La violencia socialista en Asturias: la revolución de 1934 y sus efectos (1/2)

Revolucionarios sediciosos detenidos en los pueblos de León

Se cumple este año el XC aniversario de la Revolución de Octubre, considerada por algunos como una romántica huelga general.  En realidad, poco de eso fue el levantamiento armado en Asturias, ni siquiera en las zonas colindantes y menos conflictivas, habida cuenta los gravísimos daños ocasionados a la región por los revoltosos, de ideología mayormente socialista. Con todo, los perjuicios irrogados solo serían un mero preámbulo de lo que ocurriría en el territorio astur a partir de julio de 1936. 

Los prolegómenos

La persecución feroz que soportaron los elementos de orden en territorio asturiano durante gran parte de los años treinta no fue algo espontáneo ni autóctono; ni siquiera a título exclusivo de represalia. En absoluto, pues consistió en una represión de tipo político y con una fisonomía revolucionaria bastante detallada y moderna, que no tenía nada que ver con el territorio ni con las características del hombre del noroeste. Para ello basta con fijarse en la persecución que soportaron tales personas en los pocos días que duró el levantamiento socialista de octubre de 1934.

Nadie debiera extrañarse del sadismo ni de la sevicia, cuando el mismo Largo Caballero, a la sazón jefe del partido socialista y del sindicato UGT, había anunciado previamente la crueldad el 21 de abril[1]:

En España van a ocurrir hechos de tal naturaleza que es preciso que la clase trabajadora haga unas manifestaciones que justifiquen su actuación en el porvenir, porque esa actuación se corresponderá a la que ahora se sigue contra nosotros. Es indudable que en un determinado momento el proletariado se pondrá en pie y procederá violentamente contra sus enemigos. No se diga entonces que somos unos salvajes sin civilizar, porque de nuestra conducta responde la conducta de los demás. En aquel momento no les extrañe que los corazones se hayan endurecido y que hayan dejado a un lado sentimentalismos inútiles.

Mismamente, las juventudes socialistas proclamarían en agosto y septiembre de dicho año la eliminación física de militares y oponentes, como estrategia política:

Mineros revolucionarios

Para los trabajadores campesinos es de suma importancia en estos momentos decisivos perfilar su actuación en la próxima insurrección de la clase trabajadora española (…) ¿Programa de acción? Supresión a rajatabla de todos los números de fuerza armada, desparramada por los campos. Supresión de todas las personas que, por su situación económica o por sus antecedentes, puedan ser una rémora para la revolución[2]

La revolución proletaria significa la destrucción total de las fuerzas de Asalto. No la eliminación de jefes y soldados sospechosos, sino la destrucción total. El aniquilamiento y la aplicación de tribunales populares a todos los individuos del Cuerpo, a fin de que por medio de juicios sumarísimos respondan de su actuación dentro del Estado burgués. Muchas sentencias habrá que firmar. Estamos seguros que, antes y después, los jóvenes socialistas, con entusiasmo, estarán dispuestos a darles cumplimiento[3]

Transformar la guerra imperialista en guerra civil contra el capitalismo fue la consigna de Lenin en 1914, consigna que hoy cobra un alcance y una grandiosidad insuperable. La tarea es dura, pesada, cruel; pero es tarea heroica como ninguna otra, y estamos ansiosos de heroísmo. Cerrando las filas y endureciendo los ánimos estamos seguros de vencer ¡Y venceremos![4]

Vamos en línea recta camino de la insurrección (…) Nuestra línea es recta, clara e inflexible: el que no está con la revolución, está contra la revolución. Y en período revolucionario, para los contrarrevolucionarios, sólo hay una consigna: guerra a muerte[5].

En realidad, el socialismo español empezó a armarse desde antes de la proclamación de la II República[6], siendo el dirigente Enrique Puente Abuin el encargado de repartir las armas de contrabando entre los hombres de acción más caracterizados; y, dos años más tarde, los militantes socialistas comenzaron a convertirse en milicias revolucionarias, intensificándose el trasiego de armas por todo el país. En tal coyuntura, la región asturiana cobraría notable importancia en los planes revolucionarios, habida cuenta la fuerza que el socialismo poseía desde 1917 en las cuencas mineras.

