La última lección del maestro

ESCUCHAR NOTICIA: Cuando una sociedad nacional inicia su ciclo de decadencia existencial, se caracteriza por su progresiva perdida de identidad, por su desorientación política, y sobre todo por la ausencia de un proyecto común para el futuro. Se trata de una comunidad que vive en un perpetuo presente, desligándose comunitariamente, abandonándose a la coyuntura casual e intentando simplemente capear el temporal de la historia. Es decir, se trata de una nación a la deriva sin organicidad ni anclaje en terreno firme. España hace ya muchas décadas que ha iniciado ese triste camino histórico de la irrelevancia cultural y existencial. Y todo indica que el ritmo de progresión se acelera cada vez más, lo que hace suponer que nos acercamos a una fase terminal. Esto no es ninguna novedad, aunque una gran mayoría de la población siga sonriente en la cubierta del barco aplaudiendo a la orquesta, cuya música desafinada silencia el sonido del agua entrando torrencialmente en las entrañas del barco que ha colisionado fatalmente con el iceberg de la historia. Ya no es posible la vuelta atrás. Es muy poco probable una recuperación de los daños sufridos por una estructura probablemente mal construida y solo mantenida por los albañiles del tiempo y de la política a base de parches remiendos y chapuzas periódicas, que intentan ocultar lo inevitable. En estos días, se ha producido un hecho, que sin tener la trascendencia de las grandes noticias, resulta significativo por afectar al meollo de la cuestión. Aunque aparentemente, con carácter local y limitado a la esfera de lo artístico, su relevancia adquiere el peculiar simbolismo claudicante y desorientado del tiempo actual. Museo de Pontevedra. Inauguración por todo lo alto de la exposición dedicada al santo laico del nacionalismo gallego, Castelao.  Se trata de la exposición de un solo cuadro del personaje, titulado “A derradeira leición do mestre”  (La última lección del maestro). Se trata de un cuadro pintado por el apóstol del galleguismo, en Argentina, cuando ya se encontraba exiliado, tras el fracaso y la derrota del Frente Popular en la guerra civil española. Allí Castelao pintó el cuadro del que hablamos, en realidad un simple dibujo en blaco y negro a pluma con tinta, y que ha quedado atesorado por el Centro Gallego de Buenos Aires, como elemento artístico, excluyente y vindicatorio. Con gran parafernalia institucional, auspiciada por la Xunta de Galicia, las fuerzas vivas del Partido Popular, y jaleada entusiasticamente por la cultureta mediática, el plan es convertir la obra de un pintor de segunda o tercera división en un referente cultural identitario galleguista, similar al “Guernica” de Picasso, en un burdo intento de potenciar la llamada memoria democrática, enlazándola con el fenómeno de la emigración gallega, el galleguismo institucionalizado, e incluso con esa entelequia evanescente llamada cultura atlántica. Al margen de su mas que discutible valor artístico, el dibujo tiene un indiscutible y fundamental carácter político, en la misma línea general de la obra de Castelao a la que parece querer sintetizar, casi toda ella dirigida hacia la propaganda de las ideas nacionalistas y frente populistas. Su maniqueo concepto de la realidad, utiliza la lacrimógena escena de la muerte de un maestro ante la mirada asombrada de dos niños, para efectuar un alegato, rencoroso y vengativo contra las fuerzas culpables del crimen, que en toda su cosmovisión localiza en la perniciosa influencia de España y lo español, sobre una Galicia mártir y oprimida, existente en su mente como una entidad histórica propia casi desde el principio de los tiempos. Esta y no otra es la interpretación y el “valor”, de su obra. Esa y no otra es la hábil ingeniería grafica que reside en su intimo carácter  estético. La exposición, convertida en una “capilla laica”, según palabras de la directora del Museo, acompaña el dibujo con piezas que ayudan supuestamente a interpretarlo, como el manuscrito y la primera edición de Sempre en Galiza, la biblia de cualquier buen nacionalista, así como la fotografía de la celebración de 1945 en la que se presentó la pintura. Desconozco si se habrán instalado reclinatorios acolchados para que las rodillas de los creyentes, no sufran demasiado durante el arrobado momento de oración ante el altar de semejante bucle melancólico. Alejandro