ESCUCHAR NOTICIA:Como casi todo el mundo sabe La Odisea es un poema épico atribuido al poeta griego Homero. Se cree que fue compuesta en el siglo VIII a. C. en los asentamientos que tenía Grecia en la costa oeste del Asia Menor (actual Turquía asiática).
Narra la vuelta a casa del héroe griego Odiseo (Ulises en griego), tras la guerra de Troya. Después de haber estado diez años fuera de su pequeño reino insular luchando contra los troyanos, Odiseo tarda otros diez años en regresar a la isla de Ítaca, de la que era rey, período durante el cual su hijo Telémaco y su esposa Penélope han de tolerar en su palacio a los pretendientes que buscan desposarla (pues ya creían muerto a Odiseo), al mismo tiempo que consumen los bienes de la familia.
Tanto durante la guerra como en su regreso a Ítaca, el mejor recurso de Odiseo es su astucia “varón de multiforme ingenio”, no en vano es el artífice de la estratagema del caballo de Troya, que a la postre consiguió la conquista de la legendaria ciudad, inexpugnable por otros medios. A lo largo de su viaje de regreso a casa, gracias a su inteligencia es capaz de escapar de los continuos problemas a los que ha de enfrentarse por designio de los dioses, de la providencia o del destino, según cual sea la perspectiva, que el lector utilice para integrar la dimensión trágica de los extraordinarios sucesos que tienen lugar. Para esto, utiliza diversas astucias, puramente físicas, o audaces discursos de los que se vale para conseguir sus objetivos.
El poema es, junto a la Ilíada, uno de los primeros textos de la literatura occidental y desde luego la obra seminal de nuestro mundo occidental. La gran obra literaria que cimienta el edificio de nuestro pensamiento y que alfombra el camino de nuestro recorrido histórico como cultura ancestral y como civilización diferenciada. El poema original fue transmitido vía oral durante siglos por aedos, una especie de rapsodas, que recitaban el poema de memoria, alterándolo a su manera y declamándolo en dialectos de la Antigua Grecia. Ya en el siglo IX a. C., con la reciente aparición del alfabeto, tanto la Odisea como la Ilíada pudieron ser transcritas.
La obra leída o simplemente transmitida por el acerbo cultural de occidente, se ha convertido junto a su precursora, La Ilíada, en un referente cultural donde se hunden las raíces de nuestra sociedad occidental, y a partir de la cual se estructuran gran parte de los mitos que han dado origen al mundo que vivimos. Lamentablemente convertida hoy en día, por obra y gracia de la postmodernidad nihilista y pestilente en el arquetipo existencial de una civilización decadente y crepuscular, impugnando la frase homérica que afirma que la “voluntad divina es constante y mantiene un orden eterno que nada ni nadie puede alterar fácilmente”.
Pero no quiero ahora profundizar en su naturaleza literaria, en el poder de su palabra, y en su trascendencia filosófica existencial, sino en la gran basura cinematográfica defecada por el director Cristopher Nolan y su miserable, ridícula y postmoderna visión hollywoodiense, que en una vuelta de tuerca deconstructiva más, intenta pervertir para una audiencia lobotomizada, huérfana de referentes culturales sólidos mas allá de los suministrados por la simpleza catatónica del cine y sus gigantescas carencias como medio de culturización social. .
Nolan
La película, dirigida por Cristopher Nolan, un director tan sobrevalorado como casi todos sus congéneres cinematográficos, a pesar de su buena prensa y de su imagen de “director de culto” está presente actualmente en las carteleras de todos los cines del mundo, con muy buenas recaudaciones por la asistencia de un público ingenuo, aculturado y fértil al embeleco adormidero de la falsificación y el engaño. Situación que se agrava con una favorable crítica “profesional” chapucera y ciega, quizás voluntariamente, por las migajas repartidas a través del presupuesto promocional. Allá cada uno y su estómago agradecido.
