La guerra nacional española ante la Moral y el Derecho (2/4)
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3.º LA GUERRA NACIONAL ESPAÑOLA ES GUERRA SANTA, Y LA MÁS SANTA QUE REGISTRA LA HISTORIA
a) Teníanse en otros tiempos por guerras santas las que se hacían contra los turcos, que intentaban invadir la cristiandad y acabar con nuestra religión, o las que se hacían contra herejes o luteranos que pretendían pervertir la fe católica, o las Cruzadas, que tenían por objeto rescatar los Santos Lugares del poder sarracénico; en fin, todas aquellas que tenían por móvil y determinante algún asunto religioso. Mas en todas las guerras santas que ha habido hasta el presente se ventilaban cuestiones de menor cuantía y tenían por adversarios a enemigos que adoraban a Dios y le rendían culto y vasallaje. En la actual guerra nacional se discute la existencia misma de toda religión, natural o positiva, y nuestra lucha es contra los que declaran la guerra al mismo Dios y le quieren desterrar del mundo, contra los «sin Dios», como ellos mismos se llaman. Por eso es la más santa de todas las contiendas, por ser el enemigo más perverso y la cuestión que en ella se discute de una trascendencia ilimitada.
b) Esta guerra es también la más santa, porque es la defensa de toda la humanidad, no sólo en el orden divino, sino en el orden meramente humano y natural. El comunismo y el sovietismo son nuestro enemigo, y éstos, como tantas veces nos han advertido los Papas, son enemigos de toda la humanidad e intentan destruir los fundamentos mismos de la sociedad, rompiendo toda ley divina, natural y humana. Así, cuanto más intenso y universal es el mal que se combate, tanto más excelente es el bien contrario que se busca y se defiende. Y el mal aquí es universal, lo mismo por la universalidad de los principios santos que destruye, que por la universalidad de gentes y de territorio, pues pretende invadir el mundo entero. Santa, pues, y la más santa de todas es la presente guerra nacional.
Proposición tercera.—El Gobierno Nacional es legítimo y católico, y está cumpliendo un deber patriótico, humanitario y religioso.
1.º EL GOBIERNO NACIONAL ES LEGÍTIMO
a) La nación española tenía derecho y deber de nombrar e instituir su Gobierno.—Hemos probado que el Gobierno del Frente Popular es ilegítimo y tiránico, y, por consiguiente, la nación española—la auténtica, no la esclavizada a poderes traidores y exóticos—, desde el momento que le sea posible, tiene el deber ineludible de designar las personas que han de ser sujeto del poder civil y desempeñar las funciones del Gobierno. Es, para el caso, indiferente la cuestión que se discute entre los teólogos, de si el pueblo mismo es el sujeto de la autoridad, o son las personas designadas para gobernantes las que la reciben inmediatamente de Dios, o si lo es la nación misma orgánicamente considerada. En cualquiera de los casos, una sociedad civil, sin un órgano de la autoridad, es un cuerpo inorgánico, o más bien, no organizado, amorfo. Para constituirse en persona moral y jurídica, no de un modo potencial, sino efectivo, capaz de realizar el bien común, que es su fin propio, por ley natural está obligada a constituir el órgano que la ha de gobernar, estableciendo el orden jurídico, conduciéndola a la consecución de sus fines y defendiéndola de sus enemigos. Este es deber ineludible de toda sociedad civil que no quiere firmar su sentencia de muerte, y esto es lo que ha hecho la nación española constituyendo el Gobierno Nacional que hoy la rige y gobierna y defiende vigorosamente, al verse privada de Gobierno legítimo y en manos de un Gobierno usurpador y tiránico.
b) La forma en que se ha constituido el Gobierno Nacional es legítima y la más acomodada a las circunstancias por que atravesaba la nación.—La ley natural que ordena al hombre formar sociedad y constituir en ella un órgano de la autoridad, nada prescribe acerca de la forma en que esto se haya de ejecutar, y puede, por consiguiente, llevarse a cabo en cualquier forma que se acomode al estado de la nación, con el consentimiento implícito, por lo menos, de la misma. En el caso presente, no habiendo nada determinado por leyes o convenciones anteriores, pues la ley fundamental de la nación había perdido todo su valor—si es que alguna vez lo hubiera tenido—al derrumbarse el poder tiránico que la representaba y que fué el primero en conculcarla, la genuina nación española tenía plena libertad para establecer el órgano de su Gobierno en la forma que mejor le hubiere parecido. Y la forma en que se ha constituido este Gobierno Nacional es la más adecuada al estado de la nación y a las circunstancias difíciles por que atravesaba. El poder defensivo de la nación reside en el Ejército, si bien subordinado a la autoridad suprema de la nación misma. Careciendo a la sazón la nación española de esa autoridad suprema y siendo urgentísima la necesidad de defenderla contra el poder tiránico que la esclavizaba, al Ejército competía ejercer por sí mismo su propia función defendiendo la Patria, y en representación de la nación toda, con el consentimiento tácito de ella, asumirse también las funciones de autoridad suprema. Ese consentimiento tácito de la nación fue por el momento virtual e interpretativo; mas bien pronto se manifestó de un modo efectivo, por el aplauso con que el pueblo recibió la constitución del nuevo Gobierno Nacional y la prontitud con que se asoció a él para auxiliarle también en su función defensiva, formando las aguerridas milicias voluntarias. No puede en manera alguna considerarse esta guerra como un levantamiento militar contra un poder constituido como quiera que sea, sino como un movimiento vital de la España auténtica que orgánicamente constituye su órgano de Gobierno, elevando al poder supremo al que ya era su órgano defensivo y que ha cumplido desde el primer momento su deber, entablando la lucha para defenderla de sus enemigos interiores y exteriores. Y mucho importa dejar bien establecido este carácter nacional del movimiento, ya que son pocos los que se dan cuenta de ello fuera de España. Lo más urgente para la Patria y de una necesidad perentoria es su propia defensa, y mientras esta necesidad exista, y mientras se organiza en forma la nueva España regenerada, al Ejército compete como por derecho propio, que la nación espontáneamente le ha otorgado, desempeñar las funciones del Gobierno en la Patria española. El Gobierno Nacional es, pues, legítimo y el más acomodado a las presentes circunstancias.
2.º EL GOBIERNO NACIONAL ES CATÓLICO
a) El Gobierno Nacional representa la antítesis del programa del Frente Popular, soviético, masónico, antinatural, antisocial y antirreligioso. Su programa, por consiguiente, tiene que ser católico y llevar la doctrina católica a todas las manifestaciones de la vida, tanto política y social como privada. Esto tiene que ser, si ha de ser verdadero Gobierno Nacional, ya que se propone la restauración de la verdadera España, siendo la religión católica como consustancial a la hispanidad.
b) El movimiento nacional, representado y dirigido por el Gobierno Nacional, es un movimiento católico, por lo mismo que es patriótico. Vienen a integrar este movimiento cuatro partidos políticos: Requeté, Renovación Española, Acción Popular y Falange Española. Todos estos partidos propugnan la religión católica como elemento esencial de la nacionalidad española. Del catolicismo de los tres primeros nadie puede dudar. Y en cuanto a Falange Española, fácilmente nos convenceremos de su catolicismo con sólo leer el artículo 25 de su programa, que copiamos a continuación: «Nuestro movimiento incorpora el sentido católico—de gloriosa tradición y predominante en España—a la reconstrucción nacional. La Iglesia y el Estado concordarán sus facultades respectivas, etcétera». Según esto, un Gobierno Nacional, que sea como el substractum de las esencias nacionales y sintetice las aspiraciones comunes de los cuatro partidos políticos que integran este movimiento, no es posible concebirlo siquiera si no es netamente católico. Si no quiere ser un suicida y un Gobierno Nacional ficticio, católico tiene que ser, como lo es de hecho.
c) El Gobierno Nacional aún no ha podido elaborar su programa por la premura del tiempo y las necesidades urgentísimas de la defensa y reconquista nacionales. Mas con los hechos va mostrando que la religión católica entra como elemento esencial en su programa. La actuación del Gobierno Nacional ha sido hasta el presente enteramente en sentido católico. Ha instaurado la enseñanza religiosa en todos los centros oficiales y repuesto el crucifijo en las escuelas; ha derogado prácticamente las leyes secularizadoras y laizantes, y ha reconocido en todos sus procedimientos los derechos de la Iglesia, de sus ministros y de todos los fieles. Y aún podemos decir que ha vuelto a cristianizar el Ejército, llevando a él capellanes católicos y sólo recibiendo para las funciones sacerdotales a los que fueran llamados a él investidos ya con las Órdenes sagradas. Un Gobierno que así procede, bien se puede asegurar que es genuinamente católico, aunque no lo hubiera solemnemente declarado. (Véase el Apéndice.)