Bóveda La cita llega en un año especialmente significativo para las fuerzas nacionalistas, para sus palmeros apesebrados al presupuesto y para la derecha gallega  siempre deseosa de hacerse perdonar cualquier supuesto agravio, pasado, presente o futuro, y de hacerse la simpática a ojos del mundo independentista, porque en este año se conmemora el 90 aniversario del plebiscito del Estatuto de Autonomía de Galicia de 1936, del inicio de la Guerra Civil y del asesinato de Bóveda, el personaje que supuestamente retrata Castelao en la obra . En paralelo, el Museo desarrolla un programa de actividades con visitas guiadas, talleres para público infantil, conferencias, seminarios y propuestas musicales en torno a esta obra imprescindible para condicionar el amueblamiento de la mollera del buen nacionalista. La exposición fue inaugurada, ¿como no? Por el presidente de la Xunta, y el presidente de la Diputación Provincial. Evito reproducirles las empalagosas palabras de los ínclitos, que van desde el “Galicia recupera su alma”, hasta  el cierre de la palabrería institucional por el presidente de la Diputación, con un “clamor contra el horror de la represión”, que parece ser encierra entre sus trazos la obra del dibujante. Puede el lector imaginarse fácilmente el resto de la “performance verbal” del psico-drama organizado por el PP gallego.. Lo cierto es que esta no es la primera vez que el cuadro visita Galicia. En 2018, cuando A derradeira leición do mestre se exhibió por primera vez en la región, Feijóo lo presentó como «una lección histórica que representa el homenaje que dedica a los maestros». El entonces presidente de la Xunta habló de su «poderosa carga simbólica como defensa de la educación frente al fanatismo». Ni una palabra sobre la indudable connotación política antifranquista, en un hipócrita y fracasado intento de desactivar la trascendencia propagandística del cuadro, tomando por imbéciles a los oyentes, como suele ser habitual en el personaje. Toda una constante en el Partido Popular. Hipocresía, cinismo y cobardía a partes iguales. Lógicamente aquella interpretación desató una fuerte controversia. Los grupos políticos de izquierda y los nacionalistas gritaron a viva voz que el PP intentaba reinterpretar y neutralizar la figura de Castelao, transformando una denuncia explícita de lo que ellos llamaban barbarie franquista, en un anodino homenaje a los maestros en abstracto. Roma no paga a traidores, y en el PP abundan por doquier. Ahora, en 2026, la derecha vuelve a la carga, la obra llega a la ciudad  nuevamente bajo el paraguas institucional de la Diputación de Pontevedra, también gobernada por el PP. Y las críticas de las fuerzas de izquierda se mantienen igual de virulentas. En el comunicado emitido la víspera de la inauguración, Amalia Bóveda, la hija del supuesto retratado en el cuadro, manifestó que resulta una «profunda hipocresía institucional» celebrar la exhibición de una obra creada en homenaje a las víctimas de la represión franquista mientras se vota en contra de institucionalizar el 17 de agosto como Día da Galiza Mártir (sea lo que sea eso). Y también cargó contra los pactos del PP con Vox, a los que califica de «intolerable blanqueamiento» de fuerzas que, a su juicio, representan postulados incompatibles con los valores del nacionalismo histórico y con la memoria de los represaliados por el franquismo. Su ausencia en la inauguración, junto con el boicot efectuado por miembros de la izquierda nacionalista radical que exhibieron pancartas con lemas alusivos a la apropiación indebida de la memoria del mártir laico, por las fuerzas de derecha, que tuvieron que ser desalojados, demuestran el estúpido,  absurdo e inútil empeño del PP en hacerse el simpático e intentar la cuadratura del circulo político.. Nunca querrán comprender que Castelao, jamás representará a todos los gallegos, porque su visión de Galicia es excluyente, parcial, resentida, vengativa, y artificiosamente irreal. E Intentar mantenerlo solo en su pequeña dimensión artística, es inútil, porque el personaje adquiere su dimensión real exclusivamente como ariete identitario político galleguista contra España, y como factor aglutinador de todos los elementos antiespañoles que culebrean por la región. Triste lección, la del rencor y la revancha envasada en la hipocresía de los traidores y atesorada por los homicidas de siempre.   