La “mezquita” de Santa Sofia, una cuestión nada baladí

La reconversión de Santa Sofía, la que fuera magnífica catedral bizantina, de museo en mezquita –construida en 537, fue trasformada en mezquita en 1453 y en museo en 1934– por el ordeno y mando del fanático islamista Erdogan, ha levantado sólo una pequeña polvareda en un Occidente que, en su palpable decadencia, no da la importancia que tiene, que es toda, y de ahí esa decadencia, a las creencias, a la fe, sea especialmente a la auténtica, es decir, a la única verdadera, la católica, sea a las falsas, en este caso a la mahometana. Y es que, aunque falsa, no deja de ser, como la verdadera, el resorte que ha movido, mueve y seguirá moviendo al hombre en su caminar por este valle de lágrimas.

El hecho fue recibido con un entusiasta aplauso por la totalidad del mundo musulmán; aunque algunos dirigentes por cálculo político lo hicieran en privado, lo que no quita importancia al hecho. Mientras, los medios y líderes políticos occidentales no alcanzaron a otra cosa que a considerar la acción del sultán otomano como una forma de desviar la atención de sus súbditos de los problemas económicos que sufre Turquía. Esta explicación, marxista de principio a fin, falsa e insostenible, no tiene en cuenta dos factores: la existencia de una fe musulmana y la decisión política que encierra el gesto. También los hubo que tiraron de declaraciones de turcos occidentalizados, o sea, tan decadentes e infieles como los europeos, en un burdo intento por acusar de antidemócrata a Erdogan, en la misma maniquea forma en que lo hacen cuando ganan las elecciones los Putin, los Orban, las Marie Le Pen o los Abascal, pontificando que sus electores y sus países tienen por ello serios problemas con la democracia porque tales candidatos la perjudican gravemente. Los candidatos marxistas, que lo son todos los de izquierda sea cual sea el país, no, claro, esos son la quintaesencia de la democracia, como Pedro Sánchez e Iglesias están demostrando en el caso de España.

Un Occidente ateo, deísta o agnóstico, prácticamente pagano, no puede comprender el fenómeno de la fe religiosa, aún de las creencias falsas, su realidad palpable. No entenderlo ha hecho que se haya permitido la «importación» de millones de musulmanes de varios países considerando el factor religioso como algo simplemente cultural y por lo tanto reconducible, trasnformable, capaz de «integrarse» antes o después. El resultado es la existencia de amplias «minorías» musulmanas en toda la Unión Europea que crean graves problemas sociales y que en su desfachatez claman cada día por más por más y más derechos que, en clara actitud suicida, se les conceden.

La conversión de Santa Sofía de nuevo en mezquita supone la demolición de uno de los pilares fundamentales de la revolucionaria secularización y occidentalización llevada a cabo por Atatürk. Es un paso importantísimo de la corriente islámica turca que nunca dejó de soñar y procurar la vuelta de Turquía a sus raíces musulmanas, islámicas, a la gobernación por la sharia.

Las implicaciones de una Turquía cada vez más integrista, más musulmana, más islámica, más mahometana, son imprevisibles, pero en cualquier caso fatales para la Unión Europea, máxima cuando ésta se sume cada día más en su propio marasmo a pesar de no creérselo y de no parecerlo siempre.

Turquía es miembro de la OTAN, pero lleva ya no poco tiempo actuando de forma díscola. Valga recordar lo siguiente:

  • su negativa a que tropas estadounidenses cruzaran su territorio durante la invasión de Irak,
  • su apoyo al ISIS en Siria,
  • su agresiva y abusiva política contra este país aprovechando su delicada situación,
  • el claro apoyo a Hamás en Gaza,
  • su «imperial» intromisión en los asuntos libios,
  • la compra de armamento a Rusia en cantidades y calidades injustificadas
  • o su reciente enfrentamiento con Francia en aguas del Mediterráneo.

Para qué hablar de la privilegiada posición geoestratégica que ocupa en uno de los enclaves más codiciados de nuestro planeta.

Por parte de Occidente la política hacia Turquía no ha podido ser más necia, infantil y errada. Lo fue hacerla miembro de la OTAN por circunstancias coyunturales siempre pasajeras, demostrando además un nulo conocimiento de la Turquía profunda, islámica, que ahora aflora pero que nunca dejó de existir y que nada tiene que ver, ni quiere, con un Occidente infiel; aunque los islamistas no se den cuenta de que ya hace mucho que dejó de ser fiel. Lo fue aceptar su vil chantaje cuando la ruta de la invasión de inmigrantes «Wellcome refugees», patrocinada por los oscuros poderes que mueven el globalismo, pasaba por territorio turco, dándole fondos sin fondo, es decir, pagando por la soga con que puede ahorcarnos. Lo fue y sigue siendo dejarle hacer a sus anchas, masacres incluidas, en Siria y Libia, para qué decir su nada ambigua posición en los conflictos de la zona a favor de lo islamizante.

Pero además de consideraciones políticas y estratégicas, sin duda importantísimas, hay que volver a lo esencial en este como en todos los casos: el factor religioso que una cristiandad tan tibia que ha dejado de serlo olvida incapaz incluso de recordar que fue la fe, el cristianismo, o sea, la creencia religiosa, la que construyó Europa. Y es que no en balde la religión constituye el valor más alto en la psique del hombre, que es la fe la que mueve montañas, o sea, la que impulsa al hombre incluso a morir por ella. Pero qué vamos a esperar de un Occidente que descubría, conquistaba y administraba territorios por todo el planeta llevando la cruz cristiana y la Biblia como enseña, mientras que ahora propaga por doquier la ideología de género, mutante actualización en todos los aspectos del marxismo más rancio y autodestructivo.

