La vacunación contra el Covid-19: el crimen perfecto (V/V)

UN OCULTO SIMBOLISMO OMNIPRESENTE

Los más observadores podrán descubrir el uso ostensible de numerosos signos y símbolos ocultos relativos a esta pandemia en las comunicaciones de los grandes organismos internacionales mundialistas. Todos estos signos, colocados deliberadamente, a la vista de todos, a plena luz, para mí no pueden ser fruto del azar en términos de probabilidades.

Por supuesto el simbolismo es algo bastante subjetivo que se puede reinterpretar y discutir. Esto es sólo mi propio análisis y mi propia comprensión de todo esto… No todo el mundo será sensible, habrá quien esté totalmente cerrado y supone un riesgo hablar de ello… Pero, para mí, es una dimensión importante que se ha de tener en cuenta para explicar lo que estamos viviendo colectivamente. He optado por tanto por abordar la cuestión a pesar de todo, sin que ello reste nada a las constataciones anteriores, más tangibles y comprobables.

Y así, ¿por qué el Presidente Emmanuel Macron, este antiguo asociado gerente del banco de negocios Rothschild, que tras una especie de indecente golpe de estado mediático fue elegido con el 66,6 por cien de los votos frente a Marie Lepen, se ha afanado en introducir sutilmente en sus intervenciones signos simbólicos y números esotéricos, como el inevitable 666, o su famosa regla de los 6, a saber, no más de 6 en los restaurantes, no más de 6 en la mesa, no más de 6 en grupo en la calle. Asimismo en su discurso inicial relativo a la pandemia, repitió por seis veces que estábamos en guerra y ¡hay que saber que el valor gemátrico de la palabra “Guerra” da precisamente 666! En cuanto a las multas por no respetar el toque de queda, se han fijado en 135 euros, y resulta que si se suma 135 más su inverso 531, otra vez nos da 666, y en caso de reincidencia la pena es de 6 meses de cárcel.  En cuanto a las mascarillas, son obligatorias a partir de los 6 años. Asimismo en su alocución de 28 de noviembre, Macron hablaba de flexibilizar las normas permitiendo salir a una distancia de 20 km durante 3 horas, lo que corresponde a una velocidad de 6,66 km por hora… ¡Había que hacerlo! Con respecto a la franja horaria del toque de queda, se fijó de 21h a 6h, ¡si se multiplica 6 x 6 x 6, da 216! ¡Lógico! Mientras que durante sus últimas vacaciones, montaba orgulloso una moto de agua con matrícula TLI70666. Además, para indemnizar a la prensa de las pérdidas financieras provocadas por la pandemia, el gobierno dio una subvención excepcional de 666 millones de euros a la prensa…

Pero ¿cuál es la simbología que se esconde tras el número 6?

Pues bien, si el 7 es el número perfecto de la perfección divina, de la realización total, como el mundo, que habría sido creado en 7 días, en cambio el 6 es el de la imperfección, pues 6 equivale a 7 menos 1, y el 1 representa a Dios… 6 es por tanto el rechazo categórico de Dios, que es perfección. Repetido tres veces es una especie de superlativo, 666 es, pues, lo absolutamente inacabado que representa el mal.

Por otro lado, ¿por qué, en un impulso místico, habla de una cierta bestia del acontecimiento, afirmando: “Yo creo que nuestra generación debe saber que la bestia del acontecimiento está aquí, que ha llegado.” ¿Por qué el Presidente que habitualmente se jacta de ser la punta de lanza del respeto intransigente a la laicidad, (hasta tal punto de que en Navidad por no faltar a ese gran principio republicano, ni siquiera felicita las fiestas a sus conciudadanos, ignorando deliberadamente las raíces cristianas de Francia), introduce así una dimensión totalmente mística de orden espiritual, incluso bíblica, al episodio que estamos viviendo? Nos confiaba además que se sentía investido de una misión desde que entró en el campo político, con una dimensión de espiritualidad y la profunda convicción de que existe una trascendencia, “¡algo que nos supera, que os supera, que os ha precedido y que permanecerá!”. ¿No es una sutil alusión a Satanás en persona, que fue el primero en pisar el suelo de la tierra? En otra escena, mientras saludaba a la multitud desde el balcón en compañía de Donald Trump, con ocasión de su primer encuentro, pudo verse muy claramente a Macron hacer un doble “Cornuto” con las dos manos, signo satánico muy conocido, popularizado en gran medida por el Rock ’n’ Roll. Recordemos también la chocante declaración que causó escándalo en la que Macron afirmaba que una estación era un lugar en la que “uno se cruza con personas que han triunfado y con otras que no son nada”. ¿No encontramos aquí precisamente la mismísima expresión del satanismo, que es el culto absoluto al ego con permiso para aplastar al inferior con el fin de asegurarse  el éxito material total y absoluto? Finalmente, en otra secuencia muy perturbadora, mientras anuncia la necesidad del distanciamiento social y físico, incluso dentro de los hogares con “el uso sistemático de la mascarilla cuando se esté en el interior en presencia de otra persona, ya sea un pariente, un niño o un niño pequeño”, y aunque esto sea desgarrador, se le ve esbozar un sutil rictus de júbilo, como si se contuviera y estuviera a punto de romper a reír…

Y si se cree que esta interpretación a base de numerología es muy rebuscada y forzada, que las élites no jugarían así con las cifras, basta con pensar en el discurso surrealista de Christine Lagarde en 2014. Aquel día, la directora del Banco Central Europeo se lanzó a un discurso absolutamente enigmático y esotérico sobre “el número mágico 7”, en el que parece anunciar, mucho antes que Klaus Schwab, la venida del Gran Reseteo o Gran Reinicio de la economía mundial siete años más tarde, ¡o sea en 2021!

