La Tradición en la Iglesia (II/II)

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Muchos hablan de la Tradición de la Iglesia sin comprender realmente lo que Tradición significa. Otros están confundidos sobre su verdadero significado y composición. Entonces: ¿Qué es la Tradición de la Iglesia? Comprender lo que la Tradición de la Iglesia es o no es constituye un asunto de vital importancia.

La Tradición de la Iglesia es también llamada Tradición «viva»

A la Santa Tradición de la Iglesia se le llama también Tradición viva porque como hemos visto esta Tradición, desde el punto de vista teológico se compone de elementos que no pueden cambiar nunca jamás y siempre permanecen idénticos, el dogma y la moral, pero igualmente de elementos que si cambian o se adaptan con los tiempos y las circunstancias. Debido precisamente a estos elementos que si cambian o se adaptan, óseas la liturgia, la acción pastoral y la disciplina, y que son parte integra de la Tradición, es que también se le llama «tradición viva» a la Tradición. Este nombre de Tradición viva se utiliza para denotar que existen elementos que cambian y son modificables en la Tradición (acción pastoral, liturgia, disciplina) junto a los elementos que nunca jamás cambian y son inmutables por todos los tiempos (dogma y moral).

Una hermosa y docta visión de la Tradición, su composición y definición la dio el Santo Padre Benedicto XVI en mayo del 2006. Aquí su santidad explica el verdadero significado de lo que es la Tradición de la Iglesia:

-Papa Benedicto XVI (3 mayo 2006): Queridos hermanos y hermanas: En esta catequesis queremos comprender un poco lo que es la Iglesia. La última vez meditamos sobre el tema de la Tradición apostólica. Vimos que no es una colección de cosas, de palabras, como una caja de cosas muertas. La Tradición es el río de la vida nueva, que viene desde los orígenes, desde Cristo, hasta nosotros, y nos inserta en la historia de Dios con la humanidad…La Iglesia transmite todo lo que es y lo que cree; lo transmite con el culto, con la vida y con la enseñanza. Así pues, la Tradición es el Evangelio vivo, anunciado por los Apóstoles en su integridad, según la plenitud de su experiencia única e irrepetible: por obra de ellos la fe se comunica a los demás, hasta nosotros, hasta el fin del mundo.

Por consiguiente, la Tradición es la historia del Espíritu que actúa en la historia de la Iglesia a través de la mediación de los Apóstoles y de sus sucesores, en fiel continuidad con la experiencia de los orígenes…Esta cadena del servicio prosigue hasta hoy, y proseguirá hasta el fin del mundo. En efecto, el mandato que dio Jesús a los Apóstoles fue transmitido por ellos a sus sucesores. ..Así, aunque de manera diversa a la de los Apóstoles, también nosotros tenemos una verdadera experiencia personal de la presencia del Señor resucitado. A través del ministerio apostólico Cristo mismo llega así a quienes son llamados a la fe. La distancia de los siglos se supera y el Resucitado se presenta vivo y operante para nosotros, en el hoy de la Iglesia y del mundo. Esta es nuestra gran alegría. En el río vivo de la Tradición Cristo no está distante dos mil años, sino que está realmente presente entre nosotros y nos da la Verdad, nos da la luz que nos permite vivir y encontrar el camino hacia el futuro.»La herejía del Modernismo: ataque a la Tradición

Uno de los más grandes y trágicos errores contra la Tradición de la Iglesia es el modernismo o progresismo. Si bien es cierto que el modernismo como escuela filosófica tiene muchas variaciones, desde el punto de vista teológico y en relación con la Tradición, el principal error del modernismo es querer cambiar lo incambiable de esta. Así la herejía del modernismo defiende el gravísimo error que lo incambiable e inmutable de la Tradición, ósea el dogma y la moral, puede cambiar con el tiempo, lugar o circunstancias. Este trágico error defiende que así como los elementos que si cambian en la Tradición, (disciplina, liturgia, acción pastoral) también se puedan cambiar de la misma forma los elementos incambiables e inmutables de esta (dogma y moral) e que estos se adapten según la corriente o moda de la época.

