Las focas en las ventanas

Cuando había libertad y, entre otras muchas cosas que hoy nos prohíben, se podía ir al circo a ver cómo los animales demostraban sus grandes capacidades, las focas, fócidos de la familia de los mamíferos pinnípedos, llamaban la atención y sorprendían.

Las focas eran graciosísimas. A la chiquillería, y también a los adultos, aunque éstos solían poner cara de circunstancias, las focas les causaban verdaderos ataques de risa cuando realizaban una de sus más esperadas gracias: aplaudir subidas en enormes taburetes, al tiempo que emitían un sonido ininteligible pero en absoluto desagradable, sino todo lo contrario, porque aplauso y vocerío eran un todo hilarante.

Desde que nos estalló en la cara la crisis vírica que nos diezma por mor de la ineptitud, soberbia y desprecio por nuestras vidas de Sánchez, Iglesias y demás caterva de frentepopulistas desorejados, se ha puesto de moda que, a las 20,00h, los españolitos «concienciados» y «solidarios» salgan a ventanas y balcones y aplaudan… igualito que las focas en el circo.

Y decimos igualito no sólo porque sus figuras asomadas golpeando palma contra palma son idénticas a las de aquéllas, sino también porque, por mucho que digan y quieran justificar tal acción, les pasa como a las focas del circo, que aplaudían, sí, pero no sabían a quién, ni para qué, ni por qué… bueno, ni siquiera sabían que aplaudían, pues ellas sólo reaccionaban a una orden del domador a cambio de… una sardina o un boquerón.

Madrid, 2018

¿Por qué aplauden las focas humanas en España? Porque, como las del circo, reaccionan a una orden del tirano que nos desgobierna sutilmente trasmitida por los medios de in-comunicación liberticidas que nos desinforman y aborregan, que nos impiden pensar libremente y menos aún disentir.

Si les preguntan a dichas focas, les dirán que aplauden a los que están en «primera línea» en la lucha contra la epidemia, refiriéndose a sanitarios, policías, militares, dependientes de tiendas de alimentación y algún otro colectivo por el estilo, pero eso no es verdad porque:

  • En primera línea estamos todos, también los encarcelados en nuestros domicilios, porque todos podemos infectarnos, y de hecho así está ocurriendo.
  • Dichos colectivos no están realizando nada extraordinario, sino únicamente su labor, su trabajo, ese que eligieron voluntariamente conociendo sus riesgos en situación normal –también en ella tratan con enfermos infecciosos– o anormal o extraordinaria como es la actual; son trabajos y deberes que encierran siempre per se un riesgo.

El problema es otro, el problema está en:

  • Una sociedad sin rumbo, hedonista, aburguesada, decadente, que precisa de héroes y, no teniéndolos, más bien todo lo contrario, tiene que inventarlos.
  • Unos ciudadanos que han perdido por completo el sentido de lo vocacional, es decir, de que existen vocaciones, «llamadas» –sacerdotes, militares, policías, médicos/sanitarios y maestros/profesores–, porque las han rebajado hasta convertirlas en meras profesiones a las que se accede no por vocación, es decir, por el solo afán de servicio a los demás, a la sociedad, a la patria, a la nación, y ello a cambio sólo y exclusivamente de la satisfacción del deber cumplido –y, claro, un salario justo, más bien corto–, renunciando a multitud de derechos, no, sino que lo hacen por la pasta, la prebenda, los «derechos» y la insana ambición, es decir, como en cualquier trabajo o profesión no vocacional.

Por lo dicho, los que salen a aplaudir no son seres humanos, sino focas, pero eso sí, sin gracia, al contrario que aquellas del circo, porque lo que están haciendo con sus aplausos es seguir la corriente y apuntalar a un gobierno criminal que quiere esconder sus vergüenzas para seguir donde está a toda costa sin asumir responsabilidad alguna, sino incluso todo lo contrario, o sea, aprovechando las circunstancias para dar pasos largos y decididos en su imposición de un modelo ideológico totalitario y degenerado que precisa, como históricamente ha demostrado mil veces, de muertos, miseria y borregos para asentarse, de focas humanas que reaccionen a su voz por… una sardina o un boquerón.

¿Y no sería mejor rezar a las 20,00h pidiendo al Señor que nos conceda la conversión y nos libre de la epidemia que, en parte, es prueba –o incluso castigo– por nuestros pecados?


Una respuesta a «Las focas en las ventanas»

  1. Muy buen artículo, y su párrafo final, apoteósico.

    Hay muy poco que aplaudir en este fiasco.
    Hay mucha gente inocente que está muriendo y está sufriendo, pero como sociedad somos culpables porque esta sociedad es la que le ha dado el poder a este Gobierno infame, se lo ha dado en lar urnas, pero también se lo ha dando en los responsables electorales que deberíabn haber hecho un recuento de votos conforme marca la Ley y no lo han hecho no se ha exigido por quien corresponda que se haga. Y s lo han dado los medios de comunicación sosteniéndolo, en el Poder Judicial dándole la razón cuando resultaba una obviedad que no la tenía ni soñando, en un montón de instituciones que han preferido seguir el principio miserable «¿dónde va Vicente?, a dónde va la gente», y «dame pan y dime tonto», empezando por el Jefe del Estado (que ni está ni se les espera como no sea para conectarse por videoconferencia con las casa reales de Europa para felicitarle el 80 cumpleaños a la Reina Margarita de Dinamarca, que eso para España es de vital importancia con la que está cayendo), y siguiendo por todas las demás, porque el papelito de todas las instituciones del Estado está quedando retratado en manos de quién estamos no sólo a nivel de Gobierno, sino de Gobierno y de todo lo demás, que no haya Justicia para que les pueda ser reprochada su conducta y su actitud advenediza, no significa que no sean responsables del hundimiento de España, que viene de lejos, el coronavirus simplemente ha destapado una parte de la situación de ruina en la que ya nos encontrábamos sin coronavirus.

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