Por seguir con el tema del 666, la firma Microsoft ha registrado una patente cuyo nombre en clave es “WO/2020/060606”, que puede descomponerse en “World Order”, “2020” y “666”. ¡Con esta patente se trataría de implantar en los humanos un microchip que sería capaz de rastrear y analizar en tiempo real la actividad física del portador! Para colmo el sistema estaría vinculado a una criptomoneda electrónica desmaterializada que aumentaría los fondos del portador en función de sus esfuerzos, vigilando permanentemente su actividad para comprobar que fuera conforme a las tareas predeterminadas previamente por su empleador[1]. Llegamos así a un control total del individuo. Es decir a la formulación de un proyecto de naturaleza esclavista, verdaderamente demencial y aterrador.

Marina Abramovic

Es también muy revelador que a Bill Gates le sea muy cercana la artista Marina Abramovic, especializada en performances corporales extremas y satanista notoria, todo lo cual perfectamente asumido y reivindicado. En efecto, curiosamente, entre todas las artistas disponibles, Bill Gates escogió la muy controvertida imagen de Abramovic para asegurar la promoción del lanzamiento del Hololens 2, su último modelo de casco de realidad aumentada. Una operación de comunicación surrealista y muy torpe, que suscitó una oleada de indignación y críticas muy hostiles en las redes. Una idea endiabladamente mala, tanto que el tráiler promocional para ese casco revolucionario titulado “The life”, desastroso para su imagen de marca, fue retirado a toda prisa por Microsoft. En el vídeo de YouTube promocional publicado en la cuenta oficial de la firma de Redmond, se describía a Abramovic entusiástica y elogiosamente como: “La artista de performance más legendaria que trabaje actualmente.” En el vídeo, que se difundió el Viernes Santo, dice Marina que el proyecto le permite alcanzar una forma de inmortalidad.

Puede uno por tanto inquietarse y hacerse legítimamente la pregunta de si Bill Gates no estará afiliado al satanismo. Pregunta que, aunque se refiera a creencias de orden privado y personal, es todo menos secundaria, dado el poder de influencia exorbitante que tiene este individuo con los gobiernos e instituciones internacionales, y también sobre nuestras vidas y nuestra salud…

También hay que saber que nuestro querido gobierno ha elegido confiar nuestros datos privados de salud a Microsoft. Las más íntimas informaciones sobre la salud de millones de franceses estarán así alojadas en los servidores de la americana Microsoft, en detrimento de OVH, sociedad francesa. ¡Un verdadero escándalo!

Por añadidura, es público y notorio que Bill Gates frecuentaba al millonario y pederasta criminal Jeffrey Epstein, habiendo realizado varios trayectos con destino a su famosa “isla de los pedófilos” en el tristemente célebre avión, “Lolita Exprés”. Es decir que entre bambalinas, los hábitos de este buen hombre deben ser particularmente poco recomendables y altamente depravados… Lo que contrasta singularmente con la imagen intachable que quiere dar mediáticamente con su mujer Melinda Gates.

Finalmente, para acabar con el número 666, destacaremos un guiño malicioso de esta oligarquía satanista mundial con la vacuna de “Moderna” que contendría Luciferina disuelta en 66,6 ml de fosfato destilado…

Siguiendo con la simbología apocalíptica, podemos citar el caso de UNICEF Noruega, esa ONG de espíritu mundialista, la cual en un anuncio publicitario, mostraba la vacuna como si se tratara de un producto de lujo y de moda, retomando todos los códigos de ese mundo y de paso la imaginería de la mujer escarlata, la gran ramera del Apocalipsis de San Juan, a saber, “Esa mujer vestida de púrpura y escarlata, y adornada con oro, piedras preciosas y perlas. Sostenía en la mano una copa de oro, llena de las abominaciones y las impurezas de su prostitución.” Anuncio harto sorprendente, particularmente extravagante y de muy mal gusto, pues la copa de la abominación había sido remplazada por la vacuna COVID-19…

Pero eso no es todo, en un cartel titulado “Remaking the Post-COVID World” o rediseñando el mundo del post COVID  para anunciar una conferencia de Richard Doode en el Fondo Monetario Internacional, aparece un fénix. En alquimia, esta ave mítica flamígera, que arde y se consume para renacer de sus cenizas, es muy importante. Simboliza el renacimiento y la inmortalidad. Y el paso de un mundo a otro no deja de ser un proceso de naturaleza alquímica, una transmutación de un estado dado a otro… El fénix puede por tanto representar el renacimiento de sus cenizas del mundo entero, en tanto que Nuevo Orden Mundial, por un proceso de Ordo Ab Chaos, de disolución y recombinación. Esta ave de esencia muy luciferina, aparece aquí con sus alas adornadas de cifras digitales, que representan la próxima divisa electrónica, la criptomoneda mundial. ¡El volátil surge de un huevo simbolizado gráficamente por el virus! Es, pues, el virus el que lo hace nacer. La simbología habla por sí misma y no adolece de ambigüedad alguna.