En cualquier caso, considero casi una obligación moral, superior al legítimo orgullo que como padre para mi representa, referir el texto que mi hijo Enrique Fariñas Mansilla, me ha enviado por guasap tras haber visto la película el miércoles pasado. Su indignación es tan patente como sensato su análisis, del mismo modo que la frescura coloquial de sus palabras le confiere el valor de la sincera opinión sin mayores prejuicios. Sobre todo viniendo del puro conocimiento del texto original homérico. Juzguen ustedes:
“En resumidas cuentas solo os diré que os ahorréis verla. Sin ningún genero de duda, la película más ordinaria y chabacana del amigo Christopher… La peor.
No hay nada prácticamente salvable, y son casi tres horas, que ya es decir.”
Tras este primer comentario enviado por guasap, le remití de inmediato la muy aconsejable crítica que Juan Manuel de Prada publicó en ABC el siete de agosto, con el título: “La Odisea” de Nolán, y que tenía reservada para un momento como este. De inmediato tras leerla, me respondió lo siguiente:
“Suscribo palabra por palabra.
Y diré más: hay ciertos asuntos críticos de la película donde nuevamente Nolan desbarra a lo bestia, y que Prada ignora en su reseña. Concretamente la ambientación y atavíos de los personajes.
No hay una sola imagen de la película que evoque el Mediterráneo.
La escena del canto décimo donde los aqueos van a parar en la isla de Circe, se narra en el poema como una suerte de vergel paradisíaco donde moran felinos domesticados entre un bosque casi tropical, y donde se aloja la bruja en un suntuoso palacio que los acoge con brazos abiertos para hechizarlos y transformarlos en cerdos.
En la película de Nolan, la isla es un peñón que evoca más bien la Escocia mas azotada por la tormenta, donde hay una chabola paupérrima y repugnante, morada de Circe. Por supuesto, el amigo (Nolan) no podía dejar de colocar a los tigres y leones en un absurdo anatópico que no respeta la esencia para “reinterpretar” la historia homérica, pero que tampoco puede dejar de colocar los elementos más icónicos de la misma, aunque no tengan coherencia con su propia interpretación.
Por supuesto, las armaduras y yelmos de hoplita, inexistentes en la edad del bronce (sería el equivalente a vestir a soldados templarios con tricornios) en pos de nuevamente hacer una compilación de los topicazos de la cultura hollywoodiense y meterlos ahí a presión a ver si funcionan.
La tripulación de las naves tiene numerosos negros, indios, asiáticos y hasta un transexual interpretando a Sinón, primo de Aquiles y personaje clave de La Odisea.
Me extrañó que no metiera a alguna mujer, ya puestos…
Los personajes femeninos, por supuesto, son los más maltratados por Nolán. Pero lo de Atenea en concreto en muy sangrante.
Ya no por ser interpretada por una mulata, sino por el hecho de que Atenea opera en la historia homérica como el motor de la misma, siendo la motivadora de los actos de Odiseo y su intercesora ante sus colegas de la divinidad olímpica, porque La Odisea es ante todo, una historia de Dioses.
Nolan pasa de todo ese rollo, le da cinco minutillos aquí y allá con la paisana poniendo morritos junto a la voz en off de Matt Damon, dando su absurdo discurso antibelicista y ya llega de Dioses.
Y como última observación (aunque salí ardiendo del cine y tengo muchas otras), la más gravosa de todas es el hecho de que Ulises, como héroe mítico, representa una cualidad esencial, se constituye como el paradigma de la inteligencia. En un mundo que mide la valía de sus guerreros por su habilidad en combate, Odiseo vence a sus enemigos y a sus obstáculos a través de su intelecto.
Y si bien al principio de la película hacen mención a ese detallito sin importancia mientras adiestran a Telemáco, a lo largo de la película no hay NI UNA SOLA SITUACIÓN en la que se haga palpable dicha cuestión.
Sin embargo, eso sí, el Odiseo de Nolan, como no, es una maquina de repartir leña, hay unas siete u ocho escenas de peleas, con el colofón final de la escena del palacio en que se enfrenta (sin exagerar) él solo contra cien, o ciento cincuenta tipos y sale airoso.
