La oración de Santo Tomás Moro antes de su ejecución

Tomás Moro (Thomas More), nacido en Londres en 1478, después de una exquisita formación y de demostrar su alto nivel intelectual, fue elegido miembro del Parlamento en 1504, así como juez y subprefecto de Londres. Llegado al poder Enrique VIII, formó parte en 1510 del primer Parlamento convocado por el nuevo soberano con el que al poco entabló estrecha amistado. Tras prestar importantes servicios al rey en el plano diplomático, en 1517 fue designado por el monarca Master of requests y miembro del Consejo Real. En 1521 fue nombrado caballero y vicecanciller del Tesoro; además de otros numerosos honores y nombramientos. Al surgir la «reforma» de Lutero, se posicionó radicalmente en contra de ella considerándola manifiestamente herética. En 1526 defendió la supremacia papal. En 1529 Enrique VIII le nombró Lord Canciller del reino. En 1530 se negó a firmar la carta en la que se pedía al Papa la anulación del matrimonio del rey con Catalina de Aragón comenzando su enfrentamiento con el soberano. En 1532 renunció a su cargo de Canciller. En 1534 se negó a firmar el Acta de Supremacia, por el cual Enrique VIII negaba la supremacia del Papa –dando lugar al nacimiento del anglicanismo–, por la cual se condenaba automáticamente a quien se negara a aceptarla. Fue encarcelado el 17 de Abril de tal año, y decapitado el 6 de Julio de 1535. Fue beatificado en 1886 y canonizado en 1935 por Pío XI. Su oración ante su ejecución fue la siguiente:

Dame la gracia, buen Señor,

Para no prestar atención a este mundo. Para fijar mi mente firmemente en Ti y no para colgar de las palabras de las bocas de los hombres.

Para estar feliz en mi soledad. Para no desear los placeres mundanos. Poco a poco soltaré completamente las amarras del mundo y liberaré mi mente de todos sus negocios.

No para desear escuchar cosas terrenales, sino para que la escucha de asuntos mundanos me sea desagradable.

Estar pensando gustosamente en Dios, piadosamente pedir Su ayuda. Para apoyarme en la comodidad de Dios. Para trabajar con denuedo en amarle.

Para conoce mi propia vileza y miseria. Para humillarme ante la poderosa mano de Dios. Para lamentarme de mis pecados y, mediante su penitencia, sufrir la adversidad pacientemente.

Soporto con mucho gusto mi purgatorio aquí. Para permanecer alegre en las tribulaciones. Para caminar con el camino estrecho que lleva a la vida.

Para tener lo último en la memoria. Para jamás tener ante mis ojos mi muerte que está ya al alcance de la mano. Para que la muerte no sea para mí una extraña. Para prever y considerar el fuego eterno del Infierno. Para implorar el perdón antes de que llegue el juez.

Para tener continuamente en mente la pasión que Cristo sufrió por mí. Por Sus beneficios incesantes para darle gracias.

Para comprar el tiempo que he perdido. Para abstenerme de las conversaciones vanas. Para rechazar el regocijo y la alegría estúpidas. Para cortar con las diversiones innecesarias.

De lo esencial del mundo, amigos, libertad, vida y lo demás, para despreciar su pérdida por la ganancia de Cristo.

Para pensar en mis peores enemigos como los mejores amigos, pues los familiares de José no podrían haberle hecho tanto bien con su amor y favor si no le hubieran tratado con odio y malicia.

Estas razones deben ser más deseadas por todo hombre que todos los tesoros de todos los príncipes y reyes, cristianos y paganos, donde se juntarán y yacerán juntos todos en una única pila.

Amén.


Deja una respuesta

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*