La Tradición en la Iglesia (I/II)

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Muchos hablan de la Tradición de la Iglesia sin comprender realmente lo que Tradición significa. Otros están confundidos sobre su verdadero significado y composición. Entonces: ¿Qué es la Tradición de la Iglesia? Comprender lo que la Tradición de la Iglesia es o no es constituye un asunto de vital importancia.

Como parte de la Revelación todos sabemos que la Tradición es todo aquello que por vía oral y no por las Sagradas Escrituras forma parte del Depósito de Fe. En este punto no existe complicación. Pero desde el punto de vista teológico definir «Tradición» resulta problemático y muy confuso para muchos.

La Tradición desde el punto de vista teológico

La Tradición de la Iglesia, desde el punto de vista teológico, es una combinación de elementos que se suman para crear un todo inseparable; esto es la esencia misma de la Iglesia fundada por Cristo. Estos elementos se pueden consideran en dos grupos: los inmutables que nunca cambian y siempre permanecen idénticos, y aquellos que si pueden cambiar o son modificables. Es importantísimo entender esta diferencia pues si no se entiende bien se puede caer en gravísimos errores: aquellos que quieren cambiar lo que no se puede cambiar de la Tradición caen en el gravísimo error del modernismo o progresismo, un error condenado por el magisterio en el Syllabus y en tantos otros documentos oficiales. Aquellos que no entienden que la Tradición igualmente se compone de elementos que pueden cambiar siguen una noción, errónea, limitada e incompleta de la Tradición.

Los elementos que no cambian y siempre permanecen idénticos en la Tradición son el dogma y la moral. El dogma y la moral de la Iglesia, lo que tenemos que creer y que hacer o no hacer para salvarnos son inmutables y permanecen idénticos por todos los siglos. Ese dogma y moral son un elemento de la Tradición pero no son la totalidad de la Tradición. En un gran error están los que confunden el dogma y la moral inmutable como sinónimos o totalidad de la Tradición. Esto no es así pues dogma y moral no son la totalidad de la Tradición sino solo elementos de esta. Así como Paris no es la totalidad de Francia sino solo parte de esta. Y si bien es cierto que Paris es parte esencial y principal de Francia, es también cierto que Francia es más grande que Paris. Hay otras áreas, ciudades y provincias en Francia además de Paris. Lo mismo pasa con la Tradición. Dogma y moral inmutables son parte esencial y principal de la Tradición pero no son la totalidad de la Tradición pues la Tradición abarca más que dogma y moral. La Tradición de la Iglesia contiene más elementos, es más grande que solo dogma y moral inmutables. Decir o creer que la Tradición se compone solo y únicamente de dogma y moral es un gran error y una visión limitada de esta.

Dogma, Moral, Liturgia, Disciplina y Acción Pastoral, elementos de la Tradición

La Tradición no solo se compone del dogma y moral que no pueden cambiar y permanecen idénticos por todos los siglos, pero también se compone de liturgia, disciplina, y la acción pastoral del magisterio. La suma de todos estos elementos, dogma y moral inmutables, liturgia, disciplina, y acción pastoral forman lo que se conoce como Tradición de la Iglesia.

-Catecismo de la Iglesia Católica (78): «Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo es llamada la Tradición en cuanto distinta de la Sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella. Por ella, «la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree» (DV 8). «Las palabras de los Santos Padres atestiguan la presencia viva de esta Tradición, cuyas riquezas van pasando a la práctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora» (DV 8).

