La invasión de Ceuta. Una interpretación geopolítica
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En abril de 2021 el lider Saharaui Brahim Ghali, fue ingresado en un hospital de Logroño, para el tratamiento de su infección COVID. Había sido trasladado de forma secreta desde Argelia en un avión de la fuerza aérea española y con pasaporte falso, para ocultar su identidad a los servicios secretos marroquíes que escudriñan todo el territorio nacional. La idea era que Marruecos no tuviera conocimiento de semejante acto, dado el enfrentamiento con los saharauis, apoyados por Argelia tradicional enemigo del país alahuí, por la soberanía del Sahara occidental.
Evidentemente la demostrada eficacia de la inteligencia marroquí detectó de inmediato semejante operativo, lo que desencadenó un crisis diplomática, con la retirada del embajador en Madrid y el posterior cese de la ministra de exteriores González Laya exigido por Marruecos. Una ministra que a la postre fue imputada penalmente por prevaricación, falsedad documental y encubrimiento en relación con la falsificación de la documentación de Ghali. Una denuncia presentada por el empresario Rachad Andaloussi por cuenta del servicio secreto marroquí, según un informe del CNI.
Pero lo trascendente, es que la crisis diplomática trajo consigo apenas un mes después, la consecuente crisis emigratoria. El Gobierno marroquí acusó a España de ocultar de manera premeditada la acogida del líder del Frente Polisario, en lo que describió como una decisión soberana del Gobierno español, contraria a la relación de «buena vecindad» entre ambos países y de la que el reino alauí «extraerá sus consecuencias».
Las “consecuencias” fue una oleada masiva de 10.000 marroquíes que asaltaron la frontera terreste y marítima del Ceuta, en lo que hasta la fecha había sido el mayor flujo de personas llegadas desde el otro lado de la valla. A vez que la demostración de la represalia marroquí por la vía de los hechos, mostrando su capacidad para poner su poder demográfico al servicio de sus intereses geopoliticos y diplomáticos. La ciudad, que cuenta con alrededor de 84 mil habitantes, enfrentó una presión extraordinaria sobre sus servicios de seguridad, emergencia y acogida. El gobierno de España, mientras tanto, estaba tocando el violín, y Sánchez afirmaba con su impasibilidad habitual que “la situación representa una vulneración de la integridad territorial de España y la respuesta debe mantener el respeto al marco legal vigente”
Poco tiempo después, en marzo de 2022, la “enérgica” respuesta española fue el reconocimiento del plan marroquí de convertir el Sáhara en una región autónoma. De tal forma,.el gobierno español con un parlamento al que rendir cuentas y una oposición con la que debería al menos debatir una decisión de tal calado en política exterior, dio un giro de 180º y apoyó la propuesta merroquí que siempre se había rechazado.
Cuatro años después, aún no se sabe con certeza qué motivó semejante cambio de actitud de la política española al respecto del caso saharahui. Aquella decisión tomada por el presidente del Gobierno, y hecha pública por Rabat, dio pie a una serie de especulaciones en las que España no salió bien parada. Nuestro país volvió a mostrarse débil ante Marruecos, que decidió los tiempos y la forma de anunciar que había ganado un importante valedor para su posición. Los intereses españoles quedaron supeditados a los del país vecino, abriendo una grave crisis con Argelia y dejando al pie de los caballos al Frente Polisario, un grupo político que siempre había sido apoyado de una u otra forma por el estado español, reconociendo su derecho a la autonomía. Autonomía, que tras la decisión personal de Sánchez, ha quedado olvidada por la política española.
El cambio de posición española respecto al Sáhara Occidental, sin embargo, tuvo un elevado coste geopolítico. Argelia, principal apoyo del Frente Polisario y gran rival regional de Marruecos, respondió, en junio de 2022, suspendiendo unilateralmente el Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación con España, lo que congeló las relaciones políticas y comerciales entre ambos países, reduciendo las exportaciones de gas a España hasta un mínimo del 24%… y el problema es que España depende del gas argelino y de su transporte a través del gaseoducto Medgaz construido al efecto y que lo conduce desde el país africano hasta la costa almeriense.
