La Iglesia voluntariamente sometida al poder temporal

Va siendo hora de hacer balance conforme parece que la epidemia vírica remite. A la Iglesia, o tal vez sería mejor decir a su jerarquía y clero en general, también le llega la hora… ¿o habría que decir su San Martín? Y es que el balance del comportamiento de tales personas, al menos para nosotros, y creemos que para muchos también, no puede ser peor. Desde el primer instante, hasta hoy en día, y puede que para siempre ya, se han sometido voluntariamente e incluso con entusiasmo al poder temporal, mundano, a la autoridad civil incluso en lo que era y es de su exclusiva competencia, para qué decir mandato evangélico.

Declarada la epidemia oficialmente, y ya sabemos que fue tarde y mal, a pesar de que las restricciones en absoluto prohibían el culto, fueron los obispos los que, todos a una, que conste, Reig Pla y Munilla también, que conste asimismo que luego siempre hay alguien que quiere excusar a estos dos, impusieron la prohibición total y absoluta. A partir de ese instante para qué decir, porque todos lo hemos vivido en primera persona, ahí están las pruebas en hemerotecas electrónicas y vídeos y va a ser muy difícil que nos hagan creer lo contrario, aunque no duden que lo van a intentar, como el Gobierno ya pugna por reescribir esta parte de nuestra historia; hasta ahí llega la vileza de unos y otros. Por ejemplo, el obispo de Cuenda que se ufana en lo dicho, o sea, en que han sido los obispos más extremistas que Sánchez e Iglesias, que ya es decir; vaya elemento subversivo… el obispo, de los otros dos ya lo sabemos. También Cañizares, cada día más chocho pero que en su afán de protagonismo enfermizo sigue sin resignarse a largarse a un convento a hacer oración y penitencia, mucha penitencia. En fin, para qué seguir.

La Iglesia, la jerarquía y el clero se han sometido voluntariamente al poder temporal; se han autoesclavizado. Han preferido obedecer antes a los hombres, que a Dios. Han dado un ejemplo penoso, han demostrado su cobardía y falta de fe, su adocenamiento y acomodación. Peor aún, porque cuando esa misma autoridad, en evidente abuso de ella, en clara actitud persecutoria, ha enviado a sus lacayos y ha interrumpido alguna celebración religiosa, aún estando más que ajustada a su propia legislación, la jerarquía ha hecho mutis por el foro y con su silencio cómplice a otorgado; no pueden haber sido más miserables. Y, no contentos con ello, han practicado el sofisma y hecho alarde de hipocresía hasta niveles repugnantes, porque en contra de lo evidente, ahora intentan justificarlo con el «amor», la «caridad» y no se sabe ya qué otras falsedades; y con ellos, o mejor decir a su cabeza, Francisco I.

Consideramos que el daño hecho con tan mal ejemplo, así como con los malos hábitos amparados, va a pasar factura en forma de una mayor dispersión de las ovejas; que ya es decir. Ese considerar que todo puede hacerse por televisión o radio, ese hacer creer que Dios y la fe tienen que supeditarse a lo temporal, ese justificar la retirada precisamente en tiempos de desolación, ese desaparecer del mapa en los momentos duros, va a calar en muchos «creyentes» que ya de por sí poco creían, en esos practicantes por rutina, en esos católicos a la carta. Los pastores no sólo han abandonado a sus ovejas durante la epidemia, sino que encima se justifican a sí mismos y a las propias ovejas. La Iglesia de salida, tan cacareada desde hace tiempo, ha sido real, porque no ha quedado nadie dentro, y no van a ser muchos los que vuelvan.

Tristeza e indignación es lo que anega nuestra alma, mente y corazón. La jerarquía ha apostatado en vivo y en directo. Se han sometido al poder temporal, han renegado de Dios, han tenido miedo, han salido corriendo, han traicionado a Nuestro Señor en el camino del Calvario, le han dejado solo en la Cruz, no han peleado bien su combate, no han mantenido la fe, no han dado testimonio… Ahora, para más inri, intentarán lavarse la cara, no pocos se lo permitirán, incluso muchos les apoyarán y felicitarán porque «entre todos hemos vencido al virus» y esas cosas, como que han ido a hospitales, etc. (¡faltaría más, vaya heroicidad!) pero hay Uno al que no podrán engañar.

Mal, muy mal. Así es como se pierden almas, así es como no se siembra o, pero aún, se siembra mal. Luego que no se quejen… ni los demás. Aún no se convencen de que su juicio será mil veces más estricto que el de las ovejas. Ya lo dejó escrito San Juan Crisóstomo «Pocos obispos se salvan»; y Dante retrató el Infierno repleto de curas y monjas.


6 respuestas a «La Iglesia voluntariamente sometida al poder temporal»

  1. No nos dan la eucaristía, es lo peor. (Podrían organizarse como se organiza el comercio, «esencial». Sería mas facil; podrían darnos turnos y co todas las precauciones ir a comulgar a algún portal, si no se pueden abrir las iglesias. Sin el pan de los fuertes, estamos «desarmados» en esta lucha espiritual, pues aunque Dios no castiga por venganza; si no para que los que están muertos en vida resuciten a la verdadera vida. Necesitamos armas espirituales para la lucha que no es contra la carne y la sangre, entre otras cosas para pedir desagravio y conversión ahora que el mundo está tratando de imponer ideologías contrarias a la familia etc etc. Pues no es poco lo que sucede para bajar la guardia y pensar que esto pase y todo siga igual, como si no pasara nada.

    1. Estimado seguidor: buenísimo comentario, granes palabras que, sinceramente, ya quisiéramos oír de boca de más de un cura… para qué decir obispo. Saludos cordiales

  2. Roma perderá la Fé, dijo Nª Sª en La Salette.
    Pues, así ha sido.
    Después del salto cuántico del virus, desde China-Irán a Italia (¡qué casualidad!), el obispo de Roma impuso, como no podía ser de otra forma, su orden de cerrar iglesias, como dicen algunos. Y, sino fue así, se le parece, porque los resultados son los mismos y su obligada protesta aun se espera.

    Ese es el tema: gran parte de la Curia y de los consagrados han perdido la fe.

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