Un sinvergüenza por sobar algo como La Odisea de esa manera, y un mastuerzo por crear una película absurda y mal diseñada desde todas las ópticas posibles.
Y lo peor de todo, que es lo más sangrante, es que la crítica generalizada está siendo entre buena y muy buena.
La película tiene un 7,6 en FilmAffinity, y está recaudando a manos llenas.
Esta película como insulto a lo que somos, solo sería superada por “El Quijote” de Nolan.
Que Dios nos pille confesados…”
Querido lector, si después de leer estas palabras con el valor añadido de haber salido desde la inmediatez y la sinceridad indignada de un joven espectador, buen conocedor además de la obra literaria, y, afortunadamente con un afilado sentido crítico, usted quiere gastarse su dinero para engordar las cuentas de resultados de la industria hollywoodiense, y lo que es más importante si quiere permitir la atrofia de sus neuronas mediante un rodillo mental diseñado para dejarlo inerme ante la gran realidad de la historia humana. Está en su derecho, pero sepa, que aparte de estar tomándole el pelo, también le están tomando por el pito del sereno.
Hágase un favor y prescinda de ese bodrio infumable. Seguro que tiene cosas mejores que hacer.Pulse para escuchar el textoComo casi todo el mundo sabe La Odisea es un poema épico atribuido al poeta griego Homero. Se cree que fue compuesta en el siglo VIII a. C. en los asentamientos que tenía Grecia en la costa oeste del Asia Menor (actual Turquía asiática).
Narra la vuelta a casa del héroe griego Odiseo (Ulises en griego), tras la guerra de Troya. Después de haber estado diez años fuera de su pequeño reino insular luchando contra los troyanos, Odiseo tarda otros diez años en regresar a la isla de Ítaca, de la que era rey, período durante el cual su hijo Telémaco y su esposa Penélope han de tolerar en su palacio a los pretendientes que buscan desposarla (pues ya creían muerto a Odiseo), al mismo tiempo que consumen los bienes de la familia.
Tanto durante la guerra como en su regreso a Ítaca, el mejor recurso de Odiseo es su astucia “varón de multiforme ingenio”, no en vano es el artífice de la estratagema del caballo de Troya, que a la postre consiguió la conquista de la legendaria ciudad, inexpugnable por otros medios. A lo largo de su viaje de regreso a casa, gracias a su inteligencia es capaz de escapar de los continuos problemas a los que ha de enfrentarse por designio de los dioses, de la providencia o del destino, según cual sea la perspectiva, que el lector utilice para integrar la dimensión trágica de los extraordinarios sucesos que tienen lugar. Para esto, utiliza diversas astucias, puramente físicas, o audaces discursos de los que se vale para conseguir sus objetivos.
El poema es, junto a la Ilíada, uno de los primeros textos de la literatura occidental y desde luego la obra seminal de nuestro mundo occidental. La gran obra literaria que cimienta el edificio de nuestro pensamiento y que alfombra el camino de nuestro recorrido histórico como cultura ancestral y como civilización diferenciada. El poema original fue transmitido vía oral durante siglos por aedos, una especie de rapsodas, que recitaban el poema de memoria, alterándolo a su manera y declamándolo en dialectos de la Antigua Grecia. Ya en el siglo IX a. C., con la reciente aparición del alfabeto, tanto la Odisea como la Ilíada pudieron ser transcritas.
La obra leída o simplemente transmitida por el acerbo cultural de occidente, se ha convertido junto a su precursora, La Ilíada, en un referente cultural donde se hunden las raíces de nuestra sociedad occidental, y a partir de la cual se estructuran gran parte de los mitos que han dado origen al mundo que vivimos. Lamentablemente convertida hoy en día, por obra y gracia de la postmodernidad nihilista y pestilente en el arquetipo existencial de una civilización decadente y crepuscular, impugnando la frase homérica que afirma que la “voluntad divina es constante y mantiene un orden eterno que nada ni nadie puede alterar fácilmente”.