Cuartel de la Guardia Civil de Sama de Langreo donde sus defensores resistieron hasta ser asesinados

No debiera olvidarse que, desde principios del siglo XX, la propaganda revolucionaria había tenido bastante eco en la región asturiana, pues contaba con organizaciones socialistas potentes, como el caso del Sindicato de Obreros de Mineros de Asturias (SOMA), que llegaría a alcanzar gran importancia numérica y hasta destacada capacidad económica. De hecho, la mayoría de la juventud obrera se había educado bajo los auspicios de las organizaciones socialistas; lo que, favorecido por la propaganda destilada con prodigalidad en ateneos, instituciones culturales, periódicos y demás medios de expresión de la época, hicieron posible que el movimiento revolucionario de octubre tuviese en Asturias su máxima potencia[7].

Con todo, según el general Aranda, el orden público era absoluto en la provincia hasta la revolución de 1934, excepto en las cuencas mineras, donde la dejación de los distintos gobiernos había permitido que los socialistas predominantes, junto con comunistas y anarquistas oportunistas, gobernasen a su antojo la región, dándose el caso en algunos pueblos de llevar más de diez años sin dar reclutas al Ejército… A mayor abundamiento y según el informe del general mencionado, el minero, que estaba bien pagado, disponía de armamento portátil, lo que propiciaba que la paz pública fuera precaria y la vida de muy poco valor en dicho territorio[8].

La revolución

El movimiento revolucionario de octubre fue, en realidad, una guerra revolucionaria; si se quiere minúscula, pero guerra civil, al fin y al cabo. De hecho, el levantamiento socialista y catalanista de octubre de 1934, pese a durar la rebeldía dos semanas escasas, generó importantes pérdidas por todo el país[9].

Por un lado, participaron las fuerzas policiales y militares del Estado, auxiliadas por numerosos civiles, muchos de los cuales fueron recompensados con medallas al mérito militar al final del conflicto; y por el otro, miles de obreros e izquierdistas que, sólo en Asturias, contabilizaron unos 30.000 mineros armados. No en vano, el armamento, recogido por la Fuerza Pública, al término de las operaciones policíaco-militares, nos muestra el verdadero alcance de aquella lucha de los años treinta[10].

Particularmente en Asturias, hasta el tres de enero de 1935, se habían aprehendido 16.477 armas largas, 1.321 pistolas, 88 fusiles ametralladores, 2 pistolas ametralladoras, 41 cañones y otras 27 armas diversas; es decir, un armamento que bien podría equipar dos divisiones del Ejército…

La Cámara Santa antes de ser volada

Pero donde de veras se notó el carácter de lucha revolucionaria fue en las durísimas medidas represivas adoptadas por los insurgentes. Sin ir más lejos, la Federación Nacional de Juventudes Socialistas creó, con tal propósito, un organismo de Inteligencia de carácter secreto para identificar opositores y, en su caso, eliminarlos, denominado SIRS (Servicio de Información Revolucionaria Socialista)[11]. No en vano, en las instrucciones dadas a las juventudes socialistas para la revolución, se afirmaba lo siguiente: Hay que tener en cuenta que la acción combativa en régimen de excepción ha de ser de ordinario el atentado personal; por ello esta organización más que otra cosa, ha de tener una base terrorista[12]

Pues bien, la represión persecutoria, desatada por los revolucionarios en territorio asturiano, afectó, principalmente, a la Iglesia, cuyos elementos fueron perseguidos de forma implacable, produciéndose tremendas atrocidades. Mismamente, el periódico El Adelantado de Segovia, por mencionar una fuente independiente, nos ilustra sobre el grado de sevicia revolucionaria alcanzado en 1934:

La Cámara Santa de la catedral de Ovideo volada con dinamita

Se pone de manifiesto en los rebeldes asturianos un sadismo en el crimen, de que sólo hay parecido en las espantosas ejecuciones realizadas por la Checa en Rusia, de la que son dignos continuadores cuantos en la provincia a que nos referimos querían implantar el “paraíso” bolchevique que trataban los infames cabecillas de este vasto movimiento subversivo de exportar a toda España. Esos hombres, enloquecidos por el rencor y el deseo de destruir una sociedad que se defiende, lícitamente, contra tan malvados propósitos, hacen buenas a las fieras (…) Los cabileños de África, cuyas vandálicas hazañas tanto nos conmocionaron, tras la derrota de Annual, demostraron ser más blandos en sus represalias que estos tigres asturianos (…)

Ya se van conociendo detalles de las escalofriantes fechorías llevadas a cabo por esos salvajes, ebrios de sangre y de ruina.