Pulse para escuchar el texto Cuando una sociedad nacional inicia su ciclo de decadencia existencial, se caracteriza por su progresiva perdida de identidad, por su desorientación política, y sobre todo por la ausencia de un proyecto común para el futuro. Se trata de una comunidad que vive en un perpetuo presente, desligándose comunitariamente, abandonándose a la coyuntura casual e intentando simplemente capear el temporal de la historia. Es decir, se trata de una nación a la deriva sin organicidad ni anclaje en terreno firme. España hace ya muchas décadas que ha iniciado ese triste camino histórico de la irrelevancia cultural y existencial. Y todo indica que el ritmo de progresión se acelera cada vez más, lo que hace suponer que nos acercamos a una fase terminal. Esto no es ninguna novedad, aunque una gran mayoría de la población siga sonriente en la cubierta del barco aplaudiendo a la orquesta, cuya música desafinada silencia el sonido del agua entrando torrencialmente en las entrañas del barco que ha colisionado fatalmente con el iceberg de la historia. Ya no es posible la vuelta atrás. Es muy poco probable una recuperación de los daños sufridos por una estructura probablemente mal construida y solo mantenida por los albañiles del tiempo y de la política a base de parches remiendos y chapuzas periódicas, que intentan ocultar lo inevitable. En estos días, se ha producido un hecho, que sin tener la trascendencia de las grandes noticias, resulta significativo por afectar al meollo de la cuestión. Aunque aparentemente, con carácter local y limitado a la esfera de lo artístico, su relevancia adquiere el peculiar simbolismo claudicante y desorientado del tiempo actual. Museo de Pontevedra. Inauguración por todo lo alto de la exposición dedicada al santo laico del nacionalismo gallego, Castelao.  Se trata de la exposición de un solo cuadro del personaje, titulado “A derradeira leición do mestre”  (La última lección del maestro). Se trata de un cuadro pintado por el apóstol del galleguismo, en Argentina, cuando ya se encontraba exiliado, tras el fracaso y la derrota del Frente Popular en la guerra civil española. Allí Castelao pintó el cuadro del que hablamos, en realidad un simple dibujo en blaco y negro a pluma con tinta, y que ha quedado atesorado por el Centro Gallego de Buenos Aires, como elemento artístico, excluyente y vindicatorio. Con gran parafernalia institucional, auspiciada por la Xunta de Galicia, las fuerzas vivas del Partido Popular, y jaleada entusiasticamente por la cultureta mediática, el plan es convertir la obra de un pintor de segunda o tercera división en un referente cultural identitario galleguista, similar al “Guernica” de Picasso, en un burdo intento de potenciar la llamada memoria democrática, enlazándola con el fenómeno de la emigración gallega, el galleguismo institucionalizado, e incluso con esa entelequia evanescente llamada cultura atlántica. Al margen de su mas que discutible valor artístico, el dibujo tiene un indiscutible y fundamental carácter político, en la misma línea general de la obra de Castelao a la que parece querer sintetizar, casi toda ella dirigida hacia la propaganda de las ideas nacionalistas y frente populistas. Su maniqueo concepto de la realidad, utiliza la lacrimógena escena de la muerte de un maestro ante la mirada asombrada de dos niños, para efectuar un alegato, rencoroso y vengativo contra las fuerzas culpables del crimen, que en toda su cosmovisión localiza en la perniciosa influencia de España y lo español, sobre una Galicia mártir y oprimida, existente en su mente como una entidad histórica propia casi desde el principio de los tiempos. Esta y no otra es la interpretación y el “valor”, de su obra. Esa y no otra es la hábil ingeniería grafica que reside en su intimo carácter  estético. La exposición, convertida en una “capilla laica”, según palabras de la directora del Museo, acompaña el dibujo con piezas que ayudan supuestamente a interpretarlo, como el manuscrito y la primera edición de Sempre en Galiza, la biblia de cualquier buen nacionalista, así como la fotografía de la celebración de 1945 en la que se presentó la pintura. Desconozco si se habrán instalado reclinatorios acolchados para que las rodillas de los creyentes, no sufran demasiado durante el arrobado momento de oración ante el altar de semejante bucle melancólico. Alejandro