La perennidad de la Misa tradicional

“Todo reino dividido contra sí mismo fácilmente será destruido” (Mt.12,25).

Así como Dios no está dividido, la liturgia tradicional no está dividida; como Dios es uno, la Misa tradicional es una. Lo que no es uno está dividido, y lo que está dividido es fácil de que sea destruido. Pero la Misa tradicional no está dividida, y por ello no puede ser destruida. La unidad ni se rompe ni se divide, ni está sometida  a la corrupción ni al tiempo. Así ocurre con la Misa tradicional, no se corrompe  a través del tiempo, porque no se puede romper ni dividir.

Las características de la Santísima Trinidad quedan reflejadas a fuego en la Misa tradicional. La Trinidad es una; la Misa tradicional es una. La Trinidad es una en la autoridad; una es la autoridad en la Misa tradicional, la que emana de la Iglesia. Una es la santidad de la Trinidad; una y la misma es la santidad de la Misa tradicional. Del misterio de la Trinidad al misterio de la Misa tradicional.

La Misa tradicional es despreciada y relegada a la indiferencia porque refleja toda ella la gloria de la Santísima Trinidad, gloria que rechaza el mundo; este mundo al que se la ha dejado entrar en la Iglesia, y que se erigido en rector de ella. Todo en la Misa tradicional es santo, puro y casto; todo lleva al silencio, al recogimiento; todo en ella eleva el corazón, ilustra la mente, purifica el alma y dignifica nuestras acciones.

La Misa tradicional permanece aparentemente siempre igual, para que sea el hombre el que cambie; para que sea el hombre el que se purifique  de sus pecados, y vaya transformándose por la santidad que encierra el altar. Es el hombre el que ha de asimilarse a “la Misa”, no al contrario. Es el mundo pecador y prevaricador el que ha de cambiar, y no la santa Misa, que es el faro de santidad que ilumina a la Iglesia, y a todo el que quiera ser iluminado  por la luz de la verdad de la fe católica.

La Misa tradicional es el tesoro de los tesoros de la Santísima Trinidad a su Iglesia, y de ella al mundo. Es nuestra ancla de salvación y medio excelso para la gloria de Dios. Es en la Misa tradicional donde nuestra alma está a resguardo de las mentiras del mundo, donde nuestro espíritu se edifica, y nuestro cuerpo se ordena al espíritu. La gloria y majestad divina ocultas en el altar tradicional se nos muestra a la fe, para alimentarla y exaltarla, y alegran nuestra “juventud”, la juventud de un corazón que no envejece, por la razón de que rejuvenece amando.

Cuanto más pasa la vida y el cuerpo envejece, más rejuvenece el corazón que ama. La Misa tradicional permanecerá hasta el final de los tiempos rejuveneciendo a los corazones inflamados por la gloria de Dios.

Ave María Purísima.


4 respuestas a «La perennidad de la Misa tradicional»

  1. Muy bien, P. Juan Manuel.

    La «misa» Novus Ordo que IMPUSO Montini en la Iglesia Católica, es solo una impostura luterano-masónica. Una farsa de la única y verdadera misa católica de siempre.

    ¡Feliz Natividad de Nuestro Señor Jesucristo!

  2. Aunque la Iglesia esté en horas bajas y empeorando, como predijo Jesús/Daniel, mientras haya fe, da igual si el cura es un impostor moderno.
    Se escucha atentamente su explicación y si no cuadra (a veces es muy sutil la adulteración, pero tarde o temprano si se presta atención se ve si es o no trigo limpio); buscar otro oficiante, otra hora, otra iglesia. En todo caso, creo que el hecho más importante de la Misa es compartir la común unión de los fieles (de los que realmente lo son) en la cena simbólica; que no es otra cosa más que la reafirmación de la nueva alianza/pacto con el Padre mediante su predilecto. Lo que nos pidió recordáramos.

    Por ejemplo, apostaría a que la frase: No tengas en cuenta nuestros pecados sino la fe de tu iglesia es posterior al CVII, porque suena a protestante que tira para atrás. Así se va metiendo la cuña marrana. Pero bueno, como eso y peores cosas se han aceptado… los divorcios en masa, abortos en masa (en mi opinión eso es digno de excomunión galopante), promoción de la homosexualidad aceptada cuando no alentada y demás aberraciones que conllevan el escándalo a los menores, etc. Y lo que habremos de ver empezando por el rollo climático y sus consecuencias legales.
    Es importante pensar en lo que se dice y lo que te dicen que se puede hacer. Toda reforma oficial en la Iglesia como en la enseñanza (y demás), siempre irá/va en el mismo sentido. Basta retroceder si hace falta, hasta la Ultima Cena, buscando la Verdad en el Nuevo Testamento; y apartando el Viejo (coartada marrano/protestante) cuando contradiga al Nuevo.

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