Sacerdotes arrastrados por las calles y quemados vivos; guardias civiles atados a postes y rociados con gasolina; un párroco descuartizado y puestos sus restos a la venta, en un escaparate; un ingeniero muerto, a quien se le cortó la cabeza y se le arrastró su cadáver enganchado en un coche; y guardias de Asalto, con los que se hizo algo parecido; un convento volado, con dinamita, dentro del cual murieron todos los religiosos, siendo crucificado el superior de los mismos; otro de monjas asaltado, a las que le hicieron objeto de todo género de liviandades; niños a que dieron muerte, con una complacencia repugnante.

¿Para qué seguir?… Añada el lector cuantos horrores quiera a esta relación estremecedora (…)[13]

Este grado de salvajismo no ha de ponerse en relación con la criminalidad asturiana ordinaria, no en vano un siglo antes las estadísticas penales recopiladas por el Diccionario del ministro Pascual Madoz no describían casos tan horribles en esta región española. Como ya hemos indicado, fue una persecución eminentemente política, alentada y programada, habida cuenta que en la huelga general de 1917 no se registraron casos tan horrorosos. El mismo periódico mencionado[14] puntualizaba lo siguiente: (…) y los autores de tan incalificables delitos asesinan por el placer de hacerlo, sintiendo una gran satisfacción al poner en práctica los más crueles martirios…

Pues bien, resulta significativo que esta misma clase de atrocidades se repitan en territorio asturiano durante el dominio rojo de 1936-1937. Y lo que nos parece más esclarecedor: iban a ocurrir con excesiva frecuencia en el territorio nacional controlado por el socialismo durante los tiempos de la guerra civil.

De hecho, en 1934, los socialistas revolucionarios cometieron abundantes destrucciones, homicidios y pillajes en la cuenca minera y localidades importantes de Asturias: Sama, Turón, Pola de Lena, Avilés, Moreda, Mieres, Oviedo, Cabañaquinta, etc.

Casas destruidas en la calle Uría de Ovideo

Los homicidios, como hemos referido, fueron tremendos, pues pretendían generar una atmósfera terrorífica en la población, que implicara su claudicación ante los propósitos revolucionarios. Así, en la capital, unos revoltosos asesinaron al magistrado jubilado del Supremo Adolfo Suárez, a la puerta de su domicilio, tras identificarle[15], y rápidamente a siete seminaristas indefensos con engaño; los revolucionarios socialistas también asaltaron el convento de los Padres Carmelitas, asesinando al padre Eufrasio del Niño Jesús, que se hallaba herido en el hospital; fusilaron igualmente al enterrador del cementerio, tras sepultar éste a 200 cadáveres recogidos de las calles; además, el comité local ordenaría la muerte de los fugitivos ovetenses y así se fusilaría a ocho personas, que huían de los focos revolucionarios; y, el once de octubre, cuatro revolucionarios secuestraron a tres muchachas y como se resistían a ser forzadas las atropellaron con un automóvil y seguidamente las fusilaron, tirando sus cadáveres al cementerio ovetense…

