«La partitocracia», de Gonzalo Fernández de la Mora (SND Editores)

Fdez. de la Mora

Tenía que ser SND Editores, y ni es la primera vez ni será la última, quien publicara libro tan fundamental como oportuno en el tiempo y en el momento en que nos encontramos como es el que acaba de poner a nuestra disposición: «La partitocracia», cuyo autor fue, nada más y nada menos, que Gonzaño Fernández de la Mora, uno de los mayores y mejores intelectuales y patriotas españoles de los últimos timepos, del que se cumplen cien años de su nacimiento.

Obras capital no sólo del autor, sino de nuestra teoria política. Obra que se  adelantó a su tiempo, como en tantas cosas lo hizo Fernández de la Mora. Obra profética. Obra que, para nuestra desgracia, se perdió cual  grito en el desierto… de la mediocridad de tantos, de la cobardía de muchos y de la traición de casi todos.  Obra que supuso la crítica más acertada y clarividente a la Constitución de 1978 origen del actual régimen que no sólo nos detruye, sino que nos tiraniza, pues no en balde una cosa tenía que llevar a la otra.

Libro, por tanto, imprescindible porque contiene todo lo que hay que corregir si queremos que España salga del pozo en nel que está, si queremos que vuelva a ser y nosotros con ella, si queremos ese renacver de sus actuales cenizas de las que Fernández de la Mora supo advertirnos con tanto acierto como elegancia y altura.

Si el mismísimo Juan Jacobo Rousseau, nada sospechoso en estos asuntos, confesó su “mortal aversión por todo lo que se llame partido”, y Jorge Washington, tampoco sospechoso, dijo en su discurso de despedida de 1796: “Permitidme que del modo mas solemne os prevenga contra los perniciosos efectos del espíritu de partido en general… cuando reviste carácter popular, se manifiesta en su forma mas viciosa, y es, ciertamente, vuestro peor enemigo”. Una de las figuras más eminentes de la intelectualidad francesa liberal, Simone Weil, se pronunció abruptamente sobre los partidos políticos, a los que repudió por considerarlos “el mal casi sin mezcla, porque son malos en principio y, prácticamente, por sus efectos”, podemos afirmar que no hay ni un solo pensador político de talla que crea hoy que el Estado demoliberal de partidos sea un óptimo en absoluto, y, por ende, menos todavía, la nefasta partitocracia en que irremediablemnete deriba; máxime en España cuya historia tenemos plagada de fracasos y terribles consecuencias de tropezar siempre en tal piedra.

Para corroborar lo dicho, nada mejor que dejar hablar al autor que, consecuente y valiente, frente a la lacra partitocrática nos da las diversas medidas a tomar; otra cosa es quién hay que sea capaz, o mejor decir que quiera de verdad, ponerle el cascábel al gato:

  1. Independencia recíproca del poder legislativo y ejecutivo.
  2. Democratización interna y transparencia financiera de los partidos, ambas reguladas por ley, y efectivamente controladas por el poder judicial.
  3. Ruptura del monopolio partitocrático de la representación facilitando las candidaturas independientes, prohibiendo la disciplina de partido, y asegurando el voto secreto en todas las asambleas.
  4. Promoción de otras formas de canalización de la representación política de intereses a través de los cuerpos sociales intermedios –sindicatos, corporaciones, etc.— con un peso no inferior a la representación estrictamente partitocrática.
  5. Recurso frecuente al referéndum en términos redactados clara e imparcialmente por el poder judicial y con una participación mínima determinada para que sea válido.
  6. Selección escalonada de los candidatos a cargos electivos por las bases de los respectivos cuerpos intermedios, sean partidos o corporaciones.
  7. Circunscripciones electorales unipersonales o, al menos, listas abiertas.
  8. Fiscalización escrita anual del patrimonio de los miembros de la clase política, conformada por jueces.
  9. Fijación de límites constitucionales a los poderes hacendísticos del Gobierno prohibiendo, salvo en caso de guerra, los impuestos confiscatorios, la política monetaria inflacionista, y la emisión de aquella deuda pública que no vaya destinada a inversiones rentables capaces de amortizarla en sus plazos.
  10. Exigencia de mayorías de dos tercios para la legislación presupuestaria y fiscal.
  11. Rigurosa normativa urbanística y de contratación por las administraciones públicas.
  12. Constitución de los órganos de selección y promoción e los jueces por el propio poder judicial con preceptiva inmovilidad de los magistrados, salvo a petición propia y según reglamentos estrictos.
  13. Incapacitación vitalicia para el ejercicio de cualquier función pública al que mienta públicamente en materia de su competencia, incumpla un compromiso electoral o incurra, directa o indirectamente, en peculado o tráfico de influencias.
  14. Selección de todos los funcionarios públicos por oposición, y necesidad de que, excepto los electivos, los altos cargos ministeriales sean designados entre funcionarios de los respetivos cuerpos que reúnan ciertas condiciones de antigüedad y méritos, según baremos objetivos.
  15. Tipificación como delitos de toda noticias inductora de error o falsa dala por un medio de comunicación de masas que no sea espontáneamente rectificada de inmediato, e incapacitación vitalicia del responsable para ejercer la función informativa.
  16. Los cargos políticos electivos serán incompatibles con cualquier otra actividad, excepto las no lucrativas y la administración de los bienes propios. Se limitará, según los niveles, el número de reelecciones.
  17. Ningún cargo político será retribuido, aunque podrá disponer, según su rango, de un límite de gastos de representación que habrán de ser documentalmente justificados ante la Inspección de Hacienda, y los datos serán puestos anualmente a disposición del público. Por el Presupuesto del Estado se pagará a esos políticos electivos, hasta un límite máximo, las nóminas que, antes de su elección, percibieran de entidades públicas o privadas donde pasará a la situación de excedentes con derecho a retorno. Quienes no pudieran acreditar sus ingresos anteriores, percibirán el triple de salario mínimo interprofesional, libre de impuestos.
  18. El Estado debe reducir sus actividades a las que no puedan realizar los ciudadanos y los cuerpos sociales intermedios; es el principio de subsidiariedad.

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Una respuesta a ««La partitocracia», de Gonzalo Fernández de la Mora (SND Editores)»

  1. Ya es demasiado tarde. España se va por el sumidero, algo inevitable porque a la indiferencia, desidia, cobardía, sumisión, hedonismo, borreguismo y cretinismo de una sociedad inmunda y aterrada se suma el servilismo de un desgobierno mafioso, criminal, degenerado y antiespañol y una falsa oposición de idéntico pelaje a los dictados de unas élites globalistas genocidas masónico-satánicas volcadas a la ruina y la destrucción de las naciones soberanas y a la Civilización Occidental Cristiana, y por si esto fuera poco, con nuestra desdichada nación como laboratorio de los experimentos de «ecosostenibilidad energética» (sic) en forma de campos de molinos de viento y placas solares y epicentro del Plan Kalergi con la invasión permanente y masiva de africanos musulmanes ilegales en edad militar.
    No obstante lo anterior, es el deber de todo español decente, valiente y honorable dar la batalla hasta el final con todos los medios a nuestro humilde alcance en la defensa de la sagrada Patria.

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