La ofensiva nacional sobre Valencia (1). La polémica y las razones

La ofensiva nacional que terminó con la llegada al mar de los nacionales, tuvo amplias repercusiones políticas en el bando frentepopulista. Pero es que además, en el terreno militar “…En poco más de un mes los nacionales habían realizado el más rápido y espectacular de sus avances. Amenazaban ahora a Valencia tanto como a Barcelona…” (James Cleugh); afirmación del todo cierta.

Situación de ambas zonas en Abril de 1938 tras la llegada al mar de los nacionales
Vicente Rojo

La cuestión para los frentepopulistas era, sin duda, peliaguda. Para conocerla nada mejor que un informe del propio Gral. Vicente Rojo que ya ante la inminente caída de la localidad de Gandesa escribía lo siguiente “…(se da por descontado que el corte de la zona roja en dos es inevitable, por lo que la lucha va a continuarse en dos teatros) que van a quedar absolutamente independientes, sin más relación que la que tenían antes el teatro del Norte y el resto de la España leal… (habría que decidir dónde ubicar las jefaturas y centros de decisión militares, y políticos) en la región catalana… o si convenía desplazar dichos órganos a la región central… (había que decidir también sobre el tipo de mando, es decir, si designar dos, uno para cada nuevo teatro, independientes o) imponer un mando único para ambos… (su opinión, la de Rojo, y lo que él recomendaba era ya que las cuatro quintas partes del potencial militar radicaba en la zona Centro era llevar a ella todos los órganos de dirección) tanto en el aspecto político como militar… (pero como Cataluña poseía la única vía segura de relación con el extranjero, así como de avituallamientos) se hacía indispensable mantener en ella parte del Gobierno… (lo que no implicaba que para Rojo fuera conveniente fijar) la capitalidad de la región Central en Albacete… con posibilidades de desarrollar la instalación de una amplia comarca sin llegar a la concentración de todos los elementos en un núcleo urbano…”; como veremos pronto, no se le haría caso.

Veamos ahora lo que ocurría en el bando nacional y cuál va a ser la decisión de su máximo jefe, el Gral. Franco, una vez se llegue al mar y, como se ha dicho, se amenace tanto a Valencia como a Barcelona. La euforia en la zona nacional alcanzaba momentos de verdadero paroxismo toda vez que, compensada la dura espina de la pérdida de Teruel, en muy poco tiempo no sólo se había recuperado tal ciudad, sino que se había infringido al enemigo un durísimo varapalo del que se pensaba que no podría ya recuperarse, por lo que el final de la guerra aparecía casi al alcance de la mano. Pero al tiempo, surgía un factor inesperado que iba a cambiar de nuevo el signo de la guerra.

Lèon Blum
Paul Boncour

Como se ha dicho, la anexión de Austria por parte de Alemania había provocado la vuelta al Gobierno en Francia del frentepopulista Lèon Blum, acérrimo enemigo de la causa nacional y partidario igual de radical de la frentepopulista, cuyo prosovietismo era de todos conocido y que al tiempo que reabría la frontera al suministro de material bélico a los frentepopulistas, daba un paso más y, auspiciado por el propio Negrín, que se encontraba en Paris de visita oficial, reunía el 15 de Marzo de ese mismo año de 1938 a su Consejo de Defensa Nacional proponiendo una intervención directa militar francesa en la guerra de España “…estaba estudiando la forma de intervenir directamente a favor de la España roja…” (Paul Boncour, ministro de Asuntos Exteriores francés). El debate en el seno de dicho consejo fue, como puede suponerse, agudísimo entre los que se mostraban a favor y los contrarios. Finalmente no se llegaría a ninguna decisión en firme, lo que no alejaba la amenaza de que de un momento a otro el ejército francés cruzara la frontera y se aliara con las maltrechas fuerzas frentepopulistas.