En Julio de este año, 2026, Sánchez presionado por la situación de abastecimiento gasístico, ha efectuado una visita oficial a Argelia para intentar solucionar la encrucijada. Las conversaciones parecen haber tenido relativo éxito, aunque Argelia ya ha buscado nuevos clientes durante este tiempo de conflicto con España aumentando sus exportaciones a Italia, convertida ahora en cliente preferente. Aunque el resultado final del acuerdo con Argelia está por ver y su comienzo no será efectivo hasta la normalización oficial de las relaciones comerciales con Argelia, que se culminará con una cumbre bilateral en Madrid el próximo mes de octubre, con el aumento previsto de las exportaciones en un 15%, dos terceras partes a través del gaseoducto Medgaz y el resto por vía marítima en forma de gas natural licuado, su peso podría volver a los niveles previos al conflicto diplomático. Lo que, desde luego, supondría un importante ahorro para nuestro país en una coyuntura adversa, al haberse disparado su coste en los mercados financieros, un 33% desde comienzos de julio, al calor del enconamiento de las hostilidades bélicas en Oriente Próximo.
Y es ahí cuando entra en escena nuevamente Marruecos para hacer presente su disgusto, su poder, su capacidad de intimidación y su influencia determinante en la política española. Al igual que en 2021, 60.000 marroquíes son enviados contra la ciudad de Ceuta, en una demostración, un aviso, un experimento y una preparación del terreno, para futuras oleadas invasoras que colapsen la ciudad y todos sus servicios ciudadanos, en un ejemplo de guerra híbrida como la denominan con gran acierto los medios geopoliticos convencionales. Es decir, se trata de un nuevo tipo de enfrentamiento que combina eventualmente estrategias tradicionales con tácticas no convencionales, difuminando los límites entre la guerra y la paz, y actuando sin una declaración formal de conflicto.
En cualquier caso se trata de un movimiento agresivo, como lo fue en su momento la Marcha Verde para la toma del Sahara español. Una invasión efectuada sin disparar casi un tiro y aprovechando las circunstancias políticas internas del estado español, totalmente confuso en aquel momento ante la grave enfermedad de su jefe del Estado.
Actualmente la situación de parálisis política y de caos institucional tiene otro cariz, pero representa una nueva situación propicia para ir engrasando la maquina marroquí, cuya diplomacia siempre está ojo avizor en busca de la coyuntura mas apropiada para sus intereses políticos. De igual forma que sus Servicios de Información no cejan en su empeño constante de búsqueda de grietas en nuestra seguridad nacional. El cambio brusco, inexplicable e inexplicado, confuso y contraproducente de la política sobre la descolonización del Sahara español efectuado de forma personalisima por Sánchez puede ser una de esas grietas, o más bien una profunda sima.
Por otra parte el país magrebí continua imparable, con su posicionamiento geopolitico y estratégico, mediante la alianza prioritaria con Estados Unidos e Israel, beneficiándose de su tecnología y su poder económico y militar. El puerto de Tánger se ha convertido en el principal de la región por delante de Valencia y La Linea. Las labores de bunkering (suministro de combustible a los barcos mientras están en el puerto o directamente en el mar) efectuadas desde Tánger, ya superan a las de todos los puertos del archipiélago canario. Por otra parte a Estados Unidos, y con probabilidad a Francia y el Reino Unido, no les interesa que exista un país que ejerza el control del estrecho desde las dos orillas como el que efectúa España desde Ceuta. De hecho, los americanos ya están estudiando la instalación de bases en el país magrebí para completar el control que efectúan desde Rota y Morón.
Es en este contexto donde se insertan, por tanto, las acciones previas que han propiciado el episodio de guerra híbrida que hemos vivido en Ceuta los últimos días ( y que aún sigue dando coletazos). La declaración del senador estadounidense Mario Díaz Balart, presidente la Subcomisión de Seguridad Nacional y Asuntos Exteriores del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, encargada de la política exterior y los presupuestos de ayuda internacional, que mantiene una estrecha relación con el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, refiriendo que Ceuta y Melilla no son españolas e insinuando la posibilidad de que Washington explore acuerdos militares alternativos en la región, son un claro respaldo a la actitud agresiva e impune de Marruecos.