Este fénix nos transporta directamente al que pudimos ver en la portada de un antiguo número de la revista “The Economist” (el libelo económico de la poderosa dinastía de los Rothschild) de 1988, con el título “Preparaos para la próxima moneda mundial”, en la que se ven distintas monedas en papel como el Dólar, el Yen y el Deutsche Mark ardiendo, a punto de volatilizarse en cenizas, y la misma figura del fénix renaciendo de esa destrucción para alzarse por encima y acompañar la emergencia de una nueva moneda mundial llamada Fénix. Esta última tenía entonces como horizonte el 2018… La cabeza del ave está coronada por un lirio que simboliza su hegemonía y su poder absoluto sobre el nuevo mundo. ¡Piensen que esa portada tiene ahora 32 años y a falta de algún detalle, estamos en ello! Da vértigo…

Además, destaquemos que en un gigantesco fresco mural situado en la Cámara del Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York, organización mundialista donde las haya, se encuentra también la representación de un fénix surgiendo de un mundo reducido a cenizas. ¡Este símbolo es, pues, manifiestamente ineludible para nuestras élites! Es también para los iniciados el símbolo de la iluminación espiritual, tras la muerte al mundo profano.

Es interesante subrayar por otra parte que este fénix es el emblema de la trilogía de las películas distópicas de los “Hunger Games”, que describen una sociedad próxima al “mejor de los mundos”, en la que hay 12 categorías de personas que producen bienes para unas megalópolis donde la gente se encuentra concentrada.

Ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012

Por lo demás, es curioso que se usara exactamente el mismo simbolismo en la ceremonia de clausura de los “Juegos Olímpicos de Londres en 2012”. Aquí también, emergiendo de un fuego producido por pétalos que representaba las diferentes naciones del mundo consumiéndose, aparecía un fénix encima de un gigantesco caldero olímpico. Justo después de la aparición del fénix, se difundió una canción del grupo “Take that”, con un título más bien simbólico relacionado con el contexto: “Gobierna el mundo”.

Fue una ceremonia especialmente siniestra e inquietante, sobre todo en el momento del cuadro nº 2, titulado “Pandemonium”. El Pandemonium designa en literatura la capital imaginaria del Infierno, donde Satanás invoca al consejo de los demonios para preparar el Apocalipsis… ¡Todo un programa! Esta palabra, que significa literalmente “aquí todo es demonio”, apareció en 1667, de la pluma del poeta inglés John Milton en su “Paraíso perdido”, justo después del devastador incendio de Londres en 1666. Recordemos que en la película, “Pactar con el diablo”, el demonio en persona, representado por un deslumbrante Al Pacino, es el jefe de un célebre despacho de abogados y se llama precisamente John Milton. En esta película, el diablo tiene una frase muy interesante: “Yo he pasado toda mi vida aquí, he estado pegado al hombre desde que lo pusieron aquí. He alimentado cada una de las sensaciones que el hombre tuvo la buena inspiración de tener. He tratado de darle lo que quería, nunca lo he juzgado. ¿Por qué? Porque nunca he rechazado al hombre, a pesar de todas sus imperfecciones. ¡Porque yo amo al hombre! Soy un humanista, quizá el último de los humanistas. ¿Quién se atrevería a llevarme la contraria, Kevin, cuando afirmo que el siglo XX ha sido enteramente mío? ¡Mi tiempo ha llegado!” Hay también en esta película una secuencia muy perturbadora si se mira desde la perspectiva de la actual pandemia y el excepcional confinamiento que por primera vez vació las calles de Nueva York… En efecto, en una escena, se ve a Kevin Lomax, el protagonista principal de la historia, deambulando por las calles totalmente desiertas de Nueva York, justo antes de reunirse con el diablo, que ocupa la Trump Tower.