Tres apuntes finales:

  • El Papa Francisco I sólo esbozó una leve «preocupación» por la bofetada en las dos mejillas que supone el hecho, pero claro, qué se puede esperar del actual Vicario de Cristo en la Tierra que en 2019, junto con el Gran Imán de Al Azhar, firmó la Declaración de Abu Dhabi en la que se afirma que “Dios quiere el pluralismo y la diversidad de religiones en su sabiduría”, pegando con ello una dolorosa patada en la espinilla de nuestra Santa Fe.
  • Las mezquitas se siguen multiplicado como champiñones en Europa occidental y en América del Norte y Australia, mientras que las iglesias cristianas están vacías, se venden o se convierten en todo tipo de instalaciones si es que no se derriban. Así, mientras los cristianos no se preocupan por los templos de sus antepasados, los musulmanes en absoluto hacen lo mismo, sino todo lo contrario, en vez de convertir sus mezquitas en discotecas y restaurantes las alzan por doquier y las llenan.
  • Musulmán orando en la catedral de Córdoba a plena luz del día sin que nadie se lo impidiera

    Aunque en España, cómo no, la cosa ha pasado aún más desapercibida, no por ello el hecho encierra para nosotros peligros especialmente graves porque, aprovechando el gesto de Erdogan, no pocos líderes islámicos han levantado la voz reclamando con más fuerza que nunca que al igual que Santa Sofía ha dejado de ser museo y vuelto a ser mezquita, algo que consideraban como asignatura pendiente, la catedral de Córdoba tiene que dejar de serlo cuanto antes, pues para ello es también otra asignatura pendiente de primer orden. Enardecidos por el éxito de la acción de Erdogan, pero aún peor, apoyados por la práctica totalidad de nuestros líderes políticos, sean del color que sean, que no están por defender lo nuestro, menos aún la Fe, y una ciudadanía que ha dado decididamente la espalada a Dios, junto con un clero aburguesado, indolente, mundanizado y acomodaticio, no nos extrañaría nada que la catedral de Córdoba sea en una primera fase pseudoislamizada por arte de alguna clase de «pacto» o «negociación» en aras de la tolerancia, la igualdad, el diálogo, la convivencia, la reconciliación, el bien de la democracia y la obligada compensación por nuestro terrible pasado, para en una segunda fase ser ya islamizada del todo… ¿con el beneplácito de la Iglesia?


2 respuestas a «La “mezquita” de Santa Sofia, una cuestión nada baladí»

  1. Santa sofía fue convertida en mezquita hace 550 años!!!!!!!! …luego un gobierno masón laicista (Ataturk) la convirtió en museo dejando a la vista los frescos bizantinos pero también dejando tal como estaba el oratorio musulmán interior, las citas del corán en enormes escudos, los 4 minaretes exteriores, etc (ó sea, la mezquita tal como estaba pero con los frescos a la vista y convertida en museo). Santa Sofía no era una basílica ortodoxa hecha museo, sino una mezquita (que fue basílica ortodoxa hace 550 años y mezquita durante los 500 años posteriores) hecha museo por un dictador masón y laicista de la logia «Los jóvenes turcos» de obediencia italiana.

    Los argumentos para que siga siendo museo son los mismos que usan nuestros políticos laicistas para convertir la catedral de Córdoba en un museo. Constantinopla fue conquistada hace 550 años por el imperio turco, y islamizaron lo que les dio la gana, porque eran conquistadores mahometanos. Sin embargo Córdoba fue reconquistada por Fernando III el Santo, y fue recristianizada y su mezquita convertida en Catedral. Son cosas de la historia. Ya es un poco tarde para llorara la caída del imperio bizantino, aunque fuera un gran dolor para la cristiandad.

    La basílica de Santa Sofía no era católica en 1453, sino ortodoxa cismática… sin embargo Anna Catalina Emmerick dice en sus visiones que encima de toda Iglesia que fue católica (aunque ya no exista ó se haya desacralizado) sigue existiendo una Iglesia sobrenatural que bendice el lugar en el que estuvo antes un templo católico y su Sagrario.

    Es una pena que el imperio turco conquistara Bizancio (por sus pecados), pero ocurrió hace 550 años. El nuevo gobierno de Turquía, salido de un auto golpe de estado islamista de Erdogán, podrá hacer lo que quiera con sus museos (antiguas mezquitas) en Estambul, pero no nos dejemos aquí quitar la Catedral de Córdoba a manos, no de fundamentalistas turcos, sino de gobiernos masónicos luciferinos españoles. Es ahí donde hay que indignarse y trabajar para que no se salgan con la suya, como ya están haciendo con el Valle de los Caídos. El enemigo verdadero de España es el interior. Al menos en el presente y en los últimos 40 años.

  2. Copio:

    mientras que las iglesias cristianas están vacías, se venden o se convierten en todo tipo de instalaciones si es que no se derriban. Así, mientras los cristianos no se preocupan por los templos de sus antepasados, los musulmanes en absoluto hacen lo mismo, sino todo lo contrario, en vez de convertir sus mezquitas en discotecas y restaurantes las alzan por doquier y las llenan.

    Ahí está resumido todo el artículo: los musulmanes son muchísimo más religiosos que los cristianos, no nos quejemos, la culpa es nuestra.

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