La vida se nos va

La vida se nos va, se va yendo desde el primer día de nuestro nacimiento. Al principio no nos damos cuenta, no pensamos en ello. La vida se nos presenta ilusionante, hierven los planes y proyectos de futuro. Pero al tiempo que nos esforzamos por vivir, al mismo tiempo nuestra vida sigue yéndose. No pensamos en la muerte, queda muy lejos; aunque fallezcan a nuestro alrededor, no nos vemos afectados.

Pero la vida se va, se va a cada instante, minuto a minuto, hora a hora, día a día. Qué duro es el trance de la muerte cuando se ha vivido ajeno a esta realidad universal. La muerte llega sin avisar, y nunca uno está preparado, siendo como es el momento más decisivo de nuestra vida. ¡Qué trance! Trágico para la mayoría y esperado para muy pocos.

Así has vivido, así te enfrentarás a tu muerte.

Piensa en tu muerte, piensa en ese día que será el último que tus ojos contemplen. Piensa en el tránsito hasta que tus ojos se cierren definitivamente y tu corazón deje de latir.

Qué gran lección pensar en nuestra propia muerte; pensar que nuestra alma se separará -que separación tan costosa y dolorosa- del cuerpo, y el alma, libre de las limitaciones del cuerpo, se presentará ante Dios Altísimo. ¡Qué momento!

Cuan necesario es pensar en ello: mi alma sola ante el tribunal de Dios. Entonces se verá quien he sido, y qué he atesorado a lo largo de mi vida junto a mi cuerpo. Ya no habrá tiempo para el arrepentimiento, ni para la reparación, ni para pedir perdón. Hemos tenido toda una vida para pensar en este momento, y la hemos desperdiciado.

Qué gran lección pensar en la propia muerte, y prepararnos para aquel momento aligerando el “equipaje” de nuestra vida. No atesoremos, no acumulemos aquí abajo. Pensemos allí arriba. Sobre todo, ansiemos con vehemencia ver a Dios, a su Santísima Madre, a los santos y a los ángeles.

Hemos de llenarnos de ansias de amor divino. Ya aquí y ahora, hemos de luchar y esforzarnos por amar a Dios con todo nuestro corazón, todo nuestro ser, para que el amor carnal y material vaya remitiendo en nuestras vidas. Así, cuando llegue ese “momento”, nuestro corazón inflamado de amor a Dios desee que se rompa ya el lazo que nos une a la vida terrena, que no es vida. Y cuando cierre los ojos, no lo haré con lágrimas sino con gozo y esperanza.

Ave María Purísima.


4 respuestas a «La vida se nos va»

  1. En la sociedad actual ya que la muerte es algo ineludible e inevitable, no se puede derogar, incluso prohibir, pero sí se pueden hacer las cosas de tal manera que parezca que no existe, y cuando llega, para los que se quedan es un mal momento, y para los que se van da lo mismo.
    El problema de esta sociedad en relación a la muerte es que estamos viviendo en una sociedad materialista, que expresa y difunde lo que es falsedad, que la felicidad está en la posesión de los bienes y de los medios para lograrlos.
    Para muchos la vida son los años que se pasan en este mundo y después parece que no hay nada.

    Con motivo de estas semanas futuras, seguro que muchos regalaran los libros de J.R.R. Tolkien. Y si no son los libros, serán las películas de Jackson en versión extendida (aunque no debemos olvidar que esas películas no son de Tolkien, sino de cómo interpreta Jackson a éste.)
    Pero a Tolkien la mayoría no lo entienden, ni siquiera saben realmente que es lo que él quiso transmitir.

    En sus Cartas, qué están editadas, en la 211, expresó cuál era el significado real de su obra.

    «Trata, sobre todo de la muerte y la inmortalidad; y de las huidas: la longevidad y el atesoramiento de la memoria.»

    En el Libro Primero, Cap. 8, «Niebla en las quebradas de los túmulos.» Deja descrita de forma poética y metafórica lo que él veía en la muerte, en realidad, la continuación de la vida, una vida superior:

    «Frodo oyó un canto dulce que le rondaba en la mente: una canción que parecía venir como una luz pálida del otro lado de una cortina de lluvia gris y que creciendo cambiaba el velo en cristal y plata, hasta que al fin el velo se abrió y un país lejano y verde apareció ante el a la luz de un rápido amanecer.»

    Con posterioridad en la misma obra lo relata de una forma más directa:
    «La muerte es sólo otro sendero que recorreremos todos. El velo gris de este mundo se levanta y todo se convierte en plateado cristal, es entonces cuando se ve… La blanca orilla y más allá la inmensa campiña verde tendida ante un fugaz amanecer.»

    (SDLA Vol. 3 «El retorno del rey»)

    Sabido es que Tolkien era un católico ferviente y si bien esta obra suya no se puede considerar una obra estrictamente religiosa, si deja traslucir cuál era la mente y el ánimo del autor. Y así lo expresa en las duras palabras que Aragorn dirije a Arwen cuando le llega la hora de abandonar el mundo:

    «Mira! No estamos sujetos para siempre a los confines del mundo, y del otro lado hay algo más que recuerdos. Adiós!»

    (Un fragmento de la historia de Aragorn y Arwen extraído de los Anales de los reyes y los gobernadores. Apéndice de SDLA)

    En estos turbios momentos, ni siquiera de la Iglesia Católica surge la necesaria y elemental escatología de la fe y la esperanza en una vida mejor y en la resurrección, porque de ésta fue Nuestro Señor Jesucristo quien nos ofreció el modelo y sobre todo, la esperanza de que la compartiremos con Él.

  2. ¡Bendita oración!. ¡Gracias!.
    Desde el primer instante de nuestra concepción bajo el Mandato Divino, la prole posterior tendrá una Familia donde sostener la alegría de la Luz Eterna.
    Si la concepción no sigue el Mandato Divino, la prole posterior será una entelequia de Familia en la obscuridad del averno.

    1. Apreciada Rosana, nada mejor para vivir esas «mil cosas de la vida» que tener presente la muerte y el juicio del alma, porque de esta forma sabremos verdaderamente «vivir» esas mil cosas, ya que conoceremos el verdadero valor de estas «cosas.» La verdadera ciencia, el verdadero sabio, es aquel que sabe vivir porque sabe que va a morir y va a dar razones de su vida al Creador.
      Afectuosamente.

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