si esos siete son los que deciden el futuro de todos los demás.

Toda la responsabilidad para superar este difícil trance la estamos cargando sobre las espaldas de Magistrados y Jueces cuando el Estado dispone de más resortes que la Justicia para defenderse de sátrapas y traidores. Los Magistrados y Jueces están cumpliendo con su deber, ¿dónde están los demás?

Blog del autor: http://cnpjefb.blogspot.com/


4 respuestas a «La falta de instrumentos del Estado de derecho»

  1. EL ESTADO DE DERECHO TIENE INSTRUMENTOS para defenderse de un gobierno de mierda, como el actual…
    Lo que sucese es que han OKUPADO TODAS LAS INSTITUCIONES, y las han puesto al servicio del gobierno, y no del Estado:
    * Fiscalía General del Estado, ahora del PSOE.
    * Tribunal Constitucional del PSOE.
    * Tribunal de Cuentas del PSOE.
    * Radio y Televisión pública del PSOE.
    * Etc.
    En otras palabras, vivimos, de facto, EN UNA DICTADURA.
    Y, lo que es todavía peor, vamos CAMINO DE UNA TIRANÍA.
    (Y no hablo del REY Y JEFE DEL ESTADO, porque ese señor YA NO PINTA NADA…, y es un simple jarrón chino, al que el día menos pensando le darán la patada.
    ¡Y no lo sentiré, la verdad!).

  2. Siempre aplican su inmensa fuerza sobre el individuo u organización responsable de defender la verdad inconveniente en cada ámbito. La aplican proporcionalmente a la situación; siempre buscan el eslabón más débil para romper la resistencia a sus planes. Los encargados de aplicar esa fuerza no saben más que lo necesario para llevar a cabo su cometido, y las medias verdades necesarias para que se monten su justificación personal. El objetivo se sentirá abandonado por el resto dado que nadie acudirá en su defensa; y su integridad quedará en el olvido y doblegada finalmente. Ejemplos por cientos como de los Cobos, Alaya o los del escrache a la logia de Blanquerna. Ellos son conocidos y eso les protege; pero otros muchos, anónimos representantes de lo que pensaban una democracia, no habrán tenido tanta suerte, por hacerla valer.

    Claramente nos están incluyendo( como en el 36 )en la antítesis de la escoria comunistoide, probablemente para, junto con el resto de desgracias 20/30, romper la UE y contribuir a corromper al resto de socios; cosa que ya está sucediendo. Todo ello enmarcado en el resto de la transformación global; una representación muy compleja, pero que tendrán más que vista en el guion.
    Muchos se están dando cuenta; muy pocos relativamente y, lo que es peor, desunidos y con diferencias de percepción entre si. No es nuevo, lo llevan haciendo desde siempre, pero nunca a nivel verdaderamente global y con propósito tan descomunal.
    Las personas no importan, ni de su parte ni del resto; es un objetivo, una obsesión de siglos; aunque se dieran cuenta de que se están equivocando los máximos responsables, ya no hay marcha atrás; la maquinaria, la inercia es gigantesca.

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