La traición de la Iglesia española… y del Vaticano

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José María Permuy

Muchos españoles están escandalizados por la actitud de la Iglesia española ante la profanación de la tumba de Franco. Ningún obispo ha salido a denunciar este vil atropello a su persona. El conferenciante José María Permuy analiza en profundidad la actitud de los prelados españoles en este asunto.

Muchos españoles están decepcionados con la actitud de los obispos españoles…

El episcopado español (salvo escasas excepciones) lleva 40 años servil y voluntariamente sometido al régimen constitucional del 78, que son un régimen y una Constitución laicistas y relativistas, que dan cabida al aborto, el “homonomio”, el divorcio, la fecundación in vitro, el ateísmo de Estado, el indiferentismo religioso…

No podemos juzgar las intenciones internas y ocultas de nuestros obispos, pero sí los hechos. Y es un hecho que, aunque de vez en cuando se quejan, no con mucha insistencia ni vehemencia, de algunas leyes inmorales; a pesar de ello elogian -en este caso sí insistente y vehementemente-, a la ley de leyes que es el marco en el que se encuadra esa legislación inmoral, esto es: la Constitución. Es algo así como si criticaran el totalitarismo de Estado, la interpretación materialista del mundo y de la historia, el colectivismo económico, pero exaltaran el Manifiesto Comunista de Engels y Marx.

En consecuencia, no era muy de esperar que de entre la mayoría de obispos genuflexos ante el poder político inicuo, saliera alguno en defensa de la sacralidad de la Basílica de la Santa Cruz, violada por la ocupación de la Guardia Civil, y en homenaje a la figura de uno de los mayores hijos y siervos de la Iglesia, Caballero de la Orden de Cristo, cristiano ejemplar y, con mucha probabilidad, santo: Francisco Franco Bahamonde.

No obstante, no deja de ser muy triste, en especial porque creía que había un exiguo puñado de obispos que, excepcionalmente, suelen ser menos complacientes con el poder y más valientes en la defensa de la fe y de la moral. Estos sí me han decepcionado.

Quiero pensar que hay obispos que no ven con buenos ojos la profanación del Valle de los Caídos y la humillación del Caudillo e incluso sufren con ello, pero que piensan que es prudente permanecer callados en aras de la paz.

Si es así, no se podría estar más en desacuerdo con ellos.

El Señor dijo no venir a traer la paz, sino la espada. Que por Él se enfrentarían padres e hijos, unos parientes contra otros (tal vez estaba pensando en la Cruzada de 1936, entre otras). El Señor no tuvo reparos en increpar e insultar a los malos fariseos.

El Señor mostró el celo por la casa de su Padre (Casa del Padre es también la Basílica de Valle de los Caídos) profanada por los comerciantes y cambistas, arrojándolos violentamente con unas cuerdas a modo de látigo.

Para mí resulta evidente que, a base de callar, ceder y transigir, so pretexto de apaciguar los ánimos, los enemigos de Dios y de la Iglesia están cada vez más crecidos y agresivos y los católicos cada vez más desarmados, desorientados, huérfanos y, en muchos casos, indolentes o corrompidos.

Esta decepción y desafección hacia el clero debilita la fe…

No quiero terminar esta respuesta sin manifestar una honda preocupación en relación con este tema de la ingratitud y cobardía de nuestros obispos. Me preocupa que algunos católicos patriotas y admiradores de Franco puedan perder o adulterar su fe, confundiendo a la Iglesia con el mal comportamiento, por acción u omisión, de sus Pastores.

La Iglesia Católica es y será siempre la única Iglesia de Cristo, su Cuerpo Místico, del cual Él, Jesús es la Cabeza y, por tanto, es y será siempre Santa. La jerarquía -el Papa y los obispos-, es de institución divina. No se puede cuestionar la institución divina de la jerarquía católica, ni un católico puede situarse al margen de la jerarquía.