La herejía del modernismo busca romper con el pasado irrompible de la Tradición y cambiar lo que por ser verdad eterna no puede cambiarse. Al intentar cambiar lo incambiable de la Tradición, el dogma que hay que creer para salvarse y la moral que rige los actos igualmente para salvarse, el modernismo atenta contra la base fundamental de la Tradición.

San Pio X

El gravísimo error modernista es, a diferencia del católico desarrollo del dogma que siempre deja intacto y sin contradicción la esencia y substancia del dogma, el cambio contradictorio de una doctrina; la herejía modernista busca cambiar de significado y substancia la doctrina, queriendo hacer error lo que es verdad y verdad lo que es error y cambiar lo incambiable de la Tradición según el gusto o moda de una época. El error del modernismo ha sido condenado muchísimas veces por el magisterio de la Iglesia, especialmente en el Syllabus, por San Pio X, Pablo VI y por Juan Pablo II.

Así habla San Pio X de la herejía del modernismo en Pascendi:

-San Pio X (Pascendi, 8 de septiembre de 1907): «A su vez, el hombre, al creer, puede estar en condiciones que pueden ser muy diversas. Por lo tanto, las fórmulas que llamamos dogma se hallarán expuestas a las mismas vicisitudes, y, por consiguiente, sujetas a mutación. Así queda expedito el camino hacia la evolución íntima del dogma. ¡Cúmulo, en verdad, infinito de sofismas, con que se resquebraja y se destruye toda la religión! No sólo puede desenvolverse y cambiar el dogma, sino que debe; tal es la tesis fundamental de los modernistas, que, por otra parte, fluye de sus principios».

También el Papa Pablo VI nos habla de la imposibilidad de aplicar la herejía modernista en la Iglesia y cambiar lo incambiable de la Tradición. Sin importar la presión y la corriente o moda de los tiempos la Iglesia nunca jamás, por promesa del mismo Cristo, podrá cambiar lo incambiable de la Tradición, ósea el dogma y la moral que componen el Deposito de Fe. Pablo VI nos explica el 19 de enero de 1972 que la Iglesia nunca jamás podrá cambiar o mutar el elemento inmutable de la Tradición. Así explica el Papa Pablo VI que la Iglesia nunca jamás podrá ser victima de la herejía del modernismo:

-Papa Pablo VI (19 de enero del 1972): «Así querido hijos, y al afirmar esto, nosotros repudiamos estos errores que estuvieron ya en el pasado en circulación, y que circulan rampantes otra vez en la vida espiritual de nuestro tiempo, y que pueden destruir nuestro entendimiento cristiano de la vida y de la historia. El modernismo fue la expresión característica de esas falsas doctrinas; que bajo otros nombres son influyentes hoy día.

Podemos entender hoy día porque la Iglesia Católica, ahora como en el pasado, le atribuye tanta importancia a la estricta preservación de la autentica revelación y considera a esta como un tesoro inviolable, y porque Ella tiene una noción estricta de su misión fundamental de defender la doctrina de la Fe y trasmitirla en una manera inequívoca. La ortodoxia es su mayor preocupación, y el oficio pastoral es su más importante y divina misión.

La enseñanza de los Apóstoles de hecho determina el canon de su proclamación. Las instrucciones del Apóstol Pablo «Preserva lo que se te ha enseñado» (1 Tim.6:20, 2 Tim.1:14) le presenta un deber que seria traición no observar. La Iglesia como Maestra no se inventa su doctrina; Ella da testimonio, preserva, media. Es un asunto de la Verdad del mensaje del Evangelio que la Iglesia puede caracterizarse como conservadora e implacable. A aquellos que quieren inducir a la Iglesia a simplificar su Fe y moldearla al gusto del espíritu cambiable de la época, esta les responde con el «non possimus» (no podemos) de los Apóstoles. (Hechos, 4:20)»

Juan Pablo II

Así el modernismo, la herejía que quiere cambiar lo incambiable de la Tradición y modificar la esencia y substancia de los dogmas según la corriente o moda de las épocas, queda como uno de los mas graves errores contra la Tradición.

