La manipulación del menor: un proceso inducido por las élites

Con el objetivo de erradicar la transfobia, educar en la tolerancia y detectar y proteger al niño transexual, lo que se hace es una promoción e incentivación de la «transexualidad» en las edades en las que el menor es más vulnerable: la primera infancia, la adolescencia y los niños con síndrome de Asperges o Down. Y el resultado es demoledor: las cifras de «transexualidad» han crecido expontaneamente en España como ya sucedió en otros lugares que han sufrido este tipo de legislaciones y que han comenzado su camino de vuelta a la cordura. Niños y niñas que se hacen adultos como pacientes crónicos atados a tratamientos hormonales de por vida o con operaciones mutiladoras que reducen su calidad y su expectativa de vida.

Porque, y ahí radica uno de los grandes males de estas legislaciones, se parte de la existencia de una ineludible discriminación de las personas transexuales que debe ser erradicada desde el jardín de infancia, donde los niños han de aprender inclusividad con los transexuales. Y además se infiere que, entre los niños de infantil, que aún no tiene formada su identidad, ya hay, o puede haber, niños que sí tiene formada su identidad sexual y ya saben que su identidad sexual no coincide con su sexo biológico.

Esta idea de proteger al niño transexual ha llevado a la profecía autocumplida consistente en que, tras la lectura de numerosos cuentos donde se da por normal y habitual que hay niños que son niñas y viceversa, surjan niños que dicen ser niñas y viceversa. Esta actividad de lecturas de normalización de la «transexualidad» en niños de infantil, que tienen pensamiento mágico y que creen que con pensar que se es Superman, o una sirena, se es realmente, la incentivización de la duda sobre el sexo al que se pertenece debería calificarse como delito. Esos niños, que creen que uno reyes montados en camellos voladores entran por la ventana trayendo juguetes, son incapaces de entender la diferencia entre lo real y lo imaginado, y mucho menos pueden comprender las consecuencias de una disconformidad con el sexo biológico. No sé a cuantos «niños trans» se habrá salvado de la estigmatización con esas lecturas, o con los espectáculos en los que los adultos transexuales interactúan con ellos y les cuentan cuentos. Lo que resulta evidente es que estas actividades han supuesto un incremento exponencial de «niños trans2 que han sido abocados a un camino de sexo, proceso que han comenzado con esta actividad y que ha seguido con los protocolos de protección de esos menores, niños de infantil que han manifestado ser, o querer ser, niñas.  El menor es contactado con asociaciones del ramo, afianzado en su autopercepción y nadie es capaz de frenar, o se atreve a frenar, esa deriva. Los lobbies transexualistas con sus poderosas asociaciones entran en el aula y convierten al niño en un héroe social, lo que hace que el niño se reafirme, puesto que su éxito social, el respeto, o temor, que provoca en los docentes proviene de esa condición de transexual.

Los padres se enteran tarde y mal de que su hijo está adquiriendo una nueva identidad (hay protocolos que recomiendan al tutor retrasar la información a los padres por si se oponen) y se les dice que pueden elegir entre un niño o una niña muerta, pues la no aceptación de su condición transexual impele al suicidio.

El niño es evaluado someramente y diagnosticado, en muchos casos por especialistas bajo presión y sin más pruebas que su palabra. Las leyes consideran de forma tácita que las objeciones de los padres a este cambio de identidad sexual sólo pueden obedecer a su condición de tránsfobos, ultrarreligiosos o retrógrados llenos de prejuicios, por lo que suelen establecer medidas judiciales que rescaten al menor de la patria potestad parental y se le facilite la transición al otro sexo. La posibilidad de que los padres vean que su hijo está siendo víctima de una manipulación de graves consecuencias para su salud y traten de evitarle tratamientos irreversibles que no necesita y no van a resolver su problema, no se contemplan y se pone todo tipo de trabas a diagnósticos alternativos o apoyos psicológicos.

Para evitar los rasgos secundarios propios de su sexo, se le administran bloqueadores de la pubertad que son supresores hormonales (Acetato de Leuprólide o de Histrelina) utilizados en los cánceres de próstata, endometriosis severas o para castraciones  químicas de agresores sexuales, que sumen al menor en un estado de menopausia o andropausia prematura, además de provocarle todo tipo de efectos adversos: complicaciones cardiovasculares y coágulos sanguíneos, fragilidad ósea, neoplasias malignas, trastornos psiquiátricos y nerviosos, depresiones, epilepsia, irritabilidad, comportamientos suicidas, esterilidad y muerte. En este estado anormal de supresión hormonal se supone que el menor tiene un margen  de tiempo para decidir si se continúa con la transición o no. Según el DMS-5, la remisión espontánea durante la adolescencia sería entre el 70% y el 98% para niños y entre el 50% y el 88% para las niñas, es decir, el 90% de los menores que no utilizaron bloqueadores no continuaron con la transición frente a la totalidad en la continuación de la transición de los menores que los utilizaron. Sería aconsejable dejar hacer a la naturaleza, simplemente por el porcentaje de menores perjudicados frente a los beneficiados con la pubertad. Incluso a la vista de la evolución posterior, promover la estancia en el limbo de los bloqueadores resultaría dolosa.

