La izquierda queriendo reconstruir el mundo

A pesar de sus repetidos fracasos, la izquierda quiere nuevamente rehacer el mundo a su antojo por un cambio revolucionario. Busca poner el mundo al revés, desestabilizar todo. No se trata de una reforma: es una revolución.

Ya se fueron los tiempos en que lo que ocurría en otros países no tenía una influencia decisiva en el acontecer nacional. Hoy, con la globalización existente, si analizamos lo que sucedido en Estados Unidos por la muerte de George Floyd, podremos comprender lo que ha ocurrido y lo que se puede estar preparando para nuestro Patria.

En el mundo se utilizó hasta el cansancio la expresión “explosión social”. ¿Cuál es la realidad de esta expresión? Veamos cuáles son las tácticas actuales de la izquierda nacional e internacional.

Los levantamientos sediciosos a propósito de la muerte de George Floyd han sacudido a toda una nación. Algo muy diferente a todo lo que ha sucedido antes.  Como prueba de esta nueva ola, es el tamaño desmesurado de las protestas y su duración. El cariz claramente favorable de los medios de comunicación sobre los disturbios no tiene precedentes.

Todos los segmentos se han unido para fomentar esta agitación aparatosa. La izquierda ha logrado unir diversas asociaciones de  su cuerda  para negar fondos a la policía y cancelar la renta de las casas. Amén de que el pánico en torno a la crisis del coronavirus es un telón de fondo perfecto de inestabilidad para instituir un cambio drástico.

La izquierda también ha creado un ambiente de agitación para proyectar la idea de que está a punto de crear una nueva sociedad radical, que derrocará finalmente las estructuras de poder opresoras.

Una reconstrucción fracasada que, a pesar de reunir todos estos agentes, la izquierda no ofrece nada nuevo. El objetivo es siempre el mismo: derrocar lo que queda de la Civilización cristiana en la sociedad.

Los personajes han cambiado. El nuevo proletariado ya no son los trabajadores oprimidos, sino las minorías oprimidas que se han abierto camino en una “cultura del ostracismo”.

Esta lucha ha sido mucho más amplia que en las fases anteriores. El objetivo no es solo el poder político, sino también la destrucción de todas las instituciones sociales y morales en las que se basa el orden. Si la década de 1960 fue alarmante, la crisis actual amenaza con ser catastrófica. Esta no es una reforma; es una revolución.

Peor aún, este es un momento peligroso en el que la izquierda espera hacer una transición. La izquierda quiere rehacer el mundo nuevamente. Quiere poner el mundo al revés. Durante estos tiempos de cambio revolucionario, la izquierda busca desestabilizar todo.

Quienes desean un retorno al orden deberían considerar tres características de esta revolución de la izquierda.

La primera es que esta revolución necesita presentarse como una única revolución que une varias causas. En su prisa por lograr el cambio, la izquierda ya no se esconde detrás de problemas únicos que atraen a sectores diferentes. Esta nueva revolución une todas las causas de izquierda en una y las hace casi intercambiables.

Así, las fuerzas negativas de izquierdas  adopta la agenda LGBTQ + cuyos militantes respaldan los seguidores del nuevo plan para abordar el cambio climático. Todos los movimientos sociales se unen para exigir que se quiten los fondos a la policía. La izquierda simpatiza y nunca condena las tácticas violentas del movimiento antifascista, que aterrorizan a Estados Unidos. Todos los grupos se manifiestan junto con las feministas y se unen para apoyar el aborto.

Estos movimientos se polinizan entre sí y expanden sus bases. Los grupos de “justicia” racial, climática y económica están buscando una causa común.

Los movimientos de izquierda hoy ven nuestras crisis como interseccionales, imponiendo la violencia policial, el calentamiento global y la vivienda inasequible no son problemas desconectados; por el contrario, emergen del colonialismo y del capitalismo.

Quienes defienden el orden deben comprender la unidad de la revolución y denunciar a la izquierda por lo que es: un movimiento único que desea el derrocamiento de lo que queda de la Civilización cristiana. Saber que la Revolución es una hace que sea más fácil oponerse.

Esta lucha ya dejó de ser sobre los problemas individuales de los derechos civiles, el medio ambiente o el racismo. Esta revolución quiere rehacer completamente la sociedad. La izquierda admite este objetivo, y confiesa el final de la política de un solo tema, tanto para la izquierda como para la derecha. Ahora es una cosmovisión contra otra cosmovisión.

