Las intrigas en la historia

La historia de la humanidad está salpicada de intrigas, de manejos cautelosos, de acciones ejecutadas con astucia y ocultamente, para conseguir fines no declarados ni notorios.

Contra Alejandro Magno conspiraron sus soldados macedonios. Filotas y otros. El soberano había adoptado costumbres orientales e imponía a sus compañeros y súbditos el hábito de la proskynesis (arrodillarse en señal de veneración), lo cual equivalía a reconocer a Alejandro como un dios.

Contra Jesucristo se confabuló el Sanedrín, consejo supremo judío que trataba y decidía los asuntos de estado y de religión. Sin duda el Sanedrín se valió de toda clase de cábalas para lograr su objetivo. Apresaron a Jesús de noche, y de noche, inicuamente, fue sometido a un juicio irregular en el que fue condenado a muerte.

Unas décadas antes de ser crucificado Jesús a las afueras de Jerusalén, en los idus de marzo del año 44 a. C. Casio, Bruto y otros senadores romanos conjurados, cosieron a puñaladas a Julio César, dictador vitalicio. Su asesinato, que impresionó al pueblo romano, puso fin a la república y dio paso al imperio.

Más atrás en el tiempo, el rey David traicionó a uno de sus más leales guerreros, ordenando que combatiera en primera línea —donde más recio es siempre el combate—, con la idea de que no volviera vivo. Urdió semejante artificio para desposar a Betsabé, la bella mujer de Urías, el soldado muerto por las maquinaciones del intrigante rey judío.

El desconocido siglo XIX español ofrece asimismo una sucesión de pronunciamientos promovidos por espadones liberales, algaradas populares y conspiraciones políticas, capaces de yugular numerosos gobiernos y de asesinar a varios presidentes del Consejo de Ministros. Uno de ellos, el general Juan Prim, perdió la vida en una conjura contra su persona, cuando salía del Palacio de las Cortes y se dirigía al Palacio de Buenavista, siendo asaltado su carruaje por varios mercenarios, de noche, mientras nevaba en el centro de Madrid. Según el sumario del caso, hubo más de una docena de trabucaires o facciosos implicados, enviados indirectamente, según hechos probados, por poderosos personajes de la época, como el general Serrano y el duque de Montpensier.

Durante el siglo XX y principios del XXI, en fechas por tanto mucho más próximas a nosotros, tuvieron lugar otras intrigas de gran trascendencia histórica y política.

El 22 de noviembre de 1963 era asesinado, a la vista de todos y en presencia de su mujer, John Fitzgerald Kennedy, trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, a la sazón la nación más poderosa de la tierra. Según la web oficial de la Casa Blanca, Kennedy murió por las balas de un asesino cuando su limusina presidencial atravesaba Dallas (Texas)[1]. El FBI y la comisión de investigación que se constituyó para indagar acerca del magnicidio determinaron que un ex marine llamado Lee Harvey Oswald fue el responsable del crimen[2]. El acusado no tuvo tiempo de declarar: el día 24 de noviembre un gánster de poca monta, Jack Ruby, lo mató disparándole a bocajarro en el abdomen.

Contra Luis Carrero Blanco, presidente del Gobierno español, conspiró la organización terrorista E.T.A., grupo armado vasco de tendencia socialista y aspiraciones independentistas. El 20 de diciembre de 1973, de acuerdo a lo que declararon los interesados y transmitieron los medios de comunicación, una bomba enterrada a través de un túnel oculto estallaba cuando el coche presidencial pasaba a la altura del número 104 de la calle Claudio Coello, segando la vida del hombre de confianza del general Franco.

Es más, en una fecha clave para la historia del mundo contemporáneo, el 11 de septiembre de 2001, otra organización criminal, Al Qaeda, fue acusada de cometer una acción terrorista sin precedentes en la historia moderna. En este día infame, diecinueve suicidas, casi todos saudíes, secuestraron cuatro aviones comerciales. Dos fueron estrellados en las Torres Gemelas de Nueva York, en el World Trade Center (complejo de edificios levantado en el distrito de Manhattan); un tercero en el Pentágono, siendo el cuarto abatido en pleno vuelo, mientras se dirigía hacia la Casa Blanca o el Capitolio[3].

Finalmente, el 11 de marzo de 2004, células yihadistas vinculadas también a Al Qaeda, según el relato oficial fijado por las instituciones y los medios españoles, causaron en Madrid la mayor masacre terrorista de la historia de España, con un balance de 193 víctimas mortales y cientos de heridos[4].