Así bien, si la Tradición Apostólica es la parte de la Revelación no contenida en la Biblia, en sentido teológico, la Tradición de la Iglesia como tal es una combinación de elementos: inmutables e incambiables algunos, cambiables otros. Los inmutables son el dogma y la moral, y los mutables que se adaptan a los tiempos y circunstancias son la liturgia, la disciplina, y la acción pastoral. Así define la Tradición desde la perspectiva teológica el Papa Benedicto XVI:

-Papa Benedicto XVI (26 de abril de 2006 ) «Esta permanente actualización de la presencia activa de nuestro Señor Jesucristo en su pueblo, obrada por el Espíritu Santo y expresada en la Iglesia a través del ministerio apostólico y la comunión fraterna, es lo que en sentido teológico se entiende con el término Tradición: no es la simple transmisión material de lo que fue donado al inicio a los Apóstoles, sino la presencia eficaz del Señor Jesús, crucificado y resucitado, que acompaña y guía mediante el Espíritu Santo a la comunidad reunida por él.

La Tradición es la comunión de los fieles en torno a los legítimos pastores a lo largo de la historia, una comunión que el Espíritu Santo alimenta asegurando el vínculo entre la experiencia de la fe apostólica, vivida en la comunidad originaria de los discípulos, y la experiencia actual de Cristo en su Iglesia… Así pues, concluyendo y resumiendo, podemos decir que la Tradición no es transmisión de cosas o de palabras, una colección de cosas muertas. La Tradición es el río vivo que se remonta a los orígenes, el río vivo en el que los orígenes están siempre presentes.»

La Tradición es pues la suma total del dogma y moral inmutables, disciplina, liturgia y actividad pastoral. Y si bien es cierto que el dogma y la moral nunca jamás pueden cambiar y permanecen idénticos por siempre, los otros elementos que completan lo que es la Tradición si pueden cambiar. Así por ejemplo la liturgia puede cambiar de acuerdo con los tiempos y circunstancias como lo demuestra el Concilio de Trento. Este Concilio nos dice que es un derecho del Magisterio de la Iglesia el cambiar o modificar su liturgia cuando esta quiere por las razones que esta quiera.

Así nos lo confirma el Concilio de Trento:

-Concilio de Trento (Sesión 21): «En la Iglesia siempre ha existido este poder, que en la administración de los sacramentos…ella puede modificar o cambiar lo que ella considera mas apropiado para el beneficio de los que los reciben o con respecto hacia los mismos sacramentos, de acuerdo a circunstancias variables, tiempo o lugares«

Lo que el Concilio de Trento nos decreta respecto a la liturgia, la Enciclopedia Católica de 1907 (Nihil Obstat Imprimatur) nos lo vuelve a confirma.

– Enciclopedia Católica (Nihil Obstat Imprimatur 1907): «Estrechamente relacionados con los derechos papales respecto al oficio de enseñar están aquellos acerca del culto divino. Pues es la ley de la oración la que fija la ley de la fe. En este campo es mucho lo que está reservado exclusivamente para ser reglamentado por la Santa Sede. Sólo el papa puede determinar los ritos litúrgicos empleados en la Iglesia. De surgir alguna duda respecto al ceremonial de la liturgia, el obispo local no puede decidir con su sola autoridad; debe recurrir a Roma. De la misma manera, el Papa tiene total autoridad para interpretar, alterar y abrogar sus propias leyes y las que hayan sido establecidas por sus predecesores. Tiene la misma plenitud de poder que ellos, y tiene frente a las leyes que ellos establecieron la misma posición que tiene frente a las promulgadas por él mismo».

De la misma manera en que el Concilio de Trento y la Enciclopedia Católica nos dicen que la liturgia cambia de acuerdo a «circunstancias variables, tiempo y lugares», de esa misma forma la disciplina de la Iglesia cambia igualmente cuando la Iglesia quiere. El Catecismo de Baltimore de 1891 (Nihil Obstat, Imprimatur) nos recuerda el pleno poder la Iglesia para cambiar y modificar su disciplina lo mismo que la liturgia.

