La verdadera MEMORIA HISTORICA. Hace 81 años fue LIBERADO BARCELONA del terror rojo. No te lo pierdas

Cuando los miserables canallas que nos gobiernan desde la Moncloa, mienten más que Lucifer, “Padre de la Mentira”, y manipula la Historia,  les invitamos a que se empapen de los TESTIMONIOS GRABADOS  que podrán encontrar siempre en  www.produccionesfidelitas.esEn ese pozo de información encontrarán preubas innegables de la V ERDADERA HISTORIA DE ESPAÑA de los últimos 91 AÑOS .

Hoy les invitamos a que recuerden cómo recibió Cataluña y en especial Barcelona el día 26 de enero, de la LIBERACIÓN DE LA CIUDAD,  día de Santa Paula, –fiesta onomástica de mi madre, de mi hija y de mi nieta–. Nunca ciudad alguna ni región española mostró con más entusiasmo su GRATITUD  a Franco y al Ejercito LIBERTADOR. Tanto que hasta los generales “ROJOS” mostraron su asombro cuando vieron las manifestaciones espontáneas de todo el pueblo CATALÁN que habían probado en sus carnes lo que era el SEPARATISMO, y el marxismo.

Sí querido amigos, estos catalanes que hoy reniegan de Franco y lo odian  podían ver lo que pensaban de Franco sus padres y sus abuelos, viendo  cómo recibían a los españoles de Castilla Galicia  y Navarra que venían a liberarles del domino  rojo-separatista. Pasen  esta información a los cretinos que hoy sueñan con la independencia a lo mejor recapacitan un poco si es que les funcionan las neuronas del cerebro. Abran  el vídeo que tienen a continuación.

(Texto de Gil de la Pisa)


Una respuesta a «La verdadera MEMORIA HISTORICA. Hace 81 años fue LIBERADO BARCELONA del terror rojo. No te lo pierdas»

  1. Creo que la imagen más simbólica, -por lo que concentra de significado en una sola imagen y en un solo acto-, y más definidora de la Liberación de Barcelona, es esa mujer joven que se acerca al extraordinario General Yague, para cogerle y besarle la mano (punto 6 minutos 7 segundos en el video). Ese gesto lo dice todo.
    El terror rojo de la ocupación de Barcelona, y no fe refiero solo a las checas de la Calle Vallmajor ni a los asesinatos a mansalva, ni a los fusilamientos en Montjuit, y a los de las cunetas y los «paseos», sino que sobre todo me refiero a la miseria moral de la vida cotidiana en una país en manos de bandidos, -pero de bandidos en el estricto y literalmente sentido moral y policial del término bandido, en toda su crudeza de significado-, como era la Cataluña y la Barcelona de los pistoleros de la FAI, del atracador Juan García Oliver elevado a la condición de Ministro y nada menos que de «Justicia»(¿?) en el Gobierno del también criminal de guerra Largo Caballero, -la famosa «legalidad republica» de la que todos los tontos hablan sin tener ni idea o siendo el summun de la hipocresía y el cinismo, según los casos-, de Companys, y de su ministro de finanzas Tarradellas cobrando el rescate que los padres Maristas desde Francia habían pagado para que dejaran marchar por el puerto de Barcelona a Marsella a 300 maristas que había escondidos en casas particulares (que arriesgaban su vida como nos recordaba el Coronel D. Lorenzo Fernández Navarro, en su extraordinario artículo publicado en estas páginas el pasado 7 de noviembre de 2020, y titulado «El Holocausto rojo del Frente popular»), para evitar ser asesinados como lo habían sido tantos religiosos desde el 18 de julio, para luego, en lugar de cumplir lo pactado, quedarse con el rescate y matarlos a todos una vez concentrados en el puerto de Barcelona (y que luego Adolfo Suárez, mil veces gusano aunque el tonto de su hijo, y de los no menos gusanos de sus acólitos, sea tan tonto como para no verlo, recibió al ganster Tarradellas como si fuera un héroe, y el Rey Juan Carlos encima le concediera un Marquesado -Real Decreto 1518/1986, publicado en el BOE de 25 de julio 1986-, y ahora la mayoría de los desinformados españoles e infectados en la propaganda roja, caigan en la trampa de criticar al rey por el dinero que se haya podido echar al bolsillo en comisiones cuando tiene cargos muchos más importantes y más graves por los que ser criticado y por los que ser procesado mientras en el exterior suenan los martillos de los carpinteros).