Bóveda La cita llega en un año especialmente significativo para las fuerzas nacionalistas, para sus palmeros apesebrados al presupuesto y para la derecha gallega  siempre deseosa de hacerse perdonar cualquier supuesto agravio, pasado, presente o futuro, y de hacerse la simpática a ojos del mundo independentista, porque en este año se conmemora el 90 aniversario del plebiscito del Estatuto de Autonomía de Galicia de 1936, del inicio de la Guerra Civil y del asesinato de Bóveda, el personaje que supuestamente retrata Castelao en la obra . En paralelo, el Museo desarrolla un programa de actividades con visitas guiadas, talleres para público infantil, conferencias, seminarios y propuestas musicales en torno a esta obra imprescindible para condicionar el amueblamiento de la mollera del buen nacionalista. La exposición fue inaugurada, ¿como no? Por el presidente de la Xunta, y el presidente de la Diputación Provincial. Evito reproducirles las empalagosas palabras de los ínclitos, que van desde el “Galicia recupera su alma”, hasta  el cierre de la palabrería institucional por el presidente de la Diputación, con un “clamor contra el horror de la represión”, que parece ser encierra entre sus trazos la obra del dibujante. Puede el lector imaginarse fácilmente el resto de la “performance verbal” del psico-drama organizado por el PP gallego.. Lo cierto es que esta no es la primera vez que el cuadro visita Galicia. En 2018, cuando A derradeira leición do mestre se exhibió por primera vez en la región, Feijóo lo presentó como «una lección histórica que representa el homenaje que dedica a los maestros». El entonces presidente de la Xunta habló de su «poderosa carga simbólica como defensa de la educación frente al fanatismo». Ni una palabra sobre la indudable connotación política antifranquista, en un hipócrita y fracasado intento de desactivar la trascendencia propagandística del cuadro, tomando por imbéciles a los oyentes, como suele ser habitual en el personaje. Toda una constante en el Partido Popular. Hipocresía, cinismo y cobardía a partes iguales. Lógicamente aquella interpretación desató una fuerte controversia. Los grupos políticos de izquierda y los nacionalistas gritaron a viva voz que el PP intentaba reinterpretar y neutralizar la figura de Castelao, transformando una denuncia explícita de lo que ellos llamaban barbarie franquista, en un anodino homenaje a los maestros en abstracto. Roma no paga a traidores, y en el PP abundan por doquier. Ahora, en 2026, la derecha vuelve a la carga, la obra llega a la ciudad  nuevamente bajo el paraguas institucional de la Diputación de Pontevedra, también gobernada por el PP. Y las críticas de las fuerzas de izquierda se mantienen igual de virulentas. En el comunicado emitido la víspera de la inauguración, Amalia Bóveda, la hija del supuesto retratado en el cuadro, manifestó que resulta una «profunda hipocresía institucional» celebrar la exhibición de una obra creada en homenaje a las víctimas de la represión franquista mientras se vota en contra de institucionalizar el 17 de agosto como Día da Galiza Mártir (sea lo que sea eso). Y también cargó contra los pactos del PP con Vox, a los que califica de «intolerable blanqueamiento» de fuerzas que, a su juicio, representan postulados incompatibles con los valores del nacionalismo histórico y con la memoria de los represaliados por el franquismo. Su ausencia en la inauguración, junto con el boicot efectuado por miembros de la izquierda nacionalista radical que exhibieron pancartas con lemas alusivos a la apropiación indebida de la memoria del mártir laico, por las fuerzas de derecha, que tuvieron que ser desalojados, demuestran el estúpido,  absurdo e inútil empeño del PP en hacerse el simpático e intentar la cuadratura del circulo político.. Nunca querrán comprender que Castelao, jamás representará a todos los gallegos, porque su visión de Galicia es excluyente, parcial, resentida, vengativa, y artificiosamente irreal. E Intentar mantenerlo solo en su pequeña dimensión artística, es inútil, porque el personaje adquiere su dimensión real exclusivamente como ariete identitario político galleguista contra España, y como factor aglutinador de todos los elementos antiespañoles que culebrean por la región. Triste lección, la del rencor y la revancha envasada en la hipocresía de los traidores y atesorada por los homicidas de siempre.