El menor continúa con la transición, ya que nada ha cambiado salvo un ánimo más depresivo fruto de los bloqueadores, que se traduce como causado por su condición de transexual, y se enfrenta a las terapias hormonales del sexo opuesto e inhibidores de las propias hormonas. Los efectos adversos de estas terapias, que han de ser de por vida, tampoco se cuentan con claridad al menor además de que éste es en muchos casos incapaz de valorarlos. Las hormona cruzadas provocan efectos irreversibles con cambios en los caracteres secundarios de por vida. La testosterona administrada a las mujeres biológicas, niñas en muchos casos, produce cambio del tono de voz, vello corporal, calvicie en la cabellera, cambio de constitución de la grasa y la masa muscular, desaparición de la menstruación, aparición de acné, cambio de olor corporal, crecimiento del clítoris y mayor libido, subida de la tensión arterial diabetes y cambios de humor.  Con el uso prolongado se puede producir colesterol y mayor incidencia de ictus e infarto, atrofia vaginal, dolor pélvico y daños hepáticos, incontinencia urinaria, depresión, ansiedad, dificultad para dormir y orgasmos dolorosos, efectos todos ellos no reconocidos salvo en los círculos de «detransición». Eso es lo cierto, que hay una autocensura sobre los efectos adversos en las personas trans que sólo rompen las que abandonan la presunta transición al otro sexo. la idea es hacer creer que todo es un proceso normal, sin complicaciones y muy sencillo.

Parte del artículo«Transexualidad y menores. Cuando la sociedad se vuelva loca»de la autora para Razón Española Nº 235. Revista bimestral sólo para subscriptores y en papel. 65€/año. Tel.- 617 32 61 23 ó correo fundacionbalmes@yahoo.es


3 respuestas a «La manipulación del menor: un proceso inducido por las élites»

  1. Pero que transfobia ni que ocho cuartos
    A la gente normal le repele la anormalidad, el vicio , la promiscuidad y cualquier cosa que vaya en contra de la naturaleza.
    Ver a dos tios arrimando la cebolla y dandose muerdos a tornillo o a dos tías metiéndose mano no es normal y ese rechazo ni es transfobia ni es nada, es la desagradable impresion que produce la verguenza ajena…y ahi lo dejo.
    Utilizar la educacion de los niños para malearlos y enseñarles vicios que hasta ayer eran inconfesables es un delito,. se llama perversión de menores y diga lo que diga el politico de turno, su enseñanza y a veces practicas debe ser erradicadas de inmediato.
    Los padres de los niños sabrán como evitarlo …y sino que aprendan que va siendo hora de que hagan algo en defensa de sus hijos, que no todo es regalarles chucherias

    1. Al pan pan y al vino vino. Prefiero no decir qué haría si fuera padre cuando no siéndolo me subo por las paredes. El problema es que la sociedad está tan enferma y adoctrinada y es tan cretina, mediocre, ignorante y sumisa, que acepta cualquier aberración con total normalidad. Por eso hemos llegado a esto, y lo que nos queda por ver y sufrir. Se nos helará la sangre, si no se nos ha helado ya.

  2. En mi opinión, los enfoques más generalizados sobre esta clase de problemas psicosexuales contienen, al menos, dos importantes errores:
    El primero es que a nadie o casi nadie parece interesar e investigar las causas originales de la denominada transexualidad. ¿Por qué se produce?
    El segundo, y no menos importante, se refiere a qué tipo de problema es. ¿Es un problema de identidad personal, o es otra cosa?
    Empezando por esta última cuestión, es obvio que, si un niño varón quiere renegar de su apariencia natural para conseguir parecer una niña, debe partir necesariamente de poseer una percepción de sí mismo clara y distinta de que es un niño varón y, si esto es así, no hay un verdadero problema de identidad psicosexual. Es niño y tiene identidad personal de niño.
    Aplíquese esto mismo para el caso alternativo de que una niña quiera parecer físicamente un niño varón.
    Entonces, para comprender las causas de este problema, debemos hacer una pregunta básica: ¿Por qué un niño varón quiere parecer que físicamente es una niña y por qué una niña quiere parecer físicamente que es un niño varón?
    A este respecto, la hipótesis más verosímil parece ser que, debido al sexo con el que ha nacido, no recibe el afecto que todo niño o niña necesita de su figura de seguridad. Probablemente, la madre quería tener un niño y ha tenido una niña o viceversa. Si esto fuera así, el problema remite a una necesidad insatisfecha de recibir amor y plena aceptación de la madre y, por extensión, la creencia de que no lo recibirá de las personas con las que interaccione.
    En cuanto a las nuevas causas que están produciendo muchos más casos de los que originalmente se producían en las familias que, por cierto, eran estadísticamente muy escasos, estamos ante una hipervaloración social de índole ideológica de la transexualidad, hasta el punto de que, en colegios y universidades, quienes manifiestan ser trans, reciben un nivel de popularidad y afecto del grupo muy superior a cualquier otra condición psicosexual.
    Lo más grave de todo es que, en la ideología imperante, en vez de acometer estos problemas afectivos, se da carácter de realidad a la supuesta identidad psicológica discrepante con el sexo original, afirmándose que el cuerpo de la persona en cuestión es erróneo.
    Por último, para no extenderme demasiado, debemos fijarnos en que, cada vez se considera más la noción de voluntad como si la voluntad se tratara de un factor último y sustantivo (algo así como sagrado) que no depende nada diferente que lo explique.
    Lo cierto es que la voluntad humana, en cualquier terreno que la examinemos, depende potencial o efectivamente de multitud de factores: influencias externas, creencias propias, creencias culturales o ideológicas, necesidades, actitudes de múltiples tipos, engaños, etc., etc.
    ¿Qué menos debemos hacer que examinar esos factores, de los que dependen voliciones de enorme trascendencia para la forma que adopte la existencia de cada persona? ¿Acaso hay que estar ciegos y admitir que toda volición, sea la que sea, debe ser obedecida al instante y apoyada masivamente por la sociedad a la que pertenece cada persona?

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