Lacón con lelos

No era sitio para un bicho,

Pero en aquel lugar santo,

Encontró el piojo un nicho,

Donde colarse de un salto.

 

¿Digo un salto?, ¡sólo un brinco!,

Pues la rata remilgada,

Apenas tenía el ahínco,

Para izarse una pulgada.

 

Bastaba asomar su jeta,

(Entonces, ahora ni eso),

Y pasar bajo la arqueta,

Que a la Cripta da el acceso.

 

La alimaña se arrastraba,

Entre tapices e historia,

Sin que aquel saco de baba,

Captara su inmensa gloria.

 

No vio estatuas de la Virgen,

Ni ángeles con sus espadas,

No vio ni el modo en que emergen,

De ábacos sobrias arcadas.

 

Se decía el insecto “artista”,

De escultor se las tildaba.

Pero el arte ante su vista,

Al patán se la soplaba.

 

Su figura inane apenas,

Alertaba a los presentes…

Nadie reparó en la escena,

Cuando tembló ante el Ausente.

 

Ni se fijó aquella pieza,

En Cristo en el presbiterio:

De Ávalos fue tal belleza,

Justo enfrente del Sagrario.

 

El sapo Le dejó a izquierdas,

Cuando el coro ya avanzaba,

Pero aquel pozo de mierda,

No cesó en su fantasmada.

 

En lo alto – nunca tanto,

Lo fue como en ese instante –,

Pantocrator y mil santos,

Miraban a aquel tunante.

 

Y en tal fresco, Su Excelencia,

Pintado bajo la Nava,

Tenía con Dios audiencia:

«No le juzgues a las bravas…

 

Es sólo un vulgar paleto,

Aspirante a ‘grafiteiro’.

Nunca se salió del seto

De su aldea, este Tenreiro.

 

Dicen que estuvo en ‘Niuyork’,

Mas yo creo que fue atrezzo.

Mi paisano no pintó,

Más que monas, el muy ciezo».

 

Y aquel réptil miserable,

Oyó el introito de misa.

Mas cual si escuchara bable:

Ni siquiera se dio prisa.

 

Los sacerdotes entrando,

La Piedad a su derecha.

Y reptando él cual meandro,

No despertó sus sospechas.

 

Ni que decir que el muy lerdo,

Que en la nubes tenía el ego,

Contrató a un esbirro a sueldo:

A ambos no les llega el riego.

 

Era el otro reportero,

Plumilla, chicolaprensa,

Cámara, titiritero,

Cazador de recompensas.

 

Se acercó por el Misterio,

Para sacar unas fotos.

El ácaro se puso serio:

Su memez no tiene coto.

 

Y ante la tumba de Franco,

El bobo cayó de bruces…

¡Si le pilla un buen morlaco,

Le viste todo de luces!

 

En envite tan indigno,

Se desveló el gran artista:

Pintarrajeó algún signo,

Pajarraco, por más pistas.

 

Tenreiro

¡Talento así me conmueve!

¡Arrojo igual no ha existido!

Y si el esfuerzo fue breve,

Más leve fue el merecido.

 

Dos brujas y un magistrado,

Juzgaron al gusarapo…

«No hubo ningún altercado:

Sólo fue a pasar el rato».

 

«… Buscaba manifestar,

Sus ansias de libertad».

Pero no encontró lugar,

En mezquitas o gulags.

 

«No sabía que había misa…»,

Deciden las pagafantas.

¿Y si me cago ante PRISA,

Sin saber que es una falta?

 

«… Y aún no estaba comenzando»,

Dice el auto con soltura…

¿Y los que estaban rezando?

¿Y el altar con varios curas?

 

«… Iba sólo y chilló poco»,

Sigue el dictamen demente…

¿Y el que le hizo la foto?

¿Estaba allí casualmente?

 

«… No existió profanación»,

Describen las señorías…

¿Y si pinto, con perdón,

Yo las tumbas de sus tías?

 

«Estando la pintura tierna,

Los daños son reversibles».

Si es así, los de Blanquerna,

¡¿Por qué coño no están libres?!


4 respuestas a «Lacón con lelos»

  1. Buenísimo en todo: en los versos, en las palabras y en el fondo.
    Una vergüenza la absolución de semejante idiota.
    La foto en pelotas le define.
    Bien por Tralla, sea quien sea.

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