La Misa tradicional me hizo descrubrir mi propia religión

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Cuando un servidor asiste a la Misa Tradicional, comprueba con agrado como acuden muchas familias, algunas de ellas numerosas y también numerosa gente joven. Comprobarlo es un motivo de alegría y de esperanza. En medio del caos del mundo y la confusión en la Iglesia hay un pequeño rebaño de fieles, leales a la Tradición y así se lo transmiten a sus hijos.

En esta ocasión entrevistamos a uno de los acólitos o monaguillos, un estudiante de Medicina de 19 años. Ayuda habitualmente en la Santa Misa Tradicional de la Capilla de Nuestra Señora de la Merced y San Pedro Apóstol de Barcelona.

  • ¿Cómo conociste la Misa Tradicional?

Conozco la Misa Tradicional desde hace relativamente poco tiempo. Fui educado tardíamente en la Fe, y toda mi formación recibida fue de manos de sacerdotes “conciliares”. Pasé muchos años asistiendo a la Misa Novus Ordo pero siempre me preocupaba una cosa: nunca acababa de sentirme unido a Dios. Me preocupaba también el desapego que sentía hacia la Misa y los actos solemnes de la Iglesia. Pero los años pasaron y al final lo comprendí. Lo que buscaba no estaba allí. El culto que yo buscaba, un culto para dar la mayor gloria a Dios, hacía tiempo que se oficiaba en pequeñas capillas retiradas de la “oficialidad” de la Iglesia, permítanme la expresión. Es aquí donde comienza mi búsqueda.

  • ¿Hubo alguna persona que te marcó el camino en ese proceso?

Tras muchas lecturas y pesquisas, pues mi preocupación y mi ansias de saber eran crecientes, llegué a conocer a Su Excelencia, Monseñor Lefebvre a través de sus innumerables textos y conferencias. Así fue como empezó mi verdadero encuentro con Dios. Y todo gracias a la Misa que ahora llamamos “Tridentina” o “Tradicional” pero que no deja de ser la Misa de siempre. No podemos negar que es la Misa de los grandes santos. Sin ir más lejos la que ofició el Santo Cura de Ars o a la que asistieron con devoción Santa Teresa de Jesús o tantos piadosísimos fieles hasta la triste Reforma Conciliar. Y gracias a Dios hoy tengo la oportunidad de asistir a esta Misa que tanto bien ha hecho a mi formación y a mi consuelo espiritual.

  • Ayudar en la Santa Misa es Oficio de Ángeles, ¿Por qué te decidiste a hacerlo?

Desde que me acerqué por primera vez a una Misa Tradicional, surgieron en mí las ganas de aprender toda aquella liturgia, todo aquel mundo que se desplegaba ante mí y que hasta ahora se me había ocultado. Es increíble decirlo, pero cai en la cuenta de que tras tantas sesiones de “catequesis”, ¡estaba descubrimiento mi propia Religión! En primer lugar conseguí un misal (no tan fácil hoy en día) y aprendí a seguir la Santa Misa. No tardé en hacerlo. Más tarde, por necesidades de la capilla a la que asisto, se me presentó la oportunidad de acolitar y así se me propuso. Yo todavía estaba indeciso y tuve que pensarlo y formarme aun más. Finalmente con la ayuda del santo sacerdote que celebra Misa ahí, mejoré mi formación (aunque siempre quedan nuevas cosas por aprender de una Liturgia tan rica que parece inacabable, en comparación a la nueva).

  • ¿Qué ha aportado en tu vida espiritual?

Lo cierto es que, por así decirlo, me lo ha aportado todo. San Pío X decía que la Misa es la oración por excelencia del cristiano. Y como dice el aforismo, “Lex Orandi Lex Credendi”. Tal como se reza, se cree. Por tanto, el hecho de participar de esta Liturgia (que fue codificada por San Pío V en Trento, si bien es mucho más antigua) ha cambiado mi forma de rezar, mi forma de vivir la Religión. Y esto es totalmente cierto. Mi manera de orar, mi manera de comportarme en el templo, incluso mi juicio acerca de acontecimientos actuales, ha cambiado por completo. Y esto es así porque no se puede disociar la Misa (las rúbricas, ¡tan odiadas hoy en día!) del Credo. Si cambiamos la Misa (recordemos que como dijo Su Santidad Pío XII, “la Eucaristía es el corazón de la Iglesia”) lo cambiamos todo, se derrumba el edificio (la Iglesia) por sus bases.

