La Luz, la Voz y la Verdad

Hay términos conceptuales que encierran realidades tan profundas, que ponen sus raíces en los misterios religiosos, unidos sin contradicción con la razón humana, aunque esta, no pueda alcanzar la grandeza total de esos fundamentos metafísicos.

Tal es la frase evangélica en Jn. 14,  1-6: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. Y en  Jn.  3: “Porque todo el que obra el mal, aborrece la ley y no viene a la luz porque sus sobras no sean reprendidas. Pero el que obra la verdad, tiene a la luz para que sus obras sean manifiestas, pues están hechas según Dios”.

He aquí explicado el misterio de la incredulidad de tantos hombres. Como sus obras son malas y su alma impura, temen que la luz descubra lo que son.

Cuando tuvo el encuentro con Pilato, se identificó con estas palabras: “Yo para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad oye mi voz”. Pilato le dijo: “¿Y qué es la verdad?” (Jn. 18-38). Esta respuesta debió de hacer pensar a Pilato que Jesús sería un ideólogo, rey de ciencia, y sus vasallos los discípulos que le seguían. Reyes como este, no hacían competencia a Roma.

La luz de Cristo se identifica con la verdad, porque con la luz distinguimos el camino acertado contra el peligro de tomar decisiones y voluntades erróneas, que nos llevarían a fines funestos de perdición; pero esa luz, no puede tener entidad justificada si no es una verdad ontológica a la que hay que conquistar como meta última y definitiva en la bienaventuranza irrenunciable de la eternidad.

La verdad ontológica es esa realidad metafísica que existe en sí misma, se conozca o no se conozca., se acepte o se rechace. De ahí la frase de San Juan: “Al  principio era el Verbo, y el  Verbo estaba junto a Dios y el Verlo era Dios” (Jn.  1). Con este prólogo, San Juan nos eleva a los orígenes eternos del Verbo (palabra reveladora de lo ontológicamente existente y trascendente), para descender luego a su existencia histórica, exponiendo primero sus relaciones con Dios, en quien está en el mundo, que fue hecho por Él, y con los hombres, de  quien es luz y vida.

La contundente y luminosa frase de Cristo ante Pilato, “todo el que es de la verdad, escucha mi voz”, expone la necesidad de la buena disposición intelectual y moral para alcanzar esa meta luminosa de la verdad irrefutable y salvífica. Cuando Pilato pregunta: “¿Y qué es la verdad?”, el divino Maestro no responde. Está claro que Pilato no era de la verdad y por eso tampoco iba a escuchar ni querer conocer esa verdad exigente y comprometedora que religa el conocimiento con la voluntad exigitiva. Dios se esconde ante quien no le busca, como de mil formas se deja ver en cada acontecimiento para quienes quieran encontrarle.

La humildad de aceptar exigencias de todo lo que sea verdadero, es la primera condición  para la buena voluntad de encontrarla y amarla.

Hay gente intelectual en varias ramas del saber, que desearían creer,  pero su soberbia de poner condiciones a Dios, les impide encontrar ese camino llano de la fe sobrenatural. Les falta la entrega de su mente al misterio de lo que nos trasciende en el mundo de lo metafísico y eso les  pone la venda en los ojos para la satisfacción de la luz que les aclare sus dudas y oscuridades angustiosas vitales que hasta les pude llevar al suicidio.

El ser humano  no  pude encontrar su felicidad en el  cuarto oscuro de la ausencia del amor a Dios su creador.

Qué sapientísima aseveración: “Todo el  que es la verdad, escucha mi voz”. Y es que no hay voz más justa, más elocuente, más sabia, más alentadora y más consoladora que la voz del Divino Maestro.

Asistimos a un mundo descarriado que no quiere mirar a la luz prístina del catolicismo universal; que no quiere las verdades absolutas de la voz dulce e invitadora a la santidad de lo elevante sobrehumano; que no quiere caminar por la alfombra radiante y vivificadora de las verdades ontológicas esplendorosas.

“La verdad os hará libres” (Jn, 8).


10 respuestas a «La Luz, la Voz y la Verdad»

  1. Ya estamos en Semana Santa y sigue un irreverente y blasfemo comentario contra la Reina del Cielo y de la Tierra.
    Me refiero al comentario de alguien que se identifica como “darkside” en el artículo “Lobos pastoreando” con fecha 17/03/2024.

    ………..””” la iglesia tiene que evolucionar ,no ser tan política como intentar hacernos un SCHZ al seguir aseverando que María seguía siendo Vírgen después de fornicar ,ahí es donde se agarra Jehová para montar su secta salvadora jaja
    la religión católica cristiana ,y apostólica ,no deja de ser un invento judío/ sionista para apropiarse de vidas ,almas de poder y las riquezas de los terrenales ,con Jesucristo el rey de los judíos ,eliminando a los incrédulos con sucias patrañas”””……

    ¿A que espera el Administrador de la web?

    1. Desde luego, ese «señor» debería ser bloqueado, porque se ha equivocado de digital…
      Que se vaya a Gara, Público o El Putrefacto (acrónimo del diario del mismo nombre), dónde estará en su pocilga, rodeado de mierda.

      1. Estimado señor: el administrador, que pide disculpas porque ese comentario se le pasó, y agradece el de usted, ha borrado el comnentario y advertido al comentarista. Confiamos en que no vuelva a suceder ni lo uno ni lo otro, y reiteramos nuestro agradecimiento a usted. Saludos cordiales

    2. Estimado señor: el administrador, que pide disculpas porque ese comentario se le pasó, y agradece el de usted, ha borrado el comnentario y advertido al comentarista. Confiamos en que no vuelva a suceder ni lo uno ni lo otro, y reiteramos nuestro agradecimiento a usted. Saludos cordiales

  2. ‘ Dios se esconde ante quien no le busca,…’. Yo habría escrito, el Padre se muestra ante el que le busca sinceramente. El siempre está para el que puede y sabe ‘ ver y escuchar ‘. En todo caso, no creo que se esconda; más bien somos nosotros los que nos escondemos, unos más y otros menos. Muchos, la inmensa mayoría creo, buscan al Padre donde no está, por pura conveniencia/egoísmo y vienen a encontrar al Encargado de este mundo, el que concede crédito a cambio de almas.

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