Wilhelm Canaris

De esta posibilidad, casi probabilidad, tuvo perfecto conocimiento el Generalísimo a través de dos vías: una, su propio servicio de información que recibió filtraciones de funcionarios franceses proclives a la causa nacional, de forma que ya el 16 de Marzo las autoridades nacionales sabían del asunto, lo que el embajador español en Berlín comunicaba a su vez a los alemanes; otra, a través de los alemanes, en especial del Almirante Canaris, jefe de sus servicios de inteligencia, cuyo organismo conocía que al menos sí se había acordado en el Consejo que la flota francesa en el Mediterráneo estuviera preparada “…para la acción…”, y que con la excusa de proteger a sus súbditos, cuatro navíos franceses se habían concentrado en Port Vendrés, así como que las guarniciones de los distritos del sur de Francia, en concreto Burdeos, Toulouse y Tolón, habían sido reforzadas y puestas sus unidades en estado de alerta, lo mismo que sus fuerzas aéreas.

Hay que señalar también que, lógicamente, de todo ello fue informado Negrín antes de regresar a Barcelona siendo muy posiblemente una de las bazas que se trajo de Paris pocos días antes de caer Lérida, y que por motivos obvios no quiso compartir ni con Azaña, ni siquiera con sus ministros, basando en ella sus esperanzas y su confianza, éstas sí expresadas públicamente, de que el “…estallido de una guerra en Europa en breve…” sirviera para encarrilar a su favor la española.

Joachim von Ribbentrop

Los bombardeos italianos sobre Barcelona, sobre todo el del 18 de Marzo, encresparían aún más la altísima tensión internacional que se vivía en esos instantes. El día 21 el embajador italiano en Berlín, conde Magistrati, comunicaba al ministro de Asuntos Exteriores alemán, von Ribbentrop, que los ingleses se mostraban muy contrariados por colocarles en situación “…muy delicada…”, abogando por “…mantener alejada a Francia de su interferencia en España, pues Francia ya estaba suficientemente nerviosa por el asunto Anschluss…”, informando que por su parte “…en el caso de un ataque a España, Italia respondería con iguales medidas…”.

El 25 de Marzo, Labonne, embajador francés en Barcelona, informaba a su Ministro de Asuntos Exteriores, Paul Boncour que, según Giral “…el General Franco parece dirigir sus esfuerzos ahora hacia Cataluña… El ataque a Cataluña será inmediatamente, por su sola amenaza, una muy dura e intensa prueba moral… (la moral en Cataluña había sido buena hasta hacía muy poco) por la esperanza de profundos cambios en la política de Inglaterra y Francia… (deteriorándose considerablemente a raíz de unas declaraciones de Chamberlain, Primer Ministro británico, hechas el 14 de Marzo, en las que decía «…el Gobierno británico entendía que no debería quemarse los dedos por España… (por lo que) el Gobierno francés, a pesar de sus sentimientos y simpatías (podía opinar lo mismo)…”; al día siguiente remitía otra nota resumen de una conversación telefónica con Negrín “…(reconocía el presidente del Gobierno frentepopulista que) la situación en el frente era mala… incluso terrible… (pero él estaba decidido a resistir) todo Gobierno que aceptara entrar en un proceso de conciliación (con los nacionales), que reconociera aquí de una u otra manera la derrota, sería inmediatamente barrido…”; ese mismo día 26, el Tte. Col. Morel, agregado militar francés en Barcelona, comunica a su Ministro de Defensa, Daladier, las impresiones de Prieto, con el que había conversado, quien le había confesado que “…personalmente estaba sin ilusión sobre la probabilidad y posibilidad de un apoyo francés adecuado a la situación…”, para a renglón seguido escucharle decir la siguiente insinuación “…Yo, ministro de Defensa, deseo que usted, agregado militar, representante del Ejército francés, trasmita a sus jefes mi advertencia solemne. Tengo la convicción absoluta, en la que no figura ya para nada el menor deseo de propaganda, que la incesante acumulación de material de guerra en España no se dirige contra nosotros, sino contra ustedes… Esta fuerza desmesurada (había dicho antes que los nacionales poseían 700 aviones y 500 carros entre otro material, lo que no era verdad ni por asomo) con relación al objetivo aparente, se manifiesta contra ustedes: un peligro temible e inmediato se está formando en las fronteras de Francia…”.

