La nueva normalidad (no es la que nos propone Davos)

Los mayores capitalistas del mundo, se han reunido en el Foro Económico Mundial en Davos, con la intención de aprovechar la situación creada por el Covid-19 para instaurar un gobierno mundial socialista

Existe un importante plan para un cambio radical de la sociedad que se llama “Nueva Normalidad” o como también se lo llama el “Gran Reinicio” (Great Reset).

Klaus Schwab

El gran reinicio o nueva normalidad es una creación de Klaus Schwab, y está patrocinado por el Foro Económico Mundial de Davos, del cual es Presidente y Fundador Ejecutivo. Él lo ve como una forma de “reinventar el capitalismo” para convertirlo en un sistema de creación de riqueza más ecológico y equitativo. Enfatiza la idea de un capitalismo de “partes interesadas” que considere los intereses de toda la sociedad en lugar de una versión de los accionistas que se concentra en las ganancias de los inversores. La mayoría de los directores ejecutivos de las principales corporaciones (la muchedumbre de Davos) han firmado la propuesta. Esto está más allá de la teoría de la conspiración; se está convirtiendo en política.

La nueva Normalidad llega en un momento preciso de la crisis de COVID, que es demasiado bueno para desperdiciarlo. Mucha gente está dispuesta favorablemente a sus propuestas inmediatas y radicales para cambiar el mundo.

Rara vez he visto un plan tan perverso presentado al público de manera tan abierta, clara y directa. La revista Time dedicó un número completo al Foro Económico Mundial que ha lanzado esta iniciativa expuesta por el libro del profesor Klaus Schwab y Thierry Malleret: “Covid 18: El Gran Reinicio”, que resumo así:

El Foro plantea que si no se abordan de manera rápida y conjunta las crisis de la pandemia, se intensificarán y harán que el mundo sea aún menos sostenible, equitativo y más frágil. La pandemia representa, por tanto, una oportunidad, inusual y reducida, para reflexionar y reiniciar nuestro mundo. Podemos salir de esta crisis un mundo mejor, si actuamos rápidamente y conjuntamente, escribe el profesor Klaus Schwab.

Los cambios que ya hemos visto en respuesta a COVID-19 prueban que es posible un restablecimiento de nuestros fundamentos económicos y sociales, apostando por un nuevo contrato social que honre la dignidad de cada persona.

Esta es nuestra mejor oportunidad para instigar el capitalismo de las partes interesadas, y así es como se puede lograr.

Puede que las medidas de confinamiento decretadas como consecuencia de la COVID-19 empiecen a relajarse gradualmente, pero la ansiedad con respecto a las perspectivas mundiales en materia económica y social no deja de crecer. Existen buenas razones para estar preocupados: ya empieza a sentirse una fuerte desaceleración económica y podríamos estar ante la peor depresión desde la década de 1930. Pero, aunque es un resultado probable, no es inevitable.

Para obtener un mejor resultado, el mundo debe actuar conjuntamente y con rapidez en la renovación de todos los aspectos de nuestras sociedades y economías, desde la educación hasta los contratos sociales y las condiciones laborales. Deben participar todos los países unificados, desde los Estados Unidos hasta China, y deben transformarse todos los sectores, desde el gas y el petróleo hasta el de la tecnología. Dicho de otro modo: nos hace falta un «Gran Reinicio» del capitalismo.

Existen numerosas razones para apostar por una Nueva Normalidad, pero la más urgente es la COVID-19. La pandemia, que ya ha causado cientos de miles de fallecimientos, representa una de las peores crisis de la sanidad pública de nuestra historia reciente. Y teniendo en cuenta que el número de víctimas sigue creciendo en muchos lugares del mundo, todavía tardaremos mucho en ver el final.

Las consecuencias a largo plazo para el crecimiento económico, la deuda pública, el empleo y el bienestar humano serán graves. Según el Times, la deuda pública mundial ya ha alcanzado su cota más alta en tiempos de paz. Es más, el desempleo se está disparando en numerosos países: en los Estados Unidos, por ejemplo, uno de cada cuatro trabajadores ha solicitado una prestación por desempleo desde mediados de marzo, y los números de solicitudes que se registran cada semana se sitúan en máximos históricos. El Fondo Monetario Internacional espera una caída del 3 % en la economía mundial este año, un recorte de 6,3 puntos porcentuales en tan solo cuatro meses.