Pero no quiero ahora profundizar en su naturaleza literaria, en el poder de su palabra, y en su trascendencia filosófica existencial, sino en la gran basura cinematográfica defecada por el director Cristopher Nolan y su miserable, ridícula y postmoderna visión hollywoodiense, que en una vuelta de tuerca deconstructiva más, intenta pervertir para una audiencia lobotomizada, huérfana de referentes culturales sólidos mas allá de los suministrados por la simpleza catatónica del cine y sus gigantescas carencias como medio de culturización social. .
Nolan
La película, dirigida por Cristopher Nolan, un director tan sobrevalorado como casi todos sus congéneres cinematográficos, a pesar de su buena prensa y de su imagen de “director de culto” está presente actualmente en las carteleras de todos los cines del mundo, con muy buenas recaudaciones por la asistencia de un público ingenuo, aculturado y fértil al embeleco adormidero de la falsificación y el engaño. Situación que se agrava con una favorable crítica “profesional” chapucera y ciega, quizás voluntariamente, por las migajas repartidas a través del presupuesto promocional. Allá cada uno y su estómago agradecido.
En cualquier caso, considero casi una obligación moral, superior al legítimo orgullo que como padre para mi representa, referir el texto que mi hijo Enrique Fariñas Mansilla, me ha enviado por guasap tras haber visto la película el miércoles pasado. Su indignación es tan patente como sensato su análisis, del mismo modo que la frescura coloquial de sus palabras le confiere el valor de la sincera opinión sin mayores prejuicios. Sobre todo viniendo del puro conocimiento del texto original homérico. Juzguen ustedes:
“En resumidas cuentas solo os diré que os ahorréis verla. Sin ningún genero de duda, la película más ordinaria y chabacana del amigo Christopher… La peor.
No hay nada prácticamente salvable, y son casi tres horas, que ya es decir.”
Tras este primer comentario enviado por guasap, le remití de inmediato la muy aconsejable crítica que Juan Manuel de Prada publicó en ABC el siete de agosto, con el título: “La Odisea” de Nolán, y que tenía reservada para un momento como este. De inmediato tras leerla, me respondió lo siguiente:
“Suscribo palabra por palabra.
Y diré más: hay ciertos asuntos críticos de la película donde nuevamente Nolan desbarra a lo bestia, y que Prada ignora en su reseña. Concretamente la ambientación y atavíos de los personajes.
No hay una sola imagen de la película que evoque el Mediterráneo.
La escena del canto décimo donde los aqueos van a parar en la isla de Circe, se narra en el poema como una suerte de vergel paradisíaco donde moran felinos domesticados entre un bosque casi tropical, y donde se aloja la bruja en un suntuoso palacio que los acoge con brazos abiertos para hechizarlos y transformarlos en cerdos.
En la película de Nolan, la isla es un peñón que evoca más bien la Escocia mas azotada por la tormenta, donde hay una chabola paupérrima y repugnante, morada de Circe. Por supuesto, el amigo (Nolan) no podía dejar de colocar a los tigres y leones en un absurdo anatópico que no respeta la esencia para “reinterpretar” la historia homérica, pero que tampoco puede dejar de colocar los elementos más icónicos de la misma, aunque no tengan coherencia con su propia interpretación.
Por supuesto, las armaduras y yelmos de hoplita, inexistentes en la edad del bronce (sería el equivalente a vestir a soldados templarios con tricornios) en pos de nuevamente hacer una compilación de los topicazos de la cultura hollywoodiense y meterlos ahí a presión a ver si funcionan.
La tripulación de las naves tiene numerosos negros, indios, asiáticos y hasta un transexual interpretando a Sinón, primo de Aquiles y personaje clave de La Odisea.
Me extrañó que no metiera a alguna mujer, ya puestos…
Los personajes femeninos, por supuesto, son los más maltratados por Nolán. Pero lo de Atenea en concreto en muy sangrante.