Daladier y Francoise Poncet

El 28 de Marzo, François Poncet, embajador francés en Berlín, comunicaba a Paris que “…comienza a preocupar seriamente, en los medios políticos berlineses, los proyectos de intervención en España que se atribuyen a Francia (pues) se consideraría casus belli… Italia no podría quedarse al margen… y se cree que Alemania sería fatalmente arrastrada a colocarse al lado de Italia…”. Surgió entonces un incidente circunstancial, pero significativo, cuando un aparato resultó derribado en Córcega llevando las insignias de la Aviación francesa camufladas bajo pintura blanca, lo que suscitó un duro intercambio de notas entre Roma, Paris y Londres al considerar los italianos que el avión procedía de Barcelona y que tenía la misión oculta de bombardear alguna ciudad italiana para provocar una reacción que Roma estaba dispuesta a asumir de forma que en caso de estallido de una confrontación actuaría “…contra el Gobierno de Barcelona…”. El día 30 el Tte. Col. Morel enviaba a Paris un informe en el que advertía de la posibilidad de que si los nacionales avanzaran sobre Barcelona y Cataluña, como parecía, no menos de unos 20.000 frentepopulistas se verían obligados a traspasar la frontera en su huida, lo que de no ser desarmados en ella, podía llevarles a provocar graves incidentes, recomendando la constitución de “…varias barreras en profundidad y densidad creciente…”, aconsejando también reforzar a las unidades de Policía con otras de la Guardia Móvil y del Ejército.

Jacobo Fitz-James Stuart

Pero ese mismo 30 de Marzo, Franco, mediante su representante en Londres, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, Duque de Alba, comunicaba lo siguiente: “…a) El General Franco jamás soñó en ceder la menor parcela de territorio español. B) Que él no consentiría, en ninguna circunstancia, el establecimiento sobre suelo español de bases destinadas a acción extranjera. C) Que jamás tolerará la menor restricción de la soberanía o de la integridad del territorio español. D) Que el General Franco no veía ningún inconveniente en que las garantías dadas por él al Gobierno británico fueran comunicadas al Gobierno francés…”.

El 31 de Marzo, el embajador francés en Berlín comunicaba a Paris que los temores alemanes se centraban en la posibilidad de que “…el ala izquierda del Frente Popular (que gobernaba de nuevo en Francia) termine por lograr que Francia intervenga en España… (ante lo cual) si Francia se decidiera a franquear los Pirineos, el Reich se colocaría inmediatamente al lado de Italia…”. El 1 de Abril, finalmente, el encargado de negocios francés en Roma, Blondel, comunicaba a su Ministro de Asuntos Exteriores, Paul Boncour, que “…en el momento en el que el Gobierno italiano tuviera conocimiento de la intervención de unidades del Ejército regular francés en Cataluña… embarcaría dos Divisiones con destino a la España nacional…”.

El 4 de Abril, día en que se liberaba Lérida –pero quedando aún diez para llegar al mar–, Franco recibía al Almirante Canaris –por otro lado gran amigo de España y del propio Franco “…una amplia sonrisa ilumina al Caudillo cuando recibe a su amigo…” (Andre Brissaud)–, a quien agradecía sus informaciones que corroboraban las que ya poseía, y al que manifestaba abiertamente “…Los días del Gobierno de Barcelona están contados y nuestra victoria está próxima…” (Andre Brissaud), tratando incluso de la posibilidad de retirar a la Legión Cóndor, adelantándole en primicia una decisión fundamental “…Enseguida lanzaré la ofensiva sobre Tortosa, en la desembocadura del Ebro, y Vinaroz, así como sobre Castellón, en dirección a Valencia…”. Es decir, que ya en tal fecha Franco tenía decidido dejar de lado Cataluña, una de sus dos opciones, y encaminar sus fuerzas hacia Valencia previa la liberación de Castellón y Sagunto, su gran puerto y centro industrial. Los motivos fueron explicados personalmente por Franco al embajador alemán, Stohrer, en la audiencia que le concedió el 7 de Abril “Hay que evitar todo pretexto a los intervencionistas franceses”. Y es que Franco valoraba como muy probable que de avanzar sobre Barcelona, Lèon Blum se decidiera a traspasar la frontera, lo que de producirse podría ser, con casi toda certeza, catastrófico para las armas nacionales; y ello aunque dejar de lado la liberación de Cataluña implicara, como era también cierto, no asestar el golpe definitivo al Gobierno frentepopulista, e incluso permitirle rearmar y organizar a la fuerzas que poseía en aquella subzona, precisamente las más organizadas y capacitadas por ser en su mayoría comunistas y contar con nuevos y abundantes suministros gracias a la recién reabierta frontera gala.