Todo esto empeorará las crisis climática y social que ya estábamos viviendo. Algunos países ya han utilizado la crisis provocada por la COVID-19 como excusa para rebajar las medidas de protección y cumplimiento medioambiental. Y los sentimientos de frustración con respecto a los problemas sociales como el aumento de la desigualdad —el patrimonio acumulado de los multimillonarios estadounidenses ha aumentado durante la crisis— se están intensificando.

Si no se abordan, estas crisis, sumadas a la COVID-19, se intensificarán y harán que el mundo sea aún menos sostenible, menos equitativo y más frágil. Para evitar este escenario no bastará con medidas graduales y soluciones ad hoc. El profesor Schwab sugiere que debemos forjar unos cimientos completamente nuevos sobre los que sustentar nuestros sistemas económicos y sociales.

Para ello se requiere un nivel de cooperación y ambición sin precedentes, pero no es un sueño imposible. Es más, un aspecto positivo de la pandemia es que nos ha enseñado que podemos introducir cambios radicales en nuestro estilo de vida con gran rapidez. La crisis obligó, casi de forma instantánea, a empresas y particulares a abandonar prácticas que durante muchos años se habían considerado esenciales, desde el uso frecuente del transporte aéreo hasta el trabajo en la oficina.

Asimismo, los ciudadanos han demostrado con creces que están dispuestos a hacer sacrificios para el bien de la atención sanitaria y otros trabajadores esenciales y grupos de población vulnerables, como los ancianos. Y muchas empresas han intensificado las medidas para ayudar a sus trabajadores, clientes y comunidades locales en lo que constituye un cambio hacia el tipo de capitalismo de las partes interesadas por el que ya habían abogado de boquilla.

Es evidente que existe una voluntad de construir una sociedad mejor y debemos aprovecharla para garantizar la nueva normalidad que necesitamos con tanta urgencia. Hará falta un gobierno más robusto y eficaz, aunque esto no implica un impulso ideológico hacia un gobierno más grande. Y se requerirá la colaboración entre los sectores público y privado en cada etapa del camino.

¿Cómo movernos hacia ese nuevo punto de partida? La agenda de la Nueva Normalidad o el Gran Reinicio tendrá tres componentes principales. El primero orientará el mercado hacia unos resultados más justos. Para ello, previamente los gobiernos deberían mejorar la coordinación (por ejemplo, en materia de políticas tributarias, reglamentarias y fiscales), actualizar los acuerdos comerciales, y crear las condiciones de una «economía de las partes interesadas». En un momento de reducción de las bases impositivas y crecimiento de la deuda pública, los gobiernos tienen un poderoso incentivo para impulsar estas medidas.

Además, los gobiernos deberían aplicar unas reformas, muy necesarias, que promuevan unos resultados más equitativos que, dependiendo del país, podrían incluir cambios en los impuestos sobre el patrimonio, la retirada de las subvenciones a los combustibles fósiles y normas nuevas que rijan la propiedad intelectual, el comercio y la competencia.

El segundo componente de la agenda de Klaus Schwab garantizaría que las inversiones promuevan objetivos comunes, como la igualdad y la sostenibilidad. En este sentido, los programas de gasto a gran escala que están aplicando muchos gobiernos representan una gran oportunidad para el progreso. Por un lado, la Comisión Europea ha dado a conocer su intención de poner en marcha un fondo de recuperación de 750 000 millones de euros (826 000 millones de dólares de los Estados Unidos). Los Estados Unidos, China y el Japón también tienen planes ambiciosos de estímulo económico.

En lugar de utilizar estos fondos, y las inversiones de entidades privadas y los fondos de pensiones, para arreglar las grietas del viejo sistema, deberíamos utilizarlos para crear un sistema nuevo que sea más resiliente, equitativo y sostenible a largo plazo. Esto se traduce, por ejemplo, en la creación de infraestructura urbana «verde» y en proponer incentivos para que las industrias mejoren su trayectoria de métricas medioambientales, sociales y de gobernanza.