Ya no por ser interpretada por una mulata, sino por el hecho de que Atenea opera en la historia homérica como el motor de la misma, siendo la motivadora de los actos de Odiseo y su intercesora ante sus colegas de la divinidad olímpica, porque La Odisea es ante todo, una historia de Dioses.
Nolan pasa de todo ese rollo, le da cinco minutillos aquí y allá con la paisana poniendo morritos junto a la voz en off de Matt Damon, dando su absurdo discurso antibelicista y ya llega de Dioses.
Y como última observación (aunque salí ardiendo del cine y tengo muchas otras), la más gravosa de todas es el hecho de que Ulises, como héroe mítico, representa una cualidad esencial, se constituye como el paradigma de la inteligencia. En un mundo que mide la valía de sus guerreros por su habilidad en combate, Odiseo vence a sus enemigos y a sus obstáculos a través de su intelecto.
Y si bien al principio de la película hacen mención a ese detallito sin importancia mientras adiestran a Telemáco, a lo largo de la película no hay NI UNA SOLA SITUACIÓN en la que se haga palpable dicha cuestión.
Sin embargo, eso sí, el Odiseo de Nolan, como no, es una maquina de repartir leña, hay unas siete u ocho escenas de peleas, con el colofón final de la escena del palacio en que se enfrenta (sin exagerar) él solo contra cien, o ciento cincuenta tipos y sale airoso.
Un sinvergüenza por sobar algo como La Odisea de esa manera, y un mastuerzo por crear una película absurda y mal diseñada desde todas las ópticas posibles.
Y lo peor de todo, que es lo más sangrante, es que la crítica generalizada está siendo entre buena y muy buena.
La película tiene un 7,6 en FilmAffinity, y está recaudando a manos llenas.
Esta película como insulto a lo que somos, solo sería superada por “El Quijote” de Nolan.
Que Dios nos pille confesados…”
Querido lector, si después de leer estas palabras con el valor añadido de haber salido desde la inmediatez y la sinceridad indignada de un joven espectador, buen conocedor además de la obra literaria, y, afortunadamente con un afilado sentido crítico, usted quiere gastarse su dinero para engordar las cuentas de resultados de la industria hollywoodiense, y lo que es más importante si quiere permitir la atrofia de sus neuronas mediante un rodillo mental diseñado para dejarlo inerme ante la gran realidad de la historia humana. Está en su derecho, pero sepa, que aparte de estar tomándole el pelo, también le están tomando por el pito del sereno.
Hágase un favor y prescinda de ese bodrio infumable. Seguro que tiene cosas mejores que hacer.
Como casi todo el mundo sabe La Odisea es un poema épico atribuido al poeta griego Homero. Se cree que fue compuesta en el siglo VIII a. C. en los asentamientos que tenía Grecia en la costa oeste del Asia Menor (actual Turquía asiática).
Narra la vuelta a casa del héroe griego Odiseo (Ulises en griego), tras la guerra de Troya. Después de haber estado diez años fuera de su pequeño reino insular luchando contra los troyanos, Odiseo tarda otros diez años en regresar a la isla de Ítaca, de la que era rey, período durante el cual su hijo Telémaco y su esposa Penélope han de tolerar en su palacio a los pretendientes que buscan desposarla (pues ya creían muerto a Odiseo), al mismo tiempo que consumen los bienes de la familia.
Tanto durante la guerra como en su regreso a Ítaca, el mejor recurso de Odiseo es su astucia “varón de multiforme ingenio”, no en vano es el artífice de la estratagema del caballo de Troya, que a la postre consiguió la conquista de la legendaria ciudad, inexpugnable por otros medios. A lo largo de su viaje de regreso a casa, gracias a su inteligencia es capaz de escapar de los continuos problemas a los que ha de enfrentarse por designio de los dioses, de la providencia o del destino, según cual sea la perspectiva, que el lector utilice para integrar la dimensión trágica de los extraordinarios sucesos que tienen lugar. Para esto, utiliza diversas astucias, puramente físicas, o audaces discursos de los que se vale para conseguir sus objetivos.