Lord Voldemort

Volviendo al Pandemonium de la ceremonia de los juegos olímpicos, se trataba de una especie de ballet macabro puesto en escena por el director británico Danny Boyle. Había allí también numerosos elementos simbólicos relacionados con una pandemia, con camas de hospital en los que cuidaban a niños enfermos e ¡incluso la representación de una forma de virus gigante que se veía desde lo alto del estadio! En pleno centro de esta escena surrealista, se alzaba la figura especialmente odiosa y amenazante de Lord Voldemort, ese personaje muy anticrístico y tenebroso de la saga de Harry Potter escrita por J.K.Rowling. Por cierto que en esa serie de libros iniciáticos y altamente simbólica, volvemos a encontrar al Fénix, con incluso uno de los libros titulado “Harry Potter y la Orden del Fénix”… Como guinda oculta del pastel, esta secuencia del espectáculo olímpico estuvo acompañada por el célebre tema musical de “El exorcista” de Mike Olfield. Por si acaso alguien no lo sabe, se trata de un gran clásico del cine de terror, que presenta a una niña poseída por el diablo. El conjunto formaba un cuadro particularmente malsano e inquietante. Curiosa elección artística para ilustrar los Juegos Olímpicos…

En cuanto a la mascarilla quirúrgica, puesto que desde el punto de vista sanitario constituye una verdadera aberración cuando la usa la población en general, ¿por qué nos la imponen entonces nuestros gobiernos respectivos, sino para hacernos participar en una especie de ritual oculto desconocido para nosotros? ¡Un ritual que nos inicia al nuevo mundo, sin que ni siquiera seamos conscientes de ello! Un ritual que nos hace romper con nuestro antiguo modo de vida, para sumirnos y mantenernos para siempre en uno nuevo, con reglas y normas nuevas. Es importante saber que la máscara es efectivamente un elemento esencial inherente a los ritos ocultos, pues acompaña  simbólicamente a un cambio de personalidad. Sí, la máscara oculta la identidad primera de su portador, cuya muerte simbólica acelera, para crear una nueva identidad, la del iniciado.

El uso de la mascarilla es también una forma de censura, de sumisión y de deshumanización de los individuos, como una mordaza o un bozal. Durante estos últimos meses, hemos podido ver hasta qué punto la censura se ha abatido sobre todas las voces divergentes y los puntos de vista alternativos al relato oficial. Es también una marca de sumisión y de control social, que atestigua directamente la aceptación tácita por parte de su portador de las nuevas reglas impuestas arbitrariamente, aun cuando éstas no tengan ninguna base médica ni legal. Además las mascarillas son totalmente deshumanizadoras, imponen una distancia entre los individuos y nos privan de nuestro lenguaje corporal, de nuestras emociones y de nuestra empatía con los demás.

Recordemos también la cita surrealista del gurú del New Age, David Spangler, director de la Iniciativa Planetaria, proyecto de las Naciones Unidas: “Nadie entrará en el Nuevo Orden Mundial, a menos que él o ella jure venerar a Satanás. ¡Nadie pertenecerá a la Nueva Era si no recibe una iniciación Luciferina!

Otro motivo para hacernos preguntas es la portada anual de “The economist”, “el mundo en 2019”, literalmente plagada de símbolos relacionados con la pandemia.

En ella encontramos representado en un revoltijo:

Un pangolín, animal que junto al murciélago es considerado responsable de la transmisión del virus al hombre al principio de la pandemia.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis”: figuras amenazadoras y macabras donde las haya, sinónimos de grandes tribulaciones y cataclismos, que intervienen en las epidemias, sembrando tras de sí caos y desolación. Uno de los cuatro jinetes lleva la corona de la estatua de la libertad y parece incluso llevar una mascarilla quirúrgica de protección para las pandemias. No es anodino que a la estatua de la libertad le hayan puesto dicha mascarilla, símbolo de la sumisión ciega a la autoridad… ¿Hemos de deducir que la libertad es ya un concepto obsoleto, perteneciente al pasado? Otro de ellos, cuyos rasgos son extrañamente parecidos a los del profesor Didier Raoult, microbiólogo de renombre internacional que ha hecho correr ríos de tinta a lo largo de esta pandemia, lleva una corona en la cabeza, lo que puede hacer pensar en el virus con corona, el “Coronavirus”.

Como figura central de la composición está el hombre de Vitruvio, famosa figura cabalística de Leonardo da Vinci, aquí en versión modernizada empuñando un smartphone con un código QR en la mano derecha, lo que puede hacer pensar en los permisos de desplazamiento durante el confinamiento… En su brazo izquierdo podemos ver tatuado un fragmento de ADN. Y resulta que la vacuna que se va a utilizar para luchar contra el COVID-19 va a ser precisamente una vacuna de ARN, capaz de interferir en el ADN humano, sin duda para alterarlo. Se trata desde luego de una sátira del hombre moderno, del cual los Rothschild se burlan con malicia. En efecto, si esta figura representa tradicionalmente al hombre perfecto, en el que se realiza la unión de la materia, representada por el cuadrado, y el espíritu, representado por el círculo, aquí este nuevo hombre de Vitruvio 2.0, este “homo digital”, parece desesperadamente anclado en el materialismo, privado de toda trascendencia y conexión divina. Tiene en la mano un móvil, una hoja de cannabis, una pelota de béisbol y sólo puede ver a través de lo que parece un casco virtual… Está literalmente ciego, sin comprender nada de lo que le está pasando, sumido en su mundo de entretenimiento ficticio e insignificante. Siendo los ojos el reflejo del alma, ésta está entonces definitivamente velada.