Con todo, la violencia arreció en la cuenca minera. Así, en la ciudad de Mieres, cuna del movimiento revolucionario, fueron encerrados los guardias civiles y defensores del orden en la Casa del Pueblo socialista, siendo algunos de ellos ejecutados; se matarían también a dos frailes pasionistas, dos curas y un guarda minero. En la localidad de Turón, el comité revolucionario dio orden de pasar por las armas a diecisiete detenidos: ocho pacíficos hermanos de la Doctrina Cristiana, un fraile pasionista, dos jefes militares de Carabineros, un ingeniero de minas y otros paisanos que tenían prisioneros desde comienzos de la revuelta, causando estas ejecuciones una impresión tremenda en la sociedad de la época[16]. Igual de terribles se mostraron los mineros socialistas en Sama de Langreo, pues tras matar al párroco y al ingeniero de la Felguera, fusilaron a una docena de prisioneros, entre ellos un teniente gravemente herido. En el pueblo de Campomanes, los guardias civiles que resistieron heroicamente el ataque de los rebeldes fueron asesinados inmediatamente tras rendirse… En Olloniego, los revolucionarios harían desaparecer para siempre al párroco y a Emilio Valenciano, un fiscal de la capital astur… En Moreda, matarían a cuatro jóvenes defensores, tras capitular ante los socialistas, y al sacerdote local… Y en el pueblo de Ciaño, otro ingeniero de minas fue asesinado a las puertas de su casa…

Catedral de Ovideo con su torre desmochada por la artillería de los revolucionarios

Las torturas también se practicaron contra algunos prisioneros no revolucionarios, suicidándose un detenido en la capital, según refieren testimonio fidedignos[17], siendo muy extendidos los malos tratos, pues las cárceles eran provisionales, no reuniendo las mínimas condiciones higiénicas[18]; y, en Avilés, fueron conocidas las penalidades soportadas por José Pedregal, ex ministro y magistrado del Tribunal de Garantías Constitucionales, que había sido secuestrado por una partida de revoltosos, aunque a la postre lograría ser liberado.

Los daños materiales fueron cuantiosísimos: sólo en la capital ovetense, los revolucionarios quemaron el teatro Campoamor, destruyeron numerosos inmuebles públicos y privados, el monasterio de San Pelayo, el palacio episcopal, la Audiencia, el Banco Asturiano, el instituto San Isidro, la Universidad del siglo XVI[19] y hasta quisieron asaltar la catedral de estilo flamígero, dinamitando la valiosísima Cámara Santa, cuyo origen se remontaba al siglo IX… No contentos con ello, los hombres del cabecilla socialista González Peña pudieron forzar la cámara acorazada de la sucursal del Banco de España, apropiándose de 14.425.000 pesetas, una verdadera fortuna para la época que nunca fue reintegrada[20]; y parecida operación se practicaría en las oficinas del Banco Español de Crédito.

De hecho, los daños generados en Asturias, excluyendo los robos perpetrados por los revolucionarios, superaron los 200 millones de pesetas de 1934. Mientras que las sustracciones socialistas, excluyendo el saqueo referido del Banco de España, alcanzaron la cifra de 26.379.389 pesetas, una cantidad fabulosa para entonces.

Continuará

[1]Cf.  La Revolución de Octubre en España; la rebelión del gobierno de la Generalidad, En Servicio de la República, Bolaños y Aguilar Talleres Gráficos, Madrid, 1935.
[2] “Hoja mural núm. 1; premisas de la insurrección”, Renovación, (25.08.1934), Madrid, pp. 2 y 3.
[3] Renovación, (14.09.1934), Madrid, p. 4.
[4] Renovación, (14.09.1934), Madrid, p. 2.
[5] “En línea recta”, Renovación, (14.09.1934), Madrid, p. 1.
[6] Cf. “El armamento socialista”, en 18 de Julio de 1936; entre el mito y la realidad, SND Editores, Fuenlabrada, 2023.
[7] Informe de FET y de las JONS de Asturias, Oviedo, diez de abril de 1942. Fuente: Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1339, Exp.1.
[8] Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1339, Exp.1.
[9] Fuente: Dirección General de Seguridad. Cf. Correo de Mallorca, (02.02.1935), Palma de Mallorca, p. 8.
[10] Cf.  La Revolución de Octubre en España; la rebelión del gobierno de la Generalidad, En Servicio de la República, Bolaños y Aguilar Talleres Gráficos, Madrid, 1935.
[11] Causa General; 18 de Julio de 1936; entre el mito y la realidad, SND Editores, Fuenlabrada, 2023, p. 88.
[12] Estado Mayor Central del Ejército. Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1519, Exp.9.
[13] “Los horrores de la Revolución en Asturias”, 17 de octubre de 1934, Segovia, p. 1.
[14] El Adelantado de Segovia, (17.10.1934), p. 1.
[15] El Adelantado de Segovia, (22.10.1934), p. 1; Ahora, (04.12.1934, Madrid, p. 8.
[16] Exhumados los cadáveres, pudo comprobarse como algunos cabezas estaban separadas de los cuerpos, por mor de las mazas y palos con que los habían rematado tras dispararles. Informe de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Turón, tres de marzo de 1941. Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1343, Exp.3.
[17] Por ejemplo, Alas Pumariño, gerente del Banco Asturiano y rehén en el instituto San Isidro de la ciudad de Oviedo.
[18] Cf. Montero Moreno, A. (1961): La Persecución Religiosa en España 1936-1939, BAC, Madrid, pp, 41-52.
[19] El daño causado a la universidad ovetense nos muestra cómo era la furia de los revolucionarios en 1934: perecieron, aparte de material docente y científico de gran valor, docenas de lienzos y pinturas de notable interés artístico; 80.000 volúmenes de la biblioteca principal, entre ellos cien incunables y 200 manuscritos; 15.000 volúmenes de la biblioteca de Derecho; el Museo de Historia Natural al completo; 6.000 volúmenes de la biblioteca de Letras; ídem de la biblioteca de Ciencias; y el copioso archivo de la Universidad.
[20] Arrarás, J. (1984): Historia de la Cruzada Española, Datafilms, tomo II, pp. 186 y ss.

