La importancia de la Ley natural en las leyes que nos gobiernan (I)

La ley

Para ser libre es necesaria una ley, es decir, una norma que nos dicte lo que hay que hacer y lo que no. La ley, en sentido propio, no se puede dar entre los animales, que obran por necesidad, que realizan sus actos por instinto natural y no pueden adoptar otra forma de acción distinta que a sus instintos. Por el contrario, el hombre que goza de libertad tiene la facultad de obrar o no obrar, de actuar de esta manera o de aquella, porque el objeto del  querer es posterior al juicio que hace la razón. El juicio que establece la razón dice lo que es bueno y debe seguirse y lo que es malo y debe evitarse. Por tanto, es la razón quien prescribe a  la voluntad lo que debe buscar y lo que debe evitar para que el hombre alcance su fin, al cual debe dirigir sus acciones.

Bien se dice que la ordenación de la razón es lo que se llama ley[1]. Lo que implica que lo que justifica la importancia de la ley ha de buscarse en la libertad, que no es más que la necesidad de que la voluntad humana no se aparte de la recta razón.[2] Nada más absurdo, y engañoso que el decir que el hombre para sea verdaderamente libre ha de estar desligado de la ley; porque si esto fuera cierto sería decir que la libertad sería comportarse en desacuerdo con la razón. ¡¡¡Pero esto es lo que está pasando en nuestras sociedades!!! Las leyes que nos gobiernan siguen este falso y delirante principio, sin que nadie se dé por enterado. Volveremos a esto más adelante.

La ley natural

Insistimos, para ser libre, se ha de vivir sometido a la ley, que guía al hombre en su acción y lo mueve para obrar el bien y evitar el mal. Pues tal es la principal de todas las leyes, la ley natural, escrita y grabada en el corazón de todo hombre, por ser la misma razón humana que manda al hombre obrar el bien y prohíbe al hombre hacer el mal.[3] Pero…, este precepto de la razón humana no tendría fuerza de ley si no fuera un reflejo, un eco, de una razón más alta, de una ley superior. La ley natural es la misma ley eterna de Dios, y la ley eterna divina es, a su vez, la razón eterna de Dios Creador y Gobernador de todo el universo.[4]

Lo dicho hasta ahora  es de suma importancia para entender que entre las leyes que emanan del Estado, hay algunas cuyo objeto consiste en lo que es bueno o malo por naturaleza, pues bien éstas son anteriores al mismo Estado, El origen de estas leyes  hay que buscarlo en la ley natural y, por tanto, en la eterna de Dios. Por lo cual, los preceptos de derecho natural incluidos en las leyes positivas del Estado, tienen un origen de autoridad mucho más alto que la autoridad del propio Estado, es la autoridad que mana de la ley natural y de la ley eterna.

Dice sabiamente san Agustín: nada hay justo y legítimo en la ley temporal que no lo hayan tomado los hombres de la ley eterna.[5]

Existen leyes y nomas del Estado que no proceden del derecho natural de modo inmediato y próximo del derecho natural, sino de forma remota e indirecta. Ya de forma directa, ya indirecta las leyes están vinculadas a la ley natural y, más en concreto, de la ley eterna.

Aquellas leyes positivas del Estado que tengan en cuenta la ley natural y la ley eterna, serán las que proporcionen la verdadera libertad a los ciudadanos, porque sólo y únicamente cuando la razón del hombre sigue la razón divina conoce y vive la verdadera libertad. Porque así como la ordenación de la razón es lo que se llama ley, como hemos indicado al inicio, así cuando las leyes del Estado ordenen la razón hacia la razón divina, así estas leyes proporcionarán la verdadera felicidad al ciudadano al establecer el verdadera marco de la libertad.

El Estado

¿Qué vemos a nuestro alrededor? Leyes del Estado que desprecian la ley natural y la ley eterna, lo que implica que el juicio de la razón queda oscurecido y la voluntad viciada. Y nadie lo advierte. ¿Dónde están los sabios? Lo aberrante se ha abierto paso en la sociedad, y con ello convivimos aceptándolo, unos más otros menos, pero aceptándolo. Se ha invertido el orden de la naturaleza. Se niega la propia naturaleza del ser humano. Se niega la misma relación natural de hombre y mujer. Se niega el bien y el mal, sólo la apetencia del hombre perturbado es lo que importa.