Werner Mölders

Ni que decir tiene que tal decisión abrió de inmediato una agria polémica tanto entre sus aliados, sobre todo los alemanes, como en el seno de algunos de sus más cercanos colaboradores. El 30 de Abril, el jefe de la Legión Cóndor –Werner Mölders, que acababa de sustituir a von Richtofen–, y por encargo directo de Berlín, intentó hacer cambiar de opinión a Franco sin conseguirlo. El 6 de Junio, incluso el Cuartel General del Generalísimo hacía pública una nota en la que venía a confirmar su decisión de no provocar a los franceses, al tiempo que se aceptaba la retirada de los voluntarios extranjeros existentes –los frentepopulistas hacían lo mismo–, con lo que Franco intentaba, de paso, congraciarse con franceses e ingleses, algo que lógicamente los alemanes no veían con buenos ojos; pero ya Franco sentía el final victorioso de la guerra y, de cara al futuro inmediato, no quería encontrarse excesivamente dependiente de los germanos, por lo que comenzaba a trabajar por adoptar esa postura de neutralidad a ultranza que sería su norma general en el futuro ante los conflictos que de todo tipo afligirían a Europa.

Gral. Alfredo Kindelán

En cuanto a la críticas entre sus más directos colaboradores, cabe decir que en esta ocasión muchos de ellos, todos altos mandos, expresaron su opinión contraria, es decir, que consideraban como lo más adecuado liberar primero Cataluña “…Una nota de discrepancia… parecía existir entre el Mando Supremo y otros subordinados, los de los Ejércitos y el del Aire… reconociendo todos que aquél disponía de mayores elementos de juicio y que la responsabilidad única e indivisible iba acompañada del pleno derecho y deber de decidir…” (Gral. Kindelán, uno de los discrepantes), por lo que el “debate” fue intenso, dando lugar, por ejemplo, hasta media docena de largas entrevistas entre Kindelán y Franco, así como otras tantas cartas intentando siempre hacer cambiar al Caudillo de opinión, pero sin conseguirlo.

Franco apoyaba su decisión en varias razones, además de la política respecto a Francia ya citada que era la fundamental:

  • “…Valencia, se creía, no resistiría mucho tiempo, y una vez esta ciudad en manos de los nacionales, Madrid no tendría otra solución que la de rendirse…” (Brasillach y Bardeche).
  • La zona Levante-Sur era la más débil por su menor potencia militar y no tener frontera con Francia con lo que sus posibilidades de abastecimiento eran prácticamente nulas.
  • Su caída podría muy bien arrastrar la de Madrid, lo que daría a las fuerzas nacionales un prestigio sin igual, sería factor de propaganda de primer orden y podrían recuperarse muchas fuerzas que permanecían hipotecadas desde el comienzo de la guerra.
  • También porque, en realidad, tal objetivo siempre estuvo en la mente del Generalísimo, como se desprende de la correspondencia mantenida con Mola el 11 de Agosto de 1936, es decir, recién comenzada la guerra, cuando hacía ver a su colega su opinión de que lo primero, dadas las circunstancias, era ocupar Madrid –de ahí la marcha sobre la capital–, para luego hacerlo al mismo tiempo con la región Centro-Levante-Sur y, aislada del Norte, y sólo después, es decir, al final, llevar a cabo una “…acción en masa contra Cataluña…”; que tal intención hasta ahora no había sido posible se debió sólo a los imponderables que plan tan ambicioso y a tan largo plazo sufrió, pero del que como hemos visto, Franco poco se apartó y si lo hizo fue sólo circunstancialmente.
LAS DOS OPCIONES DE LOS NACIONALES: Flecha azules discontinuas.- Ataque sobre Cataluña. Flechas azules continuas.- Ataque sobre Castellón y Valencia