3 respuestas a «La violencia socialista en Asturias: la revolución de 1934 y sus efectos (1/2)»

  1. «…los revoltosos, de ideología mayormente socialista. » O sea que queda claro quienes financiaron la cosa y para qué… La soflama que sigue es la programación de las 2 neuronas del orco de turno clear; let x=odio; o cómo convertir la escoria revolucionaria Disraeli Rothschild en un arma más útil que las bombas( Protocolos ), mediante el masón demagogo de turno que regalará sus oídos con lo que quiera oír. Siempre dividiendo y enfrentando, exagerando los defectos y diluyendo las virtudes. Fabricando caricaturas de la realidad, pintadas muy agradables a los oídos de las masas convulsas; arengas que convertirán en consignas breves que enfervoricen los ánimos, y cieguen las mentes para obrar toda atrocidad.
    Todo sea por la revolución del proletariado, o sea, por la granja esclavista de los usureros Rothschild y cia.

    «organizaciones socialistas potentes,… con destacada capacidad económica. De hecho, la mayoría de la juventud obrera se había educado bajo los auspicios de las organizaciones socialistas( escuela moderna Ferrer y Guardia mas o menos ); lo que, favorecido por la propaganda destilada con prodigalidad( por masones )en ateneos, instituciones culturales, periódicos y demás medios de expresión de la época( todos los medios vendidos, como hoy ), hicieron posible que el movimiento revolucionario de octubre tuviese en Asturias su máxima potencia»

    «el socialismo español empezó a armarse desde antes de la proclamación de la II República… encargado de repartir las armas de contrabando…, los militantes socialistas comenzaron a convertirse en milicias revolucionarias, intensificándose el trasiego de armas por todo el país.»( pero todas para el mismo lado )

    «los distintos gobiernos( de masones )había permitido que los socialistas predominantes, junto con comunistas y anarquistas oportunistas, gobernasen a su antojo la región.»( dejaron hacer, como suele pasar )

    «las Juventudes Socialistas creó un organismo de Inteligencia de carácter secreto para identificar opositores y eliminarlos, las instrucciones dadas a las juventudes socialistas; de ordinario el atentado personal; ya que esta organización más que otra cosa, es terrorista…»

    «Los cabileños de África, cuyas vandálicas hazañas tanto nos conmocionaron, tras la derrota de Annual, demostraron ser más blandos en sus represalias que estos( hienas traperas que no )tigres asturianos»( matar curas y cristianos tiene poco de heroico, antes al contrario, es de cobardes; pero como les habían contado que el terror era un arma más pues nada, barra libre, que para eso nos lo han contado… tarugos ).

  2. Magnífico artículo.
    Espero el próximo con ardor.
    Unos HP todos estos sociatas.
    Viva la historia de verdad y además tan bien contada.
    Felicidades al autor y a la web

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