La tercera y última prioridad de la agenda de la nueva Normalidad consiste en aprovechar las innovaciones de la Cuarta Revolución Industrial en pos del bien público, sobre todo, haciendo frente a los desafíos sanitarios y sociales. Durante la crisis de la COVID-19, las empresas, las universidades y otros agentes han unido fuerzas para desarrollar diagnósticos, terapias y posibles vacunas; establecer centros de pruebas; crear mecanismos para la trazabilidad de las infecciones; y ofrecer soluciones de telemedicina. Piense en todo lo que se podría conseguir si se lanzasen iniciativas concertadas similares en todos los sectores.

Si bien, Schwab reconoce que la crisis del Covid-19 ha afectado todas las facetas de la vida de las personas; la tragedia no tiene por qué ser su único legado. Al contrario, la pandemia representa una oportunidad para reimaginar nuestro mundo y forjar un futuro más equitativo y próspero. Para que esto suceda con éxito, propongo que empecemos por reinventarnos”.

Bajo este resumen de apariencia buenita, se hace notorio la necesidad de un Gran Reinicio, porque nuestros sistemas actuales son tremendamente intemperantes. Obligan a las personas a quererlo todo al instante y sin esfuerzo, en detrimento del bien común, pero ¡ojo!, no al reinicio que hace referencia Schwab en el detestable acuerdo con la muchedumbre firmado en el Foro Económico Mundial de Davos.

Una Nueva Normalidad, como digo, nos ayudará a lidiar con el colapso de muchas redes sociales basadas en la familia. No hay nada que los reemplace. Además, estamos en un estado de polarización y crisis, y el brote de COVID-19 solo empeora las cosas. Algo se debe hacer.

Sin duda alguna que ha llegado el momento de un cambio importante en la sociedad. No podemos sostener el sistema actual por mucho más tiempo a menos que cambiemos de dirección. Necesitamos un gran reinicio, pero, repito, no es el gran reinicio de la Nueva Normalidad que pretende el Foro Económico Mundial de Davos.

Podemos decir que la historia gira en torno a un Gran Reinicio. Hay momentos en que las naciones se deterioran y no pueden hacer nada. Necesitan decisiones cruciales sobre qué camino tomarán. Por lo general, una crisis desencadena una decisión que determine el futuro de la nación.

Además, creo y sostengo que solo hay dos nuevos reinicios posibles. Ni más ni menos. Los detalles de la normalidad pueden variar según las circunstancias, pero las opciones de dirección se limitan a dos.

Que son las dos únicas opciones previsibles, una hacia el bien y la otra hacia el mal. Ahora hemos llegado a un punto de nuestra historia en el que debemos elegir qué reinicio seguir.

La pregunta no es si se reiniciará, sino cuándo. Esta decisión nos la impone el Gran Reinicio del Foro Económico Mundial de Davos. Sus promotores dicen abiertamente que todos deben estar a bordo, nos guste o no. Todos los ricos y poderosos, como he dicho anteriormente, lo han firmado. Schwab afirma que su reinicio lo llevará por el camino seguro hacia un futuro mejor. Estoy en desacuerdo. Yo creo que es un mal, una mala elección que nos llevará a la ruina, porque sobre este nuevo programa propagandístico, el plan de Klaus Schwab es notablemente poco original pretendiendo la implantación de un Gobierno Mundial Socialista. Fiel reflejo del viejo pensamiento socialista sobre la humanidad, la sociedad y la industria. De hecho, la izquierda siempre progresa reciclando viejas y enmohecidas ideas.

Esta Nueva Normalidad reafirma las nociones izquierdistas de la gran planificación central, la estructuración social igualitaria y la naturaleza humana cambiante que han fracasado durante décadas. El peligro del plan es su engaño. Disfraza sus objetivos con el pretexto de “reinventar” el capitalismo.

Sin embargo para su promotor el Gran Reinicio debe ser total. Hace un llamado para que el mundo: “actúe de manera conjunta y rápida para reformular todos los aspectos de nuestras sociedades y economías, desde la educación hasta los contratos sociales y las condiciones laborales”.

