La “solución Arrimadas” versus la “solución Pelayo Abascal”

Recordemos, de forma breve, la reciente historia de la situación política actual. El 1 de junio de 2018 Rajoy perdió la moción de censura que le había planteado Sánchez. No supo aceptar el órdago que éste le había ofrecido de retirarla, si Rajoy dimitía, lo que podía posibilitar la convocatoria de elecciones inmediatas. Prefirió tomarse unos chupitos. Resultado 180 votos en contra, 169 a favor y una abstención y subsiguiente investidura de Sánchez, que sólo contaba con 84 diputados, como nuevo presidente de España. La siguiente convocatoria “inmediata” al pueblo español, tantas veces anunciada por Sánchez, se pospuso porque no quería arriesgarse a dejar el poder tan pronto. Finalmente, se hizo casi un año después, el 28 de abril de 2019. El PSOE obtuvo 123 diputados, PP 66, Cs 57, Podemos 42 y Vox 24. Sánchez no consiguió ser investido, aunque le ofreció a Cs un pacto, que éste rechazó, y que les habría permitido gobernar con mayoría absoluta. Siguió, como presidente en funciones, y volvió a convocar nuevas elecciones el 10 de noviembre de 2019 en las que bajó a 120 diputados, subió el PP a 89, Vox a 52, Podemos bajó a 35 y Cs se desplomó a 10 diputados. El tema de la investidura sigue, aún hoy, pendiente. Sánchez no ha abierto puerta alguna a un gran acuerdo constitucional que necesita España para reconducirse y promover la convivencia democrática, basada en la Patria común, que define el artículo 2 de nuestra Constitución.

Inés Arrimadas, la sucesora en funciones del dimitido Albert Rivera, ha empezado a ejercer como “reina del mambo”, con todos mis respetos para los amantes de ese ritmo. Tras haber asumido el liderazgo de Cs, hasta que se celebre el próximo congreso, ha seguido poniendo un cordón sanitario a Vox y se ha sacado un conejo mediático de la cartera, mediante la “solución Arrimadas”, la solución 221, suma de los diputados del PSOE, PP y Cs, que ofrecería la presidencia del gobierno a Sánchez. Inés, sumar sabes, pero eso no basta. ¿Qué más propones? ¿Qué has aprendido de la historia de tu partido que inicialmente atrajo a 4.136.000 españoles y que, ahora en las elecciones de noviembre, ha perdido la friolera de dos millones y medio? Pretender limitarte a seguir en la vía de los titulares mediáticos, echará a tu partido del poder en las próximas elecciones locales, autonómicas o generales que vaya habiendo.

No obstante, tienes una tabla de salvación, llama a Manuel Valls, dimite y déjale el puesto. Su reciente artículo en El Mundo, ha sido rotundo y fuerte. Cabe suponer que esto era lo que pensaba Rivera, cuando se desnudó en Cataluña para luchar contra el independentismo. También cabe pensar que era tu opinión cuando actuabas, como jefa de la oposición, en el Parlamento catalán. Pero fuisteis después veleteando. “Rajoy, te desaconsejamos el 155” “Para apoyarlo, te exigimos que convoques elecciones inmediatas en Cataluña” (error de libro), “cordón sanitario a Vox” (único partido, que tiene claro que hay que reconducir con firmeza el estado de las Autonomías), etc, etc. Inés, escucha a Valls y atrévete a firmar, en algún artículo tuyo, frases como las que él ha escrito: “Cataluña no es una nación” “Quienes se reivindican nación cultural suelen hacerlo para reivindicarse como nación política, para después imponer el derecho a la autodeterminación y separarse. El independentismo, por defecto, no anhela un nuevo encaje territorial sino una ruptura con el Estado. Es por ello que no se le puede contentar con otro modelo, nunca será suficiente autogobierno, porque sus reclamaciones sólo terminarán cuando levanten una frontera entre Cataluña y el resto de España”.

Evidentemente, si lo haces, tendrás que dejar paso a Valls, el cual escorará tu partido hacia la izquierda moderada, hacia el socialismo democrático, pero no os queda otra salida. Por la derecha tienes al PP y a Vox. Poco puede rascar el Cs por ahí. Sin embargo, entre los votantes de izquierda desencantados, cabe una opción como la de Valls que, al mismo tiempo, sería buena para España porque, “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Inés, no te olvides del artículo 2 de la Constitución. Parece mentira que tengáis que haber traído a un hispano francés para que os lo recuerde. De paso también viene bien que se lo recuerde al PP, que en sus territorios de Galicia, Baleares y Valencia parece haberlo olvidado.

La realidad actual pone, y pondrá cada vez más, en evidencia que, frente a la frívola “solución Arrimadas”, hay otra solución, más modesta, la solución 153 (PP, Vox, Cs y Navarra Suma) que señalaría que, en estos momentos, la prioridad nacional es la unidad de España que, en las últimas elecciones de noviembre, fue apoyada por diez millones cuatrocientos mil españoles. Si esta solución no se concreta, por reticencias del PP y Cs, queda otra mucho más precisa y sólida, la “solución Pelayo Abascal” que cada vez puede ir atrayendo a más españoles, a pesar del escaso apoyo que hoy tiene en los medios. Para ello, Abascal debe manifestarse en todo momento, en este periodo de investidura y en los que vengan después, aprovechando, para aparecer en los medios, la realización de declaraciones públicas rotundas y coherentes. Su programa político, a diferencia de otros partidos, quedó muy claro, tanto en su mitin de Vistalegre como en el debate a cinco en televisión, el martes previo a las generales. Pero sigue siendo conveniente reiterarlo ante los españoles, directa e indirectamente. Sería muy llamativo, pero también muy noticiable, que Vox apoyara el citado artículo de Manuel Valls, ya que ante lo urgente y prioritario es muy conveniente unir fuerzas. En todo caso, si la “solución 153” no sale adelante, va a llegar el momento de la “solución Pelayo Abascal”. El riesgo económico de tomar el camino griego de Varufakis y Txipras, tan apoyado por Podemos, más el riesgo político de la secesión, exigida por los independentistas catalanes y vascos, nos encamina hacia el modelo esperpéntico, caótico y revolucionario de la Primera República de febrero de 1873, que dio paso a la instauración de una república unitaria, bajo la dictadura del general Serrano, líder del conservador Partido Constitucional. Vivimos en otra época, en una sociedad moderna menos radical en la que hay mucho que perder en lo económico y en lo social. Pero no cabe descartar que, en un próximo futuro, el pueblo español le aplique a Sánchez el puntapié que ya le dio al partido de Zapatero, en las elecciones de 20 de noviembre de 2011.


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