Entonces tiene lugar la situación de confusión y apostasía actuales. La Misa Tradicional es la Misa verdaderamente católica pues es universal, y este es un punto importante pues gracias a esto, me he dado cuenta de esta dimensión universal. Yo podría acolitar tanto una Misa en el Reino de España, como en Francia, como en cualquier otro país donde todavía se mantuviese el Rito.

gente joven. Comprobarlo es un motivo de alegría y de esperanza. En medio del caos del mundo y la confusión en la Iglesia hay un pequeño rebaño de fieles, leales a la Tradición y así se lo transmiten a sus hijos.

En esta ocasión entrevistamos a uno de los acólitos o monaguillos, un estudiante de Medicina de 19 años. Ayuda habitualmente en la Santa Misa Tradicional de la Capilla de Nuestra Señora de la Merced y San Pedro Apóstol de Barcelona.

  • ¿Cómo conociste la Misa Tradicional?

Conozco la Misa Tradicional desde hace relativamente poco tiempo. Fui educado tardíamente en la Fe, y toda mi formación recibida fue de manos de sacerdotes “conciliares”. Pasé muchos años asistiendo a la Misa Novus Ordo pero siempre me preocupaba una cosa: nunca acababa de sentirme unido a Dios. Me preocupaba también el desapego que sentía hacia la Misa y los actos solemnes de la Iglesia. Pero los años pasaron y al final lo comprendí. Lo que buscaba no estaba allí. El culto que yo buscaba, un culto para dar la mayor gloria a Dios, hacía tiempo que se oficiaba en pequeñas capillas retiradas de la “oficialidad” de la Iglesia, permítanme la expresión. Es aquí donde comienza mi búsqueda.

  • ¿Hubo alguna persona que te marcó el camino en ese proceso?

Tras muchas lecturas y pesquisas, pues mi preocupación y mi ansias de saber eran crecientes, llegué a conocer a Su Excelencia, Monseñor Lefebvre a través de sus innumerables textos y conferencias. Así fue como empezó mi verdadero encuentro con Dios. Y todo gracias a la Misa que ahora llamamos “Tridentina” o “Tradicional” pero que no deja de ser la Misa de siempre. No podemos negar que es la Misa de los grandes santos. Sin ir más lejos la que ofició el Santo Cura de Ars o a la que asistieron con devoción Santa Teresa de Jesús o tantos piadosísimos fieles hasta la triste Reforma Conciliar. Y gracias a Dios hoy tengo la oportunidad de asistir a esta Misa que tanto bien ha hecho a mi formación y a mi consuelo espiritual.

  • Ayudar en la Santa Misa es Oficio de Ángeles, ¿Por qué te decidiste a hacerlo?

Desde que me acerqué por primera vez a una Misa Tradicional, surgieron en mí las ganas de aprender toda aquella liturgia, todo aquel mundo que se desplegaba ante mí y que hasta ahora se me había ocultado. Es increíble decirlo, pero cai en la cuenta de que tras tantas sesiones de “catequesis”, ¡estaba descubrimiento mi propia Religión! En primer lugar conseguí un misal (no tan fácil hoy en día) y aprendí a seguir la Santa Misa. No tardé en hacerlo. Más tarde, por necesidades de la capilla a la que asisto, se me presentó la oportunidad de acolitar y así se me propuso. Yo todavía estaba indeciso y tuve que pensarlo y formarme aun más. Finalmente con la ayuda del santo sacerdote que celebra Misa ahí, mejoré mi formación (aunque siempre quedan nuevas cosas por aprender de una Liturgia tan rica que parece inacabable, en comparación a la nueva).

  • ¿Qué ha aportado en tu vida espiritual?

Lo cierto es que, por así decirlo, me lo ha aportado todo. San Pío X decía que la Misa es la oración por excelencia del cristiano. Y como dice el aforismo, “Lex Orandi Lex Credendi”. Tal como se reza, se cree. Por tanto, el hecho de participar de esta Liturgia (que fue codificada por San Pío V en Trento, si bien es mucho más antigua) ha cambiado mi forma de rezar, mi forma de vivir la Religión. Y esto es totalmente cierto. Mi manera de orar, mi manera de comportarme en el templo, incluso mi juicio acerca de acontecimientos actuales, ha cambiado por completo. Y esto es así porque no se puede disociar la Misa (las rúbricas, ¡tan odiadas hoy en día!) del Credo. Si cambiamos la Misa (recordemos que como dijo Su Santidad Pío XII, “la Eucaristía es el corazón de la Iglesia”) lo cambiamos todo, se derrumba el edificio (la Iglesia) por sus bases.

Entonces tiene lugar la situación de confusión y apostasía actuales. La Misa Tradicional es la Misa verdaderamente católica pues es universal, y este es un punto importante pues gracias a esto, me he dado cuenta de esta dimensión universal. Yo podría acolitar tanto una Misa en el Reino de España, como en Francia, como en cualquier otro país donde todavía se mantuviese el Rito.

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