En la misma línea se ha manifestado el gobierno israelí por boca del propio Netanyahu, apoyado por la prensa de su país, afirmando que Ceuta y Melilla son territorios ocupados, pasando la factura diplomática y la venganza política por las discrepancias con el gobierno sanchista ante el conflicto de Gaza y la posición española al respecto.
La realidad es que, con su movimiento táctico, Marruecos espera imponer su relato basado en la premisa de que España no controla un territorio colonial y ha llegado, por tanto, la hora de negociar la descolonización, envalentonado por el apoyo del gigante americano, la dejadez y apatía de la Unión Europea, la ausencia activa de la OTAN, y la cobardía patológica del gobierno y la sociedad españolas, sin nervio, ni voluntad para el enfrentamiento abierto. No está desencaminado. El gobierno ni ha mencionado a Marruecos, siquiera como instigador o facilitador del episodio. Todos los ministro con Sánchez a la cabeza, en un insulto a la inteligencia, le han echado la culpa a “las mafias” o a una sentencia del Tribunal Supremo. Así están las cosas…
Mientras tanto, el régimen marroquí utiliza la carne de cañón de sus ciudadanos con la frialdad del general que mueve divisiones sobre el mapa de su estado mayor. Par los políticos marroquíes, las bajas son tan inevitables, como convenientes e irrelevantes, porque su lógica analítica tiene un carácter geopolítico, no humanitario y su éxito depende de circunstancia que escapan a la interpretación filantrópica de la historia. En ese contexto, la muertes trágicamente sucedidas, acabarán en la cuenta de España, por su incompetencia y mala gestión de una situación colonial anacrónica, que el mundo tiene que solucionar.
Al tiempo….
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En abril de 2021 el lider Saharaui Brahim Ghali, fue ingresado en un hospital de Logroño, para el tratamiento de su infección COVID. Había sido trasladado de forma secreta desde Argelia en un avión de la fuerza aérea española y con pasaporte falso, para ocultar su identidad a los servicios secretos marroquíes que escudriñan todo el territorio nacional. La idea era que Marruecos no tuviera conocimiento de semejante acto, dado el enfrentamiento con los saharauis, apoyados por Argelia tradicional enemigo del país alahuí, por la soberanía del Sahara occidental.
Evidentemente la demostrada eficacia de la inteligencia marroquí detectó de inmediato semejante operativo, lo que desencadenó un crisis diplomática, con la retirada del embajador en Madrid y el posterior cese de la ministra de exteriores González Laya exigido por Marruecos. Una ministra que a la postre fue imputada penalmente por prevaricación, falsedad documental y encubrimiento en relación con la falsificación de la documentación de Ghali. Una denuncia presentada por el empresario Rachad Andaloussi por cuenta del servicio secreto marroquí, según un informe del CNI.
Pero lo trascendente, es que la crisis diplomática trajo consigo apenas un mes después, la consecuente crisis emigratoria. El Gobierno marroquí acusó a España de ocultar de manera premeditada la acogida del líder del Frente Polisario, en lo que describió como una decisión soberana del Gobierno español, contraria a la relación de «buena vecindad» entre ambos países y de la que el reino alauí «extraerá sus consecuencias».