3.º EL GOBIERNO NACIONAL ESTÁ CUMPLIENDO UN DEBER PATRIÓTICO, HUMANITARIO Y RELIGIOSO
Esta afirmación es corolario de todo lo dicho anteriormente. El Gobierno Nacional está sosteniendo guerra formidable para librar a la Patria de la esclavitud soviética, y esto constituye un deber patriótico. Mas como el sovietismo o comunismo es enemigo de toda la humanidad, al oponerse a él como un dique de hierro, se libra a la humanidad de las garras de este monstruo, lo cual constituye el cumplimiento de un deber humanitario. Y como el mismo enemigo trata de desterrar a Dios y destruir toda religión, principalmente la católica, en cumplimiento de un deber religioso el Gobierno Nacional trata de vencer a este enemigo, para que la religión triunfe y se ejerza libremente. Tal es la misión importantísima que actualmente desempeña el Gobierno Nacional Español.
Proposición cuarta.—Toda ayuda o auxilio que se preste, directa o indirectamente, al Frente Popular, es ilícita; así como lo es igualmente toda oposición al legítimo Gobierno Nacional, en las actuales circunstancias.
1.º ES ILÍCITA TODA AYUDA O AUXILIO QUE, DIRECTA O INDIRECTAMENTE, SE PRESTE AL FRENTE POPULAR
El Frente Popular es malo intrínsecamente, malo en sus fines y desastroso en los efectos que se seguirían si llegase a alcanzar la victoria. Por consiguiente, todo auxilio que, directa o indirectamente, se le preste, es una cooperación formal al pecado y, por lo tanto, ilícito. Analicemos estos conceptos:
a) El Frente Popular es malo en sí mismo e intrínsecamente.—El Frente Popular es un conglomerado monstruoso de partidos políticos, anticatólicos todos ellos, amalgamados accidentalmente para arrebatarse injustamente el poder y constituir un gobierno tiránico, opresor de la Patria y perseguidor de la Iglesia. Todo esto queda demostrado anteriormente al probar su ilegitimidad y su tiranía. Luego el Frente Popular es malo intrínsecamente y por su propia naturaleza.
b) El Frente Popular es también malo por sus fines.—Estos fines ya nos son bien manifiestos por lo que está realizando en las regiones que aún gimen bajo su yugo. Podemos reducirlos a dos: establecer e imponer un humanismo materialista en el sentido más crudo de la palabra, y abrir las puertas al comunismo soviético, traicionando a la Patria y aniquilando el catolicismo en nuestra nación. Es, por consiguiente, esencialmente malo en sus fines, sin que haya nada que lo pueda justificar, aunque a veces trate de enmascararse con disfraces de civilización o cultura, de protección al proletariado, de destrucción de la tiranía, u otros semejantes. Nadie que tenga ojos para ver, podrá llamarse a engaño sobre este particular.
c) Si el Frente Popular triunfase, los efectos desastrosos que se seguirían para la Patria, para la Iglesia y para la humanidad, serían incalculables.—La nación española perdería su propia personalidad y su independencia, entregada a un poder soviético; la Iglesia española tendría que volver a las catacumbas, si no quería ser totalmente aniquilada, y la humanidad entera sentiría acercarse el peligro de verse totalmente absorbida por las fauces del monstruo soviético. En efecto, teniendo la Unión Soviética un punto de apoyo en nuestra Patria, por su favorable situación geográfica, cogería el resto de Europa entre una tenaza formidable, y fácilmente extendería sus tentáculos hacia América, y todo el mundo podría temblar de espanto al verse a punto de perecer ante la inundación bolchevista. De este peligro espantoso no se cansa de avisarnos el Vicario de Cristo, atento siempre al bien de la humanidad y de la Iglesia.
d) Es, pues, absolutamente ilícito como cooperación formal a un mal inmenso y de consecuencias funestísimas irreparables, todo auxilio que, directa o indirectamente, se preste al Frente Popular.—Y no se diga que por conseguir algún fin bueno se pudiera prestar cualquier auxilio indirecto al Frente Popular, porque, tratándose de una cosa intrínsecamente mala, como probado queda, todo auxilio que se le pueda prestar bajo cualquier pretexto y en cualquier forma, sería una cooperación formal, como dicen los teólogos, y en ningún modo podría justificarse, porque el fin no justifica los medios cuando éstos son intrínsecamente malos, y la cooperación formal al mal es intrínsecamente mala, según el sentir unánime de los moralistas católicos. Ya se ve que no tratamos aquí de los que, por un error o ignorancia invencibles, cooperan con el Frente Popular en sus fines perversos, o son arrastrados por una fuerza mayor ineludible. Mas bien urgente sería sacar a los primeros de su ceguera, diciendo entre tanto: «Señor, perdónalos, porque no saben lo que hacen».
e) No vale atrincherarse bajo la capa de la legalidad o la juridicidad.—Tal es el argumento que emplean para seducir a los incautos, porque el Gobierno del Frente Popular es el legalmente constituido y jurídicamente establecido. Mas a esto tenemos que replicar que la legalidad y la juridicidad son palabras huecas y engañosas si se prescinde del concepto de verdadera justicia. «Lex injusta non est lex», según reza un principio fundamental de todo derecho; y, por tanto, no hay que atender sólo a la materialidad de la ley, que es la legalidad tan decantada por algunos juristas, sino a su contenido de justicia, que es una virtud moral y de la cual la ley humana ha de tomar su fuerza obligatoria. Y esa juridicidad, que no se nutre de justicia, que quiere sustituir lo justo por lo jurídico, es un mascarón sin alma, que sólo en espíritus farisaicos, seguidores de la letra que mata y despreciadores del espíritu que vivifica, puede despertar ridículos escrúpulos. Ya hemos visto anteriormente la justicia que le asiste al Gobierno del Frente Popular, injustísimo en su origen y más injusto aún en su actuación tiránica; y el querer echar sobre él esa capa de la legalidad o de la juridicidad, es cubrir con manto de armiño la hediondez de un cadáver putrefacto.
2.º ES ASIMISMO ILÍCITA TODA OPOSICIÓN AL LEGÍTIMO GOBIERNO NACIONAL EN LAS CIRCUNSTANCIAS ACTUALES
Pudiera considerarse esta proposición como un corolario de aquélla en que se ha demostrado la legitimidad del Gobierno Nacional. Mas hay que tener presente que aún a un Gobierno legítimo se le puede, en ciertas condiciones, hacer la oposición, en virtud de derechos parciales que lícitamente se pretende ejercitar o reclamar. Por eso avanzamos un paso más afirmando que toda oposición al Gobierno Nacional, en las actuales circunstancias, es ilícita y criminal. Con pocas palabras se puede probar.
a) El Gobierno Nacional está realizando la grande obra, patriótica, humanitaria y religiosa de que hemos hablado anteriormente; y para ello necesita del auxilio de todos, pues lucha contra un enemigo fuertísimo, con medios inadecuados, como lo estamos palpando. Todo aquél, por consiguiente, que lejos de prestarle su apoyo incondicional para la realización de esta magna obra—apoyo que, como españoles, como cristianos y como hombres, estamos obligados a prestarle—, se oponga positivamente en las actuales circunstancias al Gobierno Nacional, tratando de debilitar su esfuerzo o mermar su poder o entorpecer su actuación, podría considerarse como traidor a la Patria, infiel a la religión y criminal ante la humanidad.
