La persecución sistemática de nuestra Historia

Bandera Nacional con el escudo que aparece en la portada de la Constitución de 1978

El odio visceral que la izquierda y la ultraizquierda ha mostrado, de forma permanente y continuada, hacia nuestra historia, especialmente hacia esa que se escribe con mayúsculas, es una constante que no se puede sustraer de su tradicional idiosincrasia. Allá donde el nombre de España reluzca, donde nuestras proezas como Nación nos recuerden que fuimos el motor del mundo, allá está esa izquierda, canalla y miserable, para tratar de borrarlas del recuerdo colectivo.

Estos días lo tenemos con esa pretensión de la vil “podemía” y sus herederos -eso que llaman “sumar”, con la “picotuda” roja ferrolana a la cabeza- de que se elimine la Cruz de San Andrés en el contexto de nuestra simbología histórica, aduciendo que se trata de un símbolo fascista.

De sobra sabe toda esa gentuza -no tienen otro calificativo- el origen de tal símbolo y, caso de no saberlo es señal inequívoca de que no son “aquellos jóvenes universitarios tan bien preparados” de lo que hacían gala y con lo que convencieron a un montón de tontos y tontas que los votaron y nos los colaron en Ayuntamientos e, incluso, en el Congreso y en el Senado.

Sin embargo, no solo es achacable la culpa a estos miserables, la derechona, tradicionalmente cobarde y acomodaticia, también tiene su cuota de responsabilidad por no haberle preocupado jamás dar la batalla cultural y ganar el discurso histórico.

Esa permanente rendición de la derecha a los postulados de la izquierda es una constante fácilmente verificable por poco que nos aproximemos a la realidad de los hechos.

Estamos hartos de ver, con total impunidad, en mítines, manifestaciones y concentraciones de la siniestra, banderas de la vieja U.R.S.S. (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), la roja con la hoz y el martillo, encabezando las demostraciones de la izquierda y ultraizquierda; incluso banderas de diferentes Comunidades Autónomas ensuciadas al sobreponerles la estrella roja de cinco puntas. También hemos visto, incluso al presidente del gobierno y a muchos de sus ministros, cantar “la internacional” puño en alto, símbolos todos asociados al más recalcitrante comunismo internacional, el partido y la ideología más genocida de la historia de la humanidad. Sin embargo, jamás hemos oído y mucho menos leído que la derecha protestase, exigiendo que tal simbología desapareciese del contexto de estos movimientos izquierdosos. En estos casos, todo el mundo se calla y esconde la cabeza amparándose en la burda justificación de que se trata del ejercicio de la libertad de expresión, asociada a esa democracia mal entendida que practicamos los españoles.

Son más los ejemplos de los que podíamos echar mano. Vayamos con uno. En una localidad próxima a La Coruña, Oleiros, gobernada por un recalcitrante comunista desde hace años, en una de sus rotondas nos encontramos con la imagen, a gran tamaño, del Ché Guevara, uno de los genocidas más miserables del siglo XX. Un tipo que, a buen seguro, ni siquiera sabía donde quedaba Oleiros pero que, para este indigno alcalde, merece todo tipo de homenajes sin que nadie le exija su derribo inmediato.

Cruz de San Andrés con el aspa de Borgoña, traída por D. Felipe I en el siglo XVI

Sin embargo, no sucede lo mismo si a alguien se le ocurre erigir un monumento a José Antonio o a Franco ya que, para todos, es el gran anatema  o cantar el “Cara al Sol” -por cierto, “Antonio”, un himno que merece todos los respetos, incluso los de un estúpido prepotente como tú-; en igual medida, aquel que se le ocurra levantar el brazo extendido es perseguido por “facha”, como también lo es el que enarbole una Bandera Nacional con el escudo del Aguila de San Juan, a quien acusan de mostrar una enseña ilegal cuando, ese escudo es, precisamente, el que figura en el original de la actual Constitución de 1978.

Sin embargo, en estos casos, la “derechona” si toma partido y alza la voz contra todo aquel que haga gala de la simbología descrita, apartándolos como si de unos apestados se tratase, en una muestra más de esa religión de la cobardía y de lo “políticamente correcto” donde se han instalado desde siempre y que practican de forma habitual.

Ahora, le toca el turno a la Cruz de San Andrés con el aspa de Borgoña, aquella que trajera a España D. Felipe I, “el hermoso”, cuando vino a contraer matrimonio con Dña. Juana I de Castilla, en los albores del siglo XVI -ya llovió-. Resulta que se trata de un símbolo fascista porque lo dice “la picotuda” y su tropilla de ignorantes y, en consecuencia, hay que eliminarlo.

Es vergonzoso e indignante que estemos gobernados por gentuza como esta que odia nuestro glorioso pasado y desprecia, de forma sistemática, esas gestas y hazañas que nos han convertido en una de las piezas clave en la historia de la humanidad, escribiendo sus páginas a base de grandes sacrificios y regando con nuestra sangre las tierras del mundo.

Los españoles actuales no somos merecedores de ser herederos de nuestra gloriosa Historia.

Blog del autor: http://cnpjefb.blogspot.com/


3 respuestas a «La persecución sistemática de nuestra Historia»

  1. Cuando un vicepresidente puede decir con total impunidad, desprecio y recochineo, que no puede pronunciar la palabra «España» y que el himno de su nación es «una cutre pachanga fachosa», y no es destituido fulminantemente -como poco-, éste es un país que no tiene remedio.

  2. Cierto Magistrado de Valladolid llevaba en su móvil, como señal de llamada, la Marcha de Riego, que fue himno oficial durante la segunda república. Allí estaba un miembro de la Policía Nacional.
    En un momento dado, el PN dijo que en un partido habían tenido que retirar a un grupo de aficionados la bandera española que portaban por ser inconstitucional.
    Le pregunté que si era una tricolor, lo que llevó al Magistrado a echarme una mirada furibunda. El PN me contestó que no, que era una con «el pollo», a lo que le contesté que
    a) la bandera nacional, ahora no incluye escudo alguno y que
    b) el escudo nacional con los cinco cuarteles, el águila, las columnas de Hercules y las leyendas de «Plus Ultra» y «Una, Grande, Libre» eran plenamente constitucionales, pues así figuraban en el primer ejemplar de la Constitución. de 1978, que no se modificó hasta que ese desastre conocido como Calvo Sotelo, lo cambió.
    Bueno, me libré por los pelos de tener que ir a «Las Eras» cuando ya miraron en Google. Pero creería a aquel que le lo hicieses que cuando pillan con alguien que no sabe estas cosas, le crujen.

    1. Estimamdo señor: bravo por su comentario, pero más aún por su intervención, por ese dar la cara con datos que matan, mataron, el burdo relato del PN y del otro. Bravo. Saludos cordiales

Deja una respuesta

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad