La patraña afgana… y la libanesa, letona, maliense,…

Observen como poco a poco, el desastre afgano se va olvidando o, mejor decir, nos lo hacen olvidar, nos lo borran de nuestros ya de por sí manipulados cerebros, hasta el punto de que, en unos pocos días, nadie se acordará de Afganistán. Para que no ocurra este nuevo caso de lobotomización general, en el que los medios de comunicación mayoritarios son herramienta principal, conviene recordar algunas cosas de las que nadie, además, se hará nunca responsable.

El atentado de las Torres Gemelas, del que se han cumplido años, puso en marcha una amplia campaña en varios frentes contra el terrorismo musulmán (o islámico, si lo prefieren, que es lo mismo), fenómeno que venía existiendo desde hacía mucho pero al que sólo se ponían parches puntuales según el momento, lugar y… sobre todo los intereses político/económicos de ciertos actores principales internacionales, o seaa, los EEUU e… Israel.

Con la excusa de dicho terrorismo, y llevando a cabo una estrategia y tácticas tanto políticas como militares absurdas por erróneas, Occidente se lanzó a una «cruzada» en Oriente Medio de proporciones nunca vistas desde las verdaderas Cruzadas, con tres actuaciones fundamentales: Irak, la «Primavera árabe» y Afganistán; a lo que, todo hay que decirlo, ayudó la estupidez de personajes tan poco inteligentes como Sadam Hussein, Gadafi y el Mulá Omar y sus secuaces. Así, la excusa del terrorismo, al que, como a las moscas, no se combate a cañonazos, les vino que ni pintado a yanquis e israelíes para dar el «sorpaso», pasándose de la raya, para intentar, unos, desplazar definitivamente a rusos y chinos de aquella área tan rica y de la que los yanquis venían siendo expulsados poco a poco desde hacía tiempo, por su recalcitrante soberbia y estupidez, y, a los otros, para dejar cuando menos en el caos y la ruina a sus más enconados  enemigos; Irán aparte. De lo anterior, tras veinte largos años de varias guerras, muchos muertos, heridos, mutilados y desplazados, de miserias y sufrimientos, y de incontables fondos gastados y/o perdidos, el balance no puede ser peor. Excepción hecha de los israelíes que, salvo la piedra en el zapato que es la sorprendente supervivencia de Bahsar al Assad, parece que han logrado sus objetivos, no quedándoles más enemigo serio que Irán.

Irak fue fácil por la desproporción de fuerzas, la insensatez de Sadam y lo convencional y previsible del enfrentamiento armado. La «Primavera árabe» también, por la corrupción de los países afectados, talón de Aquiles de sus respetivos regímenes que permitió deshacerlos y/o transformarlos con tan sólo soplar –ahora Libia ha desaparecido convertida en una merienda de señores de horca, cuchillo y pozo de petróleo de la que que nadie habla–; salvo Siria, que de siempre es caso aparte y especial, algo que muchos, israelíes incluidos, aún no comprenden y menos aceptan, por eso en dicho país les salió el tiro por la culata.

Pero el caso más sangrante, y nunca mejor dicho, ha sido Afganistán, donde se han necesitado veinte años de guerra, con las consecuencias ya citadas más arriba, para quitar a los talibanes y… volverlos a poner; para echar a los rusos y chinos, y volverlos a traer. Todo un record que quedará para siempre en los anales de la historia. Y es que es en Afganistán donde la estupidez, decadencia y falsedad occidental han quedado más en evidencia; sobre todo por el sálvese quien pueda final… y eso incluso con el permiso de los talibanes del aeropuerto, broche especialmente indigno para una intervención tan estúpida como innecesaria.

El indigno «pacto del Majestic»

Pero como a nosotros lo que nos interesa es España, vamos a centrarnos, para terminar, en ella, o mejor decir en lo que hemos hecho en todo lo anterior.