La razón es manifiesta, porque todos los males que se pudieran seguir de que el Gobierno Nacional fuese vencido en esta lucha—¡el Señor no lo permita!—, se imputarían, al menos proporcionalmente, al que directa o indirectamente se opusiese a él mismo o a su actuación. Ante el cúmulo de esos males, inmensos, irreparables, de que ya hemos hecho mención anteriormente, ningún bien se puede oponer por grande que sea, que pueda justificar, ni aun aparentemente, semejante oposición.
b) Oponerse de cualquier modo al Gobierno Nacional, combatirle o debilitar su acción, es prestar auxilio indirecto al Gobierno ilegítimo del Frente Popular y cooperar a su triunfo. Mas esto ya hemos visto que es absolutamente ilícito y criminal. Por lo tanto, ninguna razón, ningún motivo, ningún derecho parcial, real o aparente, puede justificar una oposición positiva al Gobierno Nacional en las actuales circunstancias.
Proposición quinta.—Los nacionalistas vascos, como cristianos, ya que no sea como españoles, obran ilícitamente al tomar las armas contra el Gobierno Nacional, y al lado del Frente Popular.
Esta proposición no es más que una aplicación, al caso particular, de lo dicho anteriormente. Prescindimos aquí de que el pueblo vasco tenga o no derecho a que se le conceda su Estatuto, por el cual lucha, porque esa no es cuestión que directamente toque a un moralista resolver, ni puede tener cabida en los ámbitos de este escrito. Mas, aún suponiendo que al pueblo vasco le asistan todos los derechos para reclamar su Estatuto, afirmamos que es absolutamente ilícita su actuación bélica actual.
a) La mutua ayuda que en la región vasca se están prestando los del Frente Popular y los nacionalistas vascos, luchando unidos contra nuestros ejércitos nacionales, muestra hasta la evidencia, que se trata de una cooperación formal, y, por tanto, absolutamente ilícita, como queda demostrado. Y no se diga que ellos, como católicos, garantizan la existencia de la religión y obligan a sus aliados a respetarla, conteniendo sus desmanes e impidiendo la implantación del comunismo con todas sus consecuencias. Aun cuando llegaran a ser una realidad sus propósitos dentro de la región vasca—lo cual es muy problemático, si no del todo improbable—, siempre será verdad que ellos cooperan formalmente al triunfo del Frente Popular en el resto de España, donde acabarían con la religión y con la Patria. Y esa cooperación formal a un mal de tan enorme trascendencia, por ningún motivo ni bajo ningún concepto se puede justificar, sino que es absoluta e intrínsecamente mala, como se ha visto anteriormente. Añádase a esto que luchan contra el Gobierno Nacional, y serían responsables de todos los males que se pudieran seguir si éste llegara a ser vencido en la actual guerra.
b) Mas cabe presentar aun bajo otro aspecto la cuestión, prescindiendo de la cooperación, que habrá quien piense que es puramente material. Los nacionalistas vascos luchan para conseguir su Estatuto, que ellos consideran como un bien (efecto bueno), y a ese fin pactan con los marxistas o los del Frente Popular que les ayuden a realizar su empeño, prestándoles a su vez su ayuda para que ellos alcancen también el triunfo y puedan realizar sus objetivos (efecto malo). La cuestión moral se plantea en estos términos: ¿Puede lícitamente ejecutarse alguna obra de la cual se siguen dos efectos, uno bueno y otro malo? Todos los moralistas están acordes en decir que dicha obra será lícita solamente cuando concurran en ella cuatro condiciones: 1.ª Que la obra en sí sea buena o indiferente. 2.ª Que el fin sea bueno. 3.ª Que el efecto bueno se siga directamente de la obra (per se), y el malo solamente de un modo indirecto (per accidens). 4.ª Que el efecto bueno supere, o compense, por lo menos, al efecto malo que se hubiere de seguir. Ahora bien, ¿reúne estas cuatro condiciones la alianza ofensiva vasco-soviética? Prescindamos de las dos primeras, aunque algo se pudiera decir acerca de ellas. Paremos mientes en la tercera condición: que se siga per se o directamente el efecto bueno, y el malo sólo per accidens o indirectamente. En el presente caso, tan per se y directamente se sigue un efecto como el otro, pues si consiguen el triunfo, juntamente lo consiguen unos y otros, y aún pudiéramos decir que más directo es el efecto malo, que el bueno, puesto que los vascos no conseguirían su Estatuto sino mediante el triunfo del Frente Popular, que es el que se lo concedería. Por este concepto ya la acción resulta completamente ilícita. Examinemos la cuarta condición: que el efecto bueno supere, o compense, por lo menos, al efecto malo. El efecto bueno sería la consecución de un Estatuto político, cuyas ventajas—aun suponiendo que fueran reales y lo más excelentes que se las pueda imaginar—sólo beneficiarían a una pequeña región y en un orden meramente temporal; el efecto malo, por el contrario, sería el triunfo del comunismo en el resto de España, con la ruina temporal, moral y religiosa de la misma, y con un peligro real de que esto se extendiera a toda la humanidad. ¿Hay quién se atreva a decir que el efecto bueno que se pretende, pueda ni remotamente compensar a los efectos desastrosos que produciría la implantación del comunismo en la nación española? Y esto, en el mejor de los supuestos, porque si en España triunfase el comunismo, ¿podrían los vascos hacerse la ilusión de que no serían bien pronto arrollados por el mismo, y todos sus Estatutos e instituciones más santas morirían entre las ruinas del templo de la nacionalidad española, que ciegamente quieren ahora derribar? Faltan, pues, dos condiciones esenciales para que su unión bélica con los marxistas pudiera ser lícita, aparte de otras cosas que pudieran ser más discutibles. Pero la evidencia de estos argumentos es tal que apenas se comprende que haya quienes, habiendo saludado siquiera la ciencia de la Teología Moral, no abran los ojos a la luz que esplende con claridad meridiana.
Parte 1
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3.º LA GUERRA NACIONAL ESPAÑOLA ES GUERRA SANTA, Y LA MÁS SANTA QUE REGISTRA LA HISTORIA
a) Teníanse en otros tiempos por guerras santas las que se hacían contra los turcos, que intentaban invadir la cristiandad y acabar con nuestra religión, o las que se hacían contra herejes o luteranos que pretendían pervertir la fe católica, o las Cruzadas, que tenían por objeto rescatar los Santos Lugares del poder sarracénico; en fin, todas aquellas que tenían por móvil y determinante algún asunto religioso. Mas en todas las guerras santas que ha habido hasta el presente se ventilaban cuestiones de menor cuantía y tenían por adversarios a enemigos que adoraban a Dios y le rendían culto y vasallaje. En la actual guerra nacional se discute la existencia misma de toda religión, natural o positiva, y nuestra lucha es contra los que declaran la guerra al mismo Dios y le quieren desterrar del mundo, contra los «sin Dios», como ellos mismos se llaman. Por eso es la más santa de todas las contiendas, por ser el enemigo más perverso y la cuestión que en ella se discute de una trascendencia ilimitada.
b) Esta guerra es también la más santa, porque es la defensa de toda la humanidad, no sólo en el orden divino, sino en el orden meramente humano y natural. El comunismo y el sovietismo son nuestro enemigo, y éstos, como tantas veces nos han advertido los Papas, son enemigos de toda la humanidad e intentan destruir los fundamentos mismos de la sociedad, rompiendo toda ley divina, natural y humana. Así, cuanto más intenso y universal es el mal que se combate, tanto más excelente es el bien contrario que se busca y se defiende. Y el mal aquí es universal, lo mismo por la universalidad de los principios santos que destruye, que por la universalidad de gentes y de territorio, pues pretende invadir el mundo entero. Santa, pues, y la más santa de todas es la presente guerra nacional.
Proposición tercera.—El Gobierno Nacional es legítimo y católico, y está cumpliendo un deber patriótico, humanitario y religioso.