– Catecismo de Baltimore 126: Hay dos cosas que debemos entender claramente y en la que no cabe confusión, esto son los dos tipos de leyes en la Iglesia—esas que Cristo nos dio y esas que la Iglesia ha creado ella misma. Por ejemplo la Iglesia no puede abolir uno de los sacramentos dejando solo seis; tampoco puede añadir uno, haciendo ocho. Pero por ejemplo, cuando la Iglesia declara que en cierto día no se puede comer carne, esa es una ley que la Iglesia ha hecho y que puede cambiar cuando quiera. Nuestro Señor permitió que su Iglesia fuese libre de hacer ciertas leyes como fuesen necesarias. La Iglesia siempre ha ejercido este poder y ha hecho leyes que se ajusten a las circunstancias de lugar o época. Aun hoy día la Iglesia se deshace de algunas viejas leyes que ya no son necesarias y hace otras que son más necesarias. Pero las doctrinas, las verdades de Fe y Moral, las cosas que debemos creer y hacer para salvar nuestras almas, nunca podrán ser cambiadas: la Iglesia puede regular algunas cosas en la aplicación de las leyes divinas, pero las leyes en si mismas nunca podrán cambiarse en su substancia. (Catecismo de Baltimore, Rev. Padre Thomas L. Kinkead, Nihil Obstat: D. J. McMahon, Censor Librorum, Imprimatur: *Michael Augustine Arzobispo de Nueva York, septiembre, 1891)

Aquí pues claramente se ve que junto con los elementos que nunca jamás cambian en la Tradición, ósea el dogma y la moral, otros elementos de esa misma Tradición como la liturgia, disciplina y la acción pastoral si pueden cambiar y de hecho cambian de acuerdo a tiempo y circunstancias.

La Acción Pastoral y el Desarrollo del Dogma

Otro elemento clave en la Tradición desde el punto de vista teológico, es la acción pastoral, es decir la relación entre los pastores legítimos de la Iglesia y su rebaño. Esta acción pastoral es parte integra de la Tradición y se compone a la vez de varios elementos que suman esta relación pastor-rebaño, o lo que es lo mismo, magisterio de la Iglesia con sus fieles.

San Gregorio Magno

Un es un elemento importantísimo de la acción pastoral es la manera en que el pastor, ósea el magisterio, explica a los fieles la doctrina incambiable e inmutable. Esto es que el magisterio de la Iglesia decide o escoge la manera en que se explica un dogma; como se aplica una doctrina incambiable e inmutable a las circunstancias especificas de cada época y lugar. Porque una cosa es el dogma en si mismo, que es inmutable y permanece idéntico por siempre, y otra cosa diferente es la manera en que se explica este dogma. La manera en que un dogma incambiable o inmutable se explica o desarrolla es parte importante de esa acción Pastoral del Magisterio y esa manera particular de explicar el dogma inmutable es algo que igualmente se ajusta o adapta a circunstancias, tiempo y lugar.

Así nos explica San Gregorio Magno (Ezechielem lib. 2, horn. 4, 12):

«Con el correr del tiempo fue acrecentándose la ciencia de los patriarcas; pues Moisés recibió mayores ilustraciones que Abraham en la ciencia de Dios omnipotente, y los profetas las recibieron mayores que Moisés, y los apóstoles, a su vez, mayores que los profetas»

También el beato Papa Juan XXIII nos habla de la importantísima distinción entre el contenido o substancia del dogma y la manera de expresar este. La substancia y significado del dogma no cambia nunca jamás, pero la manera en que el magisterio explica o desarrolla ese dogma puede adaptarse a época y lugar. Una cosa es el dogma en si mismo y otra la manera de explicar o hacer entender ese dogma. Nos dice el beato que estas son dos cosas diferentes y que no deben confundirse entre si.

-Santo Padre beato Juan XXIII (11 octubre de 1962): «El supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado en forma cada vez más eficaz… ante todo es necesario que la Iglesia no se aparte del sacro patrimonio de la verdad, recibido de los padres; pero, al mismo tiempo, debe mirar a lo presente, a las nuevas condiciones y formas de vida introducidas en el mundo actual, que han abierto nuevos caminos para el apostolado católico…el Concilio Ecuménico XXI quiere transmitir pura e íntegra, sin atenuaciones ni deformaciones, la doctrina que durante veinte siglos, a pesar de dificultades y de luchas, se ha convertido en patrimonio común de los hombres… Sin embargo, de la adhesión renovada, serena y tranquila, a todas las enseñanzas de la Iglesia, en su integridad y precisión, tal como resplandecen principalmente en las actas conciliares de Trento y del Vaticano I… espera que se de un paso adelante hacia una penetración doctrinal y una formación de las conciencias que esté en correspondencia más perfecta con la fidelidad a la auténtica doctrina, estudiando ésta y exponiéndola a través de las formas de investigación y de las fórmulas literarias del pensamiento moderno. Una cosa es la substancia de la antigua doctrina, del «depositum fidei», y otra la manera de formular su expresión…»

Lo que el beato Juan XXIII explica aquí, que una cosa es la substancia de la doctrina y otra cosa es la manera de formular o expresar esa doctrina. Esa manera de explicar la doctrina o desarrollarla es importantísimo elemento de la acción pastoral del Magisterio de la Iglesia. Según los tiempos y circunstancias la Iglesia adapta esa manera de expresar el inmutable dogma. Así el dogma permanece idéntico e incambiable por siempre, pero la manera de explicarlo cambia según la acción pastoral de la Iglesia que la explica esos dogmas de manera más eficaz según los tiempos y circunstancias.

Este desarrollo del dogma nunca jamás debe confundirse con la herejía del modernismo. La herejía del modernismo busca cambiar el significado y esencia del dogma y adaptar este a la corriente filosófica de moda. El desarrollo católico del dogma solo desenvuelve la manera de explicar el dogma dejando intacto el significado, esencia y substancia de este. Mientras la herejía del modernismo busca cambiar el sentido y esencia del dogma inmutable, el desarrollo católico del dogma solo hace explicitas verdades contenidas en el dogma de manera implícita.

El desarrollo del dogma de la acción pastoral nunca jamás cambia el significado del dogma, sino solo la manera de explicar este. Así se define en términos teológicos este desarrollo del dogma:

-Fundamento del Dogma Católico: La evolución del dogma en sentido católico. Respecto de la forma del dogma, es decir, del conocimiento y proposición por la Iglesia de las verdades reveladas, y consecuentemente de la pública fe de las mismas, sí que ha habido progreso (evolución accidental del dogma), y semejante progreso tiene lugar de las siguientes maneras: a) Verdades que hasta un momento determinado solamente se creían de forma implícita, se llegan a conocer explícitamente y son propuestas a los fieles para su creencia en ellas; cf. S.th. 2 11 1, 7: «en cuanto a la explicación, creció el número de artículos [de la fe], porque ciertas cosas que por los antiguos no habían sido conocidas explícitamente, vienen a ser conocidas de forma explícita por otros posteriores». b) Los dogmas materiales se convierten en dogmas formales. c) Para más clara inteligencia por parte de todos y para evitar malentendidos y falsas interpretaciones, las verdades antiguas, creídas desde siempre, se proponen por medio de nuevos y bien precisos conceptos. Así ocurrió, por ejemplo, con el concepto de unión hipostática, de transustanciación. d) Cuestiones debatidas hasta un momento determinado son después aclaradas y definidas, condenándose las proposiciones heréticas; cf. SAN AGUSTÍN, De civ. Dei xvi 2, 1: «ab adversario mota quaestio discendi existit occasio» (una cuestión promovida por un adversario se convierte en ocasión de adquirir nuevas enseñanzas).

La evolución del dogma en el sentido indicado va precedida de una labor científica teológica, y prácticamente enseñada por el magisterio ordinario de la Iglesia con asistencia del Espíritu Santo (Ioh 14, 26). Promueven esta formación, por un lado, el deseo natural que tiene el hombre de ahondar en el conocimiento de la verdad adquirida y, por otro, influencias externas, como son los ataques de los herejes o los infieles, las controversias teológicas, el progreso de las ideas filosóficas y las investigaciones históricas, la liturgia y la universal convicción de creencias que en ella se manifiesta. Los santos padres ya pusieron de relieve la necesidad de profundizar en el conocimiento de las verdades reveladas, de disipar las oscuridades y hacer progresar la doctrina de la revelación. (Dr. Ludwig Ott Nihil Obstat: Jeremiah J. O’ Sullivan. Imprimatur: + Cornelius, 7 octubre 1954)

También los santos nos dan testimonio de la necesidad de explicar o desarrollar los dogmas de manera mas actualizada a los tiempos a la misma vez que se mantiene en su completa integridad su contenido y substancia. El gran San Vicente de Lerins nos aclara este punto del desarrollo del dogma, punto esencial de la acción pastoral.

San Vicente de Lerins

-San Vicente de Lerins: «Pero tal vez diga alguno: ¿Luego no habrá en la Iglesia de Cristo progreso alguno de la religión? Ciertamente existe ese progreso y muy gran progreso… Pero tiene que ser verdadero progreso en la fe, no alteración de la misma. Pues es propio del progreso que algo crezca en sí mismo, mientras lo propio de la alteración es transformar una cosa en otra» (Commonitorium 23; cf. Dz 1800.)

Aquí vemos que el desarrollo del dogma es posible en la manera en que la Iglesia los explica y profundiza de acuerdo a la época y circunstancias. La esencia y substancia del dogma se queda idéntico y es inmutable por todos los siglos pero la manera de explicarlo cambia y se adapta. Eso es parte importante del elemento pastoral de la Tradición.

Tal vez el mas genial de los teólogos y tomistas de Hispanoamérica, el doctor en lógica y teología, Rev. Padre Rafael Faria explica así el desarrollo católico del dogma en 1956:

-Curso Superior de Religión (1956): Indefectibilidad de la Iglesia consiste que ha conservado y conservara invariable el tesoro que recibió de Cristo, a saber: el Dogma, la Moral, los Sacramentos y a la organización interna. Sin duda que ha habido desenvolvimiento y perfección en el Dogma católico. Pero ese desenvolvimiento consiste, no en que se hallan enseñando verdades nuevas, no contenidas en la Sagrada Escritura o en la Tradición; sino que se han declarado y enseñado en forma perfectamente clara y explicita verdades que estaban allí contenidas en forma general, oscura o imprecisa. Por ejemplo, la Escritura enseña que en Dios hay Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Dogma se fue desenvolviendo hasta que encontró la formula precisa: en Dios hay tres personas en una sola Naturaleza. Y así ha pasado con otras verdades. La infabilidad de la Iglesia consiste en no podrá errar en asuntos pertinentes a la Fe y a la Moral. La infabilidad es necesaria a la Iglesia porque Dios obligo a todos los hombres bajo pena de condenación a que pertenecieran a ella. «Quien no creyere se condenara». (Marc.16,16). Pero si la Iglesia pudiera errar Dios obligaría a los hombres a aceptar el error, lo cual repugna a su sabiduría. (Rev. Padre Dr. Rafael Faria, Santa Fe de Bogotá, 1956, Libro I, Dogma, p.135 Nihil Obstat, Imprimatur.)Así vemos que la Tradición de la Iglesia se compone de elementos que no cambian nunca jamás como el dogma y la moral, y de elementos que si cambian con los tiempos, como la liturgia, la disciplina y la acción pastoral. Explicar de mejor manera o de manera mas desarrollada ese dogma inmutable e incambiable es parte importantísima de la acción pastoral.

El Magisterio de la Iglesia, Guardián Invencible de la Tradición

Según el plan de Cristo, los apóstoles y sus sucesores, ósea el magisterio de la Iglesia, han de ser hasta el fin de los tiempos los guardianes invencibles de la Tradición. Fue solo al magisterio a quien Cristo encargo la misión de guardar la Tradición, definirla y exponerla a los fieles. Solo el magisterio puede interpretar el deposito de Fe para decirnos lo que Tradición es o no es, y solo el magisterio tiene la divina promesa de Cristo que este no podrá nunca jamás ser infiel o alejarse de la Tradición.

