Las FF.AA. de nuevo en la encrucijada

Han sido varios los «manifiestos» e intervenciones públicas firmados o realizadas en los últimos meses por buena parte de militares retirados, en los que, en el ejercicio de sus derechos y obligaciones constitucionales y patrióticas, han expresado su honda preocupación por la deriva, más que evidente, a que el actual Gobierno lleva a España; gobierno de hondo calado marxista-leninista formado por el socialista PSOE –de nuevo bolchevizado y abducido por el comunismo– y el comunista Podemos, con el apoyo de los secesionistas de todo pelaje, más la contumaz tibieza del Partido Popular.

Dichos «manifiestos» y declaraciones han logrado una gran difusión y transcendencia pública a todos los niveles y en múltiples colectivos no sólo militares (en activo también, claro), sino incluso civiles, a nuestro parecer debido a su acierto tanto en la forma como en el fondo; y es que no cabe duda de que lo dicho en ellos está cada día más presente en la mente de una cada vez más amplia mayoría de españoles incluso con independencia de sus diversas afinidades ideológicas.

Lo anterior lo avala la exorbitada virulencia de la reacción de Margarita Robles y de su más cercano entorno militar y civil, así como por la de los sectores ideológicos más recalcitrantes que amparan dicha deriva; «el que se pica, ajos come». Además de múltiples y desaforadas declaraciones públicas, se han tomado inmediatas y draconianas medidas institucionales en Defensa obligando a «los mandos a instruir en la Constitución» a los «alumnos» y tropa a su cargo –¿en qué momento dichos «manifiestos» o declaraciones han ido en contra de la Constitución?–, así como a vigilar que bajo ningún concepto se puedan conmemorar heroicas efemérides militares que se han tachado, sin más, de «franquistas» (¿?).

Hay que reconocer que el numero de firmantes, aunque muy elevado –mucho más de lo esperado–, no lo han sido todos. De los no firmantes los hubo: por profesar convicciones marxistas-leninistas idénticas a las del Gobierno y sus adláteres; por mera pasividad; por, aun sin pertenecer ni a unos ni a otros, no estar de acuerdo con los «manifiestos». Descartando por obvio a los primeros, y dejando a parte a los segundos, nos dirigimos a los últimos en estas reflexiones, muy sintetizadas por la necesaria escasez de espacio, recogiendo, brevemente las principales razones que alegan en contra de los «manifiestos».

Primera alegación: «Es un error (de los firmantes) no comprender, después de más de 40 años de existencia de la Constitución de 1.978, cual es el papel del ejército en una democracia, que no implica, en modo alguno, juzgar lo que es bueno o no para la patria, ni el mostrar acuerdo o desacuerdo con determinadas políticas, ni mucho menos otorgar carta de legitimidad a uno u otro gobierno, ni siquiera manifestar disgusto por determinadas situaciones. En una democracia el único papel a jugar por las Fuerzas Armadas es el desarrollo de la política de la defensa a las órdenes del gobierno».

La cuestión no es el papel de las FF.AA. en una democracia, sino su papel ante la patria y el pueblo, que es a quien se deben las FF.AA. al margen del Gobierno de turno, ya que son depositarias de la última razón, la de la fuerza. Por ello, las FF.AA. tienen una misión sagrada por encima de quien, aun elegido por los votos, ostente el gobierno de la nación que, en cualquier caso, no deja de estar formado por hombres falibles que, además, pueden sufrir la deformación de considerar que, aún en el gobierno, se deben a su ideología, la que sea, en vez de a la patria, a la nación, al pueblo; como las propias FF.AA. y como todo ciudadano español. Por desgracia, en España, caso único, hemos visto y vemos de nuevo que hay partidos que vulnerando de forma directa o indirecta la Constitución del momento, corroen la misma, así como la democracia, e incluso socavan las esencias y fundamentos de la patria, de la nación. ¿Deben en tal caso las FF.AA. inhibirse cuando tal gobierno ampara el escarnio a sus símbolos, persigue la ruina de la democracia, vapulea día sí y día también a la Constitución, ataca a uno de sus principios fundamentales por ahora vigente como es la monarquía como forma del Estado,…? ¿Qué «política de defensa» puede impulsar un Gobierno que desbarre ideológicamente en posturas manifiestamente antinacionales, antidemocráticas, anticonstitucionales, etc.?

Segunda alegación: «El artículo 8º de la Constitución establece que la misión de las FF.AA. consiste en garantizar la soberanía e independencia de España y defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional, no cabe otra interpretación que la de que, esa misión, en todo caso, solo puede desarrollarse A LAS ORDENES DEL GOBIERNO».

¿Y qué pasa si ese Gobierno –y sus órdenes– atentan contra dichas misiones, incluida la de garantizar el ordenamiento constitucional? Pero mejor que nosotros, alguien tan poco sospechoso como fue Enrique Múgica ya expuso en el mismísimo Congreso de los Diputados, el 15 de julio de 1978, las razones, y por ello única interpretación posible, del artículo 8º, constando en el diario de sesiones lo siguiente: “…su misión (de las FFAA), muy por encima de las opiniones en litigio, no puede ser ajena a los problemas de la comunidad objeto de la política de más alto nivel, que mantiene la esencia de la Patria y garantiza la supervivencia del Estado. Esta doctrina militar… se identifica con el artículo 1º de la Constitución, que dice: «la soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan todos los poderes del Estado». La razón de ser de los ejércitos es la defensa militar de España y su misión la que señale la Constitución, orden constitucional al que la institución está subordinada. La triple misión que el texto constitucional confiere al Ejército de Tierra, a la Armada y al Ejército del Aire constituye el límite de la paciencia y del combate por la razón cuando la terquedad, el fanatismo o la ignorancia de la realidad… obligue al mantenimiento de nuestra comunidad si pugnaran aquellos por la fuerza de su supervivencia… y su aplicación se hace necesaria cuando los responsables políticos al hacer dejación de funciones, no lo han evitado”. Blanco y en botella.