El poema es, junto a la Ilíada, uno de los primeros textos de la literatura occidental y desde luego la obra seminal de nuestro mundo occidental. La gran obra literaria que cimienta el edificio de nuestro pensamiento y que alfombra el camino de nuestro recorrido histórico como cultura ancestral y como civilización diferenciada. El poema original fue transmitido vía oral durante siglos por aedos, una especie de rapsodas, que recitaban el poema de memoria, alterándolo a su manera y declamándolo en dialectos de la Antigua Grecia. Ya en el siglo IX a. C., con la reciente aparición del alfabeto, tanto la Odisea como la Ilíada pudieron ser transcritas.
La obra leída o simplemente transmitida por el acerbo cultural de occidente, se ha convertido junto a su precursora, La Ilíada, en un referente cultural donde se hunden las raíces de nuestra sociedad occidental, y a partir de la cual se estructuran gran parte de los mitos que han dado origen al mundo que vivimos. Lamentablemente convertida hoy en día, por obra y gracia de la postmodernidad nihilista y pestilente en el arquetipo existencial de una civilización decadente y crepuscular, impugnando la frase homérica que afirma que la “voluntad divina es constante y mantiene un orden eterno que nada ni nadie puede alterar fácilmente”.
Pero no quiero ahora profundizar en su naturaleza literaria, en el poder de su palabra, y en su trascendencia filosófica existencial, sino en la gran basura cinematográfica defecada por el director Cristopher Nolan y su miserable, ridícula y postmoderna visión hollywoodiense, que en una vuelta de tuerca deconstructiva más, intenta pervertir para una audiencia lobotomizada, huérfana de referentes culturales sólidos mas allá de los suministrados por la simpleza catatónica del cine y sus gigantescas carencias como medio de culturización social. .
Nolan
La película, dirigida por Cristopher Nolan, un director tan sobrevalorado como casi todos sus congéneres cinematográficos, a pesar de su buena prensa y de su imagen de “director de culto” está presente actualmente en las carteleras de todos los cines del mundo, con muy buenas recaudaciones por la asistencia de un público ingenuo, aculturado y fértil al embeleco adormidero de la falsificación y el engaño. Situación que se agrava con una favorable crítica “profesional” chapucera y ciega, quizás voluntariamente, por las migajas repartidas a través del presupuesto promocional. Allá cada uno y su estómago agradecido.
En cualquier caso, considero casi una obligación moral, superior al legítimo orgullo que como padre para mi representa, referir el texto que mi hijo Enrique Fariñas Mansilla, me ha enviado por guasap tras haber visto la película el miércoles pasado. Su indignación es tan patente como sensato su análisis, del mismo modo que la frescura coloquial de sus palabras le confiere el valor de la sincera opinión sin mayores prejuicios. Sobre todo viniendo del puro conocimiento del texto original homérico. Juzguen ustedes:
“En resumidas cuentas solo os diré que os ahorréis verla. Sin ningún genero de duda, la película más ordinaria y chabacana del amigo Christopher… La peor.
No hay nada prácticamente salvable, y son casi tres horas, que ya es decir.”
Tras este primer comentario enviado por guasap, le remití de inmediato la muy aconsejable crítica que Juan Manuel de Prada publicó en ABC el siete de agosto, con el título: “La Odisea” de Nolán, y que tenía reservada para un momento como este. De inmediato tras leerla, me respondió lo siguiente:
“Suscribo palabra por palabra.
Y diré más: hay ciertos asuntos críticos de la película donde nuevamente Nolan desbarra a lo bestia, y que Prada ignora en su reseña. Concretamente la ambientación y atavíos de los personajes.
No hay una sola imagen de la película que evoque el Mediterráneo.