La segunda característica de esta nueva revolución es que la izquierda está dejando muy claros sus objetivos radicales. Los activistas no están interesados en ocultar su agenda real para evitar reacciones. No se avergüenzan de proponer una comunidad en zona autóctona del capitolio como idealización de sus sueños utópicos. No se disculpan por convertir a Portland en un campo de batalla de una revolución violenta.

Los activistas de izquierdas más el Movimiento Antifascista  no están interesados en la reforma. La suya es una revolución que contesta todas las premisas. Presupone un cambio total de toda la sociedad, una imagen infernal de un mundo sin Dios y sin orden.

El movimiento que pide quitar los fondos a la policía, por ejemplo, deja muy claro que desea la abolición del Cuerpo. Se trata simplemente de una fase intermedia rápida hacia el objetivo final. De hecho, y es muy curioso,  los  ayuntamientos como el de Miniápolis  ya están tomando medidas para desmantelar la policía e introducir un nuevo programa radical de organización comunitaria.

Los activistas buscan privar al Estado de su poder coercitivo, que protege a la sociedad contra el desorden y la anarquía. Sin embargo, un Estado sin policía no puede mantenerse.

Este movimiento de las izquierdas proclama abiertamente en su sitio web objetivos que incluyen la promoción de la “igualdad” LGBTQ, medidas socialistas y estructuras familiares no occidentales. El movimiento para cancelar la renta no desea el alivio temporal de los inquilinos pobres sino la abolición de la propiedad privada y el establecimiento de viviendas gratuitas como un derecho humano. Esta es la reforma urbana, una reivindicación comunista imperecedera.

Todos estos programas son radicalmente contrarios a las estructuras sociales que subyacen a una Civilización cristiana.

Quienes defienden el orden deben exponer los objetivos radicales de los revolucionarios. La mayoría del pueblo no quieren estos objetivos, ya que son muy contrarios a la tradición y a su herencia.

Una tercera característica de esta revolución en tiempos de transición es que la izquierda se está radicalizando. Para mantener el dinamismo de su movimiento, debe correrse constantemente hacia la izquierda. Debe mostrar cada vez más odio hacia cualquier cosa que se parezca a la Civilización cristiana. Incluso las cosas más insignificantes (baños, fútbol o pronombres) deben transformarse en armas contra el establishment liberal. Sus ataques adquieren un tono casi ritualista, lleno de simbolismo y teatralidad.

Al radicalizarse, exige que sus partidarios estén a la altura de la nueva revolución. Por esta razón, muchos izquierdistas moderados están siendo purgados de sus filas.

De hecho, los izquierdistas radicales están atacando al establishment liberal, pidiendo su extinción. Los liberales poco convencidos responden con las concesiones más increíbles con la esperanza de salvar su situación. La revolución devora lo suyo. Sin embargo, la furia ardiente contra todo lo cristiano presenta una amenaza real para la sociedad, ya que derriba las estatuas, las instituciones que aplican la ley y demuelen la narrativa histórica que se interpone en su camino.

Es peligrosa debido a su naturaleza explosiva, que amenaza con desestabilizar a la sociedad. A medida que la revolución abre sus flancos de par en par para revelar su rostro verdadero y horrible, que generalmente oculta, se crean oportunidades para aquellos que saben cómo denunciarlo. Tal exposición puede provocar reacciones significativas y victoriosas.

Otro riesgo que corre la revolución cuando su radicalización se acelera mucho: al querer hacer demasiado, excesivamente rápido, pierde enormes franjas de público.

El ataque radical contra todo lo cristiano también puede hacer que los cristianos tibios vuelvan a evaluar sus prioridades de vida.

Con la ayuda de la gracia de Dios, pueden regresar a la casa del Padre, unirse a la contrarrevolución, organizar acciones de sorprendente eficacia y participar en el triunfo del Inmaculado Corazón de María.


2 respuestas a «La izquierda queriendo reconstruir el mundo»

  1. Si la cosa se pone muy fea en los EEUU, dicen que los negros son sólo el 13% de la población, si los blancos se cabrean, quien tiene todos los números de perder?
    Pregunto!

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