La ofensiva nacional sobre Valencia (2). Las fuerzas enfrentadas

Soldados frentepopulistas a la espera

Hay que reconocer que aun en medio del caos y de la desmoralización más aguda, los mandos frentepopulistas no estaban dispuestos a darse por vencidos o, por lo menos, a hacerlo sin antes intentar, aunque fuera a la desesperada, plantar cara con todos los recursos posibles. Por ello, al tiempo que sucedía todo lo dicho en el capìtulo anterior, impulsaba una frenética y desesperada reorganización de su estructura militar a pesar de lo resentida que estaba, como es lógico, por las pérdidas que de todo tipo venían sufriendo. Dos informes, uno de finales de Marzo y otro del 10 de Abril, abogaban por incentivar una serie de medidas que se pondrían en práctica de forma inmediata pues el tiempo apremiaba:

  • Cubrir las bajas con rapidez mediante nuevos reclutas, llamándose, el 13 de Abril, a los reemplazos de 1927, 1928 y 1942, y el día 23 a todos los obreros y técnicos de la construcción correspondientes a los años 1922 a 1926 ambos inclusive –para realizar trabajos de construcción–, y, el 28 de Mayo, a los reclutas de las quintas de 1925 y 1926.
  • Intensificar la instrucción tanto de la tropa como, sobre todo, de los mandos; se autorizaba a cubrir los puestos de jefes de Sección con Sargentos a los que mediante un cursillo de dos semanas se les haría “Alféreces en campaña”, cubriendo las que dejaran con Cabos y las de estos con soldados, debidamente seleccionados, que tras el correspondiente cursillo serían nombrados “Sargentos en campaña” y “Cabos en campaña”,; también impulsar la moral tanto de los combatientes como de la retaguardia.
  • Exigir “…la colaboración de todos, jefes militares y autoridades civiles…” para la prestación de los recursos económicos precisos, colaborar en los trabajos de fortificación y, no menos importante, recuperar a los combatientes que de una u otra forma eludían su responsabilidad con el servicio activo.
  • Los alcaldes debían establecer en las demarcaciones de las que eran responsables “…servicios de vigilancia y control permanente…” para que ningún ciudadano eludiera el alistamiento, para lo que debían no sólo denunciar a los prófugos, sino también “…detenerlos y entregarlos a las autoridades militares…”.
  • Acrecentar las medidas de austeridad que ahorraran gastos y dispendios necesarios para el esfuerzo de guerra; imponer orden y justicia, donde venía, desde el principio, imperando la anarquía y la arbitrariedad; desenmascarar a los tibios, derrotistas, pusilánimes y, aún más y mejor, a los que fueran afectos a la causa nacional y colaboraran con ella en cualquier forma.
  • Aumentar la labor de propaganda para levantar la moral.
  • Considerarse todos, civiles y militares, como “…combatientes… para crear en la sociedad una moral de guerra, y en el soldado un deseo franco y apasionado de batirse… pues la moral del soldado es la fortaleza mayor que hay que defender… (ya que si se resquebraja) los frentes se derrumban…”.
  • Ametralladora frentepopulista en posición

    Se reorganizaría y ampliaría la red ya existente de centros de instrucción, así como la de recuperación de soldados –prófugos, huidos y desertores–, completada con más Batallones de retaguardia y Bases de Instrucción divisionaria, de Cuerpo de Ejército y de Ejército. El 25 de Abril se daba una orden realmente draconiana y sin precedentes al militarizar a todos los varones mayores de dieciséis años que quedaban bajo tutela de unos recién creados Comités de Educación Locales, mientras que los mayores de diecisiete pasaban a los Centros de Recuperación, Instrucción y Movilización donde recibirían ya una intensa preparación hasta que fueran incorporados a filas con su reemplazo.

  • En cuanto a las medidas de carácter netamente militares, se ordenó reforzar las grandes unidades, aumentando las Divisiones a tres Brigadas y los Cuerpos de Ejército a tres Divisiones, en ambos casos como mínimo; también debía aumentarse los medios de transporte de los que se venía sufriendo una penuria casi endémica.