Cuando una sociedad nacional inicia su ciclo de decadencia existencial, se caracteriza por su progresiva perdida de identidad, por su desorientación política, y sobre todo por la ausencia de un proyecto común para el futuro. Se trata de una comunidad que vive en un perpetuo presente, desligándose comunitariamente, abandonándose a la coyuntura casual e intentando simplemente capear el temporal de la historia. Es decir, se trata de una nación a la deriva sin organicidad ni anclaje en terreno firme.

España hace ya muchas décadas que ha iniciado ese triste camino histórico de la irrelevancia cultural y existencial. Y todo indica que el ritmo de progresión se acelera cada vez más, lo que hace suponer que nos acercamos a una fase terminal.

Esto no es ninguna novedad, aunque una gran mayoría de la población siga sonriente en la cubierta del barco aplaudiendo a la orquesta, cuya música desafinada silencia el sonido del agua entrando torrencialmente en las entrañas del barco que ha colisionado fatalmente con el iceberg de la historia.

Ya no es posible la vuelta atrás. Es muy poco probable una recuperación de los daños sufridos por una estructura probablemente mal construida y solo mantenida por los albañiles del tiempo y de la política a base de parches remiendos y chapuzas periódicas, que intentan ocultar lo inevitable.

En estos días, se ha producido un hecho, que sin tener la trascendencia de las grandes noticias, resulta significativo por afectar al meollo de la cuestión. Aunque aparentemente, con carácter local y limitado a la esfera de lo artístico, su relevancia adquiere el peculiar simbolismo claudicante y desorientado del tiempo actual.

Museo de Pontevedra. Inauguración por todo lo alto de la exposición dedicada al santo laico del nacionalismo gallego, Castelao.  Se trata de la exposición de un solo cuadro del personaje, titulado “A derradeira leición do mestre”  (La última lección del maestro). Se trata de un cuadro pintado por el apóstol del galleguismo, en Argentina, cuando ya se encontraba exiliado, tras el fracaso y la derrota del Frente Popular en la guerra civil española. Allí Castelao pintó el cuadro del que hablamos, en realidad un simple dibujo en blaco y negro a pluma con tinta, y que ha quedado atesorado por el Centro Gallego de Buenos Aires, como elemento artístico, excluyente y vindicatorio.

Con gran parafernalia institucional, auspiciada por la Xunta de Galicia, las fuerzas vivas del Partido Popular, y jaleada entusiasticamente por la cultureta mediática, el plan es convertir la obra de un pintor de segunda o tercera división en un referente cultural identitario galleguista, similar al “Guernica” de Picasso, en un burdo intento de potenciar la llamada memoria democrática, enlazándola con el fenómeno de la emigración gallega, el galleguismo institucionalizado, e incluso con esa entelequia evanescente llamada cultura atlántica.

Al margen de su mas que discutible valor artístico, el dibujo tiene un indiscutible y fundamental carácter político, en la misma línea general de la obra de Castelao a la que parece querer sintetizar, casi toda ella dirigida hacia la propaganda de las ideas nacionalistas y frente populistas. Su maniqueo concepto de la realidad, utiliza la lacrimógena escena de la muerte de un maestro ante la mirada asombrada de dos niños, para efectuar un alegato, rencoroso y vengativo contra las fuerzas culpables del crimen, que en toda su cosmovisión localiza en la perniciosa influencia de España y lo español, sobre una Galicia mártir y oprimida, existente en su mente como una entidad histórica propia casi desde el principio de los tiempos. Esta y no otra es la interpretación y el “valor”, de su obra. Esa y no otra es la hábil ingeniería grafica que reside en su intimo carácter  estético.

La exposición, convertida en una “capilla laica”, según palabras de la directora del Museo, acompaña el dibujo con piezas que ayudan supuestamente a interpretarlo, como el manuscrito y la primera edición de Sempre en Galiza, la biblia de cualquier buen nacionalista, así como la fotografía de la celebración de 1945 en la que se presentó la pintura. Desconozco si se habrán instalado reclinatorios acolchados para que las rodillas de los creyentes, no sufran demasiado durante el arrobado momento de oración ante el altar de semejante bucle melancólico.

Alejandro Bóveda

La cita llega en un año especialmente significativo para las fuerzas nacionalistas, para sus palmeros apesebrados al presupuesto y para la derecha gallega  siempre deseosa de hacerse perdonar cualquier supuesto agravio, pasado, presente o futuro, y de hacerse la simpática a ojos del mundo independentista, porque en este año se conmemora el 90 aniversario del plebiscito del Estatuto de Autonomía de Galicia de 1936, del inicio de la Guerra Civil y del asesinato de Bóveda, el personaje que supuestamente retrata Castelao en la obra . En paralelo, el Museo desarrolla un programa de actividades con visitas guiadas, talleres para público infantil, conferencias, seminarios y propuestas musicales en torno a esta obra imprescindible para condicionar el amueblamiento de la mollera del buen nacionalista.

La exposición fue inaugurada, ¿como no? Por el presidente de la Xunta, y el presidente de la Diputación Provincial. Evito reproducirles las empalagosas palabras de los ínclitos, que van desde el “Galicia recupera su alma”, hasta  el cierre de la palabrería institucional por el presidente de la Diputación, con un “clamor contra el horror de la represión”, que parece ser encierra entre sus trazos la obra del dibujante. Puede el lector imaginarse fácilmente el resto de la “performance verbal” del psico-drama organizado por el PP gallego..