La historia de la humanidad, decíamos al principio, está salpicada de intrigas. Se trata de acontecimientos oscuros, capaces de infundir temor e inseguridad. Conspirar, en definitiva, es unirse contra alguien para hacerle daño. Y los complots, las maquinaciones, las conjuras y los conciliábulos están presentes a lo largo de los siglos y son inherentes a la condición humana. Así pues, las conspiraciones existen, han existido y existirán. «Es imposible que no vengan los escándalos», avisaba Jesucristo, «pero, ¡ay de aquel por quien vienen!»[5].

En segundo lugar, conviene llamar la atención sobre otro hecho indubitable: La mentira es una de las principales fuerzas que dirigen el mundo. Por lo tanto, es una insensatez pretender que sobre los acontecimientos históricos se ha contado siempre la verdad. En consecuencia, si las conspiraciones son parte sustancial de la historia y la mentira una fuerza tergiversadora casi omnipresente —lo cual, insistimos, es algo constatado por la investigación y la experiencia—, no pueden ser ciertas todas las versiones oficiales ofrecidas por los Estados y divulgadas por los medios de comunicación.

Sirviéndonos de los sucesos antes aludidos, Al Qaeda no fue responsable de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York ni de los atentados en Madrid el 11 de marzo de 2004. Tampoco la organización terrorista E.T.A. fue la responsable última del asesinato de Carrero Blanco, y es hasta dudoso que fuera su comando desplazado a Madrid quien se deshiciera físicamente del almirante. Pero sobre el magnicidio de Carrero ya tendrá el lector, más adelante, la oportunidad de conocer nuestras dudas, argumentos y objeciones[6].

Por supuesto, no todos los hechos históricos obedecen a conspiraciones más o menos siniestras. Tampoco todas las conspiraciones son ciertas. Incluso hay casualidades fatales y simples coincidencias; y conspiraciones no descubiertas que, de exponerse, harían hervir de ira a cuantos tienen hambre y sed de justicia. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha creado un clima de opinión contrario a cuantos osan contradecir cualquier versión oficial, encasillando al disidente y tildándolo de conspiranoico. Es más, a propósito de esta tendencia odiosa para los poderes fácticos —la de enjuiciar los hechos con criterio propio— se ha acuñado una expresión insidiosa con objeto de desaprobar todas aquellas réplicas que cuestionan la veracidad de los relatos oficiales, conspiraciones de dominio público cuyas afirmaciones ya no pueden impugnarse. Llaman a estas réplicas incómodas, independientemente del grado de verosimilitud que contengan, teorías de la conspiración.

Esta es, en verdad, la socorrida expresión que usan cuantos se niegan a comprobar la exactitud o autenticidad de un acontecimiento histórico.

De modo que Al Qaeda, la organización dirigida por Bin Laden, habría empotrado un avión de pasajeros en el Pentágono, aunque no se encontrase ni un sólo rastro relevante del aeronave en el lugar del impacto. Aprovechando la ocasión, conviene recordar que el FBI identificó a los terroristas sospechosos a partir de un pasaporte impoluto encontrado entre las miles de toneladas de material de construcción derribado, acero fundido y la descomunal nube de polvo tóxico que se esparció por el World Trade Center[7]. Por cierto, el 11 de septiembre de 2001 cayó también en la ciudad de Nueva York la Torre 7. Contra este rascacielos no se estrelló ningún avión kamikaze ni se culpó de su derribo a ningún musulmán suicida.

Siguiendo con otras versiones imperantes de hechos dramáticos ya referidos, Lee Harvey Oswald habría matado al presidente Kennedy él solo, aunque lo hiciera por medio de una bala mágica, causándole múltiples heridas en distintas partes del cuerpo.

Asimismo, el llamado Covid-19 sería un virus de origen animal perfectamente aislado, identificado y conservado en laboratorio, que se originó en un mercadillo chino, sin relación alguna con la tecnología 5G, ni con intereses de alta política internacional.

Finalmente, para no cansar más a los lectores conscientes del trasfondo de muchos acontecimientos o noticias a las que se dedica una exagerada publicidad, el calentamiento global, de origen antrópico, es decir, producido por el modo de vivir del hombre contemporáneo, sería una amenaza para la humanidad en su conjunto y una verdad irrebatible demostrada por científicos y organizaciones independientes. Sin embargo, el cambio climático, tal y como ha sido considerado anteriormente, es una teoría discutida por numerosos geólogos[8], que esconde no obstante una perturbadora realidad: la geoingeniería o modificación artificial del clima[9].

En definitiva, ya no está bien visto contrastar informaciones, ni inquirir la verdad hasta descubrirla. Ahora la verdad probada la proporcionan agencias certificadoras de la verdad, sobre las que no cabe sospecha alguna, por supuesto, porque han sido sacralizadas y revelan de modo infalible la verdad absoluta.