Tercera alegación: «No corresponde a ningún miembro de las FF.AA. determinar si un gobierno olvida o no el interés general o si amenaza o no con la descomposición de la unidad nacional. Simplemente NO LE CORRESPONDE».

¿Entonces a quién? ¿Dónde quedan sus misiones? ¿Cómo cumplirlas si, ante la evidencia, no se juzgan las públicas intenciones del Gobierno y más aún sus actos? ¿No deben las FF.AA. estar atentas, en el cumplimiento de sus misiones, en discernir ecuánimemente si, llegado el caso, un gobierno olvida el interés general o amenaza la unidad nacional o… socava la democracia y la libertad o busca imponer un pensamiento e ideología única, la suya, por supuesto, o vulnera con subterfugios y fraudes de ley la Constitución o ampara procesos secesionistas o…?

Cuarta alegación: «Como individuos, no como soldados, gozamos de todo el derecho para expresar nuestro disgusto en todas las formas legales posibles pero repito y enfatizo, NUNCA COMO SOLDADOS».

Ser militar, soldado, imprime carácter; no en balde la milicia es una religión de la cual sus mandos, especialmente, son sus sacerdotes, lo que se es hasta la tumba, se esté o no en activo, porque el juramento a la patria lo es para siempre y en todo momento. El retirarse no significa que se renuncie a tal juramento, ni que se quede liberado de él. Los firmantes lo hicieron en el ejercicio de sus derechos civiles y constitucionales –que Margarita Robles, vulnerando la Constitución, les ha negado públicamente–, pero también de sus deberes morales y patrióticos por mor de dicho juramento siempre en vigor.

Quinta y última alegación: «El privilegio a monopolizar el uso legítimo de la fuerza que los ciudadanos nos conceden, debe ser correspondido por la observancia de la más estricta  NEUTRALIDAD POLITICA. De lo contrario, no seríamos vistos como el ejército de todos y al servicio de todos y nos erigiríamos, sin ningún derecho, en árbitros del poder».

Eso es, el Ejército de todos, no sólo de los que quieren imponer su modelo por encima de los demás y a toda costa, incluso de la Constitución, la libertad, la ley, la unidad, etc., porque de permitirlo, sea por afinidad, pasividad o estulticia, el Ejército será sólo de ellos, de esos pocos, y ya no de todos. La neutralidad de las FF.AA. –palabra que no consta en la Constitución– no puede suponer inhibición, si, como se ha dicho antes, la deriva gubernamental olvidara el interés general, amenazara la unidad nacional, socavara la democracia y la libertad, buscara imponer un pensamiento e ideología única, vulnerara con subterfugios y fraudes de ley la Constitución, amparara procesos secesionistas, etc. La neutralidad es, precisamente, no favorecer a uno u otro partido o coalición gubernamental permitiéndole, mediante la indiferencia, la pasividad y la inhibición entendidas como neutralidad, cometer semejantes tropelías. La neutralidad entendida como inhibición, como ver, oír y callar, como incluso obedecer órdenes que vayan en contra de las misiones que recoge el Art. 8º, es, en la práctica y en la realidad, pura y dura traición a la patria, a la nación, al pueblo español y al juramento voluntariamente formulado que no caduca.


2 respuestas a «Las FF.AA. de nuevo en la encrucijada»

  1. Muy acertado análisis, en el que se rebaten las justificaciones de pasividad ante la deriva -hacia La rompiente- con la que muchas veces lo que trata es de encubrir cobardía ante el enemigo.
    El compromiso de los militares es con la Patria, con España y su gloriosa historia. No con un Gobierno, y menos con una “opción política” y el paradigma es el Alzamiento Nacional de Dos de Mayo de 1808.
    También el del 18 de Julio de 1936.
    Los militares, los soldados, hacemos la guerra por una idea superior: La Patria. Su integridad, honor e independencia.
    El hacerlo por dinero, por el “sueldo” nos convertiría en “mercenarios del Gobierno”
    La guerra -como el amor- Cuándo se hace por dinero, prostituye la función.
    Y a quien la ejerce.
    Esto no deben olvidarlo nunca los soldados. Tanto retirados como durante su permanencia en filas.
    Mi enhorabuena por tanto al autor del artículo y especialmente por su valentía al insertar la verdadera primera página de la Constitución de 1978 hoy torticeramente suplantada insertando un escudo que no está avalado por el plebiscito que otorga fuerza legal a esa Constitución que obliga a quienes la juraron.

  2. Como firmante del manifiesto, como simple soldado en su día, y ya licenciado, por razones de edad, suscribo totalmente las brillantes alegaciones del artículo, que es un auténtico ensayo jurídico, que destila el bonus fumus iuris, es decir la apariencia del buen Derecho.
    Haber jurado servir a la Patria supone un compromiso de por vida, y creo que así lo entendimos la gran mayoría de los que juramos la Bandera de España en su día.

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