    Todo este panorama de bandidos. que Agustín de Foxá ha retratado tan bien en su libro «Madrid, de corte a cheka» («juzgando en evidente estado de embriaguez, risotadas y cajas de cerveza», «los coches de la FAI con la bandera pirata», porque eran eso, piratas, etc. etc) campando a sus anchas, mientras en los salones de Londres, de La Haya, de Boston o de Nueva York, los presumidos de las clases adineradas se creían, en su ignorancia y banalidad, que estaban haciendo algo bueno recaudando dinero para la república de estos canallas, creaba un clima de indefensión y de pesadilla, para todas las personas de bien, pero especialmente para las mujeres, que sufrían toda clase de abusos de manos de esta gente y sus bandas de criminales, que es en este contexto donde se ve el valor simbólico de esta mujer de bien que se acerca al General Yague únicamente para besar su mano en muestra de agradecimiento, y volver a su sitio.

    Nunca un ejército fue más «Ejército salvador y liberador» que cuando el Ejército Nacional entró en Barcelona para liberar a la población de esta pesadilla. Nunca.

    La maldad actual de tapar esta realidad, para que no se conozca el verdadero significado de la Cruzada, y de laliberación de Barcelona, se aprecia en toda su crudeza y falsedad, con esta imagen.

    23 años después, el juicio que se celebró a finales de 1962 contra uno de los jefes de la policía chekista y del SIM (Servicio de Inteligencia Militar rojo) Julián Grimau, y los testimonios que pudieron oirse en las sesiones de la vista oral, que a algún corresponsal extranjero (de Nueva York, Washington, Paris, Bruxelas o La Haya) estuvieron a punto de costarle su puesto de trabajo, dieron fe del sufrimiento de la población civil en la Barcelona de estos canallas.

    Algunos corresponsales extranjeros, que habían sido enviados por sus periódicos para aprovechar el juicio contra el jefe chekista para hacer una campaña calumniosa contra Franco, quedaron tan asombrados por las pruebas y los testimonios, que sus jefes tuvieron que reemplazarlos, o amenazarlos con despedirlos, porque después de lo visto se resistían a la “ingeniería social” de dar una información falsa del juicio.
    Recogiendo un resumen de sus crímenes en España se editó en 1963 “Crimen o castigo, documentos inéditos sobre Julián Grimau”, que está desaparecido de las bibliotecas y que por supuesto de esto nunca se hará una película.
    Los testimonios son espeluznantes, y por supuesto se esconden al conocimiento de la población, porque la llamada «democracia» es un sistema que se sustenta sobre el engaño generalizado y la manipulación de la sociedad. La verdad histórica puede ser calificada, y de hecho lo es, de «delito de odio».

    Una de los testigos del juicio, Doña Joaquina Ventoldrá Niubó, calle Rosellón 267 de Barcelona, contó cómo ella y su marido, D. César Sánchez Catalina, fueron detenidos el 22 de marzo de 1938, por una patrulla de la policía roja a cuyo frente iba como jefe Julián Grimau, quien se apoderó de todos los objetos de valor, dinero y documentos que llevaban tanto ella como su marido. En la casa hicieron un registro, destrozando muebles y se llevaron todo lo de valor. Conducidos a la Cheka que Julián Grimau tenía instalada en los sótanos del número 1 de la Plaza Berenguer el Grande, fueron deslomados a palos, especialmente su marido. Doña Joaquina Ventoldrá declara que la mandaron desnudarse completamente y que luchó y gritó desesperadamente para no ser ultrajada. Su marido fue separado de ella y encerrado en una celda sin ventilación, debajo de una escalera, en la que era muy difícil mantenerse erguido. Permaneció en esta celda durante cuatro meses, al final de los cuales pasó a la Cárcel Modelo de Barcelona, pues había sido “juzgado” y condenado a muerte. Julian Grimau impidió que ella y otros familiares pudieran despedirse de su marido antes de ser asesinado. El 11 de agosto de 1938 fue fusilado D. César en los fosos de “Santa Elena”, en Montjuich, en unión de sesenta y dos personas más, la mayor parte detenidas por Julián Grimau.
    Doña Joaquina Ventoldrá Niubó fue encerrada en una celda muy húmeda. Desde ella oía las voces de Julián Grimau que amenazaba con fusilar a todos. Un día una señorita apellidada Antolina, contestó vivamente a las amenazas de Grimau diciendo que para ella sería un honor ser fusilada. Julián Grimau, de un empujón, la hizo rodar violentamente por las escaleras; se desconoce qué fue de esta señorita ya que de ella nunca más se supo y su cadáver nunca apareció. En los días en que Dñª Joaquina permaneció en la celda tuvo noticia de las torturas que sufrió D. Germán Tárraga Carrillo, de 27 años, a quien quemaron los pies con un soplete para que declarara y fue fusilado pocos días después, obligándole a andar hasta el lugar de ejecución con los pies en aquél estado.

