La lanzada a la Santa Madre Iglesia

Cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua (Jn 19, 33-34).

Del costado abierto de nuestro Señor brota Su Preciosísima  Sangre y Purísima Agua, que manan de Su Sacratísimo Corazón. Entrega Su Vida, nada ha guardado para Sí, ni una sola gota de  Su Preciosísima Sangre. Todo nos lo da  para la salvación de los hombres.

Contemplando la escena en el silencio desgarrador del Calvario nos situamos al lado de la Santísima Madre y del discípulo amado, elevemos la mirada a Cristo crucificado, sintiéndonos unidos en el sufrimiento de nuestro Padre Eterno y del Espíritu Santo y nuestra Santísima Virgen.

De Su sagrado costado se forma Su Iglesia, que es el medio de salvación visible que quiere dejar en el mundo hasta Su venida definitiva. Desde que se abre el bendito Costado, origen de la Santa Madre Iglesia, todo lo que hay dentro de Él, Poder, Sabiduría y Amor, se derrama para formar el Magisterio de la Iglesia que la tradición nos ha transmitido.

Qué sufrimiento  para el Padre Eterno, para el Espíritu Santo y para la Santísima Virgen contemplar cómo la lanza atravesaba el costado del Cordero Divino, que acaba de ser inmolado en el altar de la Cruz. La dolorosa crucifixión, ¿era suficiente? No. ¿Era necesaria la lanzada como el último acto de amor después de muerto el Señor? Sí, porque como Su último acto de amor es para Su Iglesia. que se unirá a Él  en el continuo y perenne Sacrificio propiciatorio y satisfactorio a la Santísima Trinidad.

AGONIA PERPETUA. Lo duro y doloroso la agonía, es sentir el sufrimiento de todas las almas.

La Iglesia surge de la llaga del  costado abierto de Jesucristo, de Su Sagrado Corazón, de donde mana la Verdad de Dios, es decir, la Sabiduría de Jesucristo.  ante la contemplación estremecedora del Padre Eterno y  el Amor inconmensurable de la Santísima Trinidad y de la Santísima Virgen María.

Aceptando en silencio y ante la agonía del Hijo –silencio roto donde  no se oía más que el respirar,

Hoy en día asistimos conmovidos y atónitos a lo nunca inimaginable, la lanzada al costado de nuestra Santa Madre Iglesia. Una lanzada que la ha dejado inmovilizada y desfigurada como el Santísimo Cuerpo de Nuestro Señor en la Cruz. Es una lanzada que se asesta sin misericordia al mismo corazón de la Santa Iglesia, en nombre de una nueva  misericordia aplaudida por el mundo, el mismo que rechaza pertinazmente la Luz que vino a él.

Los que esgrimen la lanza son conscientes de lo que hacen no como el soldado del Calvario, quien cumplía órdenes, ¿y los de hoy en día en nombre de quién lo hacen? Si el soldado fue cegado por la Preciosísima Sangre y la Purísima Agua convirtiéndose a la fe, éstos están ciegos  pero no de la santidad de la propia Iglesia sino de su traición a ella.

La lanzada continúa una y otra vez, sin parar, como si no quisieran dejar ningún órgano de la Iglesia intacto. Se ha herido el corazón de la Iglesia, el Santo Sacrificio de la Misa, se ha herido la Sagrada Eucaristía; la Preciosísima Sangre de Cristo fluye y es pisoteada por las continuas profanaciones de Su Bendito Cuerpo. Ciegos, siguen, una y otra vez, atravesando el costado de Cristo en Su Iglesia.

La lanzada a la Santa Madre Iglesia continúa en el Sacramento del Matrimonio, pretendiendo hacernos ver que en las situaciones de pecado, irregulares dicen, pueden haber aspectos positivos e  incluso enseñanzas. Se ha perforado la indisolubilidad del matrimonio. La lanza no ha dejado nada sin lancear del mismo Sacramento.

Atravesada con la lanza la Sagrada Eucaristía y el Sacramento del  Matrimonio, profanando el Santísimo Cuerpo de Cristo y la Sagrada Familia, ya no quedarán otros órganos que no se vean atravesados por la maléfica lanza.

El Sacramento de la Penitencia tiene su propia lanzada, bastará la intención del penitente para se le absuelvan sus pecados, no será necesario la enumeración de éstos, como así lo manda la propia santidad del Sacramento, el Magisterio confirmado por los Sumos Pontífices.

Más quienes esgrimen con destreza la lanza siguen a la espera de continuar desfigurando sin misericordia a la Santa Madre Iglesia. ¿Qué quedará del celibato sacerdotal? ¿Van a atravesarlo con la dañina lanza?

Una tradición dos veces milenaria ha quedado demolida en tan solo unos pocos años. Asistimos a la desfiguración total de la Tradición y del Magisterio, quedando tan irreconocibles que ya pocos acudirán a ellos para confirmar la fe, pues es la misma fe católica la que ya no será signo de identidad.

Pero la Iglesia permanecerá, resurgirá y retomará su belleza, esa belleza que a través de los siglos ha ido perfeccionando. Es la belleza de la Tradición y del Magisterio. La belleza de la Verdad de Dios, del verdadero camino de salvación. Del Amor de Dios y de la Santísima Virgen en el Calvario en el sublime momento en que otra lanza atravesaba el Purismo y Santísimo Cuerpo del Cordero de Dios, dando lugar al torrente de Gracia y Misericordia que aún permanece hasta el fin de los tiempos.

Alzamos nuestras voces de súplica, perdón, reparación y misericordia a Dios Todopoderoso para que nos ayude a permanecer  firmes en la fe católica recibida, en la fe católica tradicional, para mantener, a pesar de las continuas lanzadas que recibe, la belleza de  nuestra Santa Madre Iglesia en su misión de camino de salvación.

Ave María Purísima


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