Es pues importantísimo entender que para comprender lo que la Tradición es de época en época solo podemos escuchar al magisterio vivo de la Iglesia; esto es al Papa y a los Obispos en plena comunión con el. Solo este magisterio vivo puede decirnos, de época en época lo que la Tradición «es» según los tiempos y las circunstancias. Así nos explica el gran León XIII en su inmortal Satis Cognitum:

Papa León XIII

-Papa León XIII, Satis Cognitum (1896): Es, pues, incontestable, después de lo que acabamos de decir, que Jesucristo instituyó en la Iglesia un magisterio vivo, auténtico y además perpetuo, investido de su propia autoridad, revestido del espíritu de verdad, confirmado por milagros, y quiso, y muy severamente lo ordenó, que las enseñanzas doctrinales de ese magisterio fuesen recibidas como las suyas propias. Cuantas veces, por lo tanto, declare la palabra de ese magisterio que tal o cual verdad forma parte del conjunto de la doctrina divinamente revelada, cada cual debe creer con certidumbre que eso es verdad; pues si en cierto modo pudiera ser falso, se seguiría de ello, lo cual es evidentemente absurdo, que Dios mismo sería el autor del error de los hombres. «Señor, si estamos en el error, vos mismo nos habéis engañado»Lo mismo que nos dice León XIII es lo que la doctrina de la Iglesia nos repite sin cesar: solo el magisterio de la Iglesia nos puede definir lo la Tradición de la Iglesia es de época en época y nadie mas: así lo repiten los santos padres, el Catecismo y los manuales de teología dogmática una y otra vez.

-Papa San Pío X (10 de mayo de 1909): «El primero y el más grande criterio de la fe, la regla suprema e inquebrantable de la ortodoxia es la obediencia al Magisterio siempre vivo e infalible de la Iglesia, establecida por Cristo «la columna y el sostén de la verdad».

-Papa Pablo VI (carta al arzobispo Lefebvre, octubre 1976): «Este es el asunto esencial…Cristo le ha dado la suprema autoridad de Su Iglesia a Pedro y al Colegio apostólico, esto es al Papa y al colegio de Obispos una cum Capite. Por su naturaleza «el encargo de enseñar y gobernar no puede ser ejercitado excepto en comunión jerárquica con la cabeza del Colegio y con sus miembros» (Constitución Lumen Gentium, 21; cf. también 25). A fortiori, un solo obispo sin misión canónica no tiene en actu expedito ad agendum, la facultad de decidir en general lo que es regla de fe o determinar lo que es Tradición.»

-Catecismo de la Iglesia Católica: 85 El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escritura, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo» (DV 10), es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma.

-La Religión Demostrada: «Nadie es libre para explicar a su manera la Sagrada Escritura y la Tradición; debemos someternos a la Iglesia docente, establecida para decirnos lo que debemos creer y lo que debemos obrar. … Por lo demás las razón demuestra la necesidad de una regla viva para dar a los fieles la noción de las verdades que hay que creer y de los deberes que hay que practicar…Era pues menester un juez vivo, un interprete autentico para fijar el sentido de la revelación divina y condenar los errores. Por ese motivo el Gobernador Supremo de la Iglesia y los obispos en comunión con el son los únicos interpretes legítimos e infalibles de las Escrituras y de la Tradición, la única regla de la fe y de la moral.» (La Religión Demostrada, Pág. 449, P.A Hillaire, edición Mons. Agustín Piaggo, 1944, Barcelona, Nihil Obstat, Imprimatur.)