1.º EL GOBIERNO NACIONAL ES LEGÍTIMO
a) La nación española tenía derecho y deber de nombrar e instituir su Gobierno.—Hemos probado que el Gobierno del Frente Popular es ilegítimo y tiránico, y, por consiguiente, la nación española—la auténtica, no la esclavizada a poderes traidores y exóticos—, desde el momento que le sea posible, tiene el deber ineludible de designar las personas que han de ser sujeto del poder civil y desempeñar las funciones del Gobierno. Es, para el caso, indiferente la cuestión que se discute entre los teólogos, de si el pueblo mismo es el sujeto de la autoridad, o son las personas designadas para gobernantes las que la reciben inmediatamente de Dios, o si lo es la nación misma orgánicamente considerada. En cualquiera de los casos, una sociedad civil, sin un órgano de la autoridad, es un cuerpo inorgánico, o más bien, no organizado, amorfo. Para constituirse en persona moral y jurídica, no de un modo potencial, sino efectivo, capaz de realizar el bien común, que es su fin propio, por ley natural está obligada a constituir el órgano que la ha de gobernar, estableciendo el orden jurídico, conduciéndola a la consecución de sus fines y defendiéndola de sus enemigos. Este es deber ineludible de toda sociedad civil que no quiere firmar su sentencia de muerte, y esto es lo que ha hecho la nación española constituyendo el Gobierno Nacional que hoy la rige y gobierna y defiende vigorosamente, al verse privada de Gobierno legítimo y en manos de un Gobierno usurpador y tiránico.
b) La forma en que se ha constituido el Gobierno Nacional es legítima y la más acomodada a las circunstancias por que atravesaba la nación.—La ley natural que ordena al hombre formar sociedad y constituir en ella un órgano de la autoridad, nada prescribe acerca de la forma en que esto se haya de ejecutar, y puede, por consiguiente, llevarse a cabo en cualquier forma que se acomode al estado de la nación, con el consentimiento implícito, por lo menos, de la misma. En el caso presente, no habiendo nada determinado por leyes o convenciones anteriores, pues la ley fundamental de la nación había perdido todo su valor—si es que alguna vez lo hubiera tenido—al derrumbarse el poder tiránico que la representaba y que fué el primero en conculcarla, la genuina nación española tenía plena libertad para establecer el órgano de su Gobierno en la forma que mejor le hubiere parecido. Y la forma en que se ha constituido este Gobierno Nacional es la más adecuada al estado de la nación y a las circunstancias difíciles por que atravesaba. El poder defensivo de la nación reside en el Ejército, si bien subordinado a la autoridad suprema de la nación misma. Careciendo a la sazón la nación española de esa autoridad suprema y siendo urgentísima la necesidad de defenderla contra el poder tiránico que la esclavizaba, al Ejército competía ejercer por sí mismo su propia función defendiendo la Patria, y en representación de la nación toda, con el consentimiento tácito de ella, asumirse también las funciones de autoridad suprema. Ese consentimiento tácito de la nación fue por el momento virtual e interpretativo; mas bien pronto se manifestó de un modo efectivo, por el aplauso con que el pueblo recibió la constitución del nuevo Gobierno Nacional y la prontitud con que se asoció a él para auxiliarle también en su función defensiva, formando las aguerridas milicias voluntarias. No puede en manera alguna considerarse esta guerra como un levantamiento militar contra un poder constituido como quiera que sea, sino como un movimiento vital de la España auténtica que orgánicamente constituye su órgano de Gobierno, elevando al poder supremo al que ya era su órgano defensivo y que ha cumplido desde el primer momento su deber, entablando la lucha para defenderla de sus enemigos interiores y exteriores. Y mucho importa dejar bien establecido este carácter nacional del movimiento, ya que son pocos los que se dan cuenta de ello fuera de España. Lo más urgente para la Patria y de una necesidad perentoria es su propia defensa, y mientras esta necesidad exista, y mientras se organiza en forma la nueva España regenerada, al Ejército compete como por derecho propio, que la nación espontáneamente le ha otorgado, desempeñar las funciones del Gobierno en la Patria española. El Gobierno Nacional es, pues, legítimo y el más acomodado a las presentes circunstancias.
2.º EL GOBIERNO NACIONAL ES CATÓLICO
a) El Gobierno Nacional representa la antítesis del programa del Frente Popular, soviético, masónico, antinatural, antisocial y antirreligioso. Su programa, por consiguiente, tiene que ser católico y llevar la doctrina católica a todas las manifestaciones de la vida, tanto política y social como privada. Esto tiene que ser, si ha de ser verdadero Gobierno Nacional, ya que se propone la restauración de la verdadera España, siendo la religión católica como consustancial a la hispanidad.
b) El movimiento nacional, representado y dirigido por el Gobierno Nacional, es un movimiento católico, por lo mismo que es patriótico. Vienen a integrar este movimiento cuatro partidos políticos: Requeté, Renovación Española, Acción Popular y Falange Española. Todos estos partidos propugnan la religión católica como elemento esencial de la nacionalidad española. Del catolicismo de los tres primeros nadie puede dudar. Y en cuanto a Falange Española, fácilmente nos convenceremos de su catolicismo con sólo leer el artículo 25 de su programa, que copiamos a continuación: «Nuestro movimiento incorpora el sentido católico—de gloriosa tradición y predominante en España—a la reconstrucción nacional. La Iglesia y el Estado concordarán sus facultades respectivas, etcétera». Según esto, un Gobierno Nacional, que sea como el substractum de las esencias nacionales y sintetice las aspiraciones comunes de los cuatro partidos políticos que integran este movimiento, no es posible concebirlo siquiera si no es netamente católico. Si no quiere ser un suicida y un Gobierno Nacional ficticio, católico tiene que ser, como lo es de hecho.
c) El Gobierno Nacional aún no ha podido elaborar su programa por la premura del tiempo y las necesidades urgentísimas de la defensa y reconquista nacionales. Mas con los hechos va mostrando que la religión católica entra como elemento esencial en su programa. La actuación del Gobierno Nacional ha sido hasta el presente enteramente en sentido católico. Ha instaurado la enseñanza religiosa en todos los centros oficiales y repuesto el crucifijo en las escuelas; ha derogado prácticamente las leyes secularizadoras y laizantes, y ha reconocido en todos sus procedimientos los derechos de la Iglesia, de sus ministros y de todos los fieles. Y aún podemos decir que ha vuelto a cristianizar el Ejército, llevando a él capellanes católicos y sólo recibiendo para las funciones sacerdotales a los que fueran llamados a él investidos ya con las Órdenes sagradas. Un Gobierno que así procede, bien se puede asegurar que es genuinamente católico, aunque no lo hubiera solemnemente declarado. (Véase el Apéndice.)
3.º EL GOBIERNO NACIONAL ESTÁ CUMPLIENDO UN DEBER PATRIÓTICO, HUMANITARIO Y RELIGIOSO
Esta afirmación es corolario de todo lo dicho anteriormente. El Gobierno Nacional está sosteniendo guerra formidable para librar a la Patria de la esclavitud soviética, y esto constituye un deber patriótico. Mas como el sovietismo o comunismo es enemigo de toda la humanidad, al oponerse a él como un dique de hierro, se libra a la humanidad de las garras de este monstruo, lo cual constituye el cumplimiento de un deber humanitario. Y como el mismo enemigo trata de desterrar a Dios y destruir toda religión, principalmente la católica, en cumplimiento de un deber religioso el Gobierno Nacional trata de vencer a este enemigo, para que la religión triunfe y se ejerza libremente. Tal es la misión importantísima que actualmente desempeña el Gobierno Nacional Español.
Proposición cuarta.—Toda ayuda o auxilio que se preste, directa o indirectamente, al Frente Popular, es ilícita; así como lo es igualmente toda oposición al legítimo Gobierno Nacional, en las actuales circunstancias.