Las “consecuencias” fue una oleada masiva de 10.000 marroquíes que asaltaron la frontera terreste y marítima del Ceuta, en lo que hasta la fecha había sido el mayor flujo de personas llegadas desde el otro lado de la valla. A vez que la demostración de la represalia marroquí por la vía de los hechos, mostrando su capacidad para poner su poder demográfico al servicio de sus intereses geopoliticos y diplomáticos. La ciudad, que cuenta con alrededor de 84 mil habitantes, enfrentó una presión extraordinaria sobre sus servicios de seguridad, emergencia y acogida. El gobierno de España, mientras tanto, estaba tocando el violín, y Sánchez afirmaba con su impasibilidad habitual que “la situación representa una vulneración de la integridad territorial de España y la respuesta debe mantener el respeto al marco legal vigente”
Poco tiempo después, en marzo de 2022, la “enérgica” respuesta española fue el reconocimiento del plan marroquí de convertir el Sáhara en una región autónoma. De tal forma,.el gobierno español con un parlamento al que rendir cuentas y una oposición con la que debería al menos debatir una decisión de tal calado en política exterior, dio un giro de 180º y apoyó la propuesta merroquí que siempre se había rechazado.
Cuatro años después, aún no se sabe con certeza qué motivó semejante cambio de actitud de la política española al respecto del caso saharahui. Aquella decisión tomada por el presidente del Gobierno, y hecha pública por Rabat, dio pie a una serie de especulaciones en las que España no salió bien parada. Nuestro país volvió a mostrarse débil ante Marruecos, que decidió los tiempos y la forma de anunciar que había ganado un importante valedor para su posición. Los intereses españoles quedaron supeditados a los del país vecino, abriendo una grave crisis con Argelia y dejando al pie de los caballos al Frente Polisario, un grupo político que siempre había sido apoyado de una u otra forma por el estado español, reconociendo su derecho a la autonomía. Autonomía, que tras la decisión personal de Sánchez, ha quedado olvidada por la política española.
El cambio de posición española respecto al Sáhara Occidental, sin embargo, tuvo un elevado coste geopolítico. Argelia, principal apoyo del Frente Polisario y gran rival regional de Marruecos, respondió, en junio de 2022, suspendiendo unilateralmente el Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación con España, lo que congeló las relaciones políticas y comerciales entre ambos países, reduciendo las exportaciones de gas a España hasta un mínimo del 24%… y el problema es que España depende del gas argelino y de su transporte a través del gaseoducto Medgaz construido al efecto y que lo conduce desde el país africano hasta la costa almeriense.
En Julio de este año, 2026, Sánchez presionado por la situación de abastecimiento gasístico, ha efectuado una visita oficial a Argelia para intentar solucionar la encrucijada. Las conversaciones parecen haber tenido relativo éxito, aunque Argelia ya ha buscado nuevos clientes durante este tiempo de conflicto con España aumentando sus exportaciones a Italia, convertida ahora en cliente preferente. Aunque el resultado final del acuerdo con Argelia está por ver y su comienzo no será efectivo hasta la normalización oficial de las relaciones comerciales con Argelia, que se culminará con una cumbre bilateral en Madrid el próximo mes de octubre, con el aumento previsto de las exportaciones en un 15%, dos terceras partes a través del gaseoducto Medgaz y el resto por vía marítima en forma de gas natural licuado, su peso podría volver a los niveles previos al conflicto diplomático. Lo que, desde luego, supondría un importante ahorro para nuestro país en una coyuntura adversa, al haberse disparado su coste en los mercados financieros, un 33% desde comienzos de julio, al calor del enconamiento de las hostilidades bélicas en Oriente Próximo.
Y es ahí cuando entra en escena nuevamente Marruecos para hacer presente su disgusto, su poder, su capacidad de intimidación y su influencia determinante en la política española. Al igual que en 2021, 60.000 marroquíes son enviados contra la ciudad de Ceuta, en una demostración, un aviso, un experimento y una preparación del terreno, para futuras oleadas invasoras que colapsen la ciudad y todos sus servicios ciudadanos, en un ejemplo de guerra híbrida como la denominan con gran acierto los medios geopoliticos convencionales. Es decir, se trata de un nuevo tipo de enfrentamiento que combina eventualmente estrategias tradicionales con tácticas no convencionales, difuminando los límites entre la guerra y la paz, y actuando sin una declaración formal de conflicto.
En cualquier caso se trata de un movimiento agresivo, como lo fue en su momento la Marcha Verde para la toma del Sahara español. Una invasión efectuada sin disparar casi un tiro y aprovechando las circunstancias políticas internas del estado español, totalmente confuso en aquel momento ante la grave enfermedad de su jefe del Estado.