Vemos también la reproducción de un autorretrato de la pintora Artemisia Gentileschi, sin duda para jugar con el nombre de la Artemisa. Esta última, también llamada Ajenjo, es una planta medicinal eficaz contra el paludismo, al igual que la cloroquina, y es por tanto eficaz para luchar contra el coronavirus. Esta portada habla, pues, del mal, pero también sutilmente de su remedio…

Es importante subrayar que cuando apareció esta portada, nada hacía presagiar tan caótico y oscuro porvenir.

Pero esto no es todo. Siguiendo con el simbolismo del que hacen gala las portadas de la revista “The Economist”, en la edición de abril de 2020 aparece un ciudadano de a pie, embozado con la mascarilla médica y llevando a su perro con una correa durante la pandemia, él mismo con una correa al cuello y vigilado por una mano invisible que podemos interpretar como la mano oculta de las élites… En resumen, a partir de ahora está bajo el control y la bota de los poderosos, como un perrito faldero sometido a su dueño… En esta misma portada, se aclara también que “Todo está bajo control”, el gobierno global mundial, las libertades ¡e incluso el virus! De nuevo ¡qué absoluto cinismo y arrogancia por parte de las élites!

Pero la portada más siniestra y amenazadora de “The Economist” es sin duda alguna la de 2020, “The Next Catastrophe, and how to survive it”, literalmente la próxima catástrofe y cómo sobrevivir a ella. Presenta una escena de naturaleza propiamente apocalíptica, con una familia sentada en el sofá de su salón, con todos sus miembros provistos de máscaras antigás, salvo el hijo que sólo lleva un casco militar. Se trata una vez más de una burla sutil llena de ironía y sarcasmo del hombre moderno, que, demasiado a menudo, se preocupa más de su animal de compañía que de su propia progenie… ¡Se puede observar, en efecto, que el gato, al contrario que el hijo, también está equipado con una máscara de gas! En los cuadros colgados en la pared, al fondo, podemos ver representadas distintas catástrofes, unas de orden natural como la caída de un meteorito, bacteriológicas, atómicas con una bomba nuclear, ecológicas por el calentamiento climático… Y en el centro de todas estas escenas de desolación está representado un reloj que parece ser el del Apocalipsis y cuyas agujas marcan las doce menos un minuto…

En cuanto a la última portada, la de “The World in 2021”, esta vez han decidido representar una máquina de casino, con la cual se pueden ganar, como en la lotería, distintas catástrofes: nuevo virus, guerra civil en USA, bomba nuclear, vacunación, incendios devastadores, crisis económica. Más generalmente, esta portada es una representación del famoso “Great Reset”, pues la palanca para accionar esta tragaperras tiene la empuñadura de un globo terráqueo. Vemos también un hombrecillo con mascarilla con forma de smiley que tiene los ojos cerrados y unos cascos en los oídos. Evoca los célebres tres monos, que ni ven, ni oyen, ni dicen nada… De nuevo es la representación del hombre de a pie, de la masa lobotomizada que no comprende nada de lo que le pasa y se deja manipular fácilmente. Podemos ver también una vacuna, pero de color verde, lo cual no sugiere salud sino más bien enfermedad… Finalmente en la parte inferior de la tragaperras, podemos distinguir unos rayos que sugieren la salida del sol y por tanto la emergencia de un nuevo mundo.

En resumen, las élites juegan con nuestras vidas en su gran casino del caos. Hagan sus apuestas, pero no se hagan ilusiones, las posibilidades de ganar en el casino son muy escasas…

De hecho, mirándolo bien, estas pseudoélites se comportan como perversos narcisistas que disfrutan jugando con sus víctimas… Estarán de acuerdo ustedes en que hay que ser muy cruel y retorcido para dedicarse a estos jueguecitos, anunciar para el año próximo un posible caos, destrucciones, hambrunas que diezmarán los pueblos y representarlo todo como si nada en una portada de papel couché. ¡Es para quedarse helado!

DE LA ACUSACIÓN DE CONSPIRACIONISMO

“Conspiracionista”, este anatema, este término cajón de sastre inverosímil e infamante, verdadero táser ideológico, que supuestamente hace temblar a todo el mundo en cuanto se pronuncia, ha llegado a ser, por su uso casi sistemático, totalmente grotesco. Porque es muy sencillo, se blande a voluntad en cuanto alguien osa expresar la más mínima reserva, incluso la más legítima, sobre la política seguida por el gobierno y las medidas sanitarias que impone, verdaderamente delirantes. Es éste un artificio retórico gastado ya al máximo, pero muy cómodo para negar todo en bloque de un simple revés…