1.º ES ILÍCITA TODA AYUDA O AUXILIO QUE, DIRECTA O INDIRECTAMENTE, SE PRESTE AL FRENTE POPULAR
El Frente Popular es malo intrínsecamente, malo en sus fines y desastroso en los efectos que se seguirían si llegase a alcanzar la victoria. Por consiguiente, todo auxilio que, directa o indirectamente, se le preste, es una cooperación formal al pecado y, por lo tanto, ilícito. Analicemos estos conceptos:
a) El Frente Popular es malo en sí mismo e intrínsecamente.—El Frente Popular es un conglomerado monstruoso de partidos políticos, anticatólicos todos ellos, amalgamados accidentalmente para arrebatarse injustamente el poder y constituir un gobierno tiránico, opresor de la Patria y perseguidor de la Iglesia. Todo esto queda demostrado anteriormente al probar su ilegitimidad y su tiranía. Luego el Frente Popular es malo intrínsecamente y por su propia naturaleza.
b) El Frente Popular es también malo por sus fines.—Estos fines ya nos son bien manifiestos por lo que está realizando en las regiones que aún gimen bajo su yugo. Podemos reducirlos a dos: establecer e imponer un humanismo materialista en el sentido más crudo de la palabra, y abrir las puertas al comunismo soviético, traicionando a la Patria y aniquilando el catolicismo en nuestra nación. Es, por consiguiente, esencialmente malo en sus fines, sin que haya nada que lo pueda justificar, aunque a veces trate de enmascararse con disfraces de civilización o cultura, de protección al proletariado, de destrucción de la tiranía, u otros semejantes. Nadie que tenga ojos para ver, podrá llamarse a engaño sobre este particular.
c) Si el Frente Popular triunfase, los efectos desastrosos que se seguirían para la Patria, para la Iglesia y para la humanidad, serían incalculables.—La nación española perdería su propia personalidad y su independencia, entregada a un poder soviético; la Iglesia española tendría que volver a las catacumbas, si no quería ser totalmente aniquilada, y la humanidad entera sentiría acercarse el peligro de verse totalmente absorbida por las fauces del monstruo soviético. En efecto, teniendo la Unión Soviética un punto de apoyo en nuestra Patria, por su favorable situación geográfica, cogería el resto de Europa entre una tenaza formidable, y fácilmente extendería sus tentáculos hacia América, y todo el mundo podría temblar de espanto al verse a punto de perecer ante la inundación bolchevista. De este peligro espantoso no se cansa de avisarnos el Vicario de Cristo, atento siempre al bien de la humanidad y de la Iglesia.
d) Es, pues, absolutamente ilícito como cooperación formal a un mal inmenso y de consecuencias funestísimas irreparables, todo auxilio que, directa o indirectamente, se preste al Frente Popular.—Y no se diga que por conseguir algún fin bueno se pudiera prestar cualquier auxilio indirecto al Frente Popular, porque, tratándose de una cosa intrínsecamente mala, como probado queda, todo auxilio que se le pueda prestar bajo cualquier pretexto y en cualquier forma, sería una cooperación formal, como dicen los teólogos, y en ningún modo podría justificarse, porque el fin no justifica los medios cuando éstos son intrínsecamente malos, y la cooperación formal al mal es intrínsecamente mala, según el sentir unánime de los moralistas católicos. Ya se ve que no tratamos aquí de los que, por un error o ignorancia invencibles, cooperan con el Frente Popular en sus fines perversos, o son arrastrados por una fuerza mayor ineludible. Mas bien urgente sería sacar a los primeros de su ceguera, diciendo entre tanto: «Señor, perdónalos, porque no saben lo que hacen».
e) No vale atrincherarse bajo la capa de la legalidad o la juridicidad.—Tal es el argumento que emplean para seducir a los incautos, porque el Gobierno del Frente Popular es el legalmente constituido y jurídicamente establecido. Mas a esto tenemos que replicar que la legalidad y la juridicidad son palabras huecas y engañosas si se prescinde del concepto de verdadera justicia. «Lex injusta non est lex», según reza un principio fundamental de todo derecho; y, por tanto, no hay que atender sólo a la materialidad de la ley, que es la legalidad tan decantada por algunos juristas, sino a su contenido de justicia, que es una virtud moral y de la cual la ley humana ha de tomar su fuerza obligatoria. Y esa juridicidad, que no se nutre de justicia, que quiere sustituir lo justo por lo jurídico, es un mascarón sin alma, que sólo en espíritus farisaicos, seguidores de la letra que mata y despreciadores del espíritu que vivifica, puede despertar ridículos escrúpulos. Ya hemos visto anteriormente la justicia que le asiste al Gobierno del Frente Popular, injustísimo en su origen y más injusto aún en su actuación tiránica; y el querer echar sobre él esa capa de la legalidad o de la juridicidad, es cubrir con manto de armiño la hediondez de un cadáver putrefacto.
2.º ES ASIMISMO ILÍCITA TODA OPOSICIÓN AL LEGÍTIMO GOBIERNO NACIONAL EN LAS CIRCUNSTANCIAS ACTUALES
Pudiera considerarse esta proposición como un corolario de aquélla en que se ha demostrado la legitimidad del Gobierno Nacional. Mas hay que tener presente que aún a un Gobierno legítimo se le puede, en ciertas condiciones, hacer la oposición, en virtud de derechos parciales que lícitamente se pretende ejercitar o reclamar. Por eso avanzamos un paso más afirmando que toda oposición al Gobierno Nacional, en las actuales circunstancias, es ilícita y criminal. Con pocas palabras se puede probar.
a) El Gobierno Nacional está realizando la grande obra, patriótica, humanitaria y religiosa de que hemos hablado anteriormente; y para ello necesita del auxilio de todos, pues lucha contra un enemigo fuertísimo, con medios inadecuados, como lo estamos palpando. Todo aquél, por consiguiente, que lejos de prestarle su apoyo incondicional para la realización de esta magna obra—apoyo que, como españoles, como cristianos y como hombres, estamos obligados a prestarle—, se oponga positivamente en las actuales circunstancias al Gobierno Nacional, tratando de debilitar su esfuerzo o mermar su poder o entorpecer su actuación, podría considerarse como traidor a la Patria, infiel a la religión y criminal ante la humanidad.
La razón es manifiesta, porque todos los males que se pudieran seguir de que el Gobierno Nacional fuese vencido en esta lucha—¡el Señor no lo permita!—, se imputarían, al menos proporcionalmente, al que directa o indirectamente se opusiese a él mismo o a su actuación. Ante el cúmulo de esos males, inmensos, irreparables, de que ya hemos hecho mención anteriormente, ningún bien se puede oponer por grande que sea, que pueda justificar, ni aun aparentemente, semejante oposición.
b) Oponerse de cualquier modo al Gobierno Nacional, combatirle o debilitar su acción, es prestar auxilio indirecto al Gobierno ilegítimo del Frente Popular y cooperar a su triunfo. Mas esto ya hemos visto que es absolutamente ilícito y criminal. Por lo tanto, ninguna razón, ningún motivo, ningún derecho parcial, real o aparente, puede justificar una oposición positiva al Gobierno Nacional en las actuales circunstancias.
Proposición quinta.—Los nacionalistas vascos, como cristianos, ya que no sea como españoles, obran ilícitamente al tomar las armas contra el Gobierno Nacional, y al lado del Frente Popular.
Esta proposición no es más que una aplicación, al caso particular, de lo dicho anteriormente. Prescindimos aquí de que el pueblo vasco tenga o no derecho a que se le conceda su Estatuto, por el cual lucha, porque esa no es cuestión que directamente toque a un moralista resolver, ni puede tener cabida en los ámbitos de este escrito. Mas, aún suponiendo que al pueblo vasco le asistan todos los derechos para reclamar su Estatuto, afirmamos que es absolutamente ilícita su actuación bélica actual.
a) La mutua ayuda que en la región vasca se están prestando los del Frente Popular y los nacionalistas vascos, luchando unidos contra nuestros ejércitos nacionales, muestra hasta la evidencia, que se trata de una cooperación formal, y, por tanto, absolutamente ilícita, como queda demostrado. Y no se diga que ellos, como católicos, garantizan la existencia de la religión y obligan a sus aliados a respetarla, conteniendo sus desmanes e impidiendo la implantación del comunismo con todas sus consecuencias. Aun cuando llegaran a ser una realidad sus propósitos dentro de la región vasca—lo cual es muy problemático, si no del todo improbable—, siempre será verdad que ellos cooperan formalmente al triunfo del Frente Popular en el resto de España, donde acabarían con la religión y con la Patria. Y esa cooperación formal a un mal de tan enorme trascendencia, por ningún motivo ni bajo ningún concepto se puede justificar, sino que es absoluta e intrínsecamente mala, como se ha visto anteriormente. Añádase a esto que luchan contra el Gobierno Nacional, y serían responsables de todos los males que se pudieran seguir si éste llegara a ser vencido en la actual guerra.