Actualmente la situación de parálisis política y de caos institucional tiene otro cariz, pero representa una nueva situación propicia para ir engrasando la maquina marroquí, cuya diplomacia siempre está ojo avizor en busca de la coyuntura mas apropiada para sus intereses políticos. De igual forma que sus Servicios de Información no cejan en su empeño constante de búsqueda de grietas en nuestra seguridad nacional. El cambio brusco, inexplicable e inexplicado, confuso y contraproducente de la política sobre la descolonización del Sahara español efectuado de forma personalisima por Sánchez puede ser una de esas grietas, o más bien una profunda sima.
Por otra parte el país magrebí continua imparable, con su posicionamiento geopolitico y estratégico, mediante la alianza prioritaria con Estados Unidos e Israel, beneficiándose de su tecnología y su poder económico y militar. El puerto de Tánger se ha convertido en el principal de la región por delante de Valencia y La Linea. Las labores de bunkering (suministro de combustible a los barcos mientras están en el puerto o directamente en el mar) efectuadas desde Tánger, ya superan a las de todos los puertos del archipiélago canario. Por otra parte a Estados Unidos, y con probabilidad a Francia y el Reino Unido, no les interesa que exista un país que ejerza el control del estrecho desde las dos orillas como el que efectúa España desde Ceuta. De hecho, los americanos ya están estudiando la instalación de bases en el país magrebí para completar el control que efectúan desde Rota y Morón.
Es en este contexto donde se insertan, por tanto, las acciones previas que han propiciado el episodio de guerra híbrida que hemos vivido en Ceuta los últimos días ( y que aún sigue dando coletazos). La declaración del senador estadounidense Mario Díaz Balart, presidente la Subcomisión de Seguridad Nacional y Asuntos Exteriores del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, encargada de la política exterior y los presupuestos de ayuda internacional, que mantiene una estrecha relación con el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, refiriendo que Ceuta y Melilla no son españolas e insinuando la posibilidad de que Washington explore acuerdos militares alternativos en la región, son un claro respaldo a la actitud agresiva e impune de Marruecos.
En la misma línea se ha manifestado el gobierno israelí por boca del propio Netanyahu, apoyado por la prensa de su país, afirmando que Ceuta y Melilla son territorios ocupados, pasando la factura diplomática y la venganza política por las discrepancias con el gobierno sanchista ante el conflicto de Gaza y la posición española al respecto.
La realidad es que, con su movimiento táctico, Marruecos espera imponer su relato basado en la premisa de que España no controla un territorio colonial y ha llegado, por tanto, la hora de negociar la descolonización, envalentonado por el apoyo del gigante americano, la dejadez y apatía de la Unión Europea, la ausencia activa de la OTAN, y la cobardía patológica del gobierno y la sociedad españolas, sin nervio, ni voluntad para el enfrentamiento abierto. No está desencaminado. El gobierno ni ha mencionado a Marruecos, siquiera como instigador o facilitador del episodio. Todos los ministro con Sánchez a la cabeza, en un insulto a la inteligencia, le han echado la culpa a “las mafias” o a una sentencia del Tribunal Supremo. Así están las cosas…
Mientras tanto, el régimen marroquí utiliza la carne de cañón de sus ciudadanos con la frialdad del general que mueve divisiones sobre el mapa de su estado mayor. Par los políticos marroquíes, las bajas son tan inevitables, como convenientes e irrelevantes, porque su lógica analítica tiene un carácter geopolítico, no humanitario y su éxito depende de circunstancia que escapan a la interpretación filantrópica de la historia. En ese contexto, la muertes trágicamente sucedidas, acabarán en la cuenta de España, por su incompetencia y mala gestión de una situación colonial anacrónica, que el mundo tiene que solucionar.
Al tiempo….