Frente a tales razones, sin duda importantes, aunque tampoco especialmente trascendentales, sus jefes militares, prácticamente todos, oponían las siguientes:

  • El terreno no era el más propicio, porque atravesar el Maestrazgo requería avanzar por una dura orografía que beneficiaba al enemigo.
  • Las posibilidades de movilización de fuerzas por los frentepopulistas en la zona Centro-Levante eran mucho mayores que las que poseían en Cataluña.
  • “…el despliegue aeronáutico gubernamental, fácil; el nacional, lejano…” (Jesús Salas).
  • “…sin la menor duda el más grosero análisis demostraba plenamente que Cataluña era un objetivo mucho más importante y decisivo en todos los conceptos y, por añadidura, más fácil… En principio lo lógico era concentrar la masa de maniobra nacional contra la más reducida de ambas fracciones que es contra la que se podía lograr una mayor superioridad, y aplastarla. Si además esa fracción ocupaba un territorio de mucho más alto valor militar, por su demografía, su riqueza y su potencial industrial, la elección no ofrecía la menor duda y resultaba inapelable si a todas estas circunstancias se unía la de que la zona en que se encontraba esa parte del Ejército gubernamental disponía de una amplia frontera por la que podían llegar cuantiosos medios, cuya arribada era imperativo impedir…” (Ramón Salas).
  • “…era más rápido y seguro la ejecución del plan Barcelona…” por llevar más frente de despliegue, mayor cohesión del dispositivo, no existir riesgo de flanqueo y “…por la posibilidad de combinar maniobras parciales, mediante apoyo mutuo de los Cuerpos de Ejército…” (Gral. Juan Vigón).
Franco con el Gral. Dávila

Así pues, la razón fundamental, que lógicamente escapaba al conocimiento incluso de los Generales más allegados a Franco, aunque muy probablemente sospecharan de su existencia –como manifestara Kindelán “…es posible que tuviese (Franco), para opinar en contra, motivos por nosotros ignorados…”–, para hacer que Franco se decidiera por marchar sobre Valencia y no sobre Barcelona era la de procurar no irritar, en momentos tan delicados y de tanta tensión internacional, a los franceses para no darles así la mínima excusa que parecían pretender para cruzar la frontera y poner el pie en España, algo que como hemos visto también –y de forma ladina, maliciosa y desde luego muy poco digna– intentaban los frentepopulistas, sobre todo Prieto, con todas sus fuerzas, viendo en ello su única tabla de salvación frente a un destino que ya consideraban irreversible y que no era otro que el de la derrota y, con ella, el exilio, para el que, de toda formas, ya estaban preparando la base material para su subsistencia, por otro lado nada desdeñable en cuanto a su cuantía: nada menos que todas las reservas financieras en el extranjero, más todo lo que pudieran arramblar de España. Destacar aquí, como también apuntara Kindelán, la sincera lealtad de todos los Generales opuestos a la idea de marchar sobre Valencia en vez de hacerlo sobre Barcelona cuando, pasado el tiempo de la discusión, y tomada en firme la decisión por su jefe, Franco, todos sin excepción se pusieron a trabajar con el máximo de los empeños y sin reservas ni mentales ni prácticas de ninguna clase para lograr el éxito de la maniobra, cuya evolución y resultados veremos en los siguientes capítulos.

Fin primera parte


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