b) Mas cabe presentar aun bajo otro aspecto la cuestión, prescindiendo de la cooperación, que habrá quien piense que es puramente material. Los nacionalistas vascos luchan para conseguir su Estatuto, que ellos consideran como un bien (efecto bueno), y a ese fin pactan con los marxistas o los del Frente Popular que les ayuden a realizar su empeño, prestándoles a su vez su ayuda para que ellos alcancen también el triunfo y puedan realizar sus objetivos (efecto malo). La cuestión moral se plantea en estos términos: ¿Puede lícitamente ejecutarse alguna obra de la cual se siguen dos efectos, uno bueno y otro malo? Todos los moralistas están acordes en decir que dicha obra será lícita solamente cuando concurran en ella cuatro condiciones: 1.ª Que la obra en sí sea buena o indiferente. 2.ª Que el fin sea bueno. 3.ª Que el efecto bueno se siga directamente de la obra (per se), y el malo solamente de un modo indirecto (per accidens). 4.ª Que el efecto bueno supere, o compense, por lo menos, al efecto malo que se hubiere de seguir. Ahora bien, ¿reúne estas cuatro condiciones la alianza ofensiva vasco-soviética? Prescindamos de las dos primeras, aunque algo se pudiera decir acerca de ellas. Paremos mientes en la tercera condición: que se siga per se o directamente el efecto bueno, y el malo sólo per accidens o indirectamente. En el presente caso, tan per se y directamente se sigue un efecto como el otro, pues si consiguen el triunfo, juntamente lo consiguen unos y otros, y aún pudiéramos decir que más directo es el efecto malo, que el bueno, puesto que los vascos no conseguirían su Estatuto sino mediante el triunfo del Frente Popular, que es el que se lo concedería. Por este concepto ya la acción resulta completamente ilícita. Examinemos la cuarta condición: que el efecto bueno supere, o compense, por lo menos, al efecto malo. El efecto bueno sería la consecución de un Estatuto político, cuyas ventajas—aun suponiendo que fueran reales y lo más excelentes que se las pueda imaginar—sólo beneficiarían a una pequeña región y en un orden meramente temporal; el efecto malo, por el contrario, sería el triunfo del comunismo en el resto de España, con la ruina temporal, moral y religiosa de la misma, y con un peligro real de que esto se extendiera a toda la humanidad. ¿Hay quién se atreva a decir que el efecto bueno que se pretende, pueda ni remotamente compensar a los efectos desastrosos que produciría la implantación del comunismo en la nación española? Y esto, en el mejor de los supuestos, porque si en España triunfase el comunismo, ¿podrían los vascos hacerse la ilusión de que no serían bien pronto arrollados por el mismo, y todos sus Estatutos e instituciones más santas morirían entre las ruinas del templo de la nacionalidad española, que ciegamente quieren ahora derribar? Faltan, pues, dos condiciones esenciales para que su unión bélica con los marxistas pudiera ser lícita, aparte de otras cosas que pudieran ser más discutibles. Pero la evidencia de estos argumentos es tal que apenas se comprende que haya quienes, habiendo saludado siquiera la ciencia de la Teología Moral, no abran los ojos a la luz que esplende con claridad meridiana.
Parte 1
3.º LA GUERRA NACIONAL ESPAÑOLA ES GUERRA SANTA, Y LA MÁS SANTA QUE REGISTRA LA HISTORIA
- a) Teníanse en otros tiempos por guerras santas las que se hacían contra los turcos, que intentaban invadir la cristiandad y acabar con nuestra religión, o las que se hacían contra herejes o luteranos que pretendían pervertir la fe católica, o las Cruzadas, que tenían por objeto rescatar los Santos Lugares del poder sarracénico; en fin, todas aquellas que tenían por móvil y determinante algún asunto religioso. Mas en todas las guerras santas que ha habido hasta el presente se ventilaban cuestiones de menor cuantía y tenían por adversarios a enemigos que adoraban a Dios y le rendían culto y vasallaje. En la actual guerra nacional se discute la existencia misma de toda religión, natural o positiva, y nuestra lucha es contra los que declaran la guerra al mismo Dios y le quieren desterrar
del mundo, contra los «sin Dios», como ellos mismos se llaman. Por eso es la más santa de todas las contiendas, por ser el enemigo más perverso y la cuestión que en ella se discute de una trascendencia ilimitada.
- b) Esta guerra es también la más santa, porque es la defensa de toda la humanidad, no sólo en el orden divino, sino en el orden meramente humano y natural. El comunismo y el sovietismo son nuestro enemigo, y éstos, como tantas veces nos han advertido los Papas, son enemigos de toda la humanidad e intentan destruir los fundamentos mismos de la sociedad, rompiendo toda ley divina, natural y humana. Así, cuanto más intenso y universal es el mal que se combate, tanto más excelente es el bien contrario que se busca y se defiende. Y el mal aquí es universal, lo mismo por la universalidad de los principios santos que destruye, que por la universalidad de gentes y de territorio, pues pretende invadir el mundo entero. Santa, pues, y la más santa de todas es la presente guerra nacional.
Proposición tercera.—El Gobierno Nacional es legítimo y católico, y está cumpliendo un deber patriótico, humanitario y religioso.
1.º EL GOBIERNO NACIONAL ES LEGÍTIMO
- a) La nación española tenía derecho y deber de nombrar e instituir su Gobierno.—Hemos probado que el Gobierno del Frente Popular es ilegítimo y tiránico, y, por consiguiente, la nación española—la auténtica, no la esclavizada a poderes traidores y exóticos—, desde el momento que le sea posible, tiene el deber ineludible de designar las personas que han de ser sujeto del poder civil y desempeñar las funciones del Gobierno. Es, para el caso, indiferente la cuestión que se discute entre los teólogos, de si el pueblo mismo es el sujeto de la autoridad, o son las personas designadas para gobernantes las que la reciben inmediatamente de Dios, o si lo es la nación misma orgánicamente considerada. En cualquiera de los casos, una sociedad civil, sin un órgano de la autoridad, es un cuerpo inorgánico, o más bien, no organizado, amorfo. Para constituirse en persona moral y jurídica, no de un modo potencial, sino efectivo, capaz de realizar el bien común, que es su fin propio, por ley natural está obligada a constituir el órgano que la ha de gobernar, estableciendo el orden jurídico, conduciéndola a la consecución de sus fines y defendiéndola de sus enemigos. Este es deber ineludible de toda sociedad civil que no quiere firmar su sentencia de muerte, y esto es lo que ha hecho la nación española constituyendo el Gobierno Nacional que hoy la rige y gobierna y defiende vigorosamente, al verse privada de Gobierno legítimo y en manos de un Gobierno usurpador y tiránico.
- b) La forma en que se ha constituido el Gobierno Nacional es legítima y la más acomodada a las circunstancias por que atravesaba la nación.—La ley natural que ordena al hombre formar sociedad y constituir en ella un órgano de la autoridad, nada prescribe acerca de la forma en que esto se haya de ejecutar, y puede, por consiguiente, llevarse a cabo en cualquier forma que se acomode al estado de la nación, con el consentimiento implícito, por lo menos, de la misma. En el caso presente, no habiendo nada determinado por leyes o convenciones anteriores, pues la ley fundamental de la nación había perdido todo su valor—si es que alguna vez lo hubiera tenido—al derrumbarse el poder tiránico que la representaba y que fué el primero en conculcarla, la genuina
nación española tenía plena libertad para establecer el órgano de su Gobierno en la forma que mejor le hubiere parecido. Y la forma en que se ha constituido este Gobierno Nacional es la más adecuada al estado de la nación y a las circunstancias difíciles por que atravesaba. El poder defensivo de la nación reside en el Ejército, si bien subordinado a la autoridad suprema de la nación misma. Careciendo a la sazón la nación española de esa autoridad suprema y siendo urgentísima la necesidad de defenderla contra el poder tiránico que la esclavizaba, al Ejército competía ejercer por sí mismo su propia función defendiendo la Patria, y en representación de la nación toda, con el consentimiento tácito de ella, asumirse también las funciones de autoridad suprema. Ese consentimiento tácito de la nación fue por el momento virtual e interpretativo; mas bien pronto se manifestó de un modo efectivo, por el aplauso con que el pueblo recibió la constitución del nuevo Gobierno Nacional y la prontitud con que se asoció a él para auxiliarle también en su función defensiva, formando las aguerridas milicias voluntarias. No puede en manera alguna considerarse esta guerra como un levantamiento militar contra un poder constituido como quiera que sea, sino como un movimiento vital de la España auténtica que orgánicamente constituye su órgano de Gobierno, elevando al poder supremo al que ya era su órgano defensivo y que ha cumplido desde el primer momento su deber, entablando la lucha para defenderla de sus enemigos interiores y exteriores. Y mucho importa dejar bien establecido este carácter nacional del movimiento, ya que son pocos los que se dan cuenta de ello fuera de España. Lo más urgente para la Patria y de una necesidad perentoria es su propia defensa, y mientras esta necesidad exista, y mientras se organiza en forma la nueva España regenerada, al Ejército compete como por derecho propio, que la nación espontáneamente le ha otorgado, desempeñar las funciones del Gobierno en la Patria española. El Gobierno Nacional es, pues, legítimo y el más acomodado a las presentes circunstancias.
