La mafia roja valenciana

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La «izquierda» española –perdón, en España la «izquierda» siempre ha sido, desde su nacimiento, anti-española–, tiene, entre muchísimos defectos/problemas, el de que todo lo que piensa, dice y hace es mentira. Claro que hoy en día también le ocurre lo mismo a la «derecha». Y sentemos antes de seguir que utilizamos dichos términos en un alarde de simplificación para entendernos.

Caso paradigmático, pero en absoluto único, ni mucho menos, es lo que ha ocurrido en Valencia durante los años de «pasada por la izquierda» que lleva: que han reforzado la ya de por sí mastodóntica estructura administrativa hasta límites insospechados.

Veamos, en números absolutos, lo que han hecho a la chita callando:

  • pasar de una a dos vicepresidencias; de diez a doce consejerías; de veintidós a veintinueve secretarios autonómicos; de 56 a 84 directores generales; y de 74 a 116 asesores contratados bajo la elástica figura de «personal eventual».

Todo un record. Para que luego digan de Andalucía.

Y es que la «izquierda» lo que sí sabe muy bien es que la cosa es conseguir el poder para lograr la pasta, los carguitos el chupe y la mangancia y, con ello, más poder o, al menos, seguir en él. Círculo vicioso, pescadilla enroscada que se muerde la cola, clientelismo, intereses creados… con el dinero de todos nosotros, claro, sean propios o extraños, con la única distinción que de los propios algunos chupan.

La diferencia, de todas formas, con la «derecha» es nula en cuanto al chupe y la mangancia, pero distinta en cuanto a que aquéllos no tienen vergüenza y sí mucha audacia, y éstos son unos cobardes.

El problema es que entre unos y otros, o sea, entre «izquierdas» y «derechas», España sigue sin barrerse de todos estos canallas que nos desgobiernan. Y como parece que no hay más remedio, al menos espabilemos y aprendamos a votar con la cabeza y no con el culo.

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