Juan Pablo II define los errores contra la Santa Tradición

El Papa beato Juan Pablo II definió en 1988 los gravísimos errores que atentan contra la Tradición. En una carta al entonces Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Cardenal José Ratzinger (hoy día Papa Benedicto XVI), el beato Juan Pablo II definió el gravísimo error del modernismo, ósea querer cambiar lo incambiable de la Tradición, y también el gravísimo error del integrismo, ósea no entender que la Tradición abarca mas que solo elementos incambiables pero también elementos que si cambian con el tiempo como la liturgia, la acción pastoral y la disciplina. Así nos explica magistralmente el beato Juan Pablo II:

-Beato Juan Pablo II (8 Abril 1988): «…las palabras con que Cristo prometió a los Apóstoles la venida del Espíritu Santo tienen para nosotros especial relevancia: «Yo rogaré al Padre y El os dará otro Paráclito para que os acompañe por siempre, y el Espíritu de verdad … que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todo y os recordará todo lo que yo lo he dicho. «(Jn 14, 1617, 26.) En todos los tiempos y en todo momento, la Iglesia ha estado guiada por la fe en las palabras de su Maestro y Señor, en la certeza de que, con la ayuda y la asistencia del Espíritu Santo, la Iglesia siempre permanecerá en la verdad divina, manteniendo la sucesión apostólica con los Obispos en comunión con el sucesor de Pedro.

La Iglesia también ha expresado esta convicción de fe en el último Concilio que se reunió para confirmar y reforzar la enseñanza que la Iglesia heredó de la Tradición existente desde hace casi veinte siglos como una realidad viva que va avanzando en relación con problemas y necesidades de cada época, y profundiza nuestra comprensión de lo que ya esta contenido en la fe transmitida de una vez y por todas (cf. Judas 3).

Estamos profundamente convencidos de que «el Espíritu de verdad que le habla a la Iglesia» (cf. Ap. 2, 7, 11, 17, et. al.) habló – de una manera particularmente solemne y autoritativa – en el Segundo Concilio Vaticano, preparando a la Iglesia para entrar en el tercer milenio después de Cristo. Ya que el trabajo del Concilio en su conjunto es una confirmación de la misma verdad, vivida por la Iglesia desde el principio, es también una «renovación» de esa misma verdad (un «aggiornamento», como dice la famosa frase del Papa Juan XXIII), para acercar a la gran familia humana en el mundo contemporáneo tanto a la manera de enseñar la fe y la moral como las actividades apostólicas y pastorales de la Iglesia.

En el período post-conciliar hemos visto un gran esfuerzo de parte de la Iglesia de asegurarse que este novum constituido por el Vaticano II correctamente penetrara la mente y la conducta de las comunidades individuales del Pueblo de Dios. Sin embargo junto a este esfuerzo, han surgido tendencias que han creado cierta dificultad en poner el Concilio en práctica.

Una de esas tendencias se caracteriza por el deseo de cambios que no siempre están en armonía con las enseñanzas y el espíritu del Vaticano II, aunque se trate de apelar al Concilio. Estos cambios invocan y expresan un progreso, por lo que se designa a esta tendencia con el nombre de «progresismo». El progreso, en este caso es una orientación hacia un futuro que rompe con el pasado, sin contar con la función de la Tradición que es fundamental para la misión de la Iglesia, para que esta pueda continuar en la verdad que le fue transmitida a ella por Cristo el Señor y por los Apóstoles, y que es diligentemente guardada por el Magisterio.

La tendencia opuesta, sin embargo, definida como conservadorismo’ o ‘integrismo’, se detiene en el pasado mismo, sin tener en cuenta la justa aspiración hacia el futuro como se manifiesta propiamente en la obra del Vaticano II… Ve lo justo solamente en aquello que es «antiguo» reteniéndolo como sinónimo de la tradición.

Sin embargo, no es lo «antiguo» en cuanto tal, ni lo «nuevo» por sí mismo que corresponden al concepto justo de la tradición en la vida de la Iglesia. Tal concepto, en efecto, significa la fiel permanencia de la Iglesia en la verdad recibida de Dios, a través de las mutables vicisitudes de la historia. La Iglesia, como aquel patrón del Evangelio, extrae con sabiduría ‘de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas’, permaneciendo absolutamente obediente al Espíritu de verdad que Cristo ha dado a la Iglesia como guía divina. Y la Iglesia cumple esta delicada obra de discernimiento a través del magisterio auténtico»