2.º EL GOBIERNO NACIONAL ES CATÓLICO
- a) El Gobierno Nacional representa la antítesis del programa del Frente Popular, soviético, masónico, antinatural, antisocial y antirreligioso. Su programa, por consiguiente, tiene que ser católico y llevar la doctrina católica a todas las manifestaciones de la vida, tanto política y social como privada. Esto tiene que ser, si ha de ser verdadero Gobierno Nacional, ya que se propone la restauración de la verdadera España, siendo la religión católica como consustancial a la hispanidad.
- b) El movimiento nacional, representado y dirigido por el Gobierno Nacional, es un movimiento católico, por lo mismo que es patriótico. Vienen a integrar este movimiento cuatro partidos políticos: Requeté, Renovación Española, Acción Popular y Falange Española. Todos estos partidos propugnan la religión católica como elemento esencial de la nacionalidad española. Del catolicismo de los tres primeros nadie puede dudar. Y en cuanto a Falange Española, fácilmente nos convenceremos de su catolicismo con sólo leer el artículo 25 de su programa, que copiamos a continuación: «Nuestro movimiento incorpora el sentido católico—de gloriosa tradición y predominante en España—a la reconstrucción nacional. La Iglesia y el Estado concordarán sus facultades respectivas, etcétera». Según esto, un Gobierno Nacional, que sea como el substractum de las esencias nacionales y sintetice las aspiraciones comunes de los cuatro partidos políticos que integran este movimiento, no es posible concebirlo siquiera si no es netamente católico. Si no quiere ser un suicida y un Gobierno Nacional ficticio, católico tiene que ser, como lo es de hecho.
- c) El Gobierno Nacional aún no ha podido elaborar su programa por la premura del tiempo y las necesidades urgentísimas de la defensa y reconquista nacionales. Mas con los hechos va mostrando que la religión católica entra como elemento esencial en su programa. La actuación del Gobierno Nacional ha sido hasta el presente enteramente en sentido católico. Ha instaurado la enseñanza religiosa en todos los centros oficiales y repuesto el crucifijo en las escuelas; ha derogado prácticamente las leyes secularizadoras y laizantes, y ha reconocido en todos sus procedimientos los derechos de la Iglesia, de sus ministros y de todos los fieles. Y aún podemos decir que ha vuelto a cristianizar el Ejército, llevando a él capellanes católicos y sólo recibiendo para las funciones sacerdotales a los que fueran llamados a él investidos ya con las Órdenes sagradas. Un Gobierno que así procede, bien se puede asegurar que es genuinamente católico, aunque no lo hubiera solemnemente declarado. (Véase el Apéndice.)
3.º EL GOBIERNO NACIONAL ESTÁ CUMPLIENDO UN DEBER PATRIÓTICO, HUMANITARIO Y RELIGIOSO
Esta afirmación es corolario de todo lo dicho anteriormente. El Gobierno Nacional está sosteniendo guerra formidable para librar a la Patria de la esclavitud soviética, y esto constituye un deber patriótico. Mas como el sovietismo o comunismo es enemigo de toda la humanidad, al oponerse a él como un dique de hierro, se libra a la humanidad de las garras de este monstruo, lo cual constituye el cumplimiento de un deber humanitario. Y como el mismo enemigo trata de desterrar a Dios y destruir toda religión, principalmente la católica, en cumplimiento de un deber religioso el Gobierno Nacional trata de vencer a este enemigo, para que la religión triunfe y se ejerza libremente. Tal es la misión importantísima que actualmente desempeña el Gobierno Nacional Español.
Proposición cuarta.—Toda ayuda o auxilio que se preste, directa o indirectamente, al Frente Popular, es ilícita; así como lo es igualmente toda oposición al legítimo Gobierno Nacional, en las actuales circunstancias.
1.º ES ILÍCITA TODA AYUDA O AUXILIO QUE, DIRECTA O INDIRECTAMENTE, SE PRESTE AL FRENTE POPULAR
El Frente Popular es malo intrínsecamente, malo en sus fines y desastroso en los efectos que se seguirían si llegase a alcanzar la victoria. Por consiguiente, todo auxilio que, directa o indirectamente, se le preste, es una cooperación formal al pecado y, por lo tanto, ilícito. Analicemos estos conceptos:
- a) El Frente Popular es malo en sí mismo e intrínsecamente.—El Frente Popular es un conglomerado monstruoso de partidos políticos, anticatólicos todos ellos, amalgamados accidentalmente para arrebatarse injustamente el poder y constituir un gobierno tiránico, opresor de la Patria y perseguidor de la Iglesia. Todo esto queda demostrado anteriormente al probar su ilegitimidad y su tiranía. Luego el Frente Popular es malo intrínsecamente y por su propia naturaleza.
- b) El Frente Popular es también malo por sus fines.—Estos fines ya nos son bien manifiestos por lo que está realizando en las regiones que aún gimen bajo su yugo. Podemos reducirlos a dos: establecer e imponer un humanismo materialista en el sentido más crudo de la palabra, y abrir las puertas al comunismo soviético, traicionando a la Patria y aniquilando el catolicismo en nuestra nación. Es, por consiguiente, esencialmente malo en sus fines, sin que haya nada que lo pueda justificar, aunque a veces trate de enmascararse con disfraces de civilización o cultura, de protección al proletariado, de destrucción de la tiranía, u otros semejantes. Nadie que tenga ojos para ver, podrá llamarse a engaño sobre este particular.
- c) Si el Frente Popular triunfase, los efectos desastrosos que se seguirían para la Patria, para la Iglesia y para la humanidad, serían incalculables.—La nación española perdería su propia personalidad y su independencia, entregada a un poder soviético; la Iglesia española tendría que volver a las catacumbas, si no quería ser totalmente aniquilada, y la humanidad entera sentiría acercarse el peligro de verse totalmente absorbida por las fauces del monstruo soviético. En efecto, teniendo la Unión Soviética un punto de apoyo en nuestra Patria, por su favorable situación geográfica, cogería el resto de Europa entre una tenaza formidable, y fácilmente extendería sus tentáculos hacia América, y todo el mundo podría temblar de espanto al verse a punto de perecer ante la inundación bolchevista. De este peligro espantoso no se cansa de avisarnos el Vicario de Cristo, atento siempre al bien de la humanidad y de la Iglesia.
- d) Es, pues, absolutamente ilícito como cooperación formal a un mal inmenso y de consecuencias funestísimas irreparables, todo auxilio que, directa o indirectamente, se preste al Frente Popular.—Y no se diga que por conseguir algún fin bueno se pudiera prestar cualquier auxilio indirecto al Frente Popular, porque, tratándose de una cosa intrínsecamente mala, como probado queda, todo
auxilio que se le pueda prestar bajo cualquier pretexto y en cualquier forma, sería una cooperación formal, como dicen los teólogos, y en ningún modo podría justificarse, porque el fin no justifica los medios cuando éstos son intrínsecamente malos, y la cooperación formal al mal es intrínsecamente mala, según el sentir unánime de los moralistas católicos. Ya se ve que no tratamos aquí de los que, por un error o ignorancia invencibles, cooperan con el Frente Popular en sus fines perversos, o son arrastrados por una fuerza mayor ineludible. Mas bien urgente sería sacar a los primeros de su ceguera, diciendo entre tanto: «Señor, perdónalos, porque no saben lo que hacen».
