La Iglesia pacífica o pacifista

Cuando por primera vez resuenan en la Iglesia las palabras “apertura” y “dialogo” con el mundo se puso en marcha el “proceso” del gran cambio que se iba a dar en la Iglesia; sin lugar a dudas quedaba atrás un magisterio constante, secular y comenzaba una nueva forma de “ser” de la Iglesia. Un nuevo cambio de “mentalidad” tuvo lugar con el Vaticano II. El diálogo con el mundo imponía un nuevo “talante” a la Iglesia. Todo aquello que durante siglos condenó con firmeza, todo eso, ahora lo asume la Iglesia como parte del diálogo; pues la condición “sagrada” de todo diálogo es “dialogar”, nunca condenar.

La Iglesia dejó de hablar con autoridad, como representante de Dios, se hizo pequeña, humilde, suplicante, pidiendo perdón por su pasado, obteniendo a cambio éxitos humanos, cuando no también indiferencia o desprecio. La Iglesia del Concilio pensó que cediendo siempre obtendrá alguna ventaja, cuando lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo es que pierde terreno cada vez más.

Sin que casi nadie se diera cuenta, en un abrir y cerrar de ojos, la Iglesia católica pasó de pacífica y militante a pacifista. Aquellas ideologías antaño condenadas, ahora imponen sus postulados a la Iglesia, que poco a poco ha ido asumiendo.

La Iglesia desde sus orígenes fue pacífica y militante a imagen de su Cabeza y Fundador, Jesucristo. Siempre llevó la paz allí donde alcanzó su  palabra, era la verdadera paz del “amor a los enemigos”; mandato sólo entendible para el hombre en gracia, pero no para la desnuda naturaleza humana. Pero al mismo tiempo, la Iglesia, era militante, defendiendo siempre la verdad de la fe, de la Palabra de Dios, aun a costa de que esto diera lugar a tumultos, a persecuciones o al derramamiento de sangre. La paz siempre, pero no a costa de la Verdad. La Verdad siempre, aun a costa de la paz.

La Iglesia proclamó con autoridad  y firmeza la Verdad de la fe católica. Siempre brilló la Iglesia en el mundo por su defensa a ultranza del único camino de salvación que ella suponía  por designio de Jesucristo.

Pero  el “diálogo” y la “apertura” marcan el nuevo rumbo de la Iglesia: el pacifismo. Esto supone, en pocas palabras, abrazar la bandera de la “paz”  a cualquier precio, si es necesario por encima de la Verdad; la “paz” se ha convertido en la única “verdad” a proteger, como bien “sagrado”, al cual todos los hombres de unen y están de acuerdo. La Iglesia desde dentro ha hecho en pocos decenios lo que sus enemigos no han podido durante siglos: abandonar la defensa de la Verdad, y abrazar la bandera de la paz universal, la paz de la fraternidad universal, la paz donde no hay lugar para la Cruz redentora de Jesucristo, la paz que aglutine a todos los hombres sin distinción de credo y religión.

La Iglesia pacifista es la Iglesia del “mal menor”, pero la experiencia demuestra que el “mal menor” retrocede sin cesar porque el adversario, que lo hay, sigue avanzando y mantiene sus conquistas. Es también la Iglesia del “justo medio” que se desplaza continuamente siempre hacia lo peor. La Iglesia se abre al mundo, pero no para confirmarlo en la fe, en Cristo, sino para congraciarse con él; mientras no ha conseguido ninguna conversión sin embargo a facilitado la perversión y la apostasía en su seno.

La Iglesia pacífica y militante es la Iglesia edificada sobre roca –fundatus supra firmam petram-, la Iglesia pacifista del Concilio Vaticano II es la Iglesia construida sobre arenas movedizas de la “libertad” y se hunde en ellas.


3 respuestas a «La Iglesia pacífica o pacifista»

  1. La roca es la fe (verdadera), la convicción de estar en la Verdad (absoluta); por contraposición a la verdad relativa del interés mundano, conveniente, político… el del cesar de turno (por ejemplo el eco timo climático aderezando la sopa sincrética de cascaras de religiones en aras de la gobernabilidad/sumisión novus ordo); donde un supuesto fin (coyuntural) justifica cualquier medio. Para el cristiano (de verdad) todo medio es un fin en si mismo, y todo él ha de basarse en la misericordia, que es la justicia del Padre. El liberalismo/capitalismo es tan culpable como el socialismo/comunismo, como bien saben los que los idearon y financiaron, pues anteponen (venden) intereses exotéricos futuros a realidades presentes; intereses que sin embargo suelen ser exotéricos y que les justifican en sus maquillados crímenes, y ante su maquillado dios, si lo hubiera en sus cabalísticas cabezas.

    1. Apreciado Jesús, liberalismo, capitalismo, socialismo y comunismo van de la mano en la exclusión de la ley de Dios en sus presupuestos ideológicos. Coinciden en lo fundamental: desarraigar al hombre de la obediencia divina para convertirlo en mero «jugete» de la «libertad», que tanto unos como otros pregonan. Una libertad sin Dios es una cárcel de pasiones para el hombre.
      Saludos cordiales.

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