Pero que la jerarquía sea de institución divina, no quiere decir que cada una de las personas que forman parte de esa jerarquía sea buena, santa o digna.

¿Podría poner un ejemplo?

Si se me permite un comentario sarcástico, como es sabido los obispos son sucesores de los Apóstoles y Judas Iscariote fue Apóstol. Pues bien, algunos obispos parecen ser sucesores de Judas el traidor.

El deber de aceptar y acatar la jerarquía conlleva obedecer a los jerarcas en todo aquello que no sea contrario a la fe y a la moral y en aquellos asuntos de orden espiritual que entran dentro de la esfera de sus competencias como Pastores.

Si un Papa o un obispo manda algo contrario a la fe o a la moral o algo que no es de su incumbencia, no hay obligación de obedecerle en ello, e incluso es lícito u obligado corregirle, como corrigió San Pablo a San Pedro, pero sigue subsistiendo la obligación de obedecerle en lo demás.

Añado también que, lo que no es de institución divina, son las Conferencias Episcopales. Así pues, creo no equivocarme si digo que es totalmente legítimo a un católico, pedir la supresión de su Conferencia Episcopal y no contribuir al sostenimiento económico de la misma.

Por último, la indignación por la irresponsabilidad de ciertos obispos, el mayor o menor afecto que podamos sentir por ellos, la conveniencia de corregir y reprender sus omisiones u errores -siempre con prudencia, porque podemos incurrir en juicios temerarios, y siempre con el debido respeto-, no debe hacernos perder la gracia, la paz, la caridad. Debemos intensificar nuestra devoción en el Santo Sacrificio de la Misa, nuestra adoración al Santísimo, nuestra oración, nuestra penitencia, nuestros Rosarios a la Virgen Santísima, nuestras normas de piedad, nuestra vida sacramental, nuestra formación, nuestro apostolado, nuestro respeto a los templos y lugares sagrados, nuestro abandono en la Santísima Trinidad y nuestra esperanza en su Divina Providencia.

Y muchos españoles están orgullosos del P. Padre Cantera y del P. Ramón Tejero…

Por supuesto. No voy a extenderme en el elogio de ambos sacerdotes, porque estoy seguro que, en su humildad, los elogios les son indiferentes, y porque su comportamiento y sus palabras constituyen el testimonio más elocuente de su Fe recia, de su valor carente de respetos humanos, de su caridad ardiente manifestada en su celo por la gloria de Dios. Son faros de luz en medio del tenebroso panorama clerical que sufrimos en España.

Aunque no son los únicos.

Gracias a Dios ha habido estos días algunos otros sacerdotes que han hablado y agradecido la obra de nuestro Caudillo. También alguna institución católica, como la FSSPX y unos cuantos seglares y medios de comunicación católicos.

¿A qué signos de esperanza podemos aferrarnos?

Dios es nuestra esperanza. Dios permite que Satanás gane batallas. Pero Satanás sabe que la victoria final es de Dios. A mí no me cabe duda de que Franco está en el cielo. En el cielo no puede padecer, pero sí puede pedir a Dios, a su Cristo de la buena muerte, que abrevie estos días de pasión para España. Que ayude a nuestra Patria, que es tierra de María Santísima.

Nosotros, católicos, también podemos y debemos acudir a Nuestra Señora del Pilar para que interceda por España. Podemos y debemos rogar a Santiago Apóstol que proteja a su Nación. Podemos y debemos implorar al Ángel Custodio de España que lleve a cabo la misión que le ha sido encomendada por el Señor.

La oración es un arma poderosa. Y la victoria final -insisto- es segura. Hemos de estar dispuestos también para la acción. 

¿Qué podemos hacer?

La respuesta a esta pregunta daría para más de una entrevista. En el campo de la política, humanamente, parece que la recuperación es muy difícil, porque la degeneración del pueblo español ha llegado a unos extremos muy extremos. Aún así, hay que reconocer que en los últimos meses una parte importante de nuestro pueblo parece estar reaccionando, apoyando algunas propuestas contrarias a los dogmas de la corrección política mundialista, socialista y masónica.