Pero como dice un proverbio alemán, el que tiene razón un día antes, veinticuatro horas es tenido por irracional. Y por eso Benedicto XVI afirmó que «en un mundo en que la mentira es poderosa, la verdad se paga con el sufrimiento»[10].

Sea como fuere, no parece honesto acusar a nadie de falta de juicio sin conocer previamente sus razones y sin ponderar con atención sus datos. En consecuencia, ¿cómo valorar la siguiente confesión pública del opulento filántropo David Rockefeller?[11]

En sus memorias, el influyente hombre de negocios neoyorquino entonó un mea culpa que resulta categórico:

«Durante más de un siglo, extremistas ideológicos de ambos polos del espectro político habían aprovechado incidentes muy divulgados, como mi encuentro con Castro, para atacar a la familia Rockefeller por la influencia desmesurada que nos atribuían sobre la política del país y las instituciones económicas. Algunos creen incluso que formamos parte de una camarilla secreta que trabaja contra los intereses de Estados Unidos, tachándonos a mi familia y a mí de «internacionalistas» y de conspirar en todo el mundo para construir una estructura económica y política global más integrada —un mundo, si se quiere—. Si ésa es la acusación me declaro culpable y estoy orgulloso de ello»[12].

Es sumamente penoso, en definitiva, negar las intrigas y manejos cautelosos que en orden a las relaciones de poder existen y han existido. Y es sumamente penoso, asimismo, no querer revisar estas conjuras, para exponer, cuando corresponda, las intenciones secretas y sus manos ocultas.

[1] https://www.whitehouse.gov/about-the-white-house/presidents/john-f-kennedy/
[2] https://www.fbi.gov/history/famous-cases/jfk-assassination
[3]https://www.whitehouse.gov/about-the-white-house/presidents/george-w-bush/
[4]https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/Documents/Terrorismo_en_Espan%CC%83a_RESUMEN.pdf
[5] Lucas 17, 1.
[6] El autor está preparando un libro sobre el magnicidio de Carrero Blanco.
[7] https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/hallaron-el-pasaporte-de-un-terrorista-nid335956/
[8] https://www.icog.es/TyT/index.php/2022/11/la-geologia-versus-el-dogma-climatico-1a-parte/
[9]https://www.bbvaopenmind.com/ciencia/medioambiente/geoingenieria-solar-una-sombrilla-sobre-la-tierra-contra-el-cambio-climatico/
[10]https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/homilies/2008/documents/hf_ben-xvi_hom_20080628_vespri.html
[11] David Rockefeller (1915-2017) fue un importante banquero y hombre de negocios estadounidense de ascendencia judía nacido en Nueva York. Además, fue nieto del multimillonario John D. Rockefeller, magnate del petróleo y fundador de Standard Oil.
Para saber más: https://web.archive.org/web/20170403143418/http://rockarch.org/publications/biblio/bibliofamily.php
[12] David Rockefeller, Memorias, Planeta, 2004, p. 506.

4 respuestas a «Las intrigas en la historia»

  1. Toda la historia de España de finales del XVIII, XIX y XX ha estado manipulada por un enemigo solapado que la ha redirigido hasta cambiarla por completo, la masonería.
    Hasta tal punto ha sido falsificada que el rey que persiguió a las sociedades secretas con gran afán ha pasado a la historia con el sobrenombre del «Rey Felón» sin que nadie de los que lo denigran acierte a saber los motivos del sobrenombre.
    Los famosos espadones no eran mas que políticos de uniforme que en nombre de esta o aquella facción del liberalismo daba un golpe de estado del que se apropiaban las ideologías que con gran afán se dedicaron a destruir España
    Aun lo hacen pero ya no necesitan apoyarse en un militar de «reconocido prestigio»

    1. Muy cierto Geppetto
      Vale la pena leer al Marqués de Valdelomar y sus libros sobre la masonería en el siglo XIX; y, por supuesto, la historia de Pirala
      Saludos

  2. Desde lo acontecido en el Paraíso, en donde se desarrolló la conspiración (y de procedencia NO HUMANA, además, que continúa…) más costosa y degradante para los descendientes de Adán y Eva, las maquinaciones -con multitud de fines y de orígenes- no han cesado hasta el presente; ni terminará de haberlas hasta el mismísimo día del Juicio Final.

  3. «Únicamente la paradoja es capaz de abarcar, de forma aproximada, la inmensidad de la vida. En cambio, la claridad y la falta de contradicción no tienen más que un sentido y por ello, resultan inadecuadas para expresar lo inconcebible».

    Saludos cordiales

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