En abril de 2021 el lider Saharaui Brahim Ghali, fue ingresado en un hospital de Logroño, para el tratamiento de su infección COVID. Había sido trasladado de forma secreta desde Argelia en un avión de la fuerza aérea española y con pasaporte falso, para ocultar su identidad a los servicios secretos marroquíes que escudriñan todo el territorio nacional. La idea era que Marruecos no tuviera conocimiento de semejante acto, dado el enfrentamiento con los saharauis, apoyados por Argelia tradicional enemigo del país alahuí, por la soberanía del Sahara occidental.
Evidentemente la demostrada eficacia de la inteligencia marroquí detectó de inmediato semejante operativo, lo que desencadenó un crisis diplomática, con la retirada del embajador en Madrid y el posterior cese de la ministra de exteriores González Laya exigido por Marruecos. Una ministra que a la postre fue imputada penalmente por prevaricación, falsedad documental y encubrimiento en relación con la falsificación de la documentación de Ghali. Una denuncia presentada por el empresario Rachad Andaloussi por cuenta del servicio secreto marroquí, según un informe del CNI.

Pero lo trascendente, es que la crisis diplomática trajo consigo apenas un mes después, la consecuente crisis emigratoria. El Gobierno marroquí acusó a España de ocultar de manera premeditada la acogida del líder del Frente Polisario, en lo que describió como una decisión soberana del Gobierno español, contraria a la relación de «buena vecindad» entre ambos países y de la que el reino alauí «extraerá sus consecuencias».
Las “consecuencias” fue una oleada masiva de 10.000 marroquíes que asaltaron la frontera terreste y marítima del Ceuta, en lo que hasta la fecha había sido el mayor flujo de personas llegadas desde el otro lado de la valla. A vez que la demostración de la represalia marroquí por la vía de los hechos, mostrando su capacidad para poner su poder demográfico al servicio de sus intereses geopoliticos y diplomáticos. La ciudad, que cuenta con alrededor de 84 mil habitantes, enfrentó una presión extraordinaria sobre sus servicios de seguridad, emergencia y acogida. El gobierno de España, mientras tanto, estaba tocando el violín, y Sánchez afirmaba con su impasibilidad habitual que “la situación representa una vulneración de la integridad territorial de España y la respuesta debe mantener el respeto al marco legal vigente”
Poco tiempo después, en marzo de 2022, la “enérgica” respuesta española fue el reconocimiento del plan marroquí de convertir el Sáhara en una región autónoma. De tal forma,.el gobierno español con un parlamento al que rendir cuentas y una oposición con la que debería al menos debatir una decisión de tal calado en política exterior, dio un giro de 180º y apoyó la propuesta merroquí que siempre se había rechazado.
Cuatro años después, aún no se sabe con certeza qué motivó semejante cambio de actitud de la política española al respecto del caso saharahui. Aquella decisión tomada por el presidente del Gobierno, y hecha pública por Rabat, dio pie a una serie de especulaciones en las que España no salió bien parada. Nuestro país volvió a mostrarse débil ante Marruecos, que decidió los tiempos y la forma de anunciar que había ganado un importante valedor para su posición. Los intereses españoles quedaron supeditados a los del país vecino, abriendo una grave crisis con Argelia y dejando al pie de los caballos al Frente Polisario, un grupo político que siempre había sido apoyado de una u otra forma por el estado español, reconociendo su derecho a la autonomía. Autonomía, que tras la decisión personal de Sánchez, ha quedado olvidada por la política española.

El cambio de posición española respecto al Sáhara Occidental, sin embargo, tuvo un elevado coste geopolítico. Argelia, principal apoyo del Frente Polisario y gran rival regional de Marruecos, respondió, en junio de 2022, suspendiendo unilateralmente el Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación con España, lo que congeló las relaciones políticas y comerciales entre ambos países, reduciendo las exportaciones de gas a España hasta un mínimo del 24%… y el problema es que España depende del gas argelino y de su transporte a través del gaseoducto Medgaz construido al efecto y que lo conduce desde el país africano hasta la costa almeriense.