Para lo cual todos los países deben participar y todas las industrias deben transformarse. No hay posibilidad de una exclusión.

Los componentes principales de la Nueva Normalidad consisten en políticas globales para transformar el mundo. Incorporando una agenda de cambio climático con amplios poderes para acabar con los combustibles fósiles, cobrar impuestos y decidir políticas. Promovería un programa de igualdad de políticas de identidad con llamados a la diversidad y la inclusión. El plan contaría con los servicios de Big Tech (amenaza a la Banca por no tener las mismas reglas de juego y regulación que tiene la banca tradicional, pero con más importantes ventajas), para “aprovechar las innovaciones de la Cuarta Revolución Industrial para apoyar el bien público, especialmente al abordar los desafíos sociales y de salud”, a la luz de la crisis del COVID-19.

Como todas esas visiones distópicas del mundo feliz, en la Nueva Normalidad omite cualquier referencia a la moral. Tolera todo tipo de pecados y persigue a quienes defienden las normas de la virtud. Es un mundo sin moral ni Dios, que, sin duda alguna, conducirá al caos.

Existe una mejor opción de reinicio que llevará a nuestra sociedad hacia el bien. Esa opción no es la que propone Klaus Schwab, sino la nos propuso la Madre de Dios en Fátima.

El Mensaje de Fátima propuso un gran reinicio adaptado a nuestros tiempos. Es notablemente similar al otro reinicio, ya que repite un tema común del pasado, pide una transformación completa de la sociedad y está dirigido a todas las naciones. Sin embargo, las similitudes terminan ahí.

Cuando la Santísima Virgen se apareció a los tres niños pastores en Fátima en 1917, habló a un mundo en crisis. Ella hizo un llamado a un mundo pecador para que se arrepintiera y se convirtiera, para hacer un reinicio. Proporcionó un programa completamente diferente para efectuar este reinicio que consiste en oración, penitencia y enmienda de vida. También predijo las trágicas consecuencias de no seguir su mensaje que hemos visto cumplido. Sin embargo, vendrán cosas peores si seguimos ignorando el mensaje.

Finalmente, Nuestra Señora validó su mensaje con un gran milagro en el que el sol “bailaba” en el cielo ante 70.000 personas. Ella demostró que tenía los medios para hacer grandes cambios si la gente solo escuchara.

El triste estado del mundo actual exige un gran reinicio. Podríamos decir que la historia del mundo desde Fátima ha sido una batalla entre reinicios, uno propuesto por Nuestra Señora y otros promovidos por el comunismo, socialismo, nazismo, laicismo, islamismo y otras ideologías totalitarias. Las opciones de izquierda siempre proponen soluciones totalitarias que prometen transformar todo sin volver a la vida moral y la virtud. Estos esquemas centrados en el hombre han fracasado siempre estrepitosamente. Es por eso que la última opción de reinicio propuesta por Klaus Schwab debe ser rechazada en su totalidad ya que no abordará el problema de nuestras iniquidades sino que solo las empeorará. Amén de que introducirá la terrible vigilancia tecnológica de un Gran Hermano, no la mirada solícita de una Madre amorosa.

Nuestra Señora pidió un gran reinicio, mediante el cual pudiéramos reorientar nuestras prioridades hacia el Dios que nos creó. Ella pidió una transformación de la sociedad donde Cristo vuelva a ser Rey. Aunque el poder y el dinero del mundo entero están en contra de ella, la victoria final es de ella, incluso si la humanidad rechaza su consejo. Lo que hace atractiva su propuesta es que nos ha prometido que su Inmaculado Corazón triunfará al final, independientemente de nuestras locuras.

Dado que su victoria es un hecho, seremos completamente locos en ignorarla.


2 respuestas a «La nueva normalidad (no es la que nos propone Davos)»

  1. Santísima Virgen María, en Garabandal también nos avisastes de la vuelta delcomunismo en todo el mundo, del aviso, milagro y un castigo de Dios si no cambiamos. Dios nos salve de nosotros mismos! Bendita sea la madre de Dios y gloria a Dios.

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