Y es que en relación con el penúltimo punto hay que señalar que “…las deserciones y los abandonos de destino estaban a la orden del día y los prófugos eran numerosísimos entre los reservistas de los nuevos llamamientos movilizados. Prófugos y desertores abandonaban los pueblos para eludir su detención y bandadas de ellos pululaban por los montes. En las proximidades de los frentes y las fronteras aparece un nuevo mercado negro en el que se cotizan a precios cada vez más altos los servicios de los guías que conducen al extranjero y a la zona nacional a los fugitivos. En Cataluña y la Mancha este tráfico alcanza niveles impresionantes y aparecen en estas regiones amplias bandas, inicialmente de fugitivos, que van transformándose en núcleos de rebeldía interior y guerrillas… numerosas banda armadas, algunas de ellas muy nutridas, ponen en alarma a las autoridades militares, que se ven obligadas a montar contra ellas verdaderas operaciones en las que llegan a intervenir unidades superiores a la Brigada, con artillería y servicios…” (Ramón Salas). Pero con todo, a pesar de los esfuerzos sin duda ímprobos y en gran medida exitosos que iban a realizar los frentepopulistas para rehacerse, tal cosa sólo iba a ser posible de forma relativa, dadas la circunstancias, pues el tiempo jugaba en su contra y, en el plano militar, la experiencia es factor importantísimo y esa no se adquiere sobre la base de órdenes por muy acertadas que sean, sino sólo sobre la del combate; no era ya posible crear mandos adecuados sobre la base de cursos de quince días o de ascender a subalternos, máxime teniendo en cuenta las urgentes y graves necesidades.

Modesto Guilloto y Perea Capulino

Tal y como se dijo, se desestimaron las sugerencias del Gral. Rojo descritas en el capítulo anterior, y se optó por desligar política y militarmente la zona Central, Sur y la del Levante, de la catalana. Así, se creaba en esta región, con fecha 16 de Abril –un día después de la llegada al mar de los nacionales–, es decir, en la zona frentepopulista que había quedado al norte del Ebro, el Grupo de Ejércitos de la Región Oriental (G.E.R.O), que quedaban bajo dependencia directa del Ministro de Defensa –y presidente del Gobierno–, Juan Negrín, asistido por el Estado Mayor Central a cuyo frente seguiría el Gral. Vicente Rojo, estando formado por:

  • Ejército del Este, al mando del Col. Perea Capulino, integrado por cuatro Cuerpos de Ejército denominados X, XI, XII y XVIII, constituidos por doce Divisiones, con un total de 36 Brigadas.
  • Ejército del Ebro, al mando del Mayor Modesto Guilloto, integrado por dos Cuerpos de Ejército denominados V y XV, constituidos por seis Divisiones, con un total de 18 Brigadas.
Miaja y Matallana

En la otra zona se hacía lo propio creando el Grupo de Ejércitos de la Región Central (G.E.R.C) bajo un único mando que aglutinaría las máximas responsabilidades militares y políticas, el cual fue encomendado al Gral. Miaja –gracia a su extraordinaria popularidad conseguida al considerársele el artífice de la defensa de Madrid en Otoño de 1936, pero que como desde prácticamente entonces se mantendría pasivo ante los avatares de la guerra que marchaba, sin duda, hacia su desenlace final–, cuyo jefe de Estado Mayor era el Tte. Col. Matallana, y Comisario General el comunista Jesús Hernández Tomás –quien fuera ministro de Justicia–, siendo sus fuerzas las siguientes:

  • Casado, Hernández Saravia y Ricardo Burillo

    Ejército del Centro, al mando del Col. Casado, integrado por cinco Cuerpos de Ejército denominados I, II, III, IV y VI, constituidos por quince Divisiones, con un total de 45 Brigadas.

  • Ejército de Levante, al mando del Gral. Hernández Saravia, integrado por dos Cuerpos de Ejército denominados XIII y XIX, constituidos por seis Divisiones, con un total de 18 Brigadas.
  • Ejército de Extremadura, al mando del Tte. Col. Burillo, integrado por dos Cuerpos de Ejército denominados VII y VIII, constituidos por seis Divisiones, con un total de 18 Brigadas.
  • Ejército de Andalucía, al mando del Col. Moriones, integrado por dos Cuerpos de Ejército denominados IX y XXIII, constituidos por cinco Divisiones, con un total de 15 Brigadas.
  • Ejército de Maniobra, al mando del Col. Leopoldo Menéndez, integrado por dos Cuerpos de Ejército denominados XXI y XXII, constituidos por seis Divisiones, con un total de 18 Brigadas.
  • Reserva: Cuerpos de Ejército XVI, XVII y XX, constituidos por nueve Divisiones, con un total de 27 Brigadas, bien es verdad que tales reservas “…a constituir y organizar…”.