En Julio de este año, 2026, Sánchez presionado por la situación de abastecimiento gasístico, ha efectuado una visita oficial a Argelia para intentar solucionar la encrucijada. Las conversaciones parecen haber tenido relativo éxito, aunque Argelia ya ha buscado nuevos clientes durante este tiempo de conflicto con España aumentando sus exportaciones a Italia, convertida ahora en cliente preferente. Aunque el resultado final del acuerdo con Argelia está por ver y su comienzo no será efectivo hasta la normalización oficial de las relaciones comerciales con Argelia, que se culminará con una cumbre bilateral en Madrid el próximo mes de octubre, con el aumento previsto de las exportaciones en un 15%, dos terceras partes a través del gaseoducto Medgaz y el resto por vía marítima en forma de gas natural licuado, su peso podría volver a los niveles previos al conflicto diplomático. Lo que, desde luego, supondría un importante ahorro para nuestro país en una coyuntura adversa, al haberse disparado su coste en los mercados financieros, un 33% desde comienzos de julio, al calor del enconamiento de las hostilidades bélicas en Oriente Próximo.
Y es ahí cuando entra en escena nuevamente Marruecos para hacer presente su disgusto, su poder, su capacidad de intimidación y su influencia determinante en la política española. Al igual que en 2021, 60.000 marroquíes son enviados contra la ciudad de Ceuta, en una demostración, un aviso, un experimento y una preparación del terreno, para futuras oleadas invasoras que colapsen la ciudad y todos sus servicios ciudadanos, en un ejemplo de guerra híbrida como la denominan con gran acierto los medios geopoliticos convencionales. Es decir, se trata de un nuevo tipo de enfrentamiento que combina eventualmente estrategias tradicionales con tácticas no convencionales, difuminando los límites entre la guerra y la paz, y actuando sin una declaración formal de conflicto.
En cualquier caso se trata de un movimiento agresivo, como lo fue en su momento la Marcha Verde para la toma del Sahara español. Una invasión efectuada sin disparar casi un tiro y aprovechando las circunstancias políticas internas del estado español, totalmente confuso en aquel momento ante la grave enfermedad de su jefe del Estado.
Actualmente la situación de parálisis política y de caos institucional tiene otro cariz, pero representa una nueva situación propicia para ir engrasando la maquina marroquí, cuya diplomacia siempre está ojo avizor en busca de la coyuntura mas apropiada para sus intereses políticos. De igual forma que sus Servicios de Información no cejan en su empeño constante de búsqueda de grietas en nuestra seguridad nacional. El cambio brusco, inexplicable e inexplicado, confuso y contraproducente de la política sobre la descolonización del Sahara español efectuado de forma personalisima por Sánchez puede ser una de esas grietas, o más bien una profunda sima.

Por otra parte el país magrebí continua imparable, con su posicionamiento geopolitico y estratégico, mediante la alianza prioritaria con Estados Unidos e Israel, beneficiándose de su tecnología y su poder económico y militar. El puerto de Tánger se ha convertido en el principal de la región por delante de Valencia y La Linea. Las labores de bunkering (suministro de combustible a los barcos mientras están en el puerto o directamente en el mar) efectuadas desde Tánger, ya superan a las de todos los puertos del archipiélago canario. Por otra parte a Estados Unidos, y con probabilidad a Francia y el Reino Unido, no les interesa que exista un país que ejerza el control del estrecho desde las dos orillas como el que efectúa España desde Ceuta. De hecho, los americanos ya están estudiando la instalación de bases en el país magrebí para completar el control que efectúan desde Rota y Morón.
Es en este contexto donde se insertan, por tanto, las acciones previas que han propiciado el episodio de guerra híbrida que hemos vivido en Ceuta los últimos días ( y que aún sigue dando coletazos). La declaración del senador estadounidense Mario Díaz Balart, presidente la Subcomisión de Seguridad Nacional y Asuntos Exteriores del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, encargada de la política exterior y los presupuestos de ayuda internacional, que mantiene una estrecha relación con el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, refiriendo que Ceuta y Melilla no son españolas e insinuando la posibilidad de que Washington explore acuerdos militares alternativos en la región, son un claro respaldo a la actitud agresiva e impune de Marruecos.
