La igualdad social-comunista

Igualdad se refiere a la correspondencia y proporción resultante de diversas partes que integran un todo uniforme. En el ámbito social, se considera como igualdad al contexto o situación donde las personas tienen los mismos derechos y las mismas oportunidades en un determinado aspecto.

La igualdad es, por consiguiente, un valor imprescindible para el progreso, el avance, de toda la sociedad, porque ofrece la posibilidad de que cada ser humano tenga los mismos derechos y oportunidades, y en consecuencia, de que cada persona pueda aportar al conjunto desde su libertad, de que pueda contribuir con su trabajo, su esfuerzo, sus conocimientos, su solidaridad.

A continuación nombraremos algunos tipos de igualdad: Igualdad Racial: este tipo de igualdad propone que todo tipo de personas, sin distinción por color de piel, rasgos físicos o culturales son iguales. … Igualdad de Género: se refiere a que ambos sexos son iguales. Hombres y mujeres tienen los mismos derechos y deberes.

La igualdad en la sociedad vela por el derecho de cada ciudadano, independientemente de su clase social, lugar de residencia, sexo, raza o religión, de exigir el mismo trato, las mismas oportunidades y las mismas obligaciones frente a una misma situación.

Sin embargo, Las personas no son iguales, sino equivalentes. Tienen los mismos derechos y son iguales ante la ley. Estos derechos humanos son un importante punto de partida para toda sociedad democrática.

Según la justicia social, todas las personas, además de tener los mismos derechos políticos y civiles, deberían tener las mismas posibilidades de acceder al bienestar social, y, en este sentido, el mismo derecho y las mismas oportunidades a la educación, a la salud y al trabajo.

La igualdad significa que todos los seres humanos tienen el mismo valor y deben ser tratados por igual, independientemente por ejemplo, de su origen étnico, su orientación sexual o su discapacidad. … La Declaración de los Derechos Humanos se aplica a todas las personas del mundo.

Corresponde a la igualdad de oportunidades y libertades, sin discriminar a las personas con discapacidad. Por ejemplo, el derecho a trabajar de acuerdo a su discapacidad y a recibir salarios igualitarios con otras personas. La libertad de expresión.

La igualdad civil y política se alcanza cuando se cumplen los derechos humanos de primera generación, que son esencialmente la libertad y la participación en la vida política.

Para que la igualdad sea posible se requiere implementar nuevas políticas públicas, cambiar las ya existentes introduciendo criterios de equidad que equilibren las desigualdades entre mujeres y hombres así como entre los propios grupos de mujeres y de hombres.

La igualdad del ser humano significa reconocer como iguales ante la ley a todas las personas y que todas ellas disfruten de los mismos derechos sin discriminación por motivos de origen, etnia, color, género, idioma, religión y opinión política o cualquier otra condición. …

Ahora bien, en los tiempos que estamos atravesando, cuando hablamos de igualdad social-comunista, la cosa cambia, y cambia a peor, a mucho peor, porque la igualdad social-comunista basada en el colectivismo internacional… lo es en la “desnudez, en la indigencia y en la miseria”.

Porque la quinta esencia de la libertad social-comunista se reduce a estos dos dogmas del colectivismo internacional: propiedad nacional de los instrumentos de producción, capitales y tierras; y administración por el Estado democrático de la producción y la distribución de las riquezas. Formulas bajo las cuales se ataca el sistema social que su revolución pretende sustituir legal o violentamente al antiguo orden social fundado en el derecho natural y en el derecho cristiano.

Para abreviar basta con recordar los errores fundamentales filosóficos y religiosos del colectivismo social-comunista:

1º.- La teoría de la evolución materialista.

2º.- La igualdad absoluta de los derechos y de las condiciones entre los hombres.

3º.- La destrucción del principio de autoridad y del derecho de propiedad personal.

4º.-La religión y la familia, suprimidas o reducidas a un negocio de orden privado y puramente convencional.

5º.- La teoría marxista del valor, de la plusvalía y del capital.