El Integrismo error contra la Tradición lo mismo que el Modernismo

Así como la herejía del modernismo quiere cambiar los elementos incambiables de la Tradición (el deposito de Fe), otro gravísimo error contra la Tradición es el integrismo cismático. Este integrismo puede ocurrir de dos maneras, la primera cuando la persona entiende por Tradición el sinónimo de dogma y moral y no se da cuenta que la Tradición abarca otros elementos además de ese dogma y moral inmutable. La segunda manera en que ocurre el integrismo es cuando la persona si entiende que la Tradición se compone de otros elementos además de dogma y moral y por lo tanto reconoce que liturgia, disciplina y acción pastoral son parte integra de la Tradición, pero igualmente la persona no reconoce que esos otros elementos pueden cambiar o ser modificados según tiempo o circunstancia.

El integrismo es un error gravísimo que puede llevar a otros errores doctrinales como de facto negar la infabilidad e indefectibilidad prometida por Cristo a su Iglesia e incluso puede conducir a cismas contrarios a la Constitución Divina de la Iglesia según lo solemnemente decretado por Pastor Aeternus en el Primer Concilio Vaticano. El no entender que la Tradición contiene otros elementos además del dogma y la moral, o el no reconocer que esos otros elementos (acción pastoral, disciplina, liturgia) pueden cambiar con el tiempo es el error del integrismo, lo cual se constituye como un grave atentado contra la Santa Tradición.

Pablo VI

El Santo Padre Pablo VI nos habla de como este integrismo cismático puede llevar, lo mismo que el modernismo, a gravísimos errores respecto al entendimiento de la Santa Tradición. Así nos habla el santo Padre Pablo VI sobre el gravísimo error del integrismo y como este lleva a un entendimiento falso y erróneo de la Santa Tradición:

–Papa Pablo VI (octubre 11 1976, carta al arzobispo Lefebvre) «Usted dice que es fiel a la Iglesia y a la Tradición por el simple hecho de obedecer ciertas normas del pasado que fueron decretadas por el predecesor de aquel a quien Dios le da hoy los poderes conferidos a Pedro. En este punto también el concepto de Tradición que usted invoca es erróneo. La Tradición no es un dato fijo o muerto, un hecho estático, que de cierta manera, bloquearía, en un momento determinado de la historia, la vida de este organismo activo que es la Iglesia, el cuerpo místico de Cristo.

Corresponde al papa y a los concilios conducir un juicio para discernir en las tradiciones de la Iglesia, a lo que no es posible renunciar, sin infidelidad al Señor y al Espíritu Santo – el depósito de la fe – y lo que, por el contrario, puede y debe ser puesto al día, para facilitar la misión de la Iglesia a través de la variedad de los tiempos y de los lugares, para traducir el mensaje divino al lenguaje humano de hoy y comunicarlo mejor, sin compromiso de principios, indudablemente. Así la Tradición es inseparable del magisterio vivo de la Iglesia como es inseparable de las sagradas escrituras. Así actúan los papas y los concilios ecuménicos, con la asistencia especial del Espíritu Santo.

Fue eso, precisamente lo que hizo el Vaticano II. Nada de lo decretado en ese Concilio, como en las reformas que Nos hemos decidido llevar a cabo, se opone a lo que la Tradición Bi milenaria de la Iglesia considera fundamental e inmutable. De todo esto somos Nosotros garantes, en virtud, no de nuestra cualidades personales, sino por la tarea que el Señor nos ha confiado como sucesor legítimo de Pedro y de la asistencia especial que nos ha prometido, como a Pedro: «He rogado por ti con el fin de que tu fe no desfallezca» (Lc 22,32). Con Nosotros es garante de esto el episcopado universal. Nuevamente, usted no puede distinguir lo que es pastoral de lo que es dogmático para aceptar algunos textos del concilio y rechazar otros».