Nunca las leyes que desprecian la ley de Dios pueden ofrecer la verdadera libertad al hombre, y, por tanto, nunca la verdadera felicidad. Nunca habrá orden en la sociedad, ni seguridad, ni paz, ni moralidad, ni honestidad, ni justicia. Una sociedad que acepta ser gobernada mediante leyes que niegan la ley natural y desprecian la ley eterna, sólo puede esperar sufrimiento, lágrimas y muerte.

Al negar la misma ley natural es negarse a ser lo que uno es, un ser racional; es negar la propia razón humana, sustituyéndola por la pura apetencia. El deseo guía al hombre, no la razón. El instinto animal es más “digno” que el hombre que niega la razón pervirtiéndola; pues al fin y al cabo el instinto es seguir el orden establecido por la ley eterna de Dios, oscurecer la razón sometiéndola al deseo es propio de una sociedad que se revela ante Dios, como en su día los ángeles caídos.

La Iglesia

Hoy en día la Iglesia calla, quizá desmemoriada o ignorante, o ambas cosas por conveniencia; pero hubo un tiempo, hace ya bastante,  que, con autoridad y sin arrodillarse ante los poderosos, decía:

Una sola causa tienen los hombres para no obedecer: cuando se les exige algo que repugna abiertamente al derecho natural o al derecho divino.[6] 

Parte segunda

[1] Libertas Praestantissimum [6]. León XIII.
[2] Ibid.
[3] Ibid.
[4] Ibid.
[5] Ibid. [7]
[6] Diuturnum Illud [11]. León XIII.

5 respuestas a «La importancia de la Ley natural en las leyes que nos gobiernan (I)»

  1. Totalmente de acuerdo.
    LA LEY NATURAL es la primera ley que debe regir nuestras vidas, por no decir la única.
    Todo lo demás, constituciones y prostituciones, «leyes» que atacan frontalmente a la ley natural, o, simplemente, a la biología, deben ser desterradas de cualquier sociedad que se precie.
    Verbigracia, el aborto, la eutanasia, los «matrimonios» entre personas del mismo sexo, los trans, las «leyes» de familia que ignoran a la familia de derecho natural, formada por un hombre y una mujer, etc.
    Por desgracia, estamos en manos de psicópatas y anormales, que quieren hacer de su anormalidad «la nueva normalidad»…

    1. Apreciado Ramiro, se denomina modernidad y progreso a la constante rebelión del hombre contra Dios. En realidad, la propia democracia liberal que se ha impuesto en el mundo se asienta en la permanente revolución para subvertir la propia naturaleza del ser humano, una vez que se ha arrancado a Dios de la sociedad y del horizonte del hombre. Pero, adormecida la Iglesia y sus pastores, ya no hay una voz que alerte de lo que pasa. El silencio se cierne sobre nosotros y la tenebrosa oscuridad cubre nuestra sociedad pecaminosa.

  2. Sobre la ley natural, es la que tenemos desde siempre, precisamente la razón es la que se impone en la sociedad, evidentemente la del que gobierna este mundo. La libertad, o libre albedrío, no existe en la matriz arquetípica, donde el hombre dormido de espíritu participa sin comprender sus designios. Las premisas culturales son las razones que no dejan despertar el espíritu, valor se necesita para trascender estos velos al implicar una muerte y resurrección para comprender la verdad, que el espíritu está más allá de la razón.

    UNAS IMÁGENES VALEN MÁS QUE MIL PALABRAS PARA TENER UNA PEQUEÑA IDEA DEL VILLANO DE LA GRANJA HUMANA:
    https://t.me/canal5informa/12296

    Saludos cordiales

  3. El efecto de toda civilización es la sustitución del espíritu por la materia y de la idea por la cosa
    Gautier

    “Civilizar a un pueblo no es otra cosa que hacerle sentir nuevas necesidades”
    Charles Gide

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