-Diccionario de teología Dogmática: «Según la doctrina católica la Sagrada Escritura y la Tradición no son mas que la fuente y la regla remota de la fe, mientras la regla próxima es el magisterio vivo de la Iglesia, que reside en el Romano Pontífice y en los Obispos en cuanto están sujetos y unidos a el.» (Diccionario de teología dogmática, Pág. 206, Rev. Padre Pietro Parente, Nihil Obstat, Imprimatur, 1955)

Vemos así que solo el Papa y los Obispos en plena comunión con el pueden decirnos lo que la Tradición es o no es. Nadie que no sea este autentico magisterio vivo de la Iglesia, ósea el Papa y los obispos en plena comunión con el pueden decirnos lo que la Tradición es o no es en determinado momento histórico.

Todos sabemos los elementos que componen la Tradición de la Iglesia: dogma, moral, liturgia, disciplina, acción pastoral, pero su exacta definición en cada determinada época, solo la puede determinar y nos la puede trasmitir el magisterio autentico de la Iglesia y nadie más. Solo el Papa y los obispos en comunión con el nos pueden decir lo que Tradición es o no es en cada determinada época.

Benedicto XVI

De esta misma forma podemos apreciar que ese magisterio no podrá nunca ser infiel al depósito de la Fe, ósea que el magisterio nunca podrá ser infiel a la Tradición. La promesa de Cristo de ayudar y proteger su Iglesia por «todos los días hasta el fin del mundo» nos da la garantía absoluta y rotunda que el magisterio de la Iglesia nunca será infiel a la Tradición. Así el magisterio nunca podrá cambiar lo incambiable de la Tradición, el dogma y la moral, ni dejar de ser fiel a esta. Así nos lo explica el cardenal Ratzinger, hoy día Papa Benedicto XVI:-Cardenal Ratzinger (carta al arzobispo Lefebvre, 28 julio 1987): «Divinamente instituida, la Iglesia tiene la promesa de asistencia de Cristo hasta el final de los tiempos. El romper su unidad con un acto de plena desobediencia de su parte causaría incalculable daño y destruiría el futuro mismo de su trabajo debido a que fuera de la unidad con Pedro no se puede tener futuro sino solo la ruina de todo lo que desea y aspira…De hecho es a Pedro quien el Señor le ha confiado el gobierno de Su Iglesia; por lo tanto es el Papa el principal artesano de su unidad. Asegurado en la promesa de Cristo, el Papa nunca será capaz de oponerse a la Santa Tradición ni al magisterio autentico.»Así podemos ver como dice el cardenal Ratzinger (hoy día Papa Benedicto XVI) que el Papa nunca será capaz de ser infiel a la Tradición. Esto se basa en la oración de Cristo que oro por la Fe de Pedro y sus sucesores. Así es dogma divinamente revelado que el Papa, Vicario de Cristo en la Tierra, nunca jamás será capaz de oponerse o ser infiel a la Tradición y los elementos inmutables que nunca jamás cambian en ella, ósea la doctrina y la moral. Cristo mismo nos asegura con su divina promesa que el Papa nunca jamás podrá ser infiel a la Santa Tradición. Así nos los asegura el Primer Concilio Vaticano:

-Primer Concilio Vaticano, Constitución dogmática Pastor Aeternus (18 de julio de 1870): Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe. Ciertamente su apostólica doctrina fue abrazada por todos los venerables padres y reverenciada y seguida por los santos y ortodoxos doctores, ya que ellos sabían muy bien que esta Sede de San Pedro siempre permanece libre de error alguno, según la divina promesa de nuestro Señor y Salvador al príncipe de sus discípulos: «Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y cuando hayas regresado fortalece a tus hermanos». Este carisma de una verdadera y nunca deficiente fe fue por lo tanto divinamente conferida a Pedro y sus sucesores en esta cátedra, de manera que puedan desplegar su elevado oficio para la salvación de todos, y de manera que todo el rebaño de Cristo pueda ser alejado por ellos del venenoso alimento del error y pueda ser alimentado con el sustento de la doctrina celestial.

Parte I de II

Para Catholic.net

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