En la misma línea se ha manifestado el gobierno israelí por boca del propio Netanyahu, apoyado por la prensa de su país, afirmando que Ceuta y Melilla son territorios ocupados, pasando la factura diplomática y la venganza política por las discrepancias con el gobierno sanchista ante el conflicto de Gaza y la posición española al respecto.
La realidad es que, con su movimiento táctico, Marruecos espera imponer su relato basado en la premisa de que España no controla un territorio colonial y ha llegado, por tanto, la hora de negociar la descolonización, envalentonado por el apoyo del gigante americano, la dejadez y apatía de la Unión Europea, la ausencia activa de la OTAN, y la cobardía patológica del gobierno y la sociedad españolas, sin nervio, ni voluntad para el enfrentamiento abierto. No está desencaminado. El gobierno ni ha mencionado a Marruecos, siquiera como instigador o facilitador del episodio. Todos los ministro con Sánchez a la cabeza, en un insulto a la inteligencia, le han echado la culpa a “las mafias” o a una sentencia del Tribunal Supremo. Así están las cosas…
Mientras tanto, el régimen marroquí utiliza la carne de cañón de sus ciudadanos con la frialdad del general que mueve divisiones sobre el mapa de su estado mayor. Par los políticos marroquíes, las bajas son tan inevitables, como convenientes e irrelevantes, porque su lógica analítica tiene un carácter geopolítico, no humanitario y su éxito depende de circunstancia que escapan a la interpretación filantrópica de la historia. En ese contexto, la muertes trágicamente sucedidas, acabarán en la cuenta de España, por su incompetencia y mala gestión de una situación colonial anacrónica, que el mundo tiene que solucionar.
Al tiempo….
Es curiosa que pasen a Ceuta, pero ninguno vaya a GIBRALTAR, donde rápidamente les encarcelarían, o devolverían al mar, con un salvavidas, y no les darían agua ni comida.
Esta es la diferencia entre una nación de verdad, EL REINO UNIDO, y un estado fallido, como ESPAÑA.
Como siempre, siembran 2 antítesis: los pro rusos/ Chinos/ sarracenos/ etc( bloque comunistoide); y los pro yankis/ ingleses o similar( bloque liberaloide donde medra el amo marrano/ titiritero ). Así Marruecos, Argelia, Mauritania, etc se alternan y enfrentan, poniendo al corral UE Rockefeller en medio; y sobre todo a España; actor principal una vez más de su tragicomedia de turno. Al frente de todos esos países, lacayos iluminados masones de Weishaupt, pro gobierno eugenista mundial marrano controlando sus masonerías NOS.
España regaló Ceuta y Melilla al moro en 1985 más o menos y si Mohame no se las quedo fue por la heroica resistencia de los melillenes que se negaron a tragarse semejante sapo.
Desde entonces la política tanto marroquí como española fue llenar de moro las ciudades hasta conseguir que ellos fueran los que controlaran la sociedad y las instituciones, y amarrado esto, caerían ellas solitas.
Pero algo se ha torcido y ese algo se llama USA e Israel que desean con urgencia controlar el Estrecho de Gibraltar de cara a que Israel se quede con todo Oriente Próximo y USA con el Estrecho de Gibraltar imprescindible para cortar las infiltraciones chinas por África y acogotarla económicamente.
Marruecos en estos momentos tiene prisa, Trump no va a durar más que dos años y el próximo presidente es fácil que tenga otras ideas en política exterior y en la confrontación cantada USA-China, que ha incendiado medio mundo. De manera que Marruecos solo tiene dos años para hacerse sin problemas con Ceuta, Melilla y si la situación no se tuerce Canarias.
Con un gobierno y una oposición vendida a un Marruecos agresivo, cosa que les da más miedo que un nublado oscuro a un agricultor, la cosa esta hecha.
Los políticos españoles harán lo que sea para no enfrentar a una España inexistente a un moro que existe, vaya que si existe.
Si hay follón se les acaba el momio