También el beato Juan Pablo II nos advierte del gravísimo error teológico del integrismo. No reconocer que la Santa Tradición tiene otros elementos además del dogma y la moral, y que estos elementos (liturgia, acción pastoral, disciplina) pueden y deben cambiar con los tiempos según lo decreta el Concilio de Trento, es el gravísimo error y mal entendimiento de la Tradición que llamamos integrismo. Este integrismo lleva a otros errores como el cisma, la negación de la indefectibilidad e infabilidad de la Iglesia y una nueva versión del error luterano de la libre interpretación en la que el cismático da su propia interpretación a la Tradición, independientemente y por separado del Papa y el autentico magisterio. Así nos dice el beato Juan Pablo II en 1988:

-Beato Juan Pablo II (Motu Propio Ecclesia Dei, 1988) La raíz de este acto cismático se puede individuar en una imperfecta y contradictoria noción de Tradición: imperfecta porque no tiene suficientemente en cuenta el carácter vivo de la Tradición, que … arranca orginariamente de los Apóstolos, «va progresando en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo; es decir, crece con la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, cuando los fieles las contemplan y estudian …cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad». Pero es sobre todo contradictoria una noción de Tradición que se oponga al Magisterio universal de la Iglesia, el cual corresponde al Obispo de Roma y al Colegio de los Obispos. Nadie pude permanecer fiel a la Tradición si rompe los lazos y vínculos con aquél a quien el mismo Cristo, en la persona del Apóstol Pedro, confió el ministerio de la unidad en su Iglesia.»

La Santa Tradición Siempre presente en el Magisterio Autentico

Para mantenernos fieles a la Santa Tradición de la Iglesia solo queda la vía de seguir el magisterio autentico de la Iglesia. Solo el magisterio autentico puede llevarnos seguros por el camino de la Santa Tradición. Solo el magisterio tiene la promesa divina de Cristo de no desviarse nunca jamás del deposito de Fe y solo al magisterio autentico autorizo Cristo a predicar la verdad. La única manera de permanecer firmes en la Fe contra los errores del modernismo y el integrismo es la permanencia en adhesión completa al magisterio de la Iglesia.

Sobre la absoluta necesidad de estar unidos al Vicario de Cristo nos advierte el gran León XIII en su magistral Satis Cognitum de 1896:

– Papa León XIII (Satis Cognitum, 1896): «Por esto hay necesidad de hacer aquí una advertencia importante. Nada ha sido conferido a los apóstoles independientemente de Pedro; muchas cosas han sido conferidas a Pedro aislada e independientemente de los apóstoles…Por donde se ve claramente que los obispos perderían el derecho y el poder de gobernar si se separasen de Pedro o de sus sucesores. Por esta separación se arrancan ellos mismos del fundamento sobre que debe sustentarse todo el edificio y se colocan fuera del mismo edificio; por la misma razón quedan excluidos del rebaño que gobierna el Pastor supremo y desterrados del reino cuyas llaves ha dado Dios a Pedro solamente.

Estas consideraciones hacen que se comprenda el plan y el designio de Dios en la constitución de la sociedad cristiana. Este plan es el siguiente: el Autor divino de la Iglesia, al decretar dar a ésta la unidad de la fe, de gobierno y de comunión, ha escogido a Pedro y a sus sucesores para establecer en ellos el principio y como el centro de la unidad…De aquí también esta sentencia del mismo San Cipriano, según la que la herejía y el cisma se producen y nacen del hecho de negar al poder supremo la obediencia que le es debida: «La única fuente de donde han surgido las herejías y de donde han nacido los cismas es que no se obedece al Pontífice de Dios ni se quiere reconocer en la Iglesia un solo Pontífice y un solo juez, que ocupa el lugar de Cristo». Nadie, pues, puede tener parte en la autoridad si no está unido a Pedro, pues sería absurdo pretender que un hombre excluido de la Iglesia tuviese autoridad en la Iglesia.»

Para ser fieles a la Santa Tradición, permanezcamos unidos con firmeza absoluta al Vicario de Cristo en humildad y obediencia. Tengamos en cuenta la promesa divina de Cristo de la indefectibilidad de la única Iglesia verdadera y tengamos en cuenta las palabras del Concilio de Trento sobre como elementos íntegros de la Tradición, como la liturgia, pueden y deben cambiarse según tiempo y circunstancias:

-Concilio de Trento (Sesión 21): En la Iglesia siempre ha existido este poder, que en la administración de los sacramentos…ella puede modificar o cambiar lo que ella considera mas apropiado para el beneficio de los que los reciben o con respecto hacia los mismos sacramentos, de acuerdo a circunstancias variables, tiempo o lugares»

Amén.

Segunda Parte de II   Aquí la Primera Parte

Para Catholic.net

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