La escena del canto décimo donde los aqueos van a parar en la isla de Circe, se narra en el poema como una suerte de vergel paradisíaco donde moran felinos domesticados entre un bosque casi tropical, y donde se aloja la bruja en un suntuoso palacio que los acoge con brazos abiertos para hechizarlos y transformarlos en cerdos.
En la película de Nolan, la isla es un peñón que evoca más bien la Escocia mas azotada por la tormenta, donde hay una chabola paupérrima y repugnante, morada de Circe. Por supuesto, el amigo (Nolan) no podía dejar de colocar a los tigres y leones en un absurdo anatópico que no respeta la esencia para “reinterpretar” la historia homérica, pero que tampoco puede dejar de colocar los elementos más icónicos de la misma, aunque no tengan coherencia con su propia interpretación.
Por supuesto, las armaduras y yelmos de hoplita, inexistentes en la edad del bronce (sería el equivalente a vestir a soldados templarios con tricornios) en pos de nuevamente hacer una compilación de los topicazos de la cultura hollywoodiense y meterlos ahí a presión a ver si funcionan.
La tripulación de las naves tiene numerosos negros, indios, asiáticos y hasta un transexual interpretando a Sinón, primo de Aquiles y personaje clave de La Odisea.
Me extrañó que no metiera a alguna mujer, ya puestos…
Los personajes femeninos, por supuesto, son los más maltratados por Nolán. Pero lo de Atenea en concreto en muy sangrante.
Ya no por ser interpretada por una mulata, sino por el hecho de que Atenea opera en la historia homérica como el motor de la misma, siendo la motivadora de los actos de Odiseo y su intercesora ante sus colegas de la divinidad olímpica, porque La Odisea es ante todo, una historia de Dioses.
Nolan pasa de todo ese rollo, le da cinco minutillos aquí y allá con la paisana poniendo morritos junto a la voz en off de Matt Damon, dando su absurdo discurso antibelicista y ya llega de Dioses.
Y como última observación (aunque salí ardiendo del cine y tengo muchas otras), la más gravosa de todas es el hecho de que Ulises, como héroe mítico, representa una cualidad esencial, se constituye como el paradigma de la inteligencia. En un mundo que mide la valía de sus guerreros por su habilidad en combate, Odiseo vence a sus enemigos y a sus obstáculos a través de su intelecto.
Y si bien al principio de la película hacen mención a ese detallito sin importancia mientras adiestran a Telemáco, a lo largo de la película no hay NI UNA SOLA SITUACIÓN en la que se haga palpable dicha cuestión.
Sin embargo, eso sí, el Odiseo de Nolan, como no, es una maquina de repartir leña, hay unas siete u ocho escenas de peleas, con el colofón final de la escena del palacio en que se enfrenta (sin exagerar) él solo contra cien, o ciento cincuenta tipos y sale airoso.
Un sinvergüenza por sobar algo como La Odisea de esa manera, y un mastuerzo por crear una película absurda y mal diseñada desde todas las ópticas posibles.
Y lo peor de todo, que es lo más sangrante, es que la crítica generalizada está siendo entre buena y muy buena.
La película tiene un 7,6 en FilmAffinity, y está recaudando a manos llenas.
Esta película como insulto a lo que somos, solo sería superada por “El Quijote” de Nolan.
Que Dios nos pille confesados…”
Querido lector, si después de leer estas palabras con el valor añadido de haber salido desde la inmediatez y la sinceridad indignada de un joven espectador, buen conocedor además de la obra literaria, y, afortunadamente con un afilado sentido crítico, usted quiere gastarse su dinero para engordar las cuentas de resultados de la industria hollywoodiense, y lo que es más importante si quiere permitir la atrofia de sus neuronas mediante un rodillo mental diseñado para dejarlo inerme ante la gran realidad de la historia humana. Está en su derecho, pero sepa, que aparte de estar tomándole el pelo, también le están tomando por el pito del sereno.
Hágase un favor y prescinda de ese bodrio infumable. Seguro que tiene cosas mejores que hacer.