Estas propuestas son formuladas o argumentadas, algunas veces, de manera tibia y deficiente y abanderadas por un partido político, Vox, cuya fundamentación doctrinal está por definir; expuesto, abierto y sujeto a influencias diversas, una de las cuales, tal vez la predominante, es la nefasta ideología liberal. Pero que, a pesar de ello, se ha atrevido a sostener postulados, como mínimo incómodos para la Revolución, y ha sido capaz de concitar millones de voluntades en torno a ellos.

Es algo que no había ocurrido durante toda la democracia. (Blas Piñar, que, obviamente era incomparablemente mejor, y además un político plenamente admisible para un católico en cualquier circunstancia, solo llegó a obtener su propio escaño de Diputado). 

¿Es Vox un signo de esperanza?

Más allá de todas las reservas morales que quieran y puedan ponerse contra Vox y algunos puntos de su programa, su irrupción en las instituciones políticas podría considerarse un signo esperanzador. De momento, puesto que, en general, en relación con los demás partidos constitucionalistas que se presentan a las elecciones, es un mal menor, no añade ningún mal ni agrava ninguno de los males existentes y, además, en algunos aspectos supone un bien mayor; a falta de otros partidos concurrentes que puedan ser admitidos sin reservas por un católico, creo que es lícito y conveniente votar a Vox. Pero quiera Dios que Vox termine por orientarse debidamente, corregir cuanto hay de defectuoso e inaceptable en él, despojarse de todo liberalismo y constitucionalismo y decantarse a favor de la contrarrevolución, porque de lo contrario será tan solo una ilusión fugaz y pasajera, un edificio construido sobre arenas movedizas y no sobre roca firme.

La acción política no puede limitarse a las contiendas electorales. Es necesario que existan organizaciones políticas (no necesariamente partidos), que aunque no puedan o quieran participar en elecciones, o no obtengan resultados eficaces en ellas, conserven y difundan íntegramente la Doctrina Social y Política de la Iglesia Católica, el Derecho Público Cristiano y el pensamiento Tradicional español.

En el ámbito religioso, el estado en que se encuentra la jerarquía eclesiástica es desolador, ya sea por extravío doctrinal, ya sea por silencio motivado por miedo a perder el cargo y ser represaliado por la Santa Sede, ya sea por otros motivos.

Pero también se atisban signos de esperanza en algunos grupos y medios de comunicación católicos que, aunque en algunos casos acaban derivando hacia teorías y conductas que son muy discutibles, van despojándose por fin del terrible peso de la papolatría y la episcopolatría, y secundando a los escasos pero valerosos cardenales, obispos, sacerdotes, teólogos y académicos que defienden actualmente la integridad de la doctrina de la Fe y a instituciones como la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, pionera y precursora.

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4 thoughts on “La traición de la Iglesia española… y del Vaticano”

  1. Lo de rezar y pedir está muy bien, pero pidiendo y rezando nada más no se habrían podido asaltar las galeras turcas en la Batalla de Lepanto. Ni se habría podido defender el Alcázar de Toledo, y además puede tener como efecto contraproducente que rezando y nada más parezca que ya está todo hecho. Habrá un día para rezar, como cuando regresó la División Azul y se dió una misa para agradecer a la Virgen y a Dios el haber sobrevivido al Frente del Este, pero rezando y ya está hemos llegado a dónde estamos, que es al borde del precipicio, así que hay que hacer otras muchas cosas. Yo creo que rezar es bueno, pero hay personas como la profesora Elvira Roca que ella sola hace más que todos los obispos juntos con sus rezos. Si el General Yague liberó población tras población es porque además de rezar hizo más cosas, porque con rezos solo no habría podido lograr lo que hizo, como saben muy bien los Mártires de Babastro y de tantos lugares, que rezando sólo no se les planta cara a estos canallas.

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