Estos errores se ven plasmados por León XIII en su encíclica Rerum Novarum, en la que se declara “que la teoría colectivista es sobradamente injusta, puesto que viola los derechos legítimos de los propietarios, desnaturaliza las funciones del Estado y tiende a trastornar de arriba a abajo el edificio social”.

Prueba de ello es cuan perjudicial es para el obrero. De hecho, como es de fácil comprensión, la razón intrínseca del trabajo acometido por cualquiera que ejerza su arte  lucrativo, el fin inmediato que se presenta al trabajador, es la conquista de un bien, que poseerá en propiedad y en pertenencia; porque si pone a disposición de otro sus fuerzas y su industria, no es evidente por otro motivo, que el de obtener algo con lo que proveer a su sostenimiento y a las necesidades de la vida y espera de su trabajo, no solamente el derecho a su salario, sino también un derecho estricto y riguroso, de usar de él como bien le parezca. Si, pues, reduciendo sus gastos llega a hacer algunos ahorros, y si para asegurar la conservación de éstos los invierte en la compra de un campo, por ejemplo, es de toda evidencia que no es otra cosa que el salario trasformado, y la finca así adquirida, constituirá la propiedad del trabajador con el mismo título que la remuneración misma de su trabajo.

Ahora bien ¿Quién no ve, precisamente, que en esto cosiste el derecho a la propiedad? Así esta conversión de la propiedad privada en propiedad colectiva, tan preconizada por el socialismo, no tendría otro efecto que el de hacer más precaria la situación de los obreros quitándoles la libre disposición de su salario y arrebatándoles, por ese mismo hecho, toda esperanza y toda posibilidad de aumentar su patrimonio y de mejorar su situación.

En fin, es preciso tocar con las manos las funestas consecuencias de este régimen de libertad socialista; la perturbación de todos los rasgos de la sociedad, una odiosa e insoportable servidumbre para todos los ciudadanos, las puertas abiertas a todas las envidias, a todas las discordias; el talento y la habilidad privadas de sus estimulantes, y como necesaria consecuencia, las riquezas agotadas en su fuente; en fin, en lugar de esa igualdad tan soñada, ls igualdad en la desnudez, en la indigencia y en la miseria.

Por todo ello, se comprende que la teoría igualatoria socialista de la propiedad colectiva, debe repudiarse en absoluto como perjudicial a aquellos mismos a quienes se quiere socorrer, como contraria al derecho natural de las personas, como desnaturalizadora de las funciones de Estado y trastornadora de la publica tranquilidad.

Queda, pues, bien sentado que el primer fundamento que hay que poner por todos los que quieran sinceramente el bien del pueblo, es la inviolabilidad de la propiedad privada. Falsa en sus principios, peligrosa y temible en sus consecuencias, la libertad socialista de la teoría colectivista es, además, una quimera sin consistencia, un sueño hueco y una utopía nebulosa.

¿Qué nos dice la sabiduría secular del Magisterio de la Iglesia al respecto?

El Papa León XIII insiste: “Así, sustituyendo la providencia paterna por la providencia del Estado, los socialistas van contra la justicia natural y quiebran los lazos de la familia. Pero, además de la injusticia de su sistema, se ven bien todas sus funestas consecuencias: la perturbación en todas las clases de la sociedad, una odiosa e insoportable servidumbre para todos los ciudadanos, puerta abierta para todas las envidias, para todos los descontentos, para todas las discordias: el talento y la habilidad privados de sus estímulos, y, como consecuencia necesaria, las riquezas estancadas en su fuente; en fin, en lugar de esa igualdad tan soñada, la igualdad en la desnudez, en la indigencia y en la miseria

Se diría que el celebrado Pontífice previó la miseria y la violencia a que darían origen los estados comunistas y la actual crisis de la Unión Europea. Esta, si bien es cierto que está compuesta de Estados de gobiernos de diversas tendencias, han venido implantando un “estado de bienestar” demagógico y socialista, que es la causa más determinante de la actual crisis.

Esperamos que estas enseñanzas del Pontífice y la experiencia ajena sirvan de lección a nuestra Patria para no entrar por esa nefasta senda.


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