La libertad de perdición

Feliz el pueblo cuyo Dios es el Señor (Sal. 143, 15)

Cuando la religión queda desterrada del Estado y se rechaza la doctrina y la autoridad de la revelación divina, la misma noción verdadera de la justicia y del derecho humano se oscurece y se pierde, y la fuerza material ocupa el puesto de le justicia verdadera y del legítimo derecho.

Una sociedad que se ha sustraído a las leyes de la religión católica y de la verdadera justicia no puede tener otro fin que el de reunir y acumular riquezas, ni otra ley en todos sus actos que el insaciable deseo de satisfacer sus pasiones y buscar sus propios intereses, intereses partidistas.

El odio a la fe y a la Iglesia queda de manifiesto, y podemos comprobar como la democracia liberal es la historia de la corrupción moral del hombre, del afloramiento de las más bajas pasiones hechas ley y derecho. Sin la ley de Dios en el corazón del hombre, del que gobierna y del gobernado, llega a la exaltación de la animalidad que anida en ser humano, cuando se ha corrompido al rechazar hasta la misma luz de la ley natural.

Al desterrar la religión del Estado, queda desterrada de la propia familia, base de la sociedad. La familia no recibe su razón de ser del derecho civil y positivo, sino de la ley natural confirmado por la ley de Dios. La destrucción de la familia es la garantía del afianzamiento del Estado anticristiano, donde la libertad y la verdad son conceptos  formulados por el propio hombre a su arbitrio, sin dependencia alguna de la ley divina.

La libertad, la verdadera, la que hace libre al hombre es la libertad que se somete a la ley de Dios. Pero la que se emancipa de la autoridad divina no es más que una autoridad de perdición, que termina esclavizando al hombre al yugo de sus pasiones, de las  cuales no puede zafarse por sus propia fuerzas. Sólo la gracia podría hacerlo, pero ha renunciado a ella.

La felicidad que llena de gozo el corazón, la satisfacción de experimentar la libertad que engrandece al hombre, la paz interior de saber que uno está en el camino de la justicia sólo puede brotar de la religión católica, de su doctrina y de su práctica.

Qué feliz es el pueblo cuyo Dios es el Señor.


Una respuesta a «La libertad de perdición»

  1. …por otra parte siempre nos quedaremos con la eterna duda
    de cuántas guerras exterminios genocidios matanzas aberraciones etc etc hubiesen tenido lugar sin la
    participación/existencia de esa santísima trinidad
    Dios Religión Estado

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