Nadie se libra: incluso personalidades políticas, como la diputada Martine Wonner, celebridades científicas, como el Dr. Raoult o el Dr. Péronne o premios Nobel de medicina como Luc Montagnier son arrastrados por el fango, acusados de vulgares “conspiracionistas”, charlatanes, viejos seniles o druidas chalados. Sin embargo, antes de ser arrastrados por el fango y desacreditados de este modo, eran invitados a los platós mediáticos del sistema, cuando su discurso seguía el cauce marcado por este último… Desde que les pusieron esta etiqueta, se convirtieron en apestados, en personas non gratta. Mientras se siguen reservando tribunas enteras con la mayor complacencia a doctores mucho menos competentes y cualificados, cuando no en abierto conflicto de intereses con la industria del medicamento. Así, doctores como Karine Lacombe, en conflicto de interés mayor con el laboratorio Gilead, ocupan un lugar de referencia para asesorar directamente al gobierno. Aún más, esta última ha merecido esa ridícula baratija de ojalata, la legión de honor, o más bien, en este mundo al revés, la medalla del deshonor, por sus buenos y leales servicios a “Big Pharma”

Pero ¿cuál es el origen de ese término de la Novalengua que es “conspiracionista”? Pues bien, fue creado con ocasión de la Operación Mockingbird lanzada por la CIA en 1950 para tomar el control de los medios e imponer un discurso oficial. Además de colocar a sus agentes en las redacciones del mundo entero y comprar la mayoría de las acciones, impusieron un léxico que debía ser utilizado para el discurso oficial de los medios bajo control. La primera palabra fue “conspiracionista”, la segunda “nazi”, la tercera “fascista”, la cuarta “antisemita”… La lista incluye más de 200 palabras y expresiones utilizadas para desacreditar y amordazar a los denunciantes. Después esta palabra se usó en ingeniería social para acallar cualquier opinión crítica.

Y, con toda esta situación excepcional del COVID-19, ¿cómo no hacerse preguntas serias, incluso revisar nuestras convicciones y certezas más profundas ante tal demostración de mala fe, de contradicciones e incoherencias gravísimas, de toma de medidas criminales encadenadas unas tras otras, sin por ello encontrar explicaciones que se tengan en pie? No olvidemos la implacable constatación que Georges Orwell hacía de la política: “El lenguaje político está destinado a hacer las mentiras verosímiles, respetables los crímenes, y a dar apariencia de solidez a lo que no es sino aire.”

¡Hay que reconocer que nuestros gobiernos son mucho más eficaces para luchar contra el pueblo que contra el virus! Es una constatación empírica, que no hace más que confirmarse semana tras semana, mes tras mes.

Y además, ¿en nombre de qué deberíamos prohibirnos de oficio el pensar en la hipótesis de una conspiración y rechazar sistemáticamente y con la mayor indignación esa eventualidad?

Si creyéramos a los medios main stream, viviríamos en un mundo color de rosa, en el que ningún acontecimiento estaría nunca jamás programado y ningún hecho podría tener la menor relación con otros. Todo surgiría por generación espontánea y no sería más que fruto del azar o de desgraciadas coincidencias, aunque la razón, el sentido común y la lógica indiquen lo contrario… Sin embargo, ¿la inteligencia no es precisamente la capacidad de establecer relación entre elementos dispares que a primera vista no la tienen?

Por otra parte, la historia del mundo está literalmente plagada de conspiraciones y traiciones de todo tipo para conseguir o conservar el poder. En realidad la historia siempre ha sido obra de minorías activas, bien organizadas y estructuradas que actúan dentro de redes de poder y son capaces de manipular a las masas amorfas para alcanzar sus objetivos y cumplir sus designios. Al ser el poder oligárquico frágil y muy minoritario, tiene que hacer uso de la manipulación y la astucia para mantenerse. ¡Los poderosos de este mundo son conspiradores natos, pues la embriaguez del poder los vuelve locos! Y es innegable que la concentración de poder nunca ha sido tan grande como ahora. Por consiguiente, las enfermedades y patologías inherentes al poder lo han de ser también.  ¡Al igual que los instrumentos de hipnosis y manipulación colectiva, como la televisión, los medios tecnológicos de rastreo, de control y de represión, y por ende los medios de saciar, afirmar y mantener ese poder no han estado nunca tan desarrollados! Ya en sus tiempos el escritor Honoré de Balzac afirmaba: “Todo poder es una conspiración permanente.”

Hemos de ser conscientes de que siempre son los individuos menos escrupulosos y virtuosos, los ansiosos de poder, los que se ven propulsados a los puestos más influyentes, pues las personas de bien carecen de toda ambición por dominar a los demás y sólo aspiran a vivir en paz. Así está hecha la naturaleza humana desde la noche de los tiempos y desde luego no parece que vaya a cambiar…

Por otra parte, todo este martilleo mediático intensivo, incesante desde hace algunos años sobre las “teorías de la conspiración” y los locos de los “conspiracionistas”, que se asemejan a un verdadero condicionamiento, a un formateo de masas y a ingeniería social, ¿no es acaso altamente sospechoso? Este neologismo sirve para proscribir, condenar al ostracismo y perseguir. Aquellos a los que se designa con este término infamante son los nuevos herejes de la religión de la verdad oficial y gubernamental.

Por lo demás, ¿qué esconde esa obsesión por todas estas temáticas? ¿Esta nueva forma de terrorismo intelectual impuesto no tendría en suma otro fin que impedir a la gente que pensara por sí misma, definiéndole un marco políticamente correcto, una prisión mental autorizada y bien delimitada, en la que tendrían derecho a reflexionar?

