La santa paciencia

¿Se han parado a pensar, alguna vez, cómo de terrible debe ser el Infierno, y sus penas? Existen cientos de descripciones de los sufrimientos que en él arrastrán las almas y cuerpos y además eternamente; o sea, para siempre. Incluso en el Evangelio, Nuestro Señor, lo dice con toda claridad y además varias veces. Pero aún con ello, seguimos pecando.

La Santa Paciencia, obra del escultor malagueño José María Ruíz Montes

¿Se han parado alguna vez a pensar, o mejor a verse a ustedes mismos en el trance de que la muerte les sorprendiera en pecado mortal? ¿Que la Parca llegara a ustedes en tal estado? Siempre la Iglesia recomendó pensar en ello; hoy tal recomendación la ha olvidado o al menos no la practica con la asiduidad y contundencia con que lo hacía y con que debiera.

Pónganse, por favor, en ese instante. Véanse en una carrteera tras un grave accidente, o solos aquejados de algún ataque imprevisto, sea de parte de otro o por fallo de sus cuerpos. Allí, en definitiva, tirados, sin poder ser asistidos por un sacerdote y… sabiendo que están en pecado mortal. O sea, a las puertas del abismo. Y en esta ocasión olvídense de ese arrepentimiento espiritual, incluso profundo, que en tales situaciones nos recomienda la Iglesia.

Por el contrario, véanse descendiendo a los Infiernos. ¿Que cómo será? Pues sufrimientos indecibles y además por toda la eternidad.

Pues bien. ¿De dónde creen que proviene la infinita y santa paciencia que tiene el Señor con nosotros y con nuestros pecados y faltas? ¿De dónde ese alargarnos la vida, incluso hasta una vejez de años, más que nunca antes? Por supuesto de su bondad y misericordia. Pero también de virtud inherente a ella como es la paciencia, Su santa paciencia. Ambas primas hermanas, de forma que la una hace a la otra y viceversa.

Pero siempre he pensado y lo sigo haciendo que también su santa paciencia para con nosotros viene de saber, como sólo Él sabe, lo terrible que es el Infierno, así como su eternidad. Creo firmemente que su santa paciencia, además de por Su infinita bondad y misericordia, se debe a que no quiere bajo ningún concepto vernos sumidos en el sufrimiento y la eternidad infernal. Él sabe muy bien, porque es creación suya, lo que es el Infierno. Por eso quiso, entre otras muchas cosas, dárnoslo a conocer durante su predicación terrenal, así como a través de múltiples visiones de santos a fin de que aunque sea por temor a él, hagamos lo imposible por no ir a él.

Creo que su santa paciencia infinita está en mucho ligada a que quiere salvarnos a toda costa, incluso a pesar nuestra. No sólo, que también, para que disfrutemos del Paraíso, del Reino, también eterno, sino puede que casi más para evitarnos los sufrimientos del Infierno por toda la eternidad.

Ahora hagan el esfuerzo de verse en situación como la descrita al comienzo de este artículo y sean conscientes no sólo de lo que hizo con Su pasión y muerte, sino de lo que sigue haciendo Nuestro Señor con su santa paciencia para evitarnos ir al Infierno y… espero que hagan lo imposible por no estar ni un segundo en pecado mortal, no sea que su santa paciencia que es infinita, como su bondad y misericordia… tengan fecha de caducidad.


2 respuestas a «La santa paciencia»

  1. Si es infinita, no tiene fecha de caducidad… Mientras hay vida en esta prueba, y deseo de enmienda, habrá paciencia.

    No es posible imaginar el infierno, nada será como imaginamos. Ante esa complejidad, el Cristo puso una comparación, un símil de lo que se consume por inútil, como la cizaña; y lo que se conserva y guarda, como el grano, porque es útil.

    «la buena semilla son los hijos del reino, la cizaña son los hijos del Malo; el enemigo que la siembra es el diablo; la siega es el fin del mundo, los segadores son los ángeles. Como se ata la cizaña y se arroja el fuego, así sucederá al fin del mundo. Enviará el Hijo del hombre a sus ángeles y recogerán de su reino todos los escandalosos y a los que cometen la iniquidad y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de los dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su padre. Quien tenga oídos, que oiga.»

    Les decía a la élite marrana que desviaba al pueblo elegido:
    Serpientes, raza de víboras! ¿cómo podréis escapar de la condenación del infierno?

    No estamos hablando de un cuento de hadas. Si los elegidos se salvan, es porque son útiles (de alguna manera que desconocemos, pero que intuimos, pues lo que perdura es lo que suma, y no lo que resta) a la Creación, al Padre.
    El Padre ve en la mecha encendida de la oveja extraviada, al hijo pródigo que podría ser… parte del pequeño rebaño.

  2. El Maligno, por medio de sus seguidores humanos, está consiguiendo poner de “moda” en los católicos el mismo espíritu protestante en que solo la FE salva. Según ellos, puedes cometer pecado que, aun estando en estado mortal, te salvarás.
    Como muy claramente se indica en el artículo “olvídense -en el momento de la inminente muerte- de ese arrepentimiento espiritual, incluso profundo”. Solo nos puede perdonar CRISTO que solo por medio de los sacerdotes hace dicho perdón. No podemos perdonarnos a nosotros mismos, no es posible si no es mediante un sacerdote.
    El estar en “gracia” es solo mediante la constante intención de evitar el pecado. El seguir a N.S. JESUCRISTO conlleva el NO dejarnos llevar por esta sociedad material y placentera. Ese pequeño esfuerzo (en ocasiones con sufrimiento) por las carencias de cosas, salud, sexo (lo que más almas arrastra al infierno), ambiciones, etc. se hace a cambio de seguir fielmente a DIOS. Ese pequeñito esfuerzo que nos hace de ánimo alegre y feliz ayudando a los demás y guardando los mandamientos se transformaran en infinita alegría y felicidad en el Cielo y, en caso de no realizar ese pequeñito esfuerzo, dará paso a inmensos dolores que serán -debido a la eternidad de la condena- totalmente indescriptibles e incompresibles para el ser humano todavía en tránsito por la vida mortal.

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