    Otra de las víctimas de Julián Grimau, tristemente célebre en Barcelona como interrogador y torturador, fue el Juez de Primera Instancia de Tarrasa, D. Joaquín Serrano Rodríguez, fusilado también en los fosos de “Santa Elena” del castillo de Montjuich el día 11 de agosto de 1938. Su viuda, Dñª María Dolores Amorós Sabaté, declaró en el juicio como testigo que su esposo fue detenido el día 7 de mayo de 1938, trasladado a los calabozos de la “checa” de la Plaza de Berenguer el Grande, donde fue terriblemente maltratado para que declarara y, al no conseguir ninguna palabra de él, Julián Grimau mandó encerrarlo en una de las peores celdas de su “cuartel general”. Más tarde se le amenazó con llevar detenidos a su esposa y dos hijos pequeños, que tenían 7 y 2 años de edad, para hacerle hablar. Fue entonces cuando el señor Serrano Rodríguez dijo que le llevaran una hoja en blanco y la firmaría para que pusieran en ella lo que quisieran. Esta es lo que hipócritamente o por pura ignorancia llaman la “legalidad republicana”.

    Otra testigo , Dñª Ana Sot Delclós calle Correal nº 19, de Gerona, narra la detención y asesinato de su hermana Dñª Joaquina Sot Delclós, fusilada en el foso de “Santa Elena”, del castillo de Montjuich.
    La testigo declara que el día 1 de abril de 1938 fueron detenidas ella y su hermana en la estación de Gerona por un grupo de seis o siete individuos que dijeron ser policías. Las hicieron volver a su domicilio, al que llegaron a las diez de la mañana. El grupo estaba dirigido por Julián Grimau y Joaquín Rubio. Durante el largo registro, Julián Grimau las amenazaba con la pistola clavándosela en sus espaldas para que entregaran todo lo que tuvieran de valor. Las obligaron a preparar la comida y la cena para el grupo y después las trasladaron a Barcelona a la “checa” de la Plaza de Berenguer el Grande. Las colocaron en una habitación, cada una en un ángulo, separadas, de pie, sin permitirles descansar ni hablar. Así estuvieron tres días. Fueron llevadas después a los calabozos de la Jefatura Superior de Policía, incomunicadas y sometidas a nuevos interrogatorios. Dñª Ana Sot Delclós contó con horror que su hermana Joaquina fue torturada por el propio Julián Grimau y arrastrada por los suelos, tirándole de los cabellos para obligarla a declarar. Cuando, antes de ser fusilada, vio a su hermana, observó cómo le faltaban mechones enteros de cabello que le habían sido arrancados. Antes de morir su hermana le confesó que en su calabozo había estado tres o cuatro días con un individuo que, según frases del propio Julián Grimau, había sido metido allí “para que saciara sus instintos de virilidad”. Sin embargo este hombre se compadeció de ella y no le puso la mano encima.

    Otro testimonio dramático es el que ofrecen Dñª Otilia Argente Roma y Dñª Teresa Roma Argente, madre y hermana, respectivamente, de un hombre que fue fusilado el 11 de agosto de 1938 en los fosos de “Santa Elena”, del Castillo de Montjuich. D. Eduardo Roma Argente, golpeado brutalmente por Julián Grimau en los interrogatorios, sufrió antes de morir toda la panoplia de torturas, sevicias y humillaciones de la “checa” instalada en la Plaza de Berenguer el Grande, de Barcelona.