¿No es también un medio de desarmar al pueblo, quitándole toda posibilidad de respuesta en caso de un eventual ataque, de impedirle denunciar las derivas del poder establecido y sus ambiciones totalitarias? El desafío del “conspiracionismo” es tan importante, que para ponerle freno, el poder parece dispuesto a todos los extremos, llegando a tachar el fenómeno de patológico. No duda en decir que quiere reeducar a los recalcitrantes en su catecismo obligatorio.

El anticonspiracionismo impuesto emana manifiestamente del propio poder, cuya objetivo sería protegerse y escapar de la comprensión de aquellos sobre los cuales se ejerce dicho poder. El “anticonspiracionista” no hace en realidad más que vomitar dócilmente, con el más puro conformismo y sin asumir ni el más mínimo riesgo, el catecismo de la doxa, el discurso oficial previamente masticado y dictado por el poder establecido. No tiene que probar ni justificar nada, está en terreno conquistado y puede contentarse con basarse en simples argumentos de autoridad. Exactamente lo contrario al supuesto “conspiracionista”, ese francotirador que se pone en peligro aventurándose en un terreno extremadamente resbaladizo… Y así, este último tiene absolutamente todo que perder: tanto su reputación, como su posición social… Lo que le obliga al mayor rigor, y a buscar sólidas pruebas y argumentos para sostener su tesis. “El conspiracionista” ha de conocer muy bien la tesis oficial, para poder desmontarla y someterla a un profundo examen crítico.

El anticonspiracionista”, al prohibirse de oficio determinadas tesis e hipótesis de trabajo basadas en una posible malevolencia, se encuentra impedido para captar la naturaleza humana en toda su complejidad, la cual, en su abanico de posibilidades, puede ir desde el más absoluto horror y maldad a la más sublime y luminosa bondad. Por supuesto, el “anticonspiracionista” está convencido de hallarse en el campo del bien y de trabajar por salvaguardarlo, asegurando la defensa y la preservación de grandes y hermosos valores lenitivos que el “conspiracionista” estaría poniendo en peligro…

J. Edgar Hoover

Como decía J. Edgar Hoover del FBI, que algo sabía del poder, estando como estaba en su trastienda, “El individuo se encuentra desarmado frente a una conspiración tan monstruosa que no puede creer que existe.” La postura del “conspiracionista” es, pues, la menos idealista, pero también la más realista… “El conspiracionista” no tiene ningún tabú, abre el campo de lo posible a todas las eventualidades, incluso las más atroces. No duda en mojarse para señalar al mal, en exponer a los poderes que actúan entre bastidores, en denunciar a los actores que influyen en los destinos del mundo… Es por tanto subversivo y peligroso para el sistema del poder establecido, pues no se conforma con denunciar la vaga responsabilidad de ideas abstractas en el caos actual.

Además, por las contradicciones y las brechas, a veces enormes, que denuncia en la tesis oficial, el supuesto “conspiracionista” hace entrar en el juego el principio de lo contradictorio. Principio esencial e ineludible en todo debate que se articule en tensión entre la tesis y la antítesis, para llegar a la verdad, sea cual sea… Pues ¿en virtud de qué la tesis oficial sería la correcta? Admitirla directamente como verdadera ¿no es en realidad imponer sistemáticamente la razón del más fuerte?

Paradójicamente hemos llegado a una sociedad en la que habría que tener más miedo de los “teóricos de la conspiración” que de eventuales conspiradores efectivos… ¡Algo no encaja! El filósofo Michel Weber, autor del libro “COVID-1984” dice a este respecto: “Hay que ser conspirador para llamar a alguien conspiracionista.”

Ya en su época, Malcom X nos ponía en guardia contra esta forma de dar la vuelta a las cosas: “Si no estáis vigilantes, los medios llegarán a haceros odiar a los oprimidos y amar a los que los oprimen.”

En realidad, esta obsesión mediática por la conspiración, ¿no es acaso, en resumidas cuentas, un reconocimiento de su debilidad por parte del sistema y la señal de que cada vez más gente deja de creer en él, de que el poder de la mentira, la profunda impostura social en la que estamos presos está a punto de derrumbarse, como un frágil castillo de naipes que se esfuerza aún por mantenerse en pie antes de venirse abajo al más mínimo soplo de aire? En efecto, el abismo entre la realidad oficial, el relato mediático y la realidad que cada cual percibe nunca ha sido tan enorme.

Todos estos “conspiracionistas”, vilipendiados, abucheados, ridiculizados y rematados en todas las cadenas, de plató en plató por los anticonspiracionistas, ¿no serían al fin y a la postre los últimos centinelas de una democracia que agoniza? Ciudadanos en alerta, más curiosos y despiertos que la media, que a fuerza de investigar intensamente y poner en tela de juicio lo que se dice, atreviéndose a salir de su zona de confort, han podido percatarse de los contornos tiránicos del nuevo mundo que se está edificando a la sombra de estas democracias de fachada.