De ellas, sin duda poderosísimas, pues además disponían de una fuerte masa de Artillería, carros y aviación, tres de los Cuerpos –el del Centro, Extremadura y Andalucía– estaban prácticamente sin batir pues no habían intervenido en combates de envergadura desde los días de Brunete; si bien los otros dos, el de Levante y el de Maniobra, aún bajo la presión y efectos de la ofensiva hacia el mar de los nacionales, estaban realmente maltrechos. En cuanto a su misión fundamental era la de, al no poder vencer al enemigo, al menos detenerlo para dar tiempo a montar la operación en la que se cifrarían todas las esperanzas (que daría lugar a la batalla del Ebro), de ahí la importancia de que en esta ocasión, Miaja, al contrario que hiciera en los días de la batalla por Madrid, no escatimara para traspasar fuerzas del Centro, Extremadura y Andalucía a la zona levantina a fin de alimentar allí el combate y ofrecer a los nacionales en su decidido avance sobre Valencia la mayor fuerza posible, siendo esta la clave, como se verá, de su detención.

Por parte nacional, la pretendida liberación de Valencia, objetivo final de su nueva ofensiva, se planeó, sin duda, con desmedido optimismo, sobre la base de tan sólo dos grandes unidades: los Cuerpos de Ejército de Galicia y de Castilla, dándose por descontado que el enemigo, al que se daba por batido, no ofrecería gran resistencia e, incluso, seguiría desmoronándose, por lo que el único inconveniente serio que se presentaba al avance iba a ser la intrincada y correosa orografía por la que habría que avanzar formada por el llamado Alto Maestrazgo, una tupida red de sierras y serranías cuyas direcciones forman vueltas y revueltas en un completo caos, que además, debido a la desigual erosión del terreno habían producido un sin número de barrancos muy profundos de paredes verticales y suelos calizos que en caso de mal tiempo se convertirían en lodazales intransitables incluso para los hombres  –como ocurriría–  y, por lo tanto, fáciles de defender y difíciles de atacar.

La ofensiva iba a nacer adoleciendo fuerzas suficientes y se plasmaba en una idea de maniobra que, en síntesis, consistía en que el Cuerpo de Galicia avanzaría desde el norte cayendo desde Morella para ganar la costa y descender al sur por ella hasta Castellón  –primera gran escala de esta ofensiva–, mientras que al tiempo el de Castilla lo haría desde Montalbán y Teruel para, llevando como eje la carretera Teruel-Sagunto, coincidir en tal puerto –segundo de los grandes objetivos en el camino hacia la capital del Turia–  favoreciendo así el envolvimiento de las fuerzas frentepopulistas de todo el sector. Como es de suponer, tales grandes movimientos requerían, sobre todo por lo dicho sobre el terreno, toda una serie de acciones de relativa envergadura y muy localizadas que debían tender a lo dicho. Pero al final, y como se verá, todo derivaría en una serie de operaciones parciales y no siempre coordinadas en el tiempo para cuya mejor comprensión, dado lo intrincado de las mismas, vamos a dividir en “fases” sin que ello sea del todo cierto pues no se planearon ni ejecutaron como tales, sino que más bien vinieron impuestas por las circunstancias, entre otras por la inesperada resistencia que opusieron los frentepopulistas. Tales “fases”, por ello ficticias, elaboradas también para lograr una adecuada comprensión de este periodo de la guerra.

Diseño general de la maniobra nacional de liberación de Valencia
Varela
Varela

Las fuerzas nacionales que las van a llevar a cabo eran:

  • Cuerpo de Ejército de Castilla, al mando del Gral. Varela, que tenía como jefe de Estado Mayor al Col. Esteban Infantes, formado por las Divisiones 5 ó de Navarra, 15, 52, 81, 82, 85 y 108, más una Brigada de Caballería, mandadas respectivamente por los Gral,s Sánchez González, García Escámez, Col,s Cremadas, Ollo, Delgado Serrano, Cuervo, Gral. Lafuente y Tte. Col. Alfonso Jurado; como reserva contaba con siete batallones, estando apoyado por 24 baterías de Artillería, tres Compañía de carros y cinco de Ingenieros.
  • Aranda

    Cuerpo de Ejército de Galicia, al mando del Gral. Aranda, formado por las Divisiones 4, 55, 83 y 84, mandadas respectivamente por el Gral. Alonso Vega, Col. Adrados, Gral. Martín Alonso y Col. Galera, contando como reserva con una Compañía de carros, otra de morteros pesados y 18 baterías de Artillería.

Enfrente, por parte roja, actuando el Gral. Miaja como mando superior, iban a estar:

  • Ejército de Levante, al mando del Gral. Hernández Saravia, integrado por dos Cuerpos de Ejército denominados XIII y XIX, constituidos por seis Divisiones, con un total de 18 Brigadas.
  • Ejército de Maniobra, al mando del Col. Leopoldo Menéndez, integrado por dos Cuerpos de Ejército denominados XXI y XXII, constituidos por seis Divisiones, con un total de 18 Brigadas.
  • Reserva: XVI, XVII y XX Cuerpos de Ejército.

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