    Otra testigo, Doña Mercedes Pla López, esposa del Coronel de Caballería D. Luis Indart, declaró cómo después de haber permanecido tres meses detenida en los calabozos de la Jefatura Superior de Policía, fue llevada a la “checa” de la Plaza de Berenguer el Grande. En los interrogatorios fue tratada groseramente por Julián Grimau, que la amenazó de muerte si no respondía a los cargos que se le hacían. Acosada por Grimau conforme a sus técnicas propias, se vio obligada, como en el caso del Magistrado D. Joaquin Serrano Rodríguez, a pedir un papel en blanco para firmar lo que Grimau ordenara. Ella sabía que Julián Grimau desnudó y torturó a Joaquina Sot Delclós, también fusilada, y había tenido noticias de haber sido brutalmente maltratada Sara Jordá Guanter, fusilada después en los fosos de “Santa Elena”. Durante el tiempo que estuvo encerrada en la “checa” comprobó que Julián Grimau llevaba la dirección de los interrogatorios y era él quien aplicaba y dirigía las torturas.

    La viuda de don Manuel Vara Colón, también fusilado en los fosos de “Santa Elena”, declara que, tras la detención de su esposo, hicieron un registro en su casa llevándose cuantas joyas y objetos de valor encontraron. Durante la estancia de su marido en la “checa” de la Plaza de Berenguer el Grande, estuvo incomunicado y, por la apariencia externa que presentaba su marido el día del juicio, no había duda de que había sido torturado y maltratado sin piedad.

    Uno de los testimonios más demoledores y que hicieron sentir más vergüenza a los corresponsales extranjeros, fue el de D. Nicolás Riera Marsá Llambi, calle de Muntaner nº 575, consejero de “Industrias Riera Marsá”. Cuando se le preguntó en el juicio por su detención y estancia en la checa de Julián Grimau a principios de 1938, contestó lo siguiente:
    «Sobre Grimau concretamente, debo manifestar que desde el primer momento demostró una vileza y una degeneración absolutas. Los interrogatorios los hacía él personalmente, acompañado, en ocasiones, por dos más y una mecanógrafa. Como actos graves conocidos, conozco lo realizado contra la integridad personal de D. Francisco Font Cuyás, Dñª Sara Jordá Guanter y algunos otros cuyos nombres no recuerdo. Empleaba el tal Grimau un dispositivo eléctrico acoplado a una silla. Usaba también una cuerda de violín o de violonchelo puesta en un arco de violín, que provocaba, aplicada sobre la garganta del interrogado, una agobiante asfixia que enloquecía al torturado. Otros interrogatorios se efectuaban con el preso atado a un sillón de barbería, situándose dos individuos detrás de él, mientras Grimau hacía las preguntas con una luz enfocada a la cara del interrogado; si la contestación no era de su agrado recibía dos golpes simultáneos de los hombres situados a su espalda que lo dejaban, en primer lugar, baldado y, después, con un miedo atroz y una tensión nerviosa tan brutal que obtenía cuantas declaraciones quería, verdaderas o falsas. A uno de los detenidos, Juan Villalta Rodríguez, se le castró en la silla de barbero, donde existían unas placas eléctricas que antes le fueron aplicadas a los testículos, produciéndole quemaduras horrorosas. Este tormento también lo sufrió don Francisco Font Cuyás que, como el anterior, fue fusilado más tarde”.
    “Las celdas de los sótanos empleados por esa “checa” en la Plaza Berenguer el Grande eran extremadamente pequeñas. Escasamente cabía un preso tendido horizontalmente y una banqueta y, en ellas llegó a tener once presos juntos durante dos meses, encontrándose también junto a los hombres una señora, Sara Jordá Guanter, y las hijas de un farmacéutico de la barriada de Sans que tuvieron que convivir todo ese tiempo privadas de toda comunicación.”