- e) No vale atrincherarse bajo la capa de la legalidad o la juridicidad.—Tal es el argumento que emplean para seducir a los incautos, porque el Gobierno del Frente Popular es el legalmente constituido y jurídicamente establecido. Mas a esto tenemos que replicar que la legalidad y la juridicidad son palabras huecas y engañosas si se prescinde del concepto de verdadera justicia. «Lex injusta non est lex», según reza un principio fundamental de todo derecho; y, por tanto, no hay que atender sólo a la materialidad de la ley, que es la legalidad tan decantada por algunos juristas, sino a su contenido de justicia, que es una virtud moral y de la cual la ley humana ha de tomar su fuerza obligatoria. Y esa juridicidad, que no se nutre de justicia, que quiere sustituir lo justo por lo jurídico, es un mascarón sin alma, que sólo en espíritus farisaicos, seguidores de la letra que mata y despreciadores del espíritu que vivifica, puede despertar ridículos escrúpulos. Ya hemos visto anteriormente la justicia que le asiste al Gobierno del Frente Popular, injustísimo en su origen y más injusto aún en su actuación tiránica; y el querer echar sobre él esa capa de la legalidad o de la juridicidad, es cubrir con manto de armiño la hediondez de un cadáver putrefacto.
2.º ES ASIMISMO ILÍCITA TODA OPOSICIÓN AL LEGÍTIMO GOBIERNO NACIONAL EN LAS CIRCUNSTANCIAS ACTUALES
Pudiera considerarse esta proposición como un corolario de aquélla en que se ha demostrado la legitimidad del Gobierno Nacional. Mas hay que tener presente que aún a un Gobierno legítimo se le puede, en ciertas condiciones, hacer la oposición, en virtud de derechos parciales que lícitamente se pretende ejercitar o reclamar. Por eso avanzamos un paso más afirmando que toda oposición al Gobierno Nacional, en las actuales circunstancias, es ilícita y criminal. Con pocas palabras se puede probar.
- a) El Gobierno Nacional está realizando la grande obra, patriótica, humanitaria y religiosa de que hemos hablado anteriormente; y para ello necesita del auxilio de todos, pues lucha contra un enemigo fuertísimo, con medios inadecuados, como lo estamos palpando. Todo aquél, por consiguiente, que lejos de prestarle su apoyo incondicional para la realización de esta magna obra—apoyo que, como españoles, como cristianos y como hombres, estamos obligados a prestarle—, se oponga positivamente en las actuales circunstancias al Gobierno Nacional, tratando de debilitar su esfuerzo o mermar su poder o entorpecer su actuación, podría considerarse como traidor a la Patria, infiel a la religión y criminal ante la humanidad.
La razón es manifiesta, porque todos los males que se pudieran seguir de que el Gobierno Nacional fuese vencido en esta lucha—¡el Señor no lo permita!—, se imputarían, al menos proporcionalmente, al que directa o indirectamente se opusiese a él mismo o a su actuación. Ante el cúmulo de esos males, inmensos, irreparables, de que ya hemos hecho mención anteriormente, ningún bien se puede oponer por grande que sea, que pueda justificar, ni aun aparentemente, semejante oposición.
- b) Oponerse de cualquier modo al Gobierno Nacional, combatirle o debilitar su acción, es prestar auxilio indirecto al Gobierno ilegítimo del Frente Popular y cooperar a su triunfo. Mas esto ya hemos visto que es absolutamente ilícito y criminal. Por lo tanto, ninguna razón, ningún motivo, ningún derecho parcial, real o aparente, puede justificar una oposición positiva al Gobierno Nacional en las actuales circunstancias.
Proposición quinta.—Los nacionalistas vascos, como cristianos, ya que no sea como españoles, obran ilícitamente al tomar las armas contra el Gobierno Nacional, y al lado del Frente Popular.
Esta proposición no es más que una aplicación, al caso particular, de lo dicho anteriormente. Prescindimos aquí de que el pueblo vasco tenga o no derecho a que se le conceda su Estatuto, por el cual lucha, porque esa no es cuestión que directamente toque a un moralista resolver, ni puede tener cabida en los ámbitos de este escrito. Mas, aún suponiendo que al pueblo vasco le asistan todos los derechos para reclamar su Estatuto, afirmamos que es absolutamente ilícita su actuación bélica actual.
- a) La mutua ayuda que en la región vasca se están prestando los del Frente Popular y los nacionalistas vascos, luchando unidos contra nuestros ejércitos nacionales, muestra hasta la evidencia, que se trata de una cooperación formal, y, por tanto, absolutamente ilícita, como queda demostrado. Y no se diga que ellos, como católicos, garantizan la existencia de la religión y obligan a sus aliados a respetarla, conteniendo sus desmanes e impidiendo la implantación del comunismo con todas sus consecuencias. Aun cuando llegaran a ser una realidad sus propósitos dentro de la región vasca—lo cual es muy problemático, si no del todo improbable—, siempre será verdad que ellos cooperan formalmente al triunfo del Frente Popular en el resto de España, donde acabarían con la religión y con la Patria. Y esa cooperación formal a un mal de tan enorme trascendencia, por
ningún motivo ni bajo ningún concepto se puede justificar, sino que es absoluta e intrínsecamente mala, como se ha visto anteriormente. Añádase a esto que luchan contra el Gobierno Nacional, y serían responsables de todos los males que se pudieran seguir si éste llegara a ser vencido en la actual guerra.
- b) Mas cabe presentar aun bajo otro aspecto la cuestión, prescindiendo de la cooperación, que habrá quien piense que es puramente material. Los nacionalistas vascos luchan para conseguir su Estatuto, que ellos consideran como un bien (efecto bueno), y a ese fin pactan con los marxistas o los del Frente Popular que les ayuden a realizar su empeño, prestándoles a su vez su ayuda para que ellos alcancen también el triunfo y puedan realizar sus objetivos (efecto malo). La cuestión moral se plantea en estos términos: ¿Puede lícitamente ejecutarse alguna obra de la cual se siguen dos efectos, uno bueno y otro malo? Todos los moralistas están acordes en decir que dicha obra será lícita solamente cuando concurran en ella cuatro condiciones: 1.ª Que la obra en sí sea buena o indiferente. 2.ª Que el fin sea bueno. 3.ª Que el efecto bueno se siga directamente de la obra (per se), y el malo solamente de un modo indirecto (per accidens). 4.ª Que el efecto bueno supere, o compense, por lo menos, al efecto malo que se hubiere de seguir. Ahora bien, ¿reúne estas cuatro condiciones la alianza ofensiva vasco-soviética? Prescindamos de las dos primeras, aunque algo se pudiera decir acerca de ellas. Paremos mientes en la tercera condición: que se siga per se o directamente el efecto bueno, y el malo sólo per accidens o indirectamente. En el presente caso, tan per se y directamente se sigue un efecto como el otro, pues si consiguen el triunfo, juntamente lo consiguen unos y otros, y aún pudiéramos decir que más directo es el efecto malo, que el bueno, puesto que los vascos no conseguirían su Estatuto sino mediante el triunfo del Frente Popular, que es el que se lo concedería. Por este concepto ya la acción resulta completamente ilícita. Examinemos la cuarta condición: que el efecto bueno supere, o compense, por lo menos, al efecto malo. El efecto bueno sería la consecución de un Estatuto político, cuyas ventajas—aun suponiendo que fueran reales y lo más excelentes que se las pueda imaginar—sólo beneficiarían a una pequeña región y en un orden meramente temporal; el efecto malo, por el contrario, sería el triunfo del comunismo en el resto de España, con la ruina temporal, moral y religiosa de la misma, y con un peligro real de que esto se extendiera a toda la humanidad. ¿Hay quién se atreva a decir que el efecto bueno que se pretende, pueda ni remotamente compensar a los efectos desastrosos que produciría la implantación del comunismo en la nación española? Y esto, en el mejor de los supuestos, porque si en España triunfase el comunismo, ¿podrían los vascos hacerse la ilusión de que no serían bien pronto arrollados por el mismo, y todos sus Estatutos e instituciones más santas morirían entre las ruinas del templo de la nacionalidad española, que ciegamente quieren ahora derribar? Faltan, pues, dos condiciones esenciales para que su unión bélica con los marxistas pudiera ser lícita, aparte de otras cosas que pudieran ser más discutibles. Pero la evidencia de estos argumentos es tal que apenas se comprende que haya quienes, habiendo saludado siquiera la ciencia de la Teología Moral, no abran los ojos a la luz que esplende con claridad meridiana.
Parte 1
Creo que la gente, cuando ve peligrar su familia y su patria no se anda con goyerias, se echa al campo fusil en mano y va a por todas