Unos ciudadanos que intentan a trancas y barrancas alertar al prójimo, pues, instintivamente, han comprendido que la situación es cada vez más comprometida, verdaderamente grave y no precisamente por las razones esgrimidas por los medios…

En resumen, que somos colectivamente iguales a la rana a la que sumergen en el agua de una cacerola y la cuecen a fuego lento. En un primer momento está muy a gusto, nada alegremente, encontrando aquello muy agradable y placentero… Luego, a medida que sube la temperatura, pierde progresivamente todo su vigor, sus fuerzas vitales, hasta que al final ya no puede debatirse en absoluto para dar una patada salvadora que le permita salir de esa trampa infernal. La estrategia de la cocción suave es el secreto del éxito para llevar a término la cocción de la rana. Los cambios negativos introducidos poco a poco en la sociedad pasan desapercibidos para la conciencia de la mayoría de los individuos y no provocan ninguna reacción de sobresalto colectivo, ninguna revuelta…

Fabian Society

Es exactamente el principio y el credo de la sociedad mundialista Fabiana, la “Fabian Society”, cuyo logo inicial era un lobo revestido con piel de cordero y que preconiza una forma de colectivismo mundial. Para ellos el planeta es un enorme termitero humano, que debe ser dirigido por una élite tecnocrática ilustrada. Su filosofía es hacer avanzar sus planes sigilosamente, con astucia, pasito a pasito, con un modo de acción muy discreto, gota a gota, como demuestra el nombre elegido para el grupo, que hace referencia al general romano Fabio Cunctator (Fabio el temporizador), el cual venció a Aníbal empleando la estrategia y haciéndole creer que no se le resistía…

Esto dice Ariane Bilheran, de la Escuela Normal, doctora en psicopatología, sobre el conspiracionismo: “Aquel que denuncia las conspiraciones que fomentan los poderosos que detentan el poder, contra los pueblos, no es un conspiracionista, ¡es un filósofo! Es lo que la alta filosofía política y moral, empezando por Platón, Aristóteles y Cicerón, se obligó a hacer desde la noche de los tiempos.”

Y finalmente, pensándolo bien, es un abuso del lenguaje hablar de “teoría de la conspiración”, pues, de hecho, no se trata de una conspiración cuando el programa está claramente definido y anunciado con antelación en las comunicaciones de las organizaciones mundialistas, o cuando todo queda dicho, o incluso orgullosamente reivindicado en las diferentes declaraciones de los interesados. ¿Se puede entonces seguir hablando de conspiración cuando todo se manifiesta a la luz del día? Es lo que H.G. Wells, escritor de ciencia ficción próximo a los círculos mundialistas, llamaba en su época, en uno de sus ensayos, “Una Conspiración Abierta”.

Mas ¿por qué desvelar todo, revelándolo con transparencia, si no es para que el hombre pueda usar su libre albedrío y, en definitiva, consienta a su propia destrucción y colabore a ella?

¡Qué triste mundo éste en el que aquellos que se atreven a denunciar los fallos y la corrupción endémica de este sistema son censurados y acusados de difundir “Fake News”, o de ser un puñado de egoístas irresponsables que ponen en peligro la salud de sus conciudadanos, por organismos supuestamente independientes pero financiados por los mismos que quieren imponer todos estos horrores.

Para muchos individuos, la llamada “Teoría de la Conspiración” constituye un artificio muy cómodo, una tabla de salvación, un escudo de protección  mental y psicológico tras el cual ponerse para no tener que afrontar la dura realidad de unos hechos que se salen de su paradigma de pensamiento… Mas ¿se les puede reprochar? Pues, ¿cómo admitir la posibilidad de haber estado ciegos durante tantos años sobre tantas cosas que se creían seguras? ¿Cómo aceptar que esas cosas en las que se ha creído y confiado pueden en definitiva revelarse totalmente falsas, vanas e ilusorias? Es sencillamente insoportable, es como si el suelo se hundiese bajo sus pies. Se necesita una gran fuerza interior para salir de ese estado de disonancia cognitiva.

Como conclusión a este análisis, cito las palabras del filósofo francés Henri Bergson: “Felizmente algunos han nacido con un sistema inmunitario espiritual que, más pronto o más tarde, rechaza la visión ilusoria de este mundo que les ha sido injertada desde el nacimiento hasta el condicionamiento social. Empiezan a sentir que algo está mal y comienza entonces la búsqueda de respuestas. El conocimiento interior y las experiencias exteriores anormales les muestran un aspecto de la realidad que los demás ignoran y empiezan así su viaje hacia el despertar. Cada etapa del viaje la hacen siguiendo al corazón en lugar de seguir a la masa y escogiendo el conocimiento en lugar de los velos de la ignorancia.”

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Traducción: Almudena Montojo Micó

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3 respuestas a «La vacunación contra el Covid-19: el crimen perfecto (V/V)»

  1. Estos trabajos de Olivier Probst deberían difundirse con el mayor alcance posible. No me sorprendería que prontamente ya no se pudiera hacer, o fuera mucho más dificultoso. Están en ello.

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