    “Indiscutiblemente Grimau fue uno de los hombres más nefastos de aquella época, que actuó con saña hasta el punto de acentuar su crueldad cuanto más débil era la víctima. Sería interminable la lista de testimonios de los que aún viven y fueron injuriados, maltratados y torturados sólo por el hecho de confesarse españoles y por no pensar como Grimau pensaba. Pero más numerosa aún es la lista de aquellos que no pueden testimoniar porque hace veinticinco años fueron asesinados por Julián Grimau y sus hombres. Han pasado desde entonces veinticinco años. Pero los españoles que vivieron aquellas increíbles horas de zozobra y delación, de martirios y tiros en la nuca, no pueden, aunque quieran, olvidarlas. Y se hacen cruces contemplando la increíble ligereza con que ciertos sectores de la Prensa del mundo se aferran en estos casos a los burdos artilugios que los comunistas levantan para defender a sus fieles peones.».

    Ni que decir tiene que la prensa extranjera guardó riguroso silencio sobre los testimonios vertidos en el juicio. Esta omisión de la verdad, para manipular a la opinión pública en una auténtica labor de “ingeniería social”, es lo que hipócritamente llaman, -en las sociedades izquierdistas y liberales-, “libertad de prensa”(?), donde la verdadera libertad y la verdadera prensa, brilla por su ausencia, como podemos comprobar nosotros en España en la actualidad, todos los días.

    Algunos corresponsales extranjeros, ante la crudeza de los testimonios y la evidencia de las pruebas aportadas al proceso, llegaron a confesar durante los descansos a periodistas españoles (ente otros, al periodista del diario Arriba, José Luis Tello), que estaban impresionados por los testimonios pero que comprendieran que sus periódicos les habían amenazado que si sus crónicas no eran para calumniar a Franco, entonces que se dieran por despedidos. Sin embargo estos fueron los menos, la mayoría de ellos eran “mercaderes de la palabra” sin el menor escrúpulo y fuertemente politizados.

    Un detalle de los crímenes de Julián Grimau se recogieron en el folleto editado por el Servicio Informativo Español: “Crimen o castigo, documentos inéditos sobre Julián Grimau”, 1963. Otros testimonios son recogidos por Fernando Díaz Plaja en su libro “La España Política del Siglo XX” (tomo IV, página 324), por el periodista Emilio Romero en su libro “Los papeles reservados”, y por Ignacio Fernández de Castro en su libro “España Hoy”.

    Ni que decir tiene que son muchas las sedes de Izquierda Unida que desde hace décadas y con toda impunidad llevan el nombre de «Julian Grimau». Y ni que decir tiene que la Fiscalía en general y la Fiscalía del odio en particular, mira para otro lado, porque está para lo que está, por alguien se atreve a alzar la voz contra la invasión musulmana, o por si alguien se atreve a cuestionar la religión oficial del Holocausto, o por si un Brigada de la Guardia civil tiene un tuit a favor de Franco o diciendo si no resulta sexista que las pruebas físicas para el ingreso en las Fuerzas Armadas no sean las mismas para todos los aspirantes, independientemente de que sean mujeres u hombres. Entonces aquí hay ya delito de odio, y allí que va la Fiscalía del odio a tirarse en plancha y pedir más pena para el Brigada que la propia Abogada de la acusación particular del diputado de Podemos por Cádiz. Luego si Franco vinera hoy como vino en 1936, y pusiera fin a esta prostitución de la Justicia y a este mamoneo, entonces dentro de 70 años, los nietos de estos fiscales dirían que sus abuelos eran muy buenos y que defendieron y representaban la «legalidad constituida» (?) como si la basura legal que hay hoy en día, que es pura iniquidad y pura arbitrariedad, se le pudiera llamar de verdad, «legalidad». Menuda legalidad que los presos separatistas queden libres para dar mítines, y no han pasado ni dos años. Cuando si los presos en lugar de ser rojos y separatistas hubieran sido de signo contrario, menos de 30 años en las peores condiciones posibles, no se los quita nadie . ¿O alguien lo duda, viendo las sentencias que se dictan en España, a la familia Franco, a los acusados de Blanquerna, a los militares engañados el 23F, al Brigada de Cádiz, y a tantos otros?
    La famosa «legalidad» una mentira más de la red de mentiras y de iniquidades que hay tejida en España sin que nadie haga nada.

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