Lo cierto es que esta no es la primera vez que el cuadro visita Galicia. En 2018, cuando A derradeira leición do mestre se exhibió por primera vez en la región, Feijóo lo presentó como «una lección histórica que representa el homenaje que dedica a los maestros». El entonces presidente de la Xunta habló de su «poderosa carga simbólica como defensa de la educación frente al fanatismo». Ni una palabra sobre la indudable connotación política antifranquista, en un hipócrita y fracasado intento de desactivar la trascendencia propagandística del cuadro, tomando por imbéciles a los oyentes, como suele ser habitual en el personaje. Toda una constante en el Partido Popular. Hipocresía, cinismo y cobardía a partes iguales.

Lógicamente aquella interpretación desató una fuerte controversia. Los grupos políticos de izquierda y los nacionalistas gritaron a viva voz que el PP intentaba reinterpretar y neutralizar la figura de Castelao, transformando una denuncia explícita de lo que ellos llamaban barbarie franquista, en un anodino homenaje a los maestros en abstracto. Roma no paga a traidores, y en el PP abundan por doquier.

Ahora, en 2026, la derecha vuelve a la carga, la obra llega a la ciudad  nuevamente bajo el paraguas institucional de la Diputación de Pontevedra, también gobernada por el PP. Y las críticas de las fuerzas de izquierda se mantienen igual de virulentas. En el comunicado emitido la víspera de la inauguración, Amalia Bóveda, la hija del supuesto retratado en el cuadro, manifestó que resulta una «profunda hipocresía institucional» celebrar la exhibición de una obra creada en homenaje a las víctimas de la represión franquista mientras se vota en contra de institucionalizar el 17 de agosto como Día da Galiza Mártir (sea lo que sea eso). Y también cargó contra los pactos del PP con Vox, a los que califica de «intolerable blanqueamiento» de fuerzas que, a su juicio, representan postulados incompatibles con los valores del nacionalismo histórico y con la memoria de los represaliados por el franquismo.

Su ausencia en la inauguración, junto con el boicot efectuado por miembros de la izquierda nacionalista radical que exhibieron pancartas con lemas alusivos a la apropiación indebida de la memoria del mártir laico, por las fuerzas de derecha, que tuvieron que ser desalojados, demuestran el estúpido,  absurdo e inútil empeño del PP en hacerse el simpático e intentar la cuadratura del circulo político..

Nunca querrán comprender que Castelao, jamás representará a todos los gallegos, porque su visión de Galicia es excluyente, parcial, resentida, vengativa, y artificiosamente irreal. E Intentar mantenerlo solo en su pequeña dimensión artística, es inútil, porque el personaje adquiere su dimensión real exclusivamente como ariete identitario político galleguista contra España, y como factor aglutinador de todos los elementos antiespañoles que culebrean por la región.

Triste lección, la del rencor y la revancha envasada en la hipocresía de los traidores y atesorada por los homicidas de siempre.


3 respuestas a «La última lección del maestro»

  1. España es, en estos momentos, un enorme saco lleno de mentiras, estupidez e imbéciles.
    Los españoles no saben lo que es ser español y adoptan la cultura del primero que llega, que los que vienen visten con chándal, pues nada, toda España va por la calle con sucia ropa deportiva, que llevan capucha a lo negro del Bronx, pues todos con sudadera con capucha, que en Sudamérica, en los barrios mas tirados de las ciudades los criminales, que ahora viven en España, llevan tatuajes, pues aquí se tatúan desde la frente a la planta del pie, que la música repetitiva llega de la mano de los de los tatuajes, pues venga la música tipo Bugs Bunny y asi sucesivamente.
    Ya no hay cultura, ni idioma, ni historia, ni pasado ni presente o futuro español.

    Eso es lo que en España se llama democracia liberal
    Sumale los separatismos, la estupidez wokista, la invasión africana y el social-Pepeismo y entenderás porque España esta muerta.
    Marruecos la va a enterrar

  2. Este dibujo forma parte de una serie de dibujos contra la Guardia civil..
    Cada vez queda más patente que el PP es una falsa oposición, como se descubrió que era Juan Guaidó en Venezuela, controlada por el propio gobierno, para aparentar una oposición que no es tal y que dirige el propio gobierno

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