El patético tío del bigotito para tapar ese pedazo de labio superior que le dio la naturaleza, o sea, Aznar, artífice con su «pacto del Majestic» de lo que hoy ocurre en Cataluña y Vascongadas, porque fue él quien cedió a todo con tal de sentarse en la silla, se hizo la foto de las Azores aliándose con yanquis y británicos –nosotros, joder, que por desgracia estamos a años luz de ellos– para intervenir en Irak en contra de los dictámenes de la propia ONU; toda una lección de democracia. Tal estupidez nos costó, además de algunos muertos, el 11M… y al PP el gobierno.

Gadafi «democráticamente» linchado por Occidente

En la «primavera árabe» nuestros militares, vulnerando la Constitución, bombardearon Libia, país que nada nos había hecho, en el que Gadafi llevaba años arrepentido de su pasado pecador, manteniendo una más que necesaria estabilidad en la zona.

Y llegamos a Afganistán, al que enviamos nuestras tropas –en aviones que como el Yak42 se caían a trozos de lo que todavía no se ha hecho responsable nadie– a pelar guardias en la base de Herat –porque otra cosa no han hecho– para figurar, tirarse el pisto, «hacer carreras» y facturar dietas. Y todo ello con la mentira en los labios cada día de esos veinte años, tanto los políticos como los militares. Y si me aprietan casi más éstos porque encima nunca chistaron sobre cómo conducían aquella guerra los yanquis que son los que mandan, lo cual deja a nuestros mandos superiores a las puertas de ser enjuiciados por manifiesta negligencia, irresponsabilidad, cobardía y traición; que no se les empapele no les exime de todo ello.

Se nos ha dicho durante veinte años, nada más y nada menos, que nuestra intervención estaba justificada, que era necesaria, imprescindible, que allí se defendía a España, nuestra seguridad, etcétera, pues bien, como vemos todo falso. También, una y otra vez, que nuestros hombres y mujeres llevaban a cabo una labor eficacísima, pues bien, ya vemos el resultado de la preparación y entrenamiento que dimos a los afganos; por cierto, Bush junior ha confesado ahora que desde 2014 sabían que los afganos no iban a defender su país, o mejor decir el país que los occidentales queríamos crear, por eso, llegado el momento se han pasado todos en masa, con el equipo y material que les hemos regalado, a los talibanes. Ergo… ¿qué hacíamos allí?

Soldado español en Afganistán «defendiendo España»

Y ahora, para ocultar tamaña farsa, tanta patraña, nos someten desde el poder, también del militar, o sea desde Defensa, a una campaña de intoxicación y desmemoria, a base de homenajes, vídeos, fotografías, visitas institucionales, etc.,  bien preparadas y pasadas mil veces por el Photoshop. Pues bien, al menos para algunos, cada vez más, no cuela y llegará el día en que se exigirán las responsabilidades debidas, que nadie lo dude.

La gravedad de todo lo ocurrido y de la desmemoria que pretenden es inmensa, toda vez que con el olvido de Afganistán, con el maquillaje de tanta patraña, lo que se persigue es que nadie ponga en duda las demás… patrañas en marcha también desde hace años como son nuestra participación en otras «misiones en el exterior» en Mali, Líbano, Letonia, etc., mientras, eso sí, la propia España se deshace día a día y gota a gota, o nuestro enemigo del Sur nos atiza e invade. Una pregunta final ¿desde cuándo no ven ustedes a alguno de nuestros valientes y aguerridos militares pasear de uniforme por las Ramblas o por la plaza de Alsasua?

PD.- Otro resultado de lo ocurrido ha sido acoger a varios miles de afganos, incluso muchos de ellos que nada tuvieron que ver con nosotros –para que Sánchez logre por fin su tan mendigada foto con él– y, de los otros, los colaboracionistas –que no colaboradores– con nuestras tropas, o sea, esos que cobraron una pasta que allí les sabía a gloria bendita, mientras los demás sucumbían en la miseria, o luchan por el Afganistán de siempre, el verdadero por mucho que ciertas costumbres y creencias nos repelan, pero que son su realidad, como la nuestra otra que no quisiéramos que nadie nos cambiara y menos por la fuerza, esos que ahora se instalan aquí a costa también de